La clave de las campaña está en lo ideológico no solo en la oferta del candidato como producto


por Rodolfo Calderón Vivar

por Rodolfo Calderón Vivar, egresado de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

Al paso que van las cosas en los procesos de campañas pre electorales, los que han mostrado el cobre hasta ahora, a reserva de que mejoren  ya en el pleno de la lucha electoral -lo cual es más una esperanza que una certeza-,  son los publicistas que están manejando la imagen de los presuntos candidato presidenciales.

De todos los aspirantes a la presidencia de la república, destaca Andrés Manuel López Obrador, cuya fuerte presencia en las encuestas y en los medios ya han sido señaladas por diferentes agencias encuestadoras y de análisis de opinión, pero cuyo impulso se debe cuando menos tres factores: 1.- su condición de candidato presidencial más longevo (esta sería su tercera contienda por la presidencia) en la actividad de entretejer un capital político en todo el pais para lograr sus fines;  2.- el haberse puesto a la cabeza de un gran sector de la población inconforme con las políticas neoliberales y la corrupción imperante  3.- Su gran habilidad para verbalizar el descontento popular a través de puyas permanentes a personajes de la clase dirigente del país que se convierten en noticia por su hábil manejo emocional.

De todos los aspirantes presidenciales es el que mejor maneja la dimensión mítica, es decir la causa simbólica que involucra una razón de ser para el cambio del país, combinando valores que han movido a este país en otras épocas y una dosis suficiente de maniqueismo para dividir el país entre los buenos y los malos, entre la causa de los bienhechores y la causa de los malhechores; entre la defensa de la patria y la entrega de la misma a los invasores; y la del manejo cuasireligioso de los valores de la honestidad, la defensa de los pobres y la austeridad republicana.

Pero su manejo publicitario no parece estar bien articulado. Su propuesta reciente más fuerte -y novedosa-, en relación con la potencial puesta a discusión sobre una especie de amnistía para acabar con la inseguridad que asuela al país, no fue soportada por ningún dispositivo de reforzamiento en los medios por parte de su equipo de comunicación. Si bien cumplió el efecto de provocar una ola de repercusión noticiosa a través de los medios -se volvió un tópico en tendencia de aumento- su endeble reforzamiento comunicativo lo convirtió en presa fácil de una campaña de propaganda reactiva en su contra que aún permanece como ataque de sus adversarios: la de ser proclive a dar el perdón a los asesinos de más acendrada maldad de la delincuencia organizada.

Pero aún así, inclina a su favor, una gran habilidad para negociar políticamente y  conformar un  equipo de activistas directivos  ecléctico que incluye, junto  a su tradicional staff de políticos de izquierda o nacionalistas, la   incorporación de  prominentes empresarios -lo cual desdibuja la imagen de enemigo del capital privado en el país- y a destacados panistas que poco a poco se están integrando su equipo de campaña -lo cual desdibuja también la idea de que es un acendrado populista o un extremista autoritario poco proclive a la participación democrática de diferentes noticias-. Pero esa amalgama de ideologías puede pegar en la sólida dimensión mítica contestaria de izquierda y nacionalista que hasta ahora ha mantenido. El valor que une a todas esas corrientes nuevas en su seno, se va pareciendo cada vez más al discurso neoliberal imperante en el mundo, en relación a los valores de la democracia como ideal de lucha electoral. Su posición se va dirigiendo hacia el centrismo en donde se ubica ahora lo que queda del PRI nacionalista, el Partido de Acción Nacional, el Partido de la Revolución Democrática, y otros partido acotados por la cosmogonía neoliberal.

Está por verse si sus publicistas mejoran en el mantenimiento de su dimensión mítica y refuerzan el manejo de declaraciones de López Obrador, con  plan previo de respuesta para escenarios óptimos, ideales y  negativos en la reacción pública y de sus adversarios. Afortunadamente, del lado contrario, bastante reactivos, no hay manejo intenso sobre las debilidades evidentes del manejo de propaganda del tabasqueño. Ni sobre las debilidades reales de su actuar político y modelo de propuestas de políticas públicas.

Por el contrario, en el feudo de José Antonio Meade no es la dimensión mítica la mejor fortaleza de su campaña. Es más, no existe ya  esa dimensión mítica, lo cual es grave si tomamos en cuenta que todo partido debe ir en pos de un máximo estandarte ideológico que justifique sus propuestas de mejora o cambio ante la población en general que va a votar.  Pero hay un peligro mayor, en el hecho de que la propia dimensión mítica del Partido Revolucionario Institucional hace tiempo está desdibujada en función de haber perdido su esencial funcional de ser  un partido de corte populista, emanado de una revolución con aspiraciones de corte social, que justificaba una conformación de grupos corporativos sindicales y populares en pos de hacer permanecer la idea organizacional de mantener  un gobierno nacionalista.

Sin existencia de intelectuales orgánicos que estén construyendo una dimensión mítica para los nuevos tiempos que vive el país, el Partido Revolucionario Institucional, evidencia una carencia al respecto y una eventual pugna interna, ahora controlada por el sometimiento de la disciplina partidaria -recurso ético establecido en la fundación del PNR en 1929- que puede motivar una desbandada significativa de sus militantes más connotados hacia otras corrientes políticas. Situación que no se ha dado, pero que de darse en esta campaña por empezar, y aprovechada por MORENA de López Obrador, acrecentaría su posibilidad de triunfo del sureño, hasta ahora solo presagiado por las probabilidades estadísticas.

Meade tiene dos características de imagen pública: ser un candidato  ciudadano sin militancia política -aunque apoyado por partidos políticos legalmente constituidos- y su principal valor radicado en su capital de conocimiento -al pertenecer  al sector que ha manejado las principales funciones públicas del país -hacendaria, desarrollo social y relaciones exteriores- que a la vez le da una fuerte relación con los factores de poder real del gobierno actual, que pudiera ser manejado a sus favor soterradamente. ¿Por qué los publicistas de Meade no han manejado su perfil no ciudadano en su reciente campaña de precandidatura? Es una incógnita y esa ausencia de apoyo lo debilita,  porque si bien resulta atractivo que sea un candidato ciudadano el que apoye el PRI en la contienda presidencial, puede generarse la idea de que la propia mala fama del partido tricolor no garantizaba ya que sus propios militantes fueran garantía competitiva para la disputa de la presidencia de la república y por eso recurrieron a un candidato “ciudadano” manejable a los intereses partidistas.

Sorprende que sus publicistas tampoco promuevan los valores de honestidad y eficiencia del precandidato al paso de su servicio en la función pública, lo cual lo situaría en el terreno de la disputa valoral con Andrés Manuel López Obrador. Más bien es una campaña de lugares comunes, quizás porque está tratando de legitimizarse entre los grupos corporativos del PRI, pero con un mala orientación al  confrontarlo, aunque sea indirectamente, con las tesis del precandidato de MORENA. Sin habilidad en el discurso malicioso de éste, se ve fuera de papel al aludir al populismo o  al “discurso de ocurrencias” del  tabasqueño.

Su mejor propuesta sobre un sistema anticorrupción más eficaz no tuvo la fuerte repercusión en medios que pudiera haber tenido. Es una propuesta asertiva y con modus operandi institucionales creíbles. Era la oportunidad para contraponerla contra la propuesta de amnistía de AMLO.  Por el contrario, la campaña negra es la principal línea de ataque de sus publicistas. Sin embargo, algunos de los temas que lograr colocar en la agenda diaria, la del apoyo ruso y la de su relación con el gobierno venezolano, mueven a risa. Ni Ochoa Reza, un desmesurado vocero partidista empeñado en una campaña de denostación directa -bastante burda-  contra López Obrador, ni Javier Lozano, un golpeador en medios con la misma temática, tienen un ápice de credibilidad y buena fama pública como para garantizar un efectivo golpe en los electores con esa agenda temática.

La debilidad es su temática ideológica de corte social que podría apuntalar de mejor manera su propuesta de modelo economicista al que apunta realmente el precandidato priista. Razones de peso no le faltan a José Antonio Meade como para demostrar que su proyecto de gobierno podría ser más realista que sus adversario más prominentes. Pero su mención constante de elevar a la economía mexicana al rango de potencia no es atractiva si no se vincula con un discurso social. La insistencia de López Obrador sobre el próximo relevo de su candidatura es una evidencia que permite especular que el tabasqueño lo percibe como una candidato peligroso para sus aspiraciones. El riesgo es que los propios priistas comiencen a considerar que ese relevo puede ser una alternativa para elevar las posibilidades de triunfo en la contienda presidencial.  Ese escenario puede darse al aparecer la lista que el PRI de a conocer sobre los otros cargos de gubernatura y de representación que estarán en disputa.

El discurso ideológico  a construir está en el terreno de la alianza entre ciudadanía y Partido Revolucionario Institucional, que incluya la destacada participación de ciudadanos no militantes en diversos momentos de las próximas campañas electorales. Pero ahora, todo parece concentrarse en fortalecer los círculos de grupos políticos corporativos y compactos con que cuenta el PRI, confiando en mantener el voto duro del partido.  Pero haciendo cuentas, con todo y subterfugios que se esperan en el proceso electoral, puede que no le alcance dicho voto al partido tricolor para ganar.

Sobre las posibilidades del candidato Ricardo Anaya en cuanto a su dimensión mítica, es por el mismo tenor. El aglutinamiento de la derecha, con la izquierda moderada (PRD) y la izquierda simulada (Movimiento Ciudadano) no plantea  un mito ideológio  lo suficientemente fuerte en su despliegue propandístico. Está centrada su publicidad en el quehacer de un solo hombre.  Hombre que reitera como único puntal  la premisa de aniquilamiento del PRI como fuerza de impulso para ganar la presidencia y acabar con la corrupción gubernamental. Sus publicistas se centran en su imagen juvenil y  la habilidad de Anaya en el  manejo de su discurso con una retórica preponderantemente emotiva. Pero hay una realidad, como político, que lo debilita: la salida de un sector fuerte del panismo tradicional materializado en la figura de Margarita Zavala y el traspaso de activos panistas a las campañas de Meade y de López Obrador. Obviamente, el ideal mítico del PAN casi no existe ya. Se perdió en las victorias de Vicente Fox, un político no panista, y Felipe Calderón, un presidente que tuvo que transar su entrada al poder y su salida del mismo, con el el Partido Revolucionario Institucional. ¿Cuál era la esencia mítica del partido de Gómez Morín: su apuesta por una democracia basada en el bien común (que es una tesis social derivada de corrientes filosóficas del cristianismo) y  el fortalecimiento de la democracia,  a través de la búsqueda de una sociedad genere una riqueza basada en la preeminencia de la dignidad del individuo y el fomento de la libre empresa. No abonaba a favor de los colectivismos socialistas que fueron el origen de su aparición, tras la ruptura con el cardenismo por parte de  de un grupo de políticos forjados en el gobierno revolucionario a finales  a la década los años treintas del siglo pasado. Ninguna de las tres indicaciones míticas del panismo tradicional están presentes en la amalgama que encabeza Anaya. No es necesario indicar que, incluso, se contrapuntea con las posturas tribales del perredismo y su populismo clientelar de izquierda.

De los tres candidatos punteros Anaya es el más difícil de manejar míticamente. Los tres discursos que confluyen en los partidos que lo apoyan son contradictorios. Dos de los partidos mencionados, el PAN y el PRD, están presentando significativas desbandadas no solo por pugna de grupos sino también, por un quiebre ideológico de corrientes de derecha e izquierda. Movimiento Ciudadano, una organización de izquierda simulada que, incluso, ni siquiera constituye un movimiento de clara organización ciudadana, es el que mejor puede aprovechar esta alianza para beneficio de su propio crecimiento sobretodo en el oriente de la república mexicana. Sin embargo, el choque de personalidades, con un partido altamente dominado por el caudillaje de Dante Delgado y el panismo anayista, ya tuvo la primera fricción entre el político veracruzano y Anaya, en días pasados.

¿Por qué es importante el manejo de la dimensión mítica en los próximos comicios electorales a nivel de disputa de la presidencia de la república? En primer lugar por la gravedad de los grandes problemas nacionales y la desconfianza de una gran parte de la ciudadanía por la forma como los gobiernos mexicanos han manejado los temas de la seguridad nacional, el crecimiento económico y la corrupción de los funcionarios gubernamentales.  Los partidos son las instancias que deben cubrir ese papel de abonar a la confianza en su capacidad  hacer avanzar el país hacia un estadio mejor de funcionamiento y progreso con base a subjetividades comunes, y creíbles,  basadas en grandes mitos ideológicos. La política, como quehacer institucional de los partidos, tiene la tarea de producir subjetividades que apunten a un nivel más elevado de funcionamiento de un estado, que apunte a una mejoría del mismo. Entre los políticos que pertenecen a dichos partidos no solo debe haber expertos en el diseño de  políticas públicas, o en la negociación para llegar a acuerdos entre pares para asumir un compromiso de poder, o en la capacidad de desarrollar estrategias para ganar el voto que lleve al triunfo a un candidato, de manera lícita o soterrada, sino también intelectuales orgánicos que construyen el bagaje de creencias que construyan ese aparto mítico que muevan las creencias de los votantes, y de los políticos mismos, a un ideal o una utopía constante de superación nacional.

Si bien el papel de la comunicación política se está dejando en manos de publicistas y/o especialistas en marketing, y periodistas, la ausencia de ideólogos en las actuales  campañas políticas mantiene un nivel de competencia en tercios de la cual no pueden despegarse fácilmente los tres contendientes. A la espera de la trampa, el ataque artero y la victoria por mínima diferencia  de uno de los contendientes para alegar robo en las elecciones, los cuartos de guerra de los tres candidatos no están construyendo un discurso que mueva a una victoria holgada sino a como incidir en el conflicto postelectoral para prolongar la lucha más allá del día de las elecciones. En ese sentido abonan a la división del país, en  bandos irreconciliables que no permiten la gobernanza efectiva en México.  Bandos confrontados en los que va de por medio la ciudadanía inerme ante un escenario donde los políticos han olvidado que la política tiene en su dimensión ideológica la posibilidad de asumir compromisos éticos, idealistas y de compromiso institucional que apunten a que México se convierta en un mejor país. Fuentes de conocimiento para construir esa dimensión mítica las hay, y muchas, no solo en el neoliberalismo, o en las posturas demócrata socialistas o en las de la  izquierda moderada, o nacionalista, y hasta en las de derecha, solo que nadie se propone la tarea de crear ese discurso en aras de convertir la contienda electoral en una confrontación de ideas, sino solo en aplicar el criterio publicitario del aniquilamiento del otro, con base en campañas comparativas tendientes a la descalificación mutua, basados en argumentos  cada vez más pueriles e irracionales. Es decir, convirtiendo la lucha electoral en una “confrontación democrática” que se ganará a cubetazos y sombrerazos.

http://www.eluniversal.com.mx/periodismo-de-investigacion/la-baja-el-voto-duro-de-partidos

 

http://www.rrppnet.com.ar/campaniapolitica.htm

 

https://dadun.unav.edu/bitstream/10171/18793/1/La%20pol%C3%ADtica%20y%20el%20bien%20com%C3%BAn.pdf

 

 

 

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