Convocado desde el lunes 6 de marzo para participar en esta expedición, aparté el sábado 11, invité a más personas y salí de Veracruz a las 6:30 AM en compañía de mi novia. Llegamos a Paso del Macho a las 9:15 AM y tras algunas peripecias, a las 10:49 AM quedó conformado el equipo de ascenso al Chiquihuite: nuestro guía, el señor Esteban Bello Hernandez. el maestro Espacio Padelma Andrés Fernández (investigador de la historia de Paso del Macho), el licenciado Rob Nva (investigador del Ferrocarril Mexicano), yo, el L.C.C. Mario Jesús Gaspar Cobarruvias (investigador del camino real y fortificaciones) y la L.A.E. Carmen Castro como asistente de fotografía.Hacia las 10:55 AM nos aproximamos al flanco norte del cerro del Chiquihuite, perteneciente al municipio de Atoyac y de la sierra del Matlalquiahuitl o «10 aguaceros», también conocida como las Altas Cumbres. La base del cerro se halla a unos 480 metros sobre el nivel del mar (msnm) y mide aproximadamente unos 300 metros de alto. Su nombre procede del náhualt Chiquihuitl o «canasta de mimbre o varas raspadas», por su forma de tazón invertidoJunto a la carretera y un pequeño puente, se halla el nacimiento del río Chiquihuite y en sus proximidades se asentó el campamento francés del 1er. Batallón del Regimiento Extranjero, desembarcado en Veracruz el 28 de marzo de 1863. De aquí partió la legendaria 3a. Compañía de legionarios franceses a las 1:00 AM del 30 de abril al mando del capitán Jean Danjou (1828-1863), en misión de explorar los accesos del poblado de Palo Verde. En previsión de ser atacado un convoy de víveres, municiones y oro destinado al ejército que entre el 16 de marzo y el 17 de mayo, sitió la ciudad de Puebla, antes de capturar la Ciudad de México.Hacia las 11:04 AM nuestro vehículo logra ascender unos 160 metros por una empinada cuesta a partir de la carretera y de ahí caminamos siguiendo a nuestro guía. Mientras avanzamos comenzamos a captar fotográficamente el fascinante paisaje que se extiende hacia el oriente, formado por las riberas del río Chiquihuite, teniendo a la villa de Paso del Macho a 4.64 kilómetros hacia el noreste. Usando mi cámara Nikon Coolpix L820 de 16 megapixeles y 30x de zoom, documentaré todos los objetos de interés que se perciben desde aquíFotografía de Mario Jesús Gaspar Cobarrubias, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana
Feliz miércoles 15 de marzo de 2017, queridos amigos facebookianos! Les comparto unas imágenes y la reseña de la expedición de investigación histórica, que convocada por el maestro pasomachense Espacio Padelma Andrés Fernández, se llevó a cabo el sábado 11 de marzo.
Con la finalidad de encontrar por fin, el llamado fortín del cerro Chiquihuite, en el municipio de Atoyac; famoso por ser centro de resistencia insurgente desde 1812 y desde donde partieron los legionarios franceses que combatieron en la batalla de Camarón en 1863.
Lo que en realidad encontramos, parece ser el puesto de vigía, observatorio o mirador que los franceses instalaron en las laderas del cerro Chiquihuite para controlar visualmente el camino hacia Veracruz y la región de Paso del Macho. Si acaso existe en el cerro un fortín o fortaleza pequeña con muros de mampostería o sillería, este debe encontrarse en otra ubicación y no ha sido redescubierto o identificado como tal, todavía.
Con la experiencia de años de los participantes, tecnología y trabajo de foto-topografía, además de consultar el trabajo de mi colega investigador leonés Alejandro Monzon en http://reformapolicialmex.blogspot.mx/ sobre la batalla de Camarón y la Guardia Nacional, entre otras muchas fuentes, trataremos de reconstruir y explicar lo que se logró localizar.
(Haga click en cada una de las imágenes de abajo, para ver la explicación en el pie de foto)
Hacia las 11:04 AM nuestro vehículo logra ascender unos 160 metros por una empinada cuesta a partir de la carretera y de ahí caminamos siguiendo a nuestro guía. Mientras avanzamos comenzamos a captar fotográficamente el fascinante paisaje que se extiende hacia el oriente, formado por las riberas del río Chiquihuite, teniendo a la villa de Paso del Macho a 4.64 kilómetros hacia el noreste. Usando mi cámara Nikon Coolpix L820 de 16 megapixeles y 30x de zoom, documentaré todos los objetos de interés que se perciben desde aquí
A unos 270 metros casi al norte, se divisa otro puente metálico inaugurado también en 1870 y similar al de San Alejo, el de la barranca del Paso del Chiquihuite. Mide aproximadamente 48 metros de longitud. El geógrafo Antonio García Cubas lo describe en el ÁLBUM DEL FERROCARRIL MEXICANO publicado en 1877: «El puente de fierro, de trábes de aspas, como el anterior, se halla sostenido por estribos y machones de mampostería, á una altura, sobre el fondo de la barranca, de 32 metros próximamente. Los estribos y machones forman tres claros, de 30 metros el central y de 18 los laterales»
120 metros al sur del puente metálico del Chiquihuite, se puede ver el sendero del camino real que comunicaba las ciudades de Veracruz con México por la ruta de las villas de Córdoba y Orizaba, en el tramo entre Atoyac y Paso del Macho. Aquí, entre 1805 y 1836, se construyó el Puente del Chiquihuite. Se trata de un gran puente de mampostería de piedra con arco de medio punto rebajado. En 1863, los franceses ocuparon los grandes puentes del camino real (nacional desde 1824) situados en Atoyac, Chiquihuite, San Alejo, Paso del Macho y La Soledad. Controlando así, el tráfico comercial y militar entre Veracruz y Puebla
A las 11:15 AM, iniciamos la parte del ascenso a pie abandonando del sendero por el que llegamos y por donde no entran vehículos. En fila india, seguimos a nuestro guía. Yo marcho en retaguardia, para documentar la subida y sus peripecias. Sobre mi viaja el equipo de medición-geoposición, medicinas y agua, más la mochila de la cámara Nikon. Mi novia Carmen Castro o Yolis, transporta la comida y la provisión grande de agua fresca, así como mi machete de 18″. Ambos vamos equipados de varas de madera de cabo de lanza, cortada en las selvas interdunales de La Antigua por nuestro mutuo amigo Owences García y que facilitan mucho subir en terrenos muy accidentados
Comenzamos a partir de los 530 metros de altitud y el terreno se hace cada vez más accidentado, encontrando pedaceríos de piedra caliza casi a cada paso, y que ocultos por la hojarasca, causan tropiezos y caídas. El maestro Espacio Padelma Andrés Fernández se proveé de una vara para facilitar su ascenso, pues la pendiente se hace más pronunciada, no hay camino ni sendero que indiquen la dirección si uno se queda rezagado. Es muy común que, por diversas causas, la columna se fragmente o los punteros terminen siendo los últimos. Por ello es útil portar ropas de colores brillantes y vivos, para divisarnos fácilmente entre el verde y el ocre del terreno.
Prácticamente ya estamos en primavera, atrás queda el frío invernal y aumenta el calor en las Altas Cumbres. Aquí se pueden encontrar -según la altitud y la orografía- climas cálido humedo y subhumedo, con temperaturas promedio de 22° y 26°C y precipitaciones de 2,000 a 4,000 mm anuales. Hoy el día está casi despejado y soplan ligeras rachas de viento fresco. Aún así, paramos unos minutos para reagruparnos, descansar tras la difícil pendiente e hidratarnos, pues a mayor cantidad de agua en los músculos, aumenta la fuerza múscular y la resistencia a la fatiga. — con Espacio Padelma Andrés Fernández en Municipio de Atoyac. Me gustaComentarCompartir 1 1 Comentarios Espacio Padelma Andrés Fernández Espacio Padelma Andrés Fernández Jajajajajaja como me veo Me gusta · Responder · 1 · 17 h Mario Jesús Gaspar Cobarruvias respondió · 1 respuesta Espacio Padelma Andrés Fernández Espacio Padelma Andrés Fernández Y en verdad ya me había cansado en la subida
Esta exploración, es una expedición de dificultad media, pues llevamos un guía que ya ha estado en el sitio a donde queremos ir. Las de nivel difícil son aquellas donde no se conoce previamente ni el terreno ni el destino, convirtiéndonos en pioneros. Aquí transitamos por selva alta caducifolia, caracterizada porque una alta proporción de los árboles (del 25 al 75%) pierden las hojas durante la época seca. La densidad del aire es apropiada para este ascenso, para quienes vivimos en las costas y no precisa previa aclimatación, como, en cambio, sí requieren zonas como Perote y Naolinco (2.416 y 1.541 msnm respectivamente).
Para Yolis es el primer viaje de exploración en que me acompaña y le he comentado que a «La naturaleza no se le teme, sino se le respeta, pues somos parte de ella, no sus dueños. Los que por trabajo o vocación somos exploradores, no buscamos el peligro mortal ni los riesgos por simple gusto, pero nos preparamos para afrontarlos si se presentan. Para eso son la actitud, entrenamiento y equipo. Tratamos de preveer y reducir los riesgos lo mejor posible, pero no somos dios Todopoderoso para saber en qué rincón o bajo que piedra están los peligros. Eso establece diferencia entre quien se retira ante la primera gran penalidad, y quien la sufre pero sin dar marcha atrás
Hacia las 11:29 AM alcanzamos por fin nuestro destino incierto: el sitio que la gente de los alrededores llama «La Trinchera». Para los apasionados de la historia y/o arquitectura militares, así como de la batalla de Camarón (abril 30 de 1983, a unos 20.15 kilómetros al noreste de aquí), ha sido siempre gratificante hallar estos sitios famosos o legendarios que se mencionan en la historiografía local o nacional. Su estudio físico ayuda a reconstruir con evidencia el desarrollo de las gestas y actos bélicos memorables, dándoles un sentido realmente humano sin necesidad de crearles mitos y leyendas para resaltar su importancia
La llamada «Trinchera» es a primera vista, un promontorio que se eleva por encima de un terreno que desciende muy accidentadamente, señalando que nos encontramos en una de las laderas del cerro del Chiquihuite. Aparte del campamento francés cerca del nacimiento de este río, el coronel Pierre Joseph Jeanningros (1816-1902), comandante en jefe de los 2 batallones del Regimiento Extranjero estacionado en México, estableció en 1863 un mirador o puesto de observación en lo alto del Chiquihuite, dotado de catalejo, para controlar visualmente el camino nacional y sus puentes desde Paso del Macho.
Don Esteban Bello Hernández, nuestro guía, cumplió su parte al traernos hasta aquí. Ahora continúa la mía: hacer el levantamiento topográfico de este sitio, del que a primera vista no sabemos si es francés, mexicano o insurgente. Uniendo esfuerzos, determinamos a cinta métrica, que el promontorio se eleva a 2.70 metros por encima del sendero, al que dominan visualmente. De ahí se desprende el nombre de «Trinchera» (zanja excavada en la tierra dentro de la cual quedan los soldados protegidos del fuego enemigo o parcialmente cubiertos para poder disparar). — con Rob Nva, #Esteban Bello Hernández y Espacio Padelma Andrés Fernández.
El sitio se halla con claras señales de total abandono y la vegetación casi lo cubre, por lo que el licenciado Rob Nva se da a la tarea de limpiarlo a machete en su parte inferior, el maestro Espacio Padelma Andrés Fernández lo hace en la parte superior a fin de avanzar rápidamente. Don Esteban Bello auxilia en lo necesario, mientras Yolis hace la cobertura fotográfica con su cámara y la mía, siguiendo mis indicaciones. Yo por mi parte, me dedico a trazar el croquis preliminar del sitio, donde vaciaré las medidas y datos que se me proporcionen, además de fecha, coordenadas y nombres de los participantes.
Otra de mis funciones es geoposicionar el lugar con la mayor exactitud posible en el mapa, utilizando un GPS de alta sensibilidad. Esta operación requiere de tiempo, pues consiste en la lectura unificada de 4 satélites que se sincronizan en el espacio y en este punto, la señal se dificulta. Cuando finalmente se ajusta, me indica que estamos aproximadamente, con un margen de error de 3 a 4 metros, a 589 metros de altitud o 381 metros en lo alto del cerro del Chiquihuite. Cuando se pase esta cifra a Google Earth, habrá que hacer reajustes para que la ubicación sea lo más exacta; pudiendo así ubicar otros sitios relacionados con la batalla de Camarón o el camino real Veracruz-México. — en Municipio de Atoyac.
Notamos enseguida que el promontorio tiene forma rectangular, geométrica y claramente de manufactura humana. Está alineado en eje de norte a sur (otra de mis tareas que realizo con brújula y GPS), dato vital pues estando rodeados de árboles no se percibe el horizonte y no sabemos en que ladera nos hallamos ni hacia donde apuntaría un medio de observación óptica como el catalejo. El borde del conjunto consta de un talud pronunciado que dificultaría un asalto desde el sendero, — en Municipio de Atoyac.
También presenta una escarpa con un notable grado de inclinación, que ayuda también evitando el deslave de la masa de tierra contenida entre los bloques de piedra. Visto desde abajo, la inclinación del talud impide visualizar claramente a los defensores, escalar y en cambio, permite atacar desde arriba deslizando granadas y disparos de armas cortas. Estas características demuestran la necesidad de defenderse y controlar el paso a quienes subieran desde la base del cerro hasta el mirador.
Lo que tenemos aquí es un sitio fortificado o «hecho fuerte en sus características defensivas», construido aprovechando esta pendiente pronunciada y reforzándola con un muro de 11.20 metros de longitud, a base de grandes bloques rectangulares de pesada piedra caliza -abundante en esta zona- y dispuestos a manera de rústicos bloques a presión y sin argamasa (mezcla de diversos materiales, como cal o cemento, arena y agua, que se usa en la construcción para fijar ladrillos y cubrir paredes).
Turnándome la cámara Nikon con mi novia Yolis, ella usa su cámara Canon PowerShot A2500 de 16 megapixeles y 5x de zoom para captar todas las operaciones para mi archivo personal de investigaciones. Y desde luego, seguir practicando las lecciones de fotografía que le he impartido. Así, mientras tomo fotografías al detalle del muro, ella muy feliz practica captarnos a los dos en la modalidad de selfie o autofoto, donde hay que reconocer que tiene mucha más pericia que yo. —
Aquí el material básico de construcción fueron bloques grandes y medianos de piedra caliza, dispuestos en tal forma, que los más pequeños sirven como cuñas anclando a los mayores. La caliza es una roca sedimentaria compuesta mayoritariamente por carbonato de calcio (CaCO3), generalmente calcita, aunque frecuentemente presenta trazas de magnesita (MgCO3) y otros carbonatos, que modifican a veces, el color y el grado de coherencia de la roca. Es menos dura que el cobre y cortada, tallada o desbastada, se utiliza como material de construcción u ornamental, en forma de sillares o placas de recubrimiento.
La caliza del cerro Chiquihuite presenta características que fueron mencionadas en el DIARIO DEL VIAJE QUE HICIERA EL VIRREY Dn. JOSÉ DE ITURRIGARAY PARA RECORRER LA COSTA DE VERACRUZ, escrito por el arquitecto Luis Martin en 1805: «Pasado el río del Chiquihuite se toma la falda de dicha sierra de Matlaquiahuitl en la que se observa caliza moderna fétida con impresiones de cuerpos orgánicos y una variedad de pedernal o piedra.» — en Municipio de Atoyac.
Infatigable como suele ser, Yolis sube a lo alto del muro a captar panorámicas y aprovecha a captar nuestra reunión, donde discutimos lo que se ha hallado. ¿Estamos en el Fortín del Chiquihuite, en el mirador francés establecido por Jeanningros o ambos son el mismo lugar reutilizado? Sabemos que el Chiquihuite fue fortificado desde 1812 por un jefe insurgente, el mulato Mariano Mota. había convencido a los esclavos de Potrero y otras haciendas a evadirse e irse a Mata de Piña. Posteriormente, fundó un Alojamiento Nacional (campamento insurgente de esclavos) en lo alto del Chiquihuite.
Cuando en 1817, el coronel Francisco Hevia al frente del batallón expedicionario de Castilla, desalojó a los insurgentes, el fortín consistía en fuertes estacadas. Los realistas, no pudiendo atacar de frente, atravesaron un espeso bosque y los flanquearon por la izquierda. Los defensores abandonaron el cerro y se dirigieron al fuerte de Palmillas. Si bien los insurgentes contaban con medios para fortificar debidamente, esto no siempre estaba al alcance económico, pues además de construir debían mantener a una guarnición permanente o llevarla a la ruina, como sucedió con el Fortincillo de Monte Blanco, en noviembre de 1816.
Durante los primeros 50 años de vida del México independiente (1821-1871), el Chiquihuite fue fortificado ocasionalmente por los gobiernos mexicanos por su ubicación frente al camino nacional; como en la Guerra de Reforma (1857-1860), en que las tropas liberales abandonaron cerros estratégicos, quemando y volando puentes de madera y mampostería, para reagruparse con el presidente Benito Juárez y el gobernador Manuel Gutiérrez Zamora en la ciudad amurallada de Veracruz, durante las ofensivas de Miguel Miramón en 1859 y 1860.
Con el boom del estudio de fortificaciones, iniciado en la década de 1990 en el Estado de Veracruz, es común que al mencionarse la palabra FORTÍN, se imaginen enseguida fortalezas pequeñas muros de mampostería, y troneras como el Órdenes Militares en Plan del Río o se quiera ver forzozamente un origen militar en estructuras civiles como el molino de viento en la loma de Buenavista. O estructuras abaluartadas en zonas propicias para casamatas. Pero FORTÍN, abarca a una gran variedad de estructuras donde las tropas puedan atrincherarse, pues nunca ha existido un modelo único y bien definido como sucede en cambio con los baluartes.
Muchos fortines y baterías de cañones en el siglo XIX fueron obras de campaña, es decir, construidas de forma rápida y sin pensar en geometría o estética. Muchos son solo campos para atrincherar tropas rodeados de muros y estos no siempre son de piedra labrada o sillar, sino simples apilamientos de piedras alrededor de una zona habitable, almacén de alimentos, aljibe y polvorín, si llegaba a montar cañones. Un puesto de observación en lo alto, no precisaría de grandes obras, excepto si la intención fuese establecerse permanentemente y contando con auxilio seguro desde el exterior. Pudieron incluso haber aprovechado alguna estructura insurgente o mexicana, remanente de otras guerras.
Terminamos nuestra conferencia, mientras la felicidad brilla en el rostro de mi Yolis al seguir practicando sus selfies. Para mi, es una gran alegría poder traerla conmigo y que a través de esta actividad, en parte académica y en parte aventura, pueda aligerar el estrés del trabajo, oxigenar mejor su cuerpo y ejercitar sus fuerzas lejos del entorno citadino. Y al conocer de primera mano mi trabajo con sus riesgos y recompensas, cimentar mejor nuestro noviazgo, compartir nuestros intereses y salir de la rutina en la que suelen caer tantas parejas. — con Carmen Castro, Espacio Padelma Andrés Fernández y Rob Nva en Municipio de Atoyac
Seguimos trabajando, ahora en la parte superior, donde se aprecia un espacio profundo semicircular de 1.30 metros de ancho y lo bastante profundo para alojar a un hombre, usando la parte interna del muro como parapeto (muro de piedras, sacos de arena y otros materiales, que sirve para proteger a los que luchan de los ataques de sus enemigos). A futuro, sería útil recorrer el sendero cuesta abajo, para determinar en que parte del Chiquihuite empieza y si este punto, tiene proximidad a donde estaba el campamento legionario. Este sitio solo posee capacidad para alojar unas decenas de hombres.
Todas las expediciones tienen sus peripecias, algunas más emocionantes que otras, pero inolvidables para quienes las viven. El uso de machetes en terrenos llenos de maleza y plantas urticantes (que produce un escozor semejante al que causa una ortiga) que hay que retirar para poder trabajar, a veces causan heridas. Por ello, se recomienda llevar sustancias desinfectantes como alcohol y gel antibacterial. Literalmente, en el terreno agreste de Veracruz, más de un explorador -me incluyo- ha dejado parte de su sangre tratando de alcanzar sus objetivos, más allá de la comodidad del escritorio. — con Rob Nva en Municipio de Atoyac.
Mi colega investigador Alejandro Monzon me comparte una mención del mirador militar francés, narrada por el cabo Louis Maine (legionario participante en la batalla de Camarón) para Lucien-Louis Lande en su libro MEMORIAS DE UN SOLDADO publicado el 15 de julio de 1878: «De todos modos, al llegar nosotros, el coronel se dio a la empresa de establecer, a cierta altura, en las primeras pendientes de la cadena, un puesto de observación. A partir de ahí, dominó parte de la llanura y principalmente, Paso del Macho, que extendió nuestro avance…» Me gustaComentarCompartir 3 3 Comentarios Alejandro Monzon Alejandro Monzon
«Un catalejo, a disposición de los soldados del puesto, les permitía detallar a lo largo de la campiña, entonces infestado por partidas mexicanas y reportar inmediatamente cualquier movimiento sospechoso». Así, tenemos la confirmación de la existencia de este puesto, que se limitaba a la alerta de movimientos enemigos y quizá, alguna especie de telégrafo óptico con el fortín de Paso del Macho (posiblemente señales luminosas o toques de trompeta). El maestro Espacio Padelma Andrés Fernández mide la anchura del muro, que alcanza un total de 4.90 metros. — con Espacio Padelma Andrés Fernández.
Tras hacer algunas comprobaciones más, terminamos el trabajo de esta expedición para esta estructura, que como veré días más tarde, al procesar los datos captados, apunta directamente al noreste, en dirección a Paso del Macho y su fortín distantes 6.37 kilómetros, El fortín pasomachense fue construido a partir de 1818, reutilizado por los mexicanos en 1834 y los franceses le abrieron troneras para disparo de fusilería entre 1862 y 1863, utilizándolo también como observatorio y vigía del camino nacional. — con Espacio Padelma Andrés Fernández, Rob Nva y #Esteban Bello Hernández.
La última palabra se tendrá realizando una investigación histórica de gran alcance, los procesos de arqueología y la limpieza-preservación del sitio, a salvo de saqueadores que pudiesen destruir estructuras y desaparecen la evidencia histórica, en su afán de apropiarse de piezas antiguas o pensando hallar oro, Evidencia adicional, apunta a que este sitio correspondería con bastante certeza, al mirador militar establecido por el coronel Jeanningros en 1863. — con Espacio Padelma Andrés Fernández, Carmen Castro, Rob Nva y #Esteban Bello Hernández.
A las 12:55 PM emprendemos el regreso y abandonado el sitio de «La Trinchera», cruzando por escabrosos senderos no marcados ni señalados. Nuestra intención es visitar los puentes metálico y de piedra en San Alejo, otro en el camino real en dirección a Paso del Macho y regresar a esta población a almorzar y en el caso de Yolis y yo, regresar a Veracruz al ocultarse el sol (6-7:00 PM). — con Espacio Padelma Andrés Fernández.
A las 12:59 PM llegamos cerca de la pendiente difícil y Yolis sufre su primer pie en falso y caída -nada grave- en su primera exploración de carácter histórico. Como iba captando el paisaje, justo en ese momento, decido inmortalizar este momento antes de ayudarla (se por experiencia que el lecho de hojas y la tierra suelta amortiguan bastante los golpes). Al principio no le hace mucha gracia, pero rápidamente capta el sentido y recupera la sonrisa. — con Carmen Castro en Municipio de Atoyac.
Naturalmente, una cosa es que uno lo diga y otra es que lo ponga en práctica. Porque 11 minutos después de la caída de Yolis, nos caemos esta vez los dos, por ir hablando al cruzar la pendiente difícil, Así, que esta vez soy yo el fotografiado y como suele pasar, me lo tomo con risa y filosofía, pues todos los que hacen exploración, excursionismo o montañismo, pasan invariablemente por esto alguna vez en sus pintorescas vidas. De ahí aprendemos que escoger el tipo de calzado, de suela, la vara o el bastón metálico de apoyo no son cosas que se tomen a la ligera. — en Municipio de Atoyac.
A las 1:11 PM llegamos al camino donde nos apartamos para subir hasta la cresta del cerro. Alegres y felices por estar juntos y compartir nuevas experiencias, el maestro Espacio Padelma Andrés Fernández nos toma nuestra primera foto juntos del viaje. No paramos de reir ante las peripecias, pero como le comento a Yolis,que hay que estar optimistas, porque «Si el cuerpo humano careciera de desafíos ¿Qué necesidad tendría de fortalecerse?». — con Carmen Castro en Municipio de Atoyac.
Antes de bajar rumbo a San Alejo, me muestran una bala de artillería encontrada en el cerro, comprensible por ser sitio de confirmada presencia y actividad militar en el siglo XIX, Está hecha de hierro sólido y tiene un diámetro de 15 centímetros, con un peso aproximado de 150 gramos. Será interesante calcular el calibre del cañón que podría dispararla y conocer si coincide con el cañón que bajado del Chiquihuite, descansa desde 1941 montado en un pedestal del parque municipal de Atoyac. — en Municipio de Atoyac.
Seguimos bajando y admirando la belleza del territorio del río Chiquihuite. Al centro se ve el paso hacia el gran puente de piedra que lo cruza. Fue construido hacia 1795 con bases de mampostería y paso de madera provisional, Su construcción entera en piedra fue ordenada en 1805 por el virrey José de Iturrigaray y suspendida por la Guerra de Independencia. Fue terminado entre 1830 y 1835. Fue volado en 1858 por el norteamericano Jesse Jackard Stimson, quien también hizo lo mismo con el puente del Gran Maestre en La Soledad. Fue reparado con paso de madera en 1859 y finalmente en piedra y barandal de hierro hasta 1864
Nos despedimos del Cerro del Chiquihuite a las 1:33 PM para dirigirnos hacia San Alejo y Paso del Macho, Es muy seguro que no será la única vez que volvamos, pues tenemos aún muchas interrogantes que resolver y nuestra aportación a la historia de Veracruz, debe ser fundamentada en la veracidad y objetividad, no en el capricho personal ni de grupos de intereses particulares. NOS DESPEDIMOS DESEÁNDOLES UNA FELIZ SEMANA, LLENA DE PAZ AL LADO DE SUS SERES QUERIDOS