
Por Raúl González Rivera

Quienes de una y otra forma fueron a las aulas de la Universidad Veracruzana y consiguieron su formación como profesionales, es posible que los llamados a defenderla asuman un papel protagónico, como es de esperarse.
Los acechos siempre están allí a las puertas de sus escuelas y facultades.
Quizá porque la universidad, como su nombre lo dice, se presume que la universalidad de las ideas campean en sus centros de trabajo, enseñanza, difunde la cultura y realiza la investigación científica.
Los vendavales que ha tenido que enfrentar la universidad, podría advertirse que han sido de siempre.
Es en su seno donde se conforman los profesionales que más tarde, bien o mal, van a tener que ver con el desarrollo integral del estado y el país.
Cuando la universidad dependió radicalmente de los soportes financieros del gobierno del estado, los controles desde despachos estatales, igual, hacían efectivo un poder que muchas veces desviaron, provocando que en sus instalaciones se produjeran los actos de violencia. La era de los porros, definitivamente no se quiere que vuelva. Fue terrible. Horadó los propios cimentos de la institución y su autoridad máxima hubo que enfrentar los retos inclusive de funcionarios de gobierno estatal.
Esta manifestación es repetitiva cada que arriba una nueva autoridad, o un régimen de gobierno del estado, algunos de sus funcionarios gustan de amagarla. Empero, debe entenderse que es una obligación de la institución recibir los apoyos de las esferas del poder que manda, de lo contrario, procedería su privatización, pero igual, el estado se expone a perder su credibilidad como entidad promotora de la cultura y la libre opinión de los académicos y sus investigadores.
Las voces de alerta que hoy aparecen en espacios de la universidad, puede advertirse que son más de riesgo. Las acechanzas vienen de la delincuencia. Los ataques a instalaciones y secuestro de académicos se deben no a grupos porriles y es lo preocupante.
Una emisión boletinada desde alguna provincia de Inglaterra, acusa que la UV es la universidad más violenta del mundo, bueno sería saber entonces cuál es la información que tiene en su poder para hacer un señalamiento semejante, monstruoso a todas luces, que los genuinos universitarios definitivamente no podrían reconocer. Y que aquí se ignora y que debe indagar porque los enemigos de la máxima casa de estudios tenga que enfrentarlos y muy probablemente estén dentro de la misma.
Lo que en 30 años pudo avistar un académico y en su facultad de derecho –la menos socorrida por gobiernos y autoridades universitarias– si se trata de apoyos escolares, vio pobreza material, falta de recursos y a cambio disposición, mucha entereza y ganas de ser de legiones de jóvenes que más tarde serían los abogados que hoy están en los frentes de batalla laboral en las agencias del ministerio público del fuero común y el federal, en los juzgados de ambos fueros, en el ejercicio privado de la profesión y otros más en las tareas de gobierno. Malos o buenos, como quiera, forman parte de la sociedad al servicio de ésta, forjados en las aulas de nuestra alma mater, hoy expuesta al resquemor seguramente de resentidos.
* HOMENAJE AL DECANO
DE NOTARIOS PÚBLICOS
A su muerte, gobierno del estado y los notarios públicos rindieron ayer un póstumo homenaje en el salón de actos del colegio de estos fedatarios.
El adiós o hasta luego, que le rindieron, se vio acompañado con el mensaje que reseñó la existencia de un profesional de la abogacía probo, un fedatario que cumplió con la sociedad a que atendió desde su despacho de la vecina ciudad de Coatepec.
Luis Espinosa Gorozpe era originario de Cosamaloapan de Carpio y muy joven incursionó en las aulas de los distintos sistemas escolares, formándose más tarde de abogado, profesión que ejerció como litigante, luego impartió la cátedra en la facultad de derecho, en la que por espacio de siete meses sería su director, siempre combinando dicha práctica con la de fedatario público, en la que hasta la fecha gozaba de ser el decano en este país.
Estudioso, dedicado a la ciencia jurídica, en la que era uno de los profesionales más acudidos por parte de profesionales del derecho, litigantes y académicos, para los que siempre tuvo la atención de rendirles la opinión o consejo de rigor.
También el licenciado Luis Espinosa Gorozpe fue presidente del Tribunal Superior de Justicia y aunque de la política siempre rehuyó, en la contienda por la gubernatura del estado del sexenio en que gobernó don Fernando Gutiérrez Barrios, el hombre de Cosamaloapan formaría parte de la terna de la cual eligió candidato el partido ex aplanadora.
Personaje de una cultura universal, don Luis fue un excelente lector de libros.
Afectado por una enfermedad, la cual acabaría con su vida a los 84 años de edad, don Luis, acompañado siempre de su esposa, la también abogada y notario público Adriana Grajales Tenorio, quien recibió con antelación a su muerte la petición de don Luis de hacer de sus honras fúnebres las más sentidas, en las que sólo sus familiares le dieran el último adiós.
Dejó en claro el decano de notarios, que no quería ninguna pasarela con su cuerpo en instituciones públicas ni homenajes, a los que renunciaría en vida. Un final con la humildad propia de los hombres grandes, como fue la de don Luis, cuyos restos mortales fueron cremados y depositados en una urna y entregados a sus mismos familiares.
El homenaje de ayer, seguramente sin la autorización del personaje ido, corrió por cuenta del gobierno estatal, que no quiso dejar pasar el sentido tributo con que reconoció a un hombre ejemplar, un profesional honesto y esposo y padre amoroso. Descanse en paz el hijo predilecto de Cosamaloapan de Carpio.
* CAMBIOS, PERO
PARA MEJORAR
El enojo sobrevino inmediatamente. Los comerciantes del mercado Los Sauces de inmediato protestaron. Inclusive aseguran representantes suyos, que han tenido ya pérdidas, pues el cambio de paradas tanto para autobuses como taxis, les perjudican.
Razones de sobra han advertido los quejosos, quienes a su vez mostraron su rechazo a una modificación que no les fue anunciada con antelación.
Tránsito y vialidad hizo los cambios, pero de manera unipersonal, sin dar cuenta antes a ninguno de los beneficiarios o perjudicados. El autoritarismo puro, acusaron comerciantes establecidos en el mercado Los Sauces.
Y es que lo más importante no sucedió. El caos vial se produjo de manera brutal. Al filo del mediodía nadie sabía hacia dónde circular y los congestionamientos se dieron en el ramal de calles que tienen conexión con Úrsulo Galván, Ignacio Allende y la rúa que lleva a la antigua carretera a Coatepec.
Ciertamente, el cochinero en que se convirtió la estación antigua del ferrocarril y de camioneros del servicio urbano, no tenía para cuándo sufrir su remozamiento. Sin embargo, lo que más afecta el sentir de los vecinos y los comerciantes establecidos, es que con las modificaciones en la circulación de vehículos automotrices, igual se afecta la tarea de comerciantes y de otros establecimientos dedicados a la venta de productos comestibles.
Y es que la confusión llega al extremo de que los usuarios de los autobuses urbanos, siguen ignorando en dónde se ubica «la parada». Y es que la «parada» que se localizaba en la calle 7 de Noviembre fue cancelada, porque fue cambiada a la calle Mora Beristáin, allí frente al parque Revolución. Lo que ha erizado los cabellos de transeúntes, choferes, taxistas, camioneros y comerciantes establecidos, pero también de los vendedores informales, quienes sospechosamente siguen aumentando sus filas en los espacios reconocidos como prohibidos, en diferentes puntos estratégicos de la ciudad.
Como todo cambio, se genera confusión, sorpresa y enojos, que pueden ser determinantes, porque la Dirección de Tránsito en este contexto operó sin considerar la opinión de ninguno de los habitantes de la zona en cuestión. Y es obvio, que a toda imposición haya reacción, pues no se vale que en una democracia –se presume– las medidas para un supuesto cambio se impongan nomás porque así lo determina un grupo de jefes burócratas, bien pagados, pero retadores al final de cuentas de la misma voluntad de las mayorías.
