* EL ANUNCIO SOBRE ARREGLO A INTERIORES DEL FRENTE CIUDADANO


Por Raúl González Rivera
*

SEUDOLÍDERES MANTIENEN
450 COLONIAS COMO REHENES

Por Raul González Rivera, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

La ciudad se asemeja a una tragedia, si no se fajan los pantalones autoridades locales.
La ciudad ha sido rehén, sobre todo los últimos 40 años, de seudolíderes y agrupaciones fantasmas que invocan las luchas sociales y hasta se atreven a asumir frases y sentencias de los caudillos de la revolución de 1910, Francisco Villa y Emiliano Zapata, pero sus perversas ambiciones nada tienen que ver con la genuina necesidad de espacios donde fincar los colonos sus viviendas y quizá hasta sus fuentes de trabajo.
Hasta antes de los años 60 y 70 del pasado siglo XX, Xalapa conformaba su población con menos de 50 mil habitantes. Es decir, que medio siglo sobrevivió con un número de habitantes que justamente gozaba de paz social, tranquilidad franciscana, víveres suficientes y en algunos espacios de la periferia con algún reducto que les permitía sembrar, cultivar y cosechar alguna producción de maíz, frijol y algunos frutos.
Así transcurrió la familia de las primeras cinco y seis décadas del siglo afamado por los grandes descubrimientos tecnológicos. Las estaciones del año se daban con puntualidad suiza y los niños y jóvenes jugaban como tales sin los grandes aparatos que la tecnología les da como el teléfono celular y la serie de instrumentos para hacer más cautivos a los muchachos y robarles la capacidad de pensar e imaginar.
Bajo esas condiciones la otrora Atenas veracruzana ni sudaba ni se acongojaba. Su territorio era suficiente, vasto, rico, en el que se respiraba un aire limpio y se recibía agua potable en abundancia, cristalina, oliendo a limpio, la cual bajaba de la montaña el Cofre de Perote.
Empero, cuando aparecieron los llamados líderes sociales la situación comenzó a transformarse. Verdaderos pillos enfundados en una suave piel de corderos, anunciaban como el Mesías su arribo a la ciudad, visitaron las redacciones de los periódicos, como éste, diciendo que su interés estaba puesto en el desarrollo de la ciudad, que su población sin vivienda ni un pedazo de tierra en dónde fincarla, la obtuvieran… obviamente, coludidos con deficientes y deshonestos ediles, quienes abrieron las puertas de palacio municipal para que se pactaran y cerraran los grandes negocios privados y representando a las mayorías los llamados dirigentes de masas.
Una vez empoltronadas las pandillas de estos seudolíderes en los espaciosos despachos de los ediles municipales, arrancó la que sería la nueva conquista de los grupos caciquiles, la cual no cesa como puede verse, hasta convertir en rehén suyo a la ciudad y sus habitantes. Las puertas del palacio municipal están abiertas para todos ellos, mucho antes que para el grueso de ciudadanos comunes y que merecen el respeto y consideración de funcionarios bisoños, ineficientes y carentes del conocimiento sobre lo que incluye su gestión como tales.
En ese sentido, la propaganda que acompaña al abanderado presidencial de Morena, Andrés Manuel López Obrador, podría estar siendo orillada a incurrir en el más rotundo fracaso.
El poder de los gremios, cuando se inauguraron las centrales de obreros y campesinos en este país, como la CTM, la CROM, la CROC y la CNOP inclusive, enseñaron al resto de mexicanos que otra situación era la lucha social, porque ahora doblar la cerviz ante la imposición de los grupos sociales que comandan adversarios del bienestar de la colectividad, honor a la verdad, estarían coadyuvando únicamente a hacer entrega de los valores intrínsecos de una ciudad que nació libre, que es de xalapeños auténticos.
La entrega y sometimiento por parte de funcionarios improvisados al poder de las pandillas, socaba las más caras aspiraciones de todo un pueblo que lucha por sobrevivir bajo condiciones de decoro, armonía, paz social y democracia.

* EL ANUNCIO SOBRE ARREGLO A
INTERIORES DEL FRENTE CIUDADANO

Si las cosas no se recomponen, Miguel Ángel Mancera estaría en condiciones de anunciar en cualquier momento que su candidato a la presidencia de la República no estará en las boletas electorales del primer domingo del mes de julio de este fatídico año de 2018.
Y si la crisis hacia los interiores del mal formado Frente Ciudadano no es superada, a nadie escapa que el o los llamados potencialmente a cubrir la vacante serían el propio Miguel Ángel Mancera o el ex gobernador de Veracruz, Dante Delgado Rannauro.
No hay que olvidar que un aspirante como Ricardo Anaya, que podría al final del día cavar su propia tumba política al anunciar que metería a la cárcel al presidente de la república, en este momento, inclusive, anda de viaje por Alemania y otros países del continente europeo y latinoamericano, lo que hace presumir a sus adversarios que o bien trata de escapar de las fauces de la policía que lo investiga o simple y llanamente, en un franco reto, a la posibilidad de ser arraigado sobre suelo azteca, optó el personaje albiazul por poner tierra de por medio.
El Frente, cabe recordarlo, también surgió originalmente de la supuesta intención de agrupar a los ciudadanos de las inmensas mayorías nacionales ante la pérdida de credibilidad que acompaña igualmente lo mismo al sistema político mexicano, como a los partidos políticos y sus actores principales. Y en ese sentido, se sumarían los peores adversarios en una lucha honesta y plural, que es el caso de panistas y perredistas, un maridaje insano, insoportable para auténticos políticos de izquierda y de la derecha, pero que afloró con la creación de un Frente para los cuates.
Ricardo Anaya, candidato presidencial, y Alejandra Barrales, abanderada para contender por la jefatura de gobierno de la Ciudad de México, acabarían por sepultar la supuesta y original idea de fundar un Frente para aglutinar mexicanos visionarios, distinguidos en los campos de su actuación profesional y que destacaran por su amor a la patria azteca, y prescindir de los agentes partidarios, que han pervertido –usando una expresión de Dante Delgado–, la función pública y partidaria.
El tercero en esa dinastía que se creó, sería el ex mandatario Dante Delgado, a quien cuestionarían las propias huestes de la izquierda por qué asumirá un papel estelar con los peores amantes que literalmente podría tener un binomio de membretes semejantes, consintiendo entonces la mortal mezcla de que había que sumarse por la conquista del poder por el poder.
Ahora bien, Anaya enfrenta una feroz cacería, que en última instancia podría ponerlo fuera de la jugada preelectoral.
El jefe de gobierno de la CDMX, sin una ideología que lo identifique, ha dicho que hay que ordenar los interiores de la casa (el Frente), del cual también este personaje es su cofundador, no obstante que a estas alturas ni los antiguos chilangos quieran ver su nombre en otra boleta electoral, entonces el llamado a tocar las campanas de retirada a los quemados albiazules y perredistas, sin duda tendría que ser el cordobés por adopción Dante Delgado.
En efecto, el ex senador de Convergencia por la Democracia, sólo tendría como piedra metida en el zapato al candidato de las izquierdas Andrés Manuel López Obrador, para ver cumplido aquel viejo augurio que escuchara Dante, cuando era un joven entusiasta en la conducción de las lides priistas, de que algún día sería presidente de México. Al tiempo.

* “LA SOCIEDAD DOLIDA,
EL MALESTAR CIUDADANO”

Este es el título de un libro que redactó y puso en circulación en este país el destacado médico siquiatra Juan Ramón de la Fuente, que vale la pena leer sus siete capítulos en que lo dividió y que suman 183 páginas, con el sello del prestigiado galeno, quien ya fue rector de la UNAM, ex secretario de Salud en el país, académico e investigador, pero además de quien la salud social como una de las preocupaciones mayores del escritor, en momentos verdaderamente cruciales para el mundo y este país.
Bajo la visión del médico siquiatra, hace el repaso de una sociedad enferma, diciendo que los males sociales siguen acosándonos y pareciera que a veces nos resignamos a aceptarlos con el dolor con que un paciente escucharía el diagnóstico de un médico que lo priva de toda esperanza.
La interesante lectura ha sido acogida con singular respeto para con el autor del libro y que integran académicos, intelectuales, librepensadores, activistas sociales, políticos de izquierda y de derecha avanzados.
Bajo la firma de Grijalbo, salió a la luz pública este libro, cuyo prólogo quedó a cargo de la respetada escritora Elena Poniatowska, y entre lo sustentado por la intelectual, refiere textualmente acerca de esta obra que Juan Ramón de la Fuente confronta problemas del mundo y de México y también confronta la incertidumbre en que todos vivimos hoy.
Reseña la intelectual en cuestión, que mientras leía el libro, por alguna razón ideática pensó en José María Velasco, porque dentro del panorama pesimista que contemplamos con espanto, finalmente él pinta un paisaje optimista, cuando dice “la educación y la cultura constituyen la palanca más poderosa para impulsar el desarrollo económico y social de nuestro país”, al mismo tiempo que la inversión en la tecnología y la educación no sean todavía prioritarias.
Cita Elenita Poniatowska que por su visión de médico, Juan Ramón de la Fuente advierte que el cuerpo está enfermo, al llamar la atención sobre la obesidad y la diabetes. Dice el ex rector de la UNAM que el problema requiere de un abordaje interdisciplinario. Sobrepeso y diabetes no son problemas de estilo de vida o de alimentación. Vivir en un país sin trabajo digno (el principal estrés), sin educación para los hijos, sin perspectiva a futuro.
Así, sobrepeso y diabetes son el resultado de la pésima educación, la falta de oportunidades, la pobreza y la insalubridad, el mal gobierno, la total indiferencia de la clase política que a los niños con cáncer en Veracruz les destina agua destilada en lugar de quimioterapia.
Finalmente, observa la escritora Elena Poniatowska, al recordar una cita de Fabrizio Mejía Madrid: “En México nunca hemos tenido ciudadanos, sólo votantes. Somos producto de una revolución cuyos beneficios sólo son accesibles dentro del partido”.
El libro invita a analizar nuestra tragedia en el mundo contemporáneo contradictorio, lo que le convierte sobre todo en una lectura obligada, pues también insta a confrontar ideas, pero con los afanes de construir una sociedad sana socialmente también.

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