El aire, el sol, el cielo fueron testigos de tanto horror


María de la Luz López busca a su hija Irma Lamas López desde agosto de 2008. Hace un lustro, con tres colectivos distintos, inició la búsqueda en campo de restos de personas desaparecidas. “¿Cómo se les ocurrió hacer tanta barbaridad en esta tierra tan bonita?”, pregunta.

por Daniela Rea

por Daniela Rea, egresada de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

Foto: Heriberto Paredes

Soy Lucy. María de la Luz López. Yo busco a mi hija Irma Lamas López, desaparecida el 13 de agosto de 2008 en Torreón, Coahuila. Mucho tiempo anduve sin colectivo, luego me sumo a Grupo Vida y luego fundo Voz que clama justicia. 

¿Cómo comenzó todo? Me acuerdo que un día llegó Silvia (Ortiz) y me dijo “conocí a unas personas, a los de Iguala, hicieron búsqueda terrestre, de campo, ¿lo hacemos?”.  

Y lo hicimos. Lo hicimos solas, sin el apoyo de las autoridades. Allá nos fuimos a Congregación Hidalgo, porque allá decían.

La primera y segunda vez no encontramos, hasta la tercera. La tercera encontramos a una chica entera, sólo que su cabeza estaba comida por los pájaros, los pájaros. Si hubiera sido un animal grande, se la come toda, pero fueron los pájaros porque empezaron por los ojos, los labios, la lengua. Primero se comen el cráneo los pájaros. Es una impresión muy fuerte, fue un 14 de febrero del 2015 que encontramos a esa muchacha, luego supimos que tenía un mes de desaparecida. Después de eso muchos ya no quisieron ir a búsquedas, se pusieron mal, muy mal porque vieron el cuerpo, porque se imaginaron que así podría estar su familiar.

Ni sabíamos lo que nos esperaba. Nunca nos imaginamos lo que íbamos a encontrar después, restos totalmente calcinados, ahí fue más duro.

En abril del 2015 escuchamos lo que decían de Patrocinio, pero no dábamos con el lugar, nomás caminábamos por el desierto y no dábamos. Luego supimos que los chiveros que andaban por ahí habían visto todo y ellos iban haciendo sus casitas más lejos, se iban alejando cada vez más.

Lo primero que vimos fue el tambo donde los cocinaban, pero nosotros pensábamos que ahí mismo los enterraban. Luego los encontramos a ellos, a los chiveros. Les dije: “Somos familiares de desaparecidos, nos dijeron que aquí venían los malos, que había tambos”. Y él nos dijo que eran 80, 90 tambos. Nos dijo que estaban sembrados, plantados ya para la quema. Queríamos encontrar los tambos, pero nos dijo que la gente ya se los había llevado para el kilo, para vender, pues.

-¿Osea que entonces hubo cientos de muertos aquí?

-No, señora, no eran cientos, eran miles, miles. Llegaban las camionetas cargadas, cargadas de cuerpos. En la noche se oía la gritadera.

Y nos fuimos.

Y apenas donde empezamos a escarbar salían los restos y dábamos un paso y restos y restos y restos y ahí fue cuando descubrimos que los restos estaban fuera de control, que era mucho, era mucho, era mucho… 

***

Cuando ando en el desierto me paro y me da mucha tristeza, me paro a ver y digo ¿por qué?, ¿cómo se les ocurrió hacer tanta barbaridad en esta tierra tan bonita?, ¿y fueron testigos quién?, ¿el sol?, ¿el puro cielo?, ¿quién fue testigo?, ¿nada más el airecito?, ¿los pajaritos que se escuchan fueron testigos de todo esto?

Mi hija desapareció en la ruta de aquí a Monterrey. Y un día, cuando acabamos la búsqueda, me quedé pensando: ¿quién no me dice que mi hija está aquí entre estos huesos? Me senté debajo de un mezquite y le dije: “tú fuiste testigo de quiénes estuvieron aquí”. Yo quisiera que los árboles hablaran, porque nosotros sabemos quiénes fueron, sabemos quiénes les hicieron esto, quiénes los mataron. Pero no sabemos a quiénes, no sabemos quiénes terminaron aquí. 

Buscamos y buscamos y buscamos. A veces me imagino que soy como un animal buscando a su cachorro, hacíamos con las uñas a la tierra buscando. A veces creo que esto no es cierto, que me lo inventé después de ver tanto muerto y lo empecé a contar y a contar y así me lo fui creyendo. Porque, ¿cómo va a ser cierto tanto horror? Pero luego me encuentro a los chiveros y ellos me dicen que sí, que sí fue real, que no me lo inventé. 

***

Yo creo que sólo estando locas es que hemos podido sobrevivir. Si no, ¿de qué otra manera? Buscar en vida, buscar en muerte, ¿de qué otra manera, si no locas?

Un día soñé a mi hija, soñé que volvía a la casa con sus hijos, uno de 10 años, el otro de 8 y luego la chiquita, una niña. Y luego Silvia me traía una barbacoa a la casa porque íbamos a celebrar. En el sueño yo le contaba todo lo que había pasado tras ella, buscando huesos, ella me decía: “Ay, mami, pero si aquí estoy” y en eso desperté. Como si ella viniera a decirme que ya está en paz, que está en mejor vida.

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“La misma tierra trata de invocarte a que los busques”


Al lado de su madre María Herrera y su hermano Juan Carlos, Miguel Ángel Trujillo busca a cuatro de sus hermanos desaparecidos en 2008 y 2010. En 2015, supo que Mario Vergara rastreaba entierros clandestinos en los cerros y le propuso compartir conocimientos. Éste es el primero de una serie de testimonios sobre personas que han volcado su vida en la búsqueda de desaparecido

por Daniela Rea

por Daniela Rea, egresada de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

Foto: Especial

La primera vez que fui a buscar la tengo bien presente. Eso no se me va a olvidar.

Mayra, la hermana de Mario Vergara, nos contactó por Face para invitarnos a una reunión. Escuché a Mario decir: “tenemos tantos cuerpos y estamos encontrando”. Me dije en mi persona: “no manches nosotros siete años s buscando a mis hermanos en papeles y pura burocracia y oficios y no hemos encontrado nada”. Esperé que se acabara la reunión y me presenté con él. 

Mario preguntó: “¿saben de lo jurídico?”. Le dije: “Mario, llevamos siete años y de jurídico llevamos lo que no te imaginas, pero tú estás en un nivel donde nosotros queremos estar. Mira, Mario. Haz de cuenta que está esta franja y está este abismo. Tú estás de aquel lado y nosotros de este. Lo jurídico lo tenemos aquí, llevamos a las familias a un límite en el que ya no pasa nada. Y tú, aquí estás encontrando sin lo jurídico. A ti te falta lo jurídico, a nosotros nos falta encontrar. ¿Qué te parece si te enseñamos lo jurídico y tu nos enseñas a buscar?”.

Un día me marca Mario: “¿qué haces?”. Era Semana Santa del 2015. Me dijo: “vente para Iguala; si quieres aprender a buscar, vente a buscar”. Agarré el camión y me vine a Huitzuco.

Fuimos al maizal y me dijo: “aquí vas a aprender a buscar, a mirar las fosas”. Me empezó a enseñar cómo utilizar la varilla. Y cuando se fue hasta dentro, me dice: “sácala”, la saqué. Cuando la olí, ¡n’hombre!, se me salieron las lágrimas. Huele feo, un olor peor que un animal muerto. Y me dice: “es positiva”… Por el puro olor. “Mira, allá está otra, por las onditas, por las paredes”.

Cuando empiezas a encontrar, son sentimientos encontrados de cómo encuentras a los familiares…

Pedagogía de la búsqueda de personas desaparecidas. Foto Heriberto Paredes

Un día en la Primera Brigada Nacional de Búsqueda en Veracruz, Simón encontró una fosa con restos calcinados y dice: “a estos los quemaron, pero debe haber un lugar donde los quemaron, porque aquí no los quemaron”. Empieza a ver para todos lugares y para todos los lados: “al suelo ya no mires, ya los encontramos”. Caminamos y dice: “aquí los quemaron”; pues empezamos a excavar y ahí estaba lo calcinado. ¿Cómo supo?: “esta rama de los árboles tarda mucho en florecer porque quemaron como las vitaminas de los árboles, tarda mucho en florecer, ahí esta la marca”, y empieza con el machete. “Está seco, mira, para que pueda volver a revivir tarda uno 10 años”… Simón es de campo, de Cocula. 

Ya que dimos con el punto donde los quemaron, me dice “ahora hay que medir hasta donde los llevaron, son 500 metros, hay que revisar 500 metros a la redonda, no pudieron caminar más o cargado más”. Y empezamos como un radio y en ese radio fue donde se encontraron al 15 fosas en Amatlán. Y metimos las cubetas de 20 litros y pusimos el tendedero, 5, 6 cubetas de 20 litros.

Puros restos, queríamos que los vieran, que reconociera el gobierno que sí, que son restos humanos. Y es cuando te da alegría, está dando positivo, vale la pena porque van a volver a casa.

Desde que sales al campo vas pensando cómo los llevan. Los llevan a la fuerza, te imaginas todo… vas pensando, yo decía: “si a mí me llevan caminando yo me resisto, si de todas maneras me van a matar, ¿qué voy a caminarles más? ¿A que yo mismo cave mi propia tumba?”. Yo me les rebelaría, ¿por qué no se rebelaron estos? Sabiendo el camino que empezaron, de todos modos ya los iban a matar…  yo me rebelaría… todo eso, piensas puras cosas de esas. ¿Qué necesidad tenían de llevarlo hasta allá?

No sabemos si a todos se los llevaron vivos o muertos.

Si los encontramos en la intemperie, cerquita, ellos lo mataron y nomás fueron y los aventaron, no van a cargar tantos kilos. Si están en fosa, cuando están bien profundos, ellos cavaron su propia tumba, porque los malos son hasta flojos, eso más o menos lo he aprendido también.

Una semana de búsqueda en las entrañas de la tierra. Foto: Mónica González

Buscar en el campo es distinto, según la zona donde busques. La tierra virgen es dura. La tierra que ha sido excavada es suave, no vuelve a ser la misma compactación.

En la arena no te da paredes. Cuando te dan un punto escarbas y te da vida. Por ejemplo, a medio metro o pasado de medio metro, hay humedad y los sapos, ¿qué tiene que hacer un sapo a medio metro, de qué se estaban alimentando? Ya cuando empezamos a escarbar, abajo en la arena debe haber ramas, ¿qué tienen que hacer ramas allá abajo? Cuando lo echaron al cuerpo, las ramas se vinieron con la tierra. La mitad del cuerpo tenía tejido y la mitad no, por la humedad, la mitad se conservó y la otra mitad no. En la arena es diferente.

En la Gallera, en Poza Rica, le dije al perito: “aquí hay que excavar”. Excavé y miré madera quemada, metro y medio de profundidad y la tierra seguía blandita, llegué al terreno virgen de la tierra dura y seguía la madera quemada; caminé tres metros y salieron tres cuerpos pero no eran cuerpos, eran costillas, vértebras. Lamentablemente no eran cuerpos, eran vértebras. La madera. La madera te está guiando. 

Leer la tierra, es leer los cambios de la tierra.

En la tierra hay varias capas y cada capa tiene un color de la tierra. En una fosa excavas y vas a mirar los colores de la tierra revuelta. Cuando avientas el cuerpo encima, avientas la tierra que sacaste, que ya quedó revuelta. Los colores ya se revolvieron y cuando empiezas a buscar ves el cambio y ves los colores revueltos. Así es leer, leer la tierra y hacer que la tierra hable. 

Porque la tierra te habla, sientes una sensación como de alguien que te pide que lo saques. Fuimos a un lugar que se llama Las Guacamayas, no hemos bajado porque es un pozo, pero te da la sensación de aquí vamos a encontrar, te pones hasta chinito, una sensación como cuando te enamoras de una persona, te tiemblan los pies, te acalambras, una sensación como tenebrosa, pero no te da miedo, una sensación de que lo vas a encontrar, de que ahí está alguien, quieres excavar, en ese mismo rato lo quieres sacar. Necesitas sacarlo.

La misma tierra trata de invocarte a que los busques: “Sácalo de aquí y ve y entrégalo, llévalo a un lugar; no, es que no lo quiero, llevátelo”. La naturaleza no quieren que estén ahí, porque no es su lugar, no es su lugar, la verdad, cada quien tiene que tener su lugar para que te den una bendición, para estar juntos. Dime tú, ni que fueran ermitaños, una unión. ¿Por qué las hormigas están en el mismo hormiguero?, porque todas se necesitan, porque no se van solas. 

Yo no confío en la búsqueda de papeles… buscar en papeles, en oficios, oficios que son negados, diligencias que son negadas… Las diligencias no sirven, no sirven, por eso dije mejor la búsqueda en campo, el chiste es sacarlos de ahí.

Pero ahora vemos, como decía  Mario, que sólo los estamos cambiando de lugar, nomás los estamos sacando de la tierra para volverlos a enterrar. No sabes dónde están quedando. Si le preguntas a algún familiar los restos a dónde se los están llevando, quién los resguarda, nadie te sabe decir. Si los desaparecen esos restos se van a echar la culpa entre administración y administración y nadie va a decir nada y ya no vamos a encontrar a nuestros desaparecidos. Hay la duda, si los desaparecidos es mejor [mantenerlos] bajo la tierra cuando ya más adelante que haya tecnología de identificación rápida, hay que sacarlos y que nos los identifiquen.

De la Brigada no se ha identificado ninguno. Sacas restos, se los entregas y nada. Te arriesgas, encuentras y nada… de Iguala, que son como casi 200, han entregado 20 en cuánto tiempo, ¿va a pasar una década o 20 años? Colinas de Santa Fe, El Arbolito, El Km 13.5, La Gallera…. cada que vamos estamos sacando, no le han dado identificación, ¿vamos a pasar un siglo? 

Ya lo platiqué con Mario. Yo tengo 44, él tiene 39; la abuelita de Mario, 96, pero es madera fina, nosotros ya no duramos como antes. “Ocupamos hacer algo”, le dije, “ya me enseñaste, Simón me enseñó, las enseñanzas, que yo sé hay que transmitirlas, aventar semillas porque no nos va a alcanzar la vida, Mario, ni siquiera para desenterrar un estado, ni siquiera para un estado”. Hay que hay ir enseñando, aventar la semilla, regarla, que ellos busquen a sus desaparecidos. 

Tenemos que aprender a buscarnos a nosotros también, pues si no vamos a tener a familias desaparecidas, perdidas, teniéndolas en casa.

*Junto con su madre María Herrera y su hermano Juan Carlos, Miguel Ángel es cofundador de Enlaces Nacionales, una red que articula a familiares de personas desaparecidas con el objetivo central encontrarlas y regresarlas a sus familias.

Publicado en: https://piedepagina.mx/la-misma-tierra-trata-de-invocarte-a-que-los-busques/

Familias de desaparecidos “entierran” al Estado mexicano


 

Integrantes de Búsqueda Nacional en Vida por Nuestros Desaparecidos realizaron un entierro simbólico de las malas prácticas del Estado mexicano afuera de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas. Exigieron acabar con la revictimización, la impunidad, la falta de ética y la corrupción, entre otras fallas gubernamentales

Texto: Daniela Rea

Fotos: Heriberto Paredes y Daniela Rea

por Daniela Rea, egresada de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

Injusticia. Revictimización. Simulación. Nepotismo. Burocratismo. Insensibilidad. Impunidad. Falta de ética. Corrupción. Madres, hermanas y esposas de personas desaparecidas sepultaron cada una de las malas prácticas del gobierno mexicano en la atención a las familias que buscan a sus ausentes.

Las familias integrantes de Búsqueda Nacional en Vida por Nuestros Desaparecidos hicieron una protesta afuera de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV) que consistió en esparcir tierra para enterrar ahí los cráneos de cartón. Cada cráneo tenía escrito en el frente las malas prácticas a las que se enfrentan desde el primer día que pisan las instituciones gubernamentales para denunciar la desaparición. La tierra y los cráneos recordaban las fosas clandestinas que distintos colectivos de búsqueda han encontrado en el país.

“Es una fosa de familias enterrando al Estado mexicano”, resumió la antropóloga Marina Azahua.

Rufina Abaroa, que busca a su hijo Alfredo Hernández, enterró el cráneo con la palabra “simulación”.

“Cuando llegamos a pedir que busquen a nuestros desaparecidos nomás hacen como que buscan, pero no hacen nada”, explicó.

Fabiola Pensado Barrera, mamá de Argenis Yosimar, sepultó la “omisión”: “es demasiado todo lo que hacemos para visibilizar y denunciar, y las autoridades son omisas, ellos se encierran en sus escritorios”.

María Teresa Espinosa, que busca a su hijo Víctor Manuel, enterró el “burocratismo”.

Feliciana Rueda, que busca a dos de sus cuatro hijos, a la “insensibilidad”.

“Ésta no era mi palabra, pero me llegó cuando tengo un hijo desaparecido en el 2011 y a la fecha no se abre expediente. La que me hizo que me levantara es una hija desaparecida en el 2017, dejó una bebé de pecho. Y lo único que recibo es insensibilidad de parte de las autoridades”.

Foto: Heriberto Paredes.

Lidia Socorro Lara, que busca a su hermano Ángel Tobón, sepultó la “imposición”.

María Socorro Sánchez, que busca a su hijo Julio Alberto, la “secrecía”.

Marité Valadez, que busca a su hermano Fernando, sepultó la “apatía”: “Las autoridades tienen puro desinterés, falta de motivación o entusiasmo en que se encuentre una persona”.

Lina Hernández busca a su hija Mireya y sepultó la “revictimización”. “Revictimización es la palabra que ponemos en el cráneo más grande porque es lo que más nos hacen. Desde que llegas aquí a presentar tu caso, es lo que te hacen: te revictimizan. Y se supone que esta institución está para defender a las personas que buscan, a las que han sido víctimas…”, señaló.

La noche anterior, contó Lina, en el albergue donde están durmiendo las familias que llegaron a la Ciudad de México desde Jalisco, Michoacán, Coahuila o  Morelos, se pusieron a pintar los cráneos. Mientras lo hacían, conversaron sobre cómo han sido tratadas por las autoridades, y así, en ese relato, fueron saliendo las palabras que finalmente escribieron en los cráneos de cartón.

Para las mamás, agregó, fue muy triste recordar la forma en que han sido tratadas. Pero que ese relato compartido también les hizo saber que no pueden ser tratadas así, que las autoridades están para servirles y no para revictimizarlas.

A raíz de la protesta, Marcos López, director de asesoría jurídica de la CEAV, inició un diálogo con las familias.

Pliego petitorio

Lucy López, del colectivo Voz que Clama Justicia y una de las representantes de la Búsqueda Nacional, entregó un pliego petitorio en el que se exigió que se agilizara el proceso de entrega del Registro Nacional de Víctimas (RENAVI) y los apoyos económicos a los que tienen derecho.

Foto: Daniela Rea.

Esta protesta es una de las actividades que Búsqueda Nacional en Vida por Nuestros Desaparecidos realizará durante toda esta semana en la Ciudad de México. Es una forma de exigir al gobierno federal que, a través de las distintas instituciones -CEAV, Fiscalía General de la República y Comisión Nacional de Búsqueda- asuma su responsabilidad ante la crisis de las desapariciones de personas.

Este miércoles 4 de diciembre las protestas serán afuera de Palacio Nacional y de la Fiscalía General de la República.

Mario Vergara, que busca a su hermano Tomás, se solidarizó con las madres de la Búsqueda Nacional.

“No nos dejen solos, ayúdennos a encontrar a nuestras familias, queremos buscarlos, buscarlos con vida, no nos dejen solos”, pidió a la sociedad mexicana.

“Ya estamos cansadas de buscar a nuestras familias en basureros, barrancas, cuevas. Queremos búsqueda en vida, se los llevaron vivos y queremos encontrarlos vivos. Queremos que las autoridades hagan la búsqueda inmediata en vida. No estamos aquí por gusto, estamos por necesidad”, dijo Lidia Socorro Lara.

Publicado en: https://piedepagina.mx/familias-de-desaparecidos-entierran-al-estado-mexicano/