* LO MALO, QUE LOS PRIISTAS HABLEN DE VIOLENCIA E INSEGURIDAD


Por Raúl González Rivera
*

TAMBIÉN LA CRISIS
ALCANZA A IDEOLOGÍAS

Por Raul González Rivera, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

En un país sin ideologías partidarias, la confusión que sufren los nacionales de un país no encuentra límites.
Cuando en este México hundido en la violencia e inseguridad, había un solo partido todos eran priistas. Cierto es que ya tenía vida el partido albiazul, pero sin el impacto que tuvo a raíz de que el señor Vicente Fox fortaleciera a su partido con una campaña contraria al priismo.
Sin embargo, la vida de partidos políticos en México ha ido de más a menos, sobre todo cuando sus actores políticos, una vez que dejan de cobrar relevancia en las chambas que desempeñan, anuncian su cambio, como el de cualquier prenda de vestir, para pasar a otro membrete partidario.
Los tránsfugas siempre han existido, pero con la celeridad de estos tiempos, nunca. Socios priistas que se van al PRD o Morena, es tan socorrido que la evidencia es en el sentido de que nadie quiere quedar sin ubre que succionar. Sin embargo, los mexicanos pensantes habían presupuestado que había ideologías de izquierda, de derecha y la ultraderecha.
Se sentían bien competiendo como electores bajo este esquema, aunque bastante pobre con relación al sistema de partidos que tienen los países del primer mundo en Europa Occidental.
Lamentablemente para los ideólogos, filósofos y mexicanos con la idea de que existían las diferentes corrientes del pensamiento político, en días como éstos se estrellan irremediablemente.
Empero, hay los ejemplos emblemáticos, que llaman poderosamente la atención, porque sin ningún rubor cambian de partido como de camiseta todos los días.
Javier Lozano Alarcón fue un priista que trabajó con Ernesto Zedillo Ponce de León, pero cuando le dejaron de dar la chamba de sus sueños, pasó a las trincheras albiazules, al grado de que aceptó irse como colaborador del gobernador Rafael Moreno Valle, en la ciudad de Puebla.
Por supuesto que cuando no le hicieron caso, porque quería igualmente candidatura presidencial, tronó en contra de Ricardo Anaya, así de fácil, anunció a través de un mensaje televisado que dejaba al dictador ex presidente nacional del PAN, y en menos de 24 horas, habría pasado a filas del grupo de colaboradores que acompaña en su campaña electoral al precandidato priista José Antonio Meade Kuribreña.
Y es que Javier Lozano goza de tener una excelente fama como rijoso, para lo cual ha sido subido seguramente al cuadrilátero del viejo régimen, así que en breve se le verá como vil fajador del boxeo partidario, hablando las mil bondades del gobierno priista y atacando a los contrincantes del abanderado del partido tricolor.
Por supuesto que no es Javier Lozano Alarcón el único ejemplo de tránsfuga partidario que se va del PRI y pasa al PAN y cuando le conviene regresa a las filas tricolores.
Así es el sistema de partidos en este país, en donde las formas del pensamiento político que inspiraron a los filósofos griegos y después las distribuyeron a lo largo y ancho del planeta, pierde irremediablemente, porque las ideas políticas están siendo hechas a un lado, las perversas ambiciones de políticos están forjando o delineando la nueva forma de pensar y actuar de los membretes o siglas partidarias, los cuales o las cuales, bajo estas condiciones, también alejan a los mexicanos de confiarles sus convicciones, ajenas en aquellos ambiciosos de alcanzar el poder por el poder.

* LO MALO, QUE LOS PRIISTAS HABLEN
DE VIOLENCIA E INSEGURIDAD

Cuando los socios priistas abordan con singular tono en sus voces, que hay que enfrentar el truculento crecimiento de la violencia y la inseguridad, lo que se evidencia por la constante de asesinatos, extorsiones y secuestros, olvidan que la siembra mayor de todos estos fenómenos las hicieron precisamente gobernantes salidos del partido tricolor, pero ahora se vuelven los occisos.
Olvidan a gobernantes como Mario Villanueva, de Quintana Roo, o al “Góber Precioso”, de Puebla; a los Rubén Figueroa, padre e hijo, que masacraron a indígenas en Guerrero, y otros tantos como los que ha tenido Veracruz en diferentes sexenios, porque ahora su discurso se sustenta en el combate a la violencia, la inseguridad y toda la gama de ilícitos que mantienen bajo una constante postración a gran parte del país.
Si los socios tricolores abordan el relicario de delitos que se cometen todos los días en nuestras municipalidades y las entidades que conforman el territorio nacional, quiere decir que, como antaño, el que fuera uni-partido no escucha, no ve, tampoco huele y sigue haciéndola de artista del circo político, sin que a la postre lleve a buen puerto la atención a las tantas exigencias sociales y materiales de los mexicanos.
No hay que olvidar que en la entidad veracruzana el PRI obtuvo apenas poco más de 40 alcaldías municipales en la última jornada político-electoral y que en el panorama donde tienen mano los legisladores federales, una banda completita alcanzó curules, se afirmó en la cámara baja del Congreso de la Unión, pero es la hora en que jamás volvieron para atender las justas exigencias de un pueblo desangelado y triste, como es el veracruzano mayoritariamente en estos días.
Por supuesto, que esa no era la propuesta popular. Los que votaron en comicios electorales e hicieron ganar a un selecto grupo de padres conscriptos y una legisladora, ahora se preguntan sobre lo que asumieron como deber ciudadano, pero también cuestionan el por qué jamás volvieron a sus distritos electorales, qué tareas promovieron y qué servicios gestionaron, porque el grueso de la sociedad se lamenta de su extrema pobreza, el desempleo que galopa a pasos de gigante por todos lados y la nula expectativa de que todo este estado de cosas remonte y devuelva a los veracruzanos su paz social, alegría, felicidad y tranquilidad.
Empero, con motivo de la renovación de directiva estatal del PRI, el rol del discurso esbozado en la fecha de unción, ha sido elevado con singular tono de rechazo y condena para con los gobernantes perversos, ratas y otras lindezas en las que los primeros en haber incurrido es la docena de ex mandatarios de entidades del interior del país, que para el caso se han llevado y traído como ejemplo de lo que no debe ocurrir jamás, pero que es. Sin embargo, cuando son tricolores los que acusan, se presume que algo anda mal, que no encaja, porque hasta pareciera el pleito de Kramer contra Kramer, con vistas a levantar sólo olas, pero sin mayor trascendencia, sólo para vacilar.

* ALEJANDRA BARRALES,
PROPICIA ÉXODO EN PRD

Continúa el éxodo o salida tremendista de socios distinguidos del PRD, para pasar a filas de Morena, luego de atender la invitación que les hizo su líder Andrés Manuel López Obrador.
Para fortuna del grueso de socios o militantes del partido que fundara el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, el entendimiento llegó, no pueden continuar militando en las filas de un partido autocalificado de izquierda y que su propia dirigente nacional, en su momento entregó a las huestes del panismo, para integrar el llamado Frente Ciudadano.
Más grave se puso la situación política del partido del sol azteca, cuando Alejandra Barrales, además de anunciar la conformación del Frente, igual instara a emitir un castigo a los líderes y asociados del partido que optaron por emigrar y renunciar definitivamente a sus trincheras, cuando aquéllos dijeron que se enlistarían entonces con Morena o el PT.
Anteayer, una larga lista de ex funcionarios delegacionales y municipales, que habían militado en las trincheras perredistas, anunciaron su renuncia al mencionado partido y de inmediato avisaron que pasarían a formar parte de los cuadros que todos los días viene incorporando Morena.
En todas estas dimisiones, se dice que hay congruencia, porque se trata de militantes que congenian con la izquierda, siendo ellos originariamente militantes de un partido que surgiera con una excelente propuesta en ese sentido, hace poco menos de un cuarto de siglo, y con los respaldos del ingeniero Cárdenas Solórzano.
Sin embargo, con la conformación del Frente, sobrevino en miles de asociados suyos la confusión y, por ende, cuestionaron severamente el porqué de dejar una sigla convencida y comprometida con una izquierda mexicana existente a los cuatro costados de la república, para pasar a integrarse en un Frente con sus más recalcitrantes adversarios políticos, como son los albiazules de la reacción o el conservadurismo.
Peor aun, porque abandonaron su ideario y su dirigente nacional, Alejandra Barrales, quedó fuera de la hipotética encuesta con que se nominaría al candidato presidencial, afirmándose en dicho lugar el peor adversario partidario para los perredistas, además de que la lideresa quedara fuera de toda perspectiva por alcanzar la nominación presidencial y, quizá lo más gacho, que ahora la ex aeromoza de una firma comercial de aviones haya tenido que someterse a un cabildeo entre socios distinguidos del partido del sol azteca, para ostentar las banderas del perredismo en la justa por la jefatura de gobierno de la Ciudad de México. Es decir, que la dama quedó como el cohetero, con nadie quedó bien. Ni con perredistas ni con la izquierda, con los líderes, mafias, tribus y demás de ese membrete, y tampoco con don Miguel Ángel Mancera, su jefe los últimos cinco años. Al tiempo.

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