Cronología


por Celia Rosado Romero

Por Celia Rosado Romero, egresada de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

Contextualizar el feminismo nos conduce a expresiones, que desde el siglo pasado, se han manifestado. Sin embargo, en lugar de ir en forma ascendente, en su conceptualización, es ahora descendente.
Son miles los feminicidios que pareciera es la solución para desaparecer todo una lucha de las féminas en busca de justicia, reflejada en una igualdad desde todas las aristas de la vida cotidiana, que van desde lo familiar, hasta lo legal.
Hace unos días se presentaron en la facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación las integrantes del Observatorio Universitario de la Violencia contra las Mujeres, con datos de asesinatos de mujeres por sólo el hecho de ser mujer.
En algunos casos la fiscalía por desconocimiento de la concepto “feminicidio” ha equivoca la forma de actuar en su seguimiento, a consideración de la abogada Esmeralda Lecxiur Ferreira.
La sociedad machista califica a la mujer como “objeto” no como ser humano de ahí su utilización, y el interés de los grupos para visibilizar hechos aberrantes de muertes con acciones que demuestran el desprecio total a ellas.
Mujeres en Red establecen:” Lo que no se nombra no existe. Esto, trasladado al género, implica que el hecho de que las mujeres no tengan una representación simbólica en la lengua contribuye a su invisibilización. De ahí la necesidad, a fin de lograr el objetivo de la igualdad entre sexos, de hacer un uso del lenguaje que represente a las mujeres y a los hombres y que nombre sus experiencias de forma equilibrada”.
Pero retomando el tema inicial, remonto mi memoria a textos que hablan de feminismo, con el objeto de darle continuidad a la disputa de los grupos que buscan la igualdad, sembrando en la conciencia de la sociedad mexicana la necesidad de la apertura de conciencia en la temática de género.
“La conciencia feminista nunca llega como un regalo. Es más bien una iluminación paulatina que se va apoderando de una persona sin que ésta pueda hacer nada por impedirlo a menos que esté furiosamente entrenada para el sometimiento.
Es también, o puede ser, una avalancha interior de furia por ese sometimiento padecido tan inconscientemente por una misma o por las demás. Se da, o puede darse, indiferentemente en las mujeres y en los hombres. En las mejores mujeres y en los mejores hombres. En los más fuertes, en los capaces de reflexionar con sistema. Nancy Cárdenas “De la conciencia feminista como incómodo tesoro”, octubre-diciembre de 1976 [Revista prestada del archivo personal de Layla Sánchez Kuri
“Al feminismo la tendencia ha sido no verlo orgánicamente sino como suma de querellas: despenalización del aborto, igualdad de condiciones laborales, respuesta legal al problema de la violación, igualdad de condiciones jurídicas, en fin, los puntos hoy más destacados. Se piensa que resueltas más o menos estas disputas, el feminismo carecerá de cualquier sentido. Esta decisión de ver en el feminismo un sindicalismo que-no-se-atreve-a-decir-su-nombre se exhibe con claridad en el caso del aborto. Para defender la despenalización se arguyen razones económicas y sociales, pero casi nadie acepta como válido que una mujer decida abortar en pleno uso de sus recursos corporales. El derecho al cuerpo se maneja con mucha tibieza o de modo muy retórico, pero pocos creen en él como un derecho civil que debe ser constitucional”. (El machete, mayo 1980)
Las mujeres y el poder “El poder, tratándose de mujeres, siempre es emblemático en algún nivel. Un hombre jamás representa a su género: una mujer lo hace de manera casi inevitable porque al ser secretaria de Estado, gobernadora o senadora, es una excepción o una concesión a la demografía, y la excepcionalidad le confiere un perfil simbólico”. (Debate feminista, abril 2000)
“El poder necesita ejercerse, y entre las mujeres, ese conjunto mayoritario tratado como minoría, la meta y el medio de las transformaciones requeridas es el empoderamiento, vocablo que me resulta disonante y que ya es inevitable. El empoderamiento es la acción colectiva sin la cual no se produce el cambio, es la distribución más democrática de los poderes en la sociedad”. (Debate feminista, abril 2000)
Si bien es cierto, la lucha la esgrimen mujeres de todos los niveles socioeconómicos y circunstancias diversas, la decadencia es tal, que ahora no sólo es víctima de la violencia sino se trasgrede todo tipo de valores al culparlas de su muerte.
Los valores humanos se han perdido en un humo de indiferencia, tanto de la sociedad como de los gobernantes de ambos sexos.
Es una cobardía que féminas con escaños en las esferas gubernamentales, imiten la figura japonesa de los”tres monos místicos” o “tres monos sabios”: sordas, ciegas y mudas.
Es así como la comunidad femenina las observa.
El proverbio tiene su origen en una traducción del código moral chino del “santai”, filosofía relacionada a los tres sentidos para lo observable del mundo.
No veo, no oigo y no dijo.
La interrogante es ¿hasta cuándo serán defensoras de las féminas?
Ante ello, los grupos de asociaciones civiles, tuvieron que asumir su responsabilidad.

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