Teoría crítica de la comunicación


Antonio Pasquali 1
Se han cumplido ya 50 años de la publicación del libro “Comunicación y Cultura de Masas” del investigador venezolano, quien también fuera mi maestro en CIESPAL.

Por Ignacio Oropeza López

Ignacio Oropeza López, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana
Ignacio Oropeza López, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

La teoría crítica de la comunicación no puede ni debe proponer una separación tajante entre el ojo del observador y la realidad social observada. El investigador no debe olvidar la clase o grupo social al que pertenece, sirve o da la voz.
Las tecnologías de la información y comunicación, en el sentido de Marshall McLuhan, son extensiones de los sentidos del hombre, pero no deben servir a la distorsión de la realidad social.
La información es simple transmisión de datos, la comunicación implica un diálogo. Solamente el libro nos permite dialogar, es la memoria de la humanidad, la escritura.
El conocimiento científico no es una masa amorfa, una nebulosa, ni una neblina, menos puede ser considerado como el agua estancada de una laguna, más bien es un caudaloso río, una corriente poderosa, con Heráclito, nadie se baña siempre en las mismas aguas. La realidad observada es siempre cambiante.
La teoría crítica de la comunicación puede auspiciar el cambio social, si se reconoce la dialéctica que existe entre el sujeto que observa una realidad siempre cambiante.
El sitio social del observador no es la famosa “torre de marfil” del intelectual, está mediado por la ideología individual a la que se llega por un proceso educativo y cultural colectivo.
Una teoría de comunicación o paradigma aceptado por la comunidad científica debe aceptar la crítica, no solamente como un “estado” de la cuestión, sino mediante el análisis de las contradicciones internas. Somos escritura, somos lenguaje, “individuos lenguajeantes”, como dice Varela.
La escritura es una forma de liberar las ideas. “La escritura es la liberación total de la mente” (IJO).
Aquello que el individuo escribe, con todo y ser un producto individual, el texto, es el resultado de la interacción social del hombre con otros textos, de otros tiempos y lugares históricos. Es aquello que en la literatura se denomina “poetic influence”, o sea, los textos que verdaderamente nos influyen.
Mediante la liberación de la mente, cuyo producto sensible es el texto, se nos permite ingresar a una vasta red de relaciones textuales sobre la temática que más nos interesa. Un mundo de imágenes novedosas puede ser visible, pero no es pensante. Además no hace posible el diálogo.
La teoría crítica de la comunicación, que se inspira en la Escuela de Frankfurt, debe reconocer la importancia de la revisión ideológica y cultural, en la praxis cotidiana de la investigación, docencia y difusión de la cultura y el arte.

Comunicación y cultura de masas
(La influencia de Antonio Pasquali)
Se han cumplido ya 50 años de la publicación del libro “Comunicación y Cultura de Masas” del investigador venezolano, quien también fuera mi maestro en CIESPAL.
El maestro dibujaba un triángulo y decía que en cada una de sus puntas estaba el estado, en la otra, los intelectuales y abajo la sociedad, cuando debería ser todo al revés. El Estado determina a la educación, los intelectuales orgánicos la legitiman, y la sociedad inerme obedece lo que le mandan.
Fue uno de los primeros teóricos de la comunicación y profesores que cuestionaron la teoría funcionalista de la comunicación, que dominaba, como paradigma oficial, la enseñanza del periodismo y la comunicación en América Latina, y que inyectaron nuevos enfoques a la discusión académica.
Desde hace 50 años, su obra, la docencia y la investigación que el maestro impulsó, propiciaron una vasta discusión que no termina, y que permitió incorporar las disciplinas sociológicas y políticas en la comunicación. Y que en años posteriores sería enriquecida por Luis Ramiro Beltrán, Daniel Prieto Castillo, Jesús Martín Barbero, y desde la Semiótica, por Renato Prada Oropeza.

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