Añoranzas


por Celia Rosado Romero

Por Celia Rosado Romero, egresada de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

Hoy la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación, antigua Facultad de Periodismo de la Universidad Veracruzana, está de luto. Uno de sus docentes se fue de éste globo terráqueo, pero, dejó la huella de sus enseñanzas.

Observarlo recorrer el pasillo rumbo al aula, con un libro siempre bajo el brazo, era la estampa cotidiana de Ignacio Oropeza López. Siempre acompañado de sus alumnos deseosos de compartir la charla de “semiótica”, ciencia que dominó siempre y que compartió con toda la comunidad.


Su paso rítmico, característica de su actuar como periodista y maestro, era reconocido por los que lo acompañaron en las dos facetas de su vida. Tuvo la fortuna de estar en las trincheras del quehacer cotidiano del periodismo, tanto de redactor como de jefe, asimismo, detrás de un escritorio como coordinador de comunicación social.


Los que fueron sus compañeros de aula en la vieja casona de la calle de Arista, saben y conocen de su trayectoria. Siempre lo nombraron “Nacho”, sin importar que fuera jefe de prensa del ayuntamiento de Veracruz, jefe de Radio Universidad y jefe de prensa en la UV, coordinador de comunicación social del gobierno del estado y regente de la Editora del Estado con Dante Delgado.


En el  Diario de Xalapa, la Nación y el Dictamen, su hemeroteca guarda sus escritos como reportero, además fue director del periódico el Universal de Veracruz, jefe de redacción en Notiver y coordinador de la oficina del Sol Veracruzano.


Preocupado por el reconocimiento de la profesión, se involucró en organismos donde externó la necesidad de la profesionalización del gremio, de ahí que fue nombrado miembro de la Junta de Gobierno del Colegio de Periodistas, fundador de la Comisión Estatal para la Defensa de los Periodismos (El Ombudsman de la prensa) y del Consejo Editorial del Periódico Imagen de Veracruz.


Recordar tiempos de bohemia, estudio y discusión, era un deleite con él. Estamos acostumbrados, por tradición, recordar a los que se van con lo mejor, y olvidarnos de decírselos en vida, como dice la poesía.


Sin embargo, no creo que este sea el caso, él sabía que se le reconocía, aún en las discrepancias de ideas, que se le respetaba por sus conocimientos.


Lo que ahora se extrañará.


Seguramente, todos nos tendremos que reunir en otra ocasión y por qué no, tener esas charlas que eran interminables sobre política, periodismo y su fuerte la semiótica.


Hasta pronto.

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