México, el otro infierno para niños migrantes


En el discurso de Videgaray había un gran pendiente: la inmensa deuda del gobierno mexicano con esos menores

 

 

por Peniley Ramírez, egresada de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

Luis Videgaray tenía el rostro serio y los labios cerrados. Miraba a los periodistas con el ceño fruncido. Pronunciaba la frase que se convertiría ya en el posicionamiento del gobierno mexicano contra la nueva política tolerancia cero del gobierno de Trump, que ha separado a miles de niños migrantes indocumentados de sus padres en la frontera durante las últimas semanas.

 

-Es cruel e inhumano.

 

Luego explicó durante más de media hora cómo en las últimas semanas las misiones consulares mexicanas en Estados Unidos se han dedicado a buscar niños separados de sus padres en los centros de detención de migrantes. Más de 20 niños han sido encontrados allí. La mayoría ha vuelto a México, para reencontrarse con sus familias.

 

Siete más siguen en Estados Unidos, a kilómetros de donde están sus padres, sin poder comunicarse con ellos y sin que el gobierno estadounidense esté identificando con precisión a los padres de cada menor de edad detenido.

 

La conferencia del canciller mexicano tuvo el tono de la vieja diplomacia de carrera en este país. La defensa de los refugiados, el liderazgo regional, la vocería de un problema que abarca varios países ante organismos multilaterales.

 

Pero en el vehemente discurso del canciller Videgaray había un gran pendiente: la inmensa deuda del gobierno mexicano con los cientos de miles de menores no acompañados y acompañados que han sufrido abusos en los últimos años en su tránsito por México hacia Estados Unidos.

 

Durante los cuatro primeros años del gobierno de Enrique Peña Nieto, la Organización Internacional de las Migraciones detectó que habían empeorado los tratos en México a los niños que cruzaban el país. Entre los hallazgos de la OIM estaba que los niños detenidos en México no eran separados correctamente del resto de la población migrante, muchos de los solicitantes de asilo y refugio eran tratados como delincuentes comunes. Los mayores riesgos para estos menores eran caer en manos de la delincuencia organizada y ser asesinados, secuestrados u obligados a sumarse a sus filas.

 

Solo el año pasado, según cifras oficiales recopiladas por la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, 6 mil 866 menores sin compañía fueron detenidos en  México. Otros 9 mil 828 estaban acompañados.

 

En 2017, la organización Human Rights Watch declaró que México había fallado en la protección de menores migrantes. En los últimos cuatro años solo el 1% de los chicos que han pedido asilo en México, muchos de ellos huyendo de pandillas y carteles de narcotráfico en Centroamérica, lo han obtenido en México.

 

México será sede este viernes de una reunión regional que pretende delinear un eje de acción política y jurídica contra la aberrante política de Trump. Pero Videgaray otra vez dice que solo en casos muy puntuales los menores tendrán asilo en México. El resto deberá volver a su país –dijo– porque México no promueve ni aprueba la migración ilegal.

 

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