•Significa que “detrás hay intereses de partidos y de personas”
•Luis Felipe Gallardo Martín del Campo, duro y a la cabeza, de frente

Gallardo y altivo, firme y congruente, el obispo de Veracruz, Luis Felipe Gallardo Martín del Campo, ha pronunciado la siguiente frase bíblica:
Una gubernatura de dos años en Veracruz “es una vacilada”.
Palabra textual. Palabra de Dios.
En una charla con los medios añadió, sin titubeos, sin medias tintas, sin doblarse ni doblegarse ante los dioses terrenales: “Yo pienso que una gubernatura de dos años solo dice que detrás hay intereses de partidos, de personas”.
Luego, fue al detalle: “Una gubernatura así es una pérdida de tiempo, de inversiones, de todo. Es como decir, vamos a entretenernos dos años y, bueno, las cosas así no salen, nadie invierte y eso está mal”.
Entonces, y antes de oficiar la misa del día guadalupano, pidió a los 50 diputados del Congreso local que reflexionen y analicen las opciones.
Martín del Campo ha dejado, pues, como uno de los obispos de Veracruz, elite eclesiástica, la víbora chillando.
Claro, su opinión es valiosa.
Luego de la diócesis de Xalapa, la más importante en materia política y social, ni se diga económica, es la suya.
Nada fácil sería que luego de la andanada de la cúpula priista en contra del senador Pepe Yunes Zorrila por declarar la inconsistencia y lesividad de la iniciativa de ley del gobierno de Veracruz para la mini de dos años, también las tribus y hordas rojas se lanzaran contra el obispo jarocho.
Antes, mucho antes, cuando el sacerdote José Alejandro Solalinde Guerra denunciara que Veracruz era el cementerio de migrantes más largo y extenso del país, el góber fogoso y gozoso, que así entró a la historia política de los 73 gobernadores de Veracruz, lanzó su caterva de diputados priistas, entre ellas, hasta las mujeres legisladoras de la época para satanizar a Solalinde.
Solalinde, en respuesta, siguió caminando por Veracruz al frente de migrantes y las madres de los migrantes desaparecidos.
GALLARDO OBISPO DE VERACRUZ
El único obispo de Veracruz que por ahora se ha expresado sobre la iniciativa de ley de la mini ha sido Luis Felipe Gallardo.
El resto, incluido el arzobispo de Érick Lagos Hernández, monseñor Hipólito Reyes Larios, se ha confinado en su búnker a rezar ocho horas diarias siguiendo la enseñanza de Juan Pablo II.
Se entiende: Reyes Larios juega con el escore, pues fue el más fidelista de todos y ahora el más duartista.
Y, bueno, si el arzobispo destapó a Laguititos como un excelente diputado federal, nada fácil será que esté de su lado para la mini, en caso, como todo indica, que la LXIII Legislatura la apruebe, con y/o sin cañonazos de unos dos millones a cada legislador local…, incuso, por adelantado para que pasen una navidad feliz.
En cambio, Luis Felipe Gallardo ha tirado su espada en prenda.
Adolece, pues, de compromisos políticos y vive a plenitud el ejercicio de su libertad, la misma libertad que el día guadalupano, el Nuncio Apostólico Christophe Pierre, denunció que el país “está viviendo una crisis de confianza, en la sociedad y en las autoridades”, todas, sin excepción, sin que títere quede con cabeza.
El mismo día cuando en el Vaticano el Papa Francisco habló de los pobres y de los que sufren, de los humildes, de los que tienen hambre y sed de justicia.
UNA CASTA PRIVILEGIADA
Y es que la realidad política y electoral en Veracruz es contundente: a los pobres, a los humildes, a los que tienen hambre y sed de justicia, les vale un cacahuate si hay gobernador de dos, de tres, de cuatro, de cinco, y de seis en la tierra jarocha, pues desde 450 años de Cristo están jodidos y viven en la miseria y la pobreza, sin ninguna lucecita sexenal para enaltecer su calidad de vida cotidiana.
La mini, como dice el obispo de Veracruz, solo ocupa a las personas y a los partidos con intereses en la transición.
Es decir, a una elite política reducida integrada por el gabinete legal y ampliado del gobierno de Veracruz, los poderes Legislativo y Judicial, los partidos políticos, las cúpulas empresariales, los líderes sindicales y los medios.
Sume, pues, el lector, y advertirá que tal elite está formada por una minoría, digamos, unas mil personas, cuando en Veracruz hay 8 millones de habitantes.
La mini, pues, como ha expresado el obispo, es una vacilada, elemento distractor… para seguir repartiéndose los cien mil millones de pesos del presupuesto anual, el diezmo y el doble diezmo y los negocios lícitos e ilícitos que significa el poder gubernamental.
Publicado en: http://www.blog.expediente.mx/nota.php?nId=9912

