
¿Alguien mide Los resultados del «HOY NO CIRCULA…»?
Se ignora si hay alguna instancia del poder público que mida los resultados de los programas del «Hoy no circula» a que se encuentran sometidos los autobuses urbanos y los taxis que en número creciente circulan por las calles y avenidas de la ciudad capital.
Se aplican los dos programas y algún atrevido regidor del ayuntamiento anda proponiendo que hagan lo suyo los particulares que cuentan con coche en sus residencias habitacionales.
Empero, sigue siendo un misterio a ciencia cierta cuál o qué alcances ha tenido un doble programa, como los mencionados.
Sin duda, Xalapa sigue estando congestionada en sus arterias públicas por la cantidad impresionanteque diariamente las recorren automóviles, camiones de carga y autobuseros.
Pero un porcentaje en la disminución de ruidos, tóxicos y daños de la imagen citadina no lo hay, o si existe se lo reservan tanto funcionarios que dependen de la SPC de Noemí Guzmán Lagunes, tránsito del estado y por supuesto el ayuntamiento municipal que encabeza Elizabeth Morales García.
Para el común de los avecindados en la ciudad, con o sin programa del «Hoy no circula», las cosas continúan iguales. Los congestionamientos viales están presentes 20 de las 24 horas del día, pero no sólo por los cientos de miles de automotores corriendo como bólidos las calles de Xalapa, sino también debido a la emanación de ruidos y tóxicos que despiden los mismos vehículos y los establecimientos comerciales que ofertan sus productos lo mismo en establecimientos cerrados que sobre sus banquetas.
Y pareciera en este contexto, que ninguna autoridad se percata, no obstante que los programas en cuestión se anunciaron con bombo y platillos, al arrancar sus operaciones.
Algo semejante ocurrió con los programas de «Yo sí leo en taxi» y los taxistas bilingües, quienes continúan sin dar color, porque nadie sabe en dónde realizan sus actividades, sobre todo cuando la inmensa mayoría de taxistas, sin equívocos, desconocen el idioma español sinfaltas ortográficas y, por otro lado, los más de estos prestadores de servicios públicos nada saben de la topografía y nomenclatura de la antigua Atenas veracruzana.
*SE ENTURBIA ELECCIÓN
DEL RECTOR DE LA UV
El rector de turno, Raúl Arias Lovillo, tuvo que salir a la defensa del proceso que realiza la junta de gobierno para nominar al timonel de relevo en la máxima casa de estudios, porque existen síntomas que pueden enturbiarlo cuando en la máxima casa de estudios, se supone, no debe ocurrir semejante desaguisado.
Negó rotundamente el rector Arias, que se esté coaccionando, persiguiendo y para que la junta de gobierno, en este caso, se vea acorralada –se presume–y decida por el candidato que efectivamente algunos de sus promotores vienen tocando puertas y amagando para que, a la manera de las sucesiones priistas, hagan sus pronunciamientos ante los siete –porque se ignora quién es el octavo– notables que forman parte de la junta de gobierno, órgano superior y al cual corresponde –al menos en la letra–, la nominación de autoridad universitaria.
Cierto es que se ven mal quienes andan a la caza de firmas, lo que hace recordar igual los tiempos de estudiantes para nominar directivas de aquellos tiempos, bajo el prurito de que la decisión ya está tomada y alertan sobre la edad, por caso, de Víctor A. Arredondo, a quien le imputan más años de los que presuntamente aparecen como tope en el ritual de esta sucesión.
Obvio es que hay cuando menos tres candidatos, que sin nada que perder andan en campaña como cualquiera de los aspirantes a líderes charros del sindicato de mecapaleros de la ciudad más apartada del territorio azteca.
Lógico es el silencio que guardan los más cerebrales de dichos aspirantes.
Rafael Arias, Sara Ladrón de Guevara y Francisco Monfort, callan cañones, confían en las inteligencias superiores de los miembros de la llamada Junta de Gobierno, a quienes por cierto, en este contexto, los vienen colocando a la altura de cualquiera de los líderes charros del gremio petrolero o, por qué no, de los más retardatarios amos regionales del viejo sistema en decadencia.
Lo deseable sería que además de dominar lo que es la materia administrativa y de conducción política de nuestra máxima casa de estudios, hubiera el aspirante culto, como sucede en la UNAM o en la UAM, donde el clamor de los tiradores a rectoría, en su oportunidad coincidieron en algo que aquí nadie ha soltado, en el sentido de formar desde sus aulas ciudadanos de «conciencia ética y moral».
Ocomo en otro tramo de la sucesión también de rector en la Universidad Autónoma Metropolitana, los aspirantes dijeron que un egresado de la UAM «debe ser culto, hablar y escribir bien su lengua, contar con capacidad de análisis e interpretación, así como tener un pensamiento racional, crítico y propositivo, además de ser un ciudadano responsable».
De los aspirantes locales sería mucho pedir, pero se vale soñar. Al tiempo.
*HOSPITALES SIN MÉDICOS
NI MEDICAMENTOS
La noticia no es nueva, o quizá sería de atractivo para el grueso de la sociedad mexicana, que se dijera que los hospitales gozan de espaciosas instalaciones, médicos especialistas y un abasto considerable de medicamentos.
Tal vez esto no vaya a ocurrir jamás, porque en clínicas y hospitales, los funcionarios y particularmente los de orden público, no forman parte de sus preocupaciones sociales ni figuran en sus planes de atención inmediata.
La asignatura que entraña la salud pública no interesa a las instituciones, porque no es redituable, sin embargo los saldos en el rubro a veces llaman a la preocupación, porque el número de pacientes se acrecienta con singulares riesgos de que no vaya a poder el estado enfrentar retos, saldos y expectativas de solución.
Por caso, el país enfrenta 60 millones de obesos, candidatos por obviedad a la enfermedad del siglo, como es la diabetes y, por otro lado, hay un millón de menores de edad sufriendo diferentes cardiopatías y, véalo usted bien, las instancias burocráticas cuentan con más médicos en sus oficinas de trámites de papeles, que los que existen en sus nosocomios. Lo suyo ocurre en las dos siglas importantes de atención a derechohabientes, como en el centro de salud local «Dr. Gastón Melo», en donde conseguir una vacuna o una jeringa, cuesta horas, días y hasta semanas de espera.
El problema de la salud pública nacionalmente, no figura en la agenda de los políticos, cualquiera su jerarquía y representación oficial y burocrática. No les luce pelear por pacientes y médicos y sus hospitales.
En tanto, los estados avanzados del resto del mundo han podido eliminar de su mapa de enfermedades a muchas de las reconocidas como graves en este lado del mundo, en nuestra nación azteca la atención se reduce al grado de que en los nosocomios adolecen de médicos generales y especialistas, amén de medicamentos y que cuando el paciente toca puertas y lo anuncia, los reciben con un soplamocos y la advertencia de que sepa guardar silencio en este contexto.
En cambio, las oficinas de esas instituciones se encuentran atestadas de profesionales, incluidos los galenos, lo que provoca que igualmente se estén distrayendo recursos humanos valiosos, siendo que los diferentes pabellones de dichos nosocomios están urgiendo de aquellos y por supuesto del abasto de medicamentos, que siguen causando pena en la prestación de servicios a la población civil, con tan marcada falta de aquellos en su estantería y consultorios respectivos.

