La suerte está echada


Por: Héctor Saldierna

Por Héctor Saldierna Martínez, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

Al término de la etapa de precandidaturas, los candidatos a la presidencia de la república se disponen ahora a la batalla que iniciará formalmente en el mes de marzo, con lo que inundarán de anuncios, mensajes y promesas el espectro nacional con las inherentes molestias que ello entraña, porque finalmente serán promesas y que no garantizan que se llegue a cumplir cuando ejerzan el poder.

De acuerdo a la encuesta del periódico Reforma, uno de los más prestigiados en el país, el candidato de Morena Andrés Manuel López Obrador subió de 33 a 35 por ciento de las preferencias en la etapa de inicio y al término de la etapa preelectoral, de acuerdo a los parámetros manejados por el INE.

El segundo lugar corresponde a Ricardo Anaya, del Frente, que representa a tres partidos políticos y cuyo porcentaje de 23 por ciento subió a un 27 por ciento de las preferencias. Mientras tanto, José Meade, representante del PRI- Partido Verde, mostró un comportamiento inédito.

Es decir de 17 por ciento de las preferencias, disminuyó a un 14 por ciento, hecho que ha sido tomado con luces rojas de parte de la directiva nacional  que analiza con preocupación la necesidad de cambiar la dirigencia partidista ante la falta de resultados.

Cada vez es más creciente la tendencia de la ciudadanía en inclinarse por Andrés Manuel quien representa una posibilidad real de cambio y que podría ser virtualmente quien le diese un golpe de timón a la actual política económica que durante 30 años sólo ha sumergido al país en grandes problemas e incrementado el número de pobres en más de 60 millones de personas.

Nunca se había observado una irritación social sin precedente hacia una organización partidista. El  PRI había representado durante muchos años la mejor forma de gobierno, a pesar de sus grandes errores. Había tenido la sabiduría y la habilidad para manejar períodos sexenales equilibrados, de manera que siempre terminaba en captar el voto de un gran número de habitantes de la población.

Ahora, sin embargo, se observa muy distante que pudiese capturar los suficientes votos para ganar la elección. Incluso, se considera que ni siquiera con las artimañas de compra de votos y toda la parafernalia del engaño y del fraude, como sucedió en el Estado de México, podría ser suficiente para parar el enojo social representado en millones de mexicanos inconformes con los resultados de un gobierno que no ha sido capaz de aglutinar la simpatía popular.

El regreso del PRI ha sido el más desafortunado. Luego de 12 años de estar distanciado del poder presidencial y después de recuperarlo a fines de 2012, resulta que tiró burdamente hacia la calle toda esa posibilidad que le hubiese permitido mantener el poder por un mayor número de sexenios.

Es evidente que las reformas estructurales se convirtieron en el parteaguas del PRI porque al pueblo no le satisfizo por ningún motivo que los recursos naturales de la nación hayan sido entregados a extranjeros, cuando en México se cuenta con profesionales con un elevado nivel de preparación y que, evidentemente, no necesitamos de compañías externas para explotar nuestros subsuelo, además que estaba protegido por la Constitución de 1917.

Y es que un ejemplo sencillo y simple que en las regiones petroleras del país, donde operaba Pemex, resulta que ahora son municipios que se encuentran con grandes problemas económicos, cuando antes eran la sede de un gran número de fuentes de empleo y generaban riqueza a través de las empresas nacionales que les suministraban insumos, refacciones y toda la proveeduría para la explotación de pozos petrolíferos y todo lo relativo a la industria.

Luego entonces, no existe un argumento que podría satisfacer los anunciados logros de una reforma que únicamente ha traído pobreza y desempleo, lo que evidentemente la muestra como un engaño más de las promesas esgrimidas en la esfera federal.

Y la tesis que habría mayor número de fuentes de empleo se convierte tan sólo en una burla, porque paradójicamente ahora son miles los trabajadores de Pemex que han sido despedidos de sus trabajos, con la anuencia y complacencia de los dirigentes sindicales que dejaron en la desprotección y al garete a miles de sus afiliados sindicales

En cualquier lugar, en cualquier plática, siempre surge el comentario de inclinar el voto hacia un personaje que podría garantizar un cambio. Demuestra, también, que a pesar de la intensa guerra sucia, ésta no le afecta ya en lo mínimo. Se sabe, también, que  no se trata de alguien impecable y que ha sido denunciado por presuntas acciones de corrupción.

A estas alturas sólo se tiene que buscar al menos malo. Ninguno de los tres es confiable al ciento por ciento. José Meade es la continuidad del proyecto neoliberal que tiene sumido al país en la pobreza sin precedente. Ricardo Anaya no tiene la capacidad suficiente para llevar las riendas de un país y sería parte de lo mismo. Es parte del mismo proyecto. Y, Andrés Manuel, a quien muchos tildan de loco y que no tiene argumentos para gobernar, aglutina esta vez la preferencia de tirios y troyanos. Salvo que ocurriera algún evento que le perjudicara, pero el país ya habló. La suerte ya está echada y es tiempo de conocer de otra opción. Con todo y sus defectos, que no son pocos.

 

Y hasta la próxima.

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