* ALGUIEN TIENE QUE PARAR ALZAS EN MEDICAMENTOS


Por Raúl González Rivera
*

POLÍTICOS NO VEN LA
DESIGUALDAD SOCIAL

Por Raul González Rivera, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

La pobreza en el país avanza a pasos de gigante y la consecuencia es la desigualdad social que alcanza a niveles y sectores que hasta hace algunos años no lo resentían.
El ingreso per cápita va a determinar de qué tamaño es el bienestar que presta el estado a sus gobernados y representados.
Por supuesto que México queda enclavado entre los países del llamado tercer mundo y, por ende, las clases sociales prácticamente ya fueron pulverizadas por el carruaje del neoliberalismo y las imposiciones que hacen de la vida productiva el reducido grupo de naciones todopoderosas que –como dice el régimen– imponen precios a las gasolinas, siendo que México es un país productor de carburantes.
De la medición que debe hacerse de las carencias, es como se puede precisar el alcance de la pobreza que ensombrece necesariamente la panorámica de este país para el año 2018.
Del bienestar económico depende por supuesto el desarrollo, consistente en que se cubran los rubros de la salud, la educación y la alimentación, que en el caso veracruzano dejaron de ser una constante en cuando menos cinco millones de veracruzanos. Imagine usted que para un nutriólogo en la canasta básica debe incluirse un platillo que asemeja a un imposible como es el salmón, cuando más de 80 millones no lo conocen ni por fotografía.
Los políticos dejaron de preguntarse qué tipo de sociedad es la que queremos. De dónde partimos y cuándo se perdió rumbo y metas, pues de todos es sabido que en los primeros 50 años del pasado siglo XX el campesino y el obrero –para citar a los estratos sociales que se consideraban más pobres–, comían tres veces al día y su dieta incluía pescados, mariscos, frutas y legumbres y verduras.
Todo ello, porque el presidente Peña Nieto acepta que un reto incuestionado es la enorme desigualdad que experimentan nuestros pueblos, una herencia que no deja de ser parte del sistema neoliberal impuesto en México a raíz precisamente de que se firmó el acuerdo trilateral de comercio con los Estados Unidos de Norteamérica y Canadá.
Algo que los políticos se niegan a reconocer, es que el modelo de vida económico que viven los mexicanos está desgastado, así que se clama por la existencia de un sistema de contención para enfrentar las que se contemplan como graves irregularidades.
Sin desdoro de lo que dicen y esbozan en las campañas que realizan los precandidatos a la presidencia de la República, justamente los grandes temas siguen ausentes de las giras que realizan los tiradores a la silla principal de Palacio Nacional.
El pueblo mexicano justamente aparece desligado de los recorridos que promueven los partidos políticos que, por caso, don Jaime Rodríguez (a) “El Bronco”, gobernador con licencia del estado de Nuevo León, informa voz en cuello que apenas lleva gastados seis millones de pesos, montado en su caballo, el cual, a decir suyo, “traga” menos que su “vieja”, dicho en un país con más de sesenta millones en extrema pobreza y hundido junto con el resto en la violencia, la inseguridad, el crimen y las mentiras de los que dicen estar pagando culpas con su confinamiento en prisión, como es el caso de algunos de los ex funcionarios públicos.

* QUÉ ESPERA MÉXICO DEL
ACUERDO COMERCIAL CON EU

Si México no se decide, las consecuencias ya se avizoran con los dichos persistentes del señor Donald Trump en el sentido de acabar con el Tratado de Libre Comercio, condicionado a que si el país no construye el muro divisorio con la nación poderosa del norte del país, seguramente la Casa Blanca echa por la borda el TLC que negoció Carlos Salinas de Gortari hace poco más de dos decenas de años.
Es difícil encontrar cuándo comenzó a afirmarse la ola de odios y rencores estadounidenses en contra de esta patria ensangrentada.
Ahora el Tío Sam asegura y difunde a través de todos los medios a su alcance, que México es el país más peligroso del mundo, lo que hace consentir la idea a no pocos de que la Casa Blanca mantiene un misil apuntando directamente a esta parte de la geografía mundial, porque lo dicho por la embajadora Roberta Jacobson, en el sentido de que los gringos son hermanos de los mexicanos, no es otra cosa que una pantalla que se coloca entre ambas naciones para vernos en un espejo que no nos corresponde.
México ha satisfecho plenamente las perversas intenciones de los yanquis, enfrentando diplomáticamente a Nicolás Maduro, presidente de Venezuela. A Irán acusándole de un belicismo criminal y ahora lanzando mueras al gobierno de Corea del Norte, porque éste anunció que tiene un misil apuntando en dirección de la Casa Blanca, casos en los que este país necesariamente lleva todas las de perder.
Sin embargo, el último aliento para conservar la relación comercial a través de un tratado comercial, el presidente Trump se ha encargado de denostarlo aduciendo que “el mejor acuerdo en el TLCAN sería acabarlo”. Y esto, porque México refiere insistentemente que no pagará el muro de la ignominia, como se le conoce de este lado del mundo, debido a que se propone enderezar el mayor encono contra los mexicanos que huyeron de su país para ganar un dólar con el cual puedan sostener a sus familias, prestando los servicios que los gringos son incapaces de realizar en el hogar, el campo, la fábrica y la calle.
La tarea diplomática, como se ve, ha colocado ante más inminentes riesgos a la nación azteca que generarle algunos beneficios internacionales, tan sólo por no querer apegar a la república a un derecho internacional vigente y, por otro lado, a no ceñirse a los contenidos de la Doctrina Estrada que legó a la nación el presidente Pascual Ortiz Rubio, por cierto.
Empero, es muy probable que Trump se adorne anunciando enfáticamente que el TLCAN se acabó, cuando México ha dado muestras con el tránsito de la historia, que en los momentos álgidos de siempre ha sabido asumir con singular patriotismo la ruta a seguir con honor, dignidad y orgullo, características de una nación libre y soberana. Al tiempo.

* ALGUIEN TIENE QUE PARAR
ALZAS EN MEDICAMENTOS

Enfermarse en estos tiempos resulta de una gravedad prácticamente inalcanzable por partida doble: el costo de los medicamentos de patente se ha incrementado en 400 o más por ciento y los salarios mínimos quedaron a la deriva con todo y los aumentos que le adjudicaron recientemente.
Particularmente, la ciudad de Xalapa padece de una pobreza extrema en sus colonias populares. Sus pobladores en mayoría aplastante son estudiantes, amas de casa, académicos y un reducido porcentaje lo integran burócratas con bajos salarios y los funcionarios públicos que conforman la clase altamente pudiente.
Muchos se preguntan cómo es que se hayan construido diez o veinte fraccionamientos residenciales, quiénes son los que viven en sus moradas, en qué se desempeñan, porque sin dejar a ninguna duda, sería menos que imposible que un maestro, un profesional dedicado a su ejercicio laboral o un empleado en cualquiera de los tres niveles de gobierno, con sus salarios y percepciones, puedan edificar o adquirir en propiedad una fastuosa residencia.
Xalapa en el pasado, que se remonta a poco más de la mitad del pasado siglo XX, ni en sueños de los más acomodados y privilegiados con los beneficios que les brindan los negocios y los altos salarios que perciben grupos muy exclusivos de asalariados y otros, presumió que pudiera algún día ser asiento de destinos habitacionales sólo comparables con los que ostentan ciudades industriosas, petroleras o de profesionales altamente calificados tecnológicamente.
Sin embargo, la ciudad y el país están siendo golpeados severamente con el alza indiscriminada en los precios de los medicamentos de patente. Si bien es cierto que los medicamentos genéricos constituyen una alternativa para salvar de la enfermedad a numerosos núcleos de la población, también no es menos cierto que los médicos suelen ignorarlos y recetan los productos elaborados científicamente en laboratorios especializados.
Los hospitales públicos se encuentran atestados de pacientes ante la inminente alza también de padecimientos y enfermedades que suman alrededor de mil, según constancia dada por destacados facultativos, como son las cardiopatías más diversas en menores de edad, las cuales no pueden ser atendidas en nosocomios locales porque deben ser trasladados a la ciudad de México para su examen y presentación del diagnóstico más acertado, muchas de las cuales no existían, pero que ahora amagan poderosamente con provocar la peor tragedia a que pudiera estar sometida una sociedad pobre, mal alimentada y sin expectativas de cambio alguno.
En ese tenor, los bolsillos domésticos carecen de los recursos suficientes para adquirir los medicamentos de patente más exigentes para el tratamiento de enfermedades y padecimientos que, de no ser atacados, obviamente son proclives a generar largas estancias hospitalarias y muertes también prematuras.
Alguien debe controlar los precios de medicamentos, que tienen costos en muchos cientos y miles de pesos y que su constante es el incremento de los mismos en lapsos vertiginosos, pero que desgastan o imponen un deterioro en la economía familiar indescriptible. Empero, instancias oficiales, la Profeco, la Condusef, nada hacen para contener las alzas que asestan los encargados de laboratorios y centros de investigación –se dice– científicos para el área o rubro de la medicina. ¿Qué le parece?

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