UN MAGNICIDIO MÁS, DEMOLERÍA AL PAÍS


Por Raúl González Rivera
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UN MAGNICIDIO MÁS,
DEMOLERÍA AL PAÍS

Por Raul González Rivera, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

La insistencia tiene seguramente algún soporte. Los libros que se han dedicado a narrar el magnicidio cometido contra la humanidad de Luis Donaldo Colosio, tambaleó al país, pero un asesinato de esa dimensión en la hora actual, sería demoledor al grado de que en esta ocasión el México ensangrentado de por sí, caería en un “slump” (bajón) del cual seguramente tardaría decenios, inclusive, para poder salir.
La protección a candidatos en esta jornada político-electoral ha sido bastante tenue, tibia o simplemente no se da.
La ejecución de aspirantes a diputados locales y federales cobra ya casi los cien muertos. Y el régimen federal no se cansa en advertir que los protocolos que incluyen la vigilancia en campañas se siguen al pie de la letra. Lo mismo ocurre en torno a la persona de los cuatro aspirantes a la presidencia de la república.
El encono en que se ha metido la sociedad civil obliga necesariamente a suponer que los riesgos están latentes en torno a los cuatro suspirantes por la presidencia de la república. Sin embargo, un atentado en esta hora cobraría alcances incalculables.
El país se incendia y apaciguarlo sería una tarea menos que imposible, como diría en su oportunidad Alfredo V. Bonfil, cuando queriendo quedar bien con su patrón, el presidente Luis Echeverría, querría prevenir los embates que internamente en la república se venían registrando en aquellos días posteriores a la inestabilidad provocada por el movimiento estudiantil del 68 y que resultara con los saldos fatalistas que todos saben.
México confronta internacionalmente una muy mala situación en cuanto a la imagen de ser un pueblo unido, talentoso, amante de la paz social y de las buenas relaciones con los vecinos del norte y de todo el resto del orbe. Sin embargo, la contienda por los huesos del poder alcanza niveles insospechados que hacen pensar al menos cauto, que se trata de una lucha que caprichosamente aísla a los mexicanos de los mexicanos. Y esto no puede ni debe ocurrir.
Los ojos del extranjero están puestos en lo que vaya a ocurrir el primero de julio, al extremo de que los japoneses han recibido la instrucción de sus gobernantes en el sentido de que preserven su seguridad personal, sobre todo quienes realizan tareas diplomáticas en suelo azteca. Y el torvo mandatario estadounidense Donald Trump arrecia con la drasticidad de sus medidas antiinmigrantes, enjaulando a padres e hijos y separándolos a unos de otros, en señal de que pudieran así sumarse y salirse de suelo yanqui.
El tigre está dormido, pero no hay que provocarlo, advertiría el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas al alertar sobre el posible megafraude que vaya a instrumentar y llevar a la práctica el todavía partido en el poder, cuando las cosas están muy claras en el sentido de la delantera que lleva AMLO en las preferencias electorales, la cual se ha alargado aún más, dejando sobre el césped de la esperanza, por supuesto, al viejo régimen y al partido albiazul.
Empero, un nuevo magnicidio volvería a este México convulso seguramente en una casa de locos, que además de imperdonable alejaría a la patria azteca de toda credibilidad y confianza aquí y en el resto del mundo.

* LO QUE FALTA, AHORA
JAPÓN BARRE EL ESTADIO

Para vergüenza de los mexicanos bien nacidos y lo que debieran sentir aquellos que, además de relajarse, dieron suelta a sus voraces apetitos de salvajismo y barbarie en suelo de Rusia con motivo de estarse celebrando el torneo mundial de futbol, ahora los japoneses imponen su sello personalísimo de decencia, pulcritud, buenas costumbres y limpieza al levantar en bolsas suyas la basura que habrían dejado luego de celebrarse el encuentro entre el once nipón y el colombiano, y que ganara el primero de los mencionados.
La imagen de los japoneses levantando la basura que habrían provocado durante el tiempo en que duró el partido de la patada, ya recorre el resto del mundo.
De hecho, cuando se aborda el tema de los japoneses, siempre es considerándolos por su civilidad, honestidad y claridad en sus actos de cara al resto de sus coterráneos y por ende de los avecindados en otras latitudes del orbe.
Quién no identifica a un nipón, cuando se rememora el saludo afectuoso, respetuoso y honesto de sus mujeres y hombres. El trato afable, bastante estruendoso, cuando se trata de mostrar su solidaridad con los más desprotegidos.
Primero fue Alemania, reconociendo el triunfo del once azteca sobre su poderosa escuadra en el juego inaugural, allá en la Rusia de Putin y la cual de hecho habría advertido previamente que en las calles de sus ciudades no permitirían sus “sabuesos” del orden público ninguna protesta, ni mucho menos actos lastimosos de barbarie y alcoholismo en los que suele ocurrir el fanático azteca en el extranjero. Un lucimiento para la estupidez más espeluznante.
Mientras los hijitos de los poderosos de este país, verbigracia Calderón Zavala y Salinas de Gortari, lanzaban denuestos contra Alemania y AMLO, los alemanes rendían un reconocimiento al que intitularon “deuda de honor”, al izar la bandera mexicana y bajar del asta en cuestión la enseña patria del pueblo alemán, acto que se vio enriquecido hasta las lágrimas cuando en vuelo nueve aeronaves surcaron el cielo de Alemania para expulsar oleadas de humo con los tres colores de la bandera mexicana.
En tanto, en la CDMX una horda de salvajes quemó una bandera alemana y bebió licores y cervezas en cantidades industriales sobre la arteria pública, dizque para festejar el acontecimiento deportivo, no faltando quien dijera que luego de estas demostraciones sin reversa de un pueblo sin aparente cultura, sin ningún civismo ni educación, dejó entrever un pobrísimo espíritu, con cero solidaridad hacia el resto de la humanidad y menos que se enorgulleciera de su pasado histórico, lo que sirvió extraordinariamente para que el magnate Donald Trump, desde la Casa Blanca, prosiguiera dictando órdenes a semejanza de Adolfo Hitler en los años 30 de la Segunda Guerra Mundial, para despotricar de las razas ajenas a la de los gringos, entre las cuales incluye a la mexicana, dividiendo a familias, enjaulando a sus menores hijos y separándolos con miras a su expulsión definitiva de territorio estadounidense. ¿Qué le parece?

* INE Y OPLE, EN SILENCIO ANTE
VIOLENCIA Y GUERRA SUCIA

Cuando faltan escasos diez días para que termine el proceso electoral sobre tierras veracruzanas, también los partidos políticos han elevado sus voces para condenar la guerra sucia y los actos de violencia erigidos o apuntando hacia candidatos a curulecos federales y locales, pero cosa curiosa, las quejas las emite el ex partidazo, el tricolor, y por supuesto la izquierda representada por Morena, PT y Encuentro Social.
Ayer pudo haberse originado un singular choque de fuerzas vivas entre los antorchistas que tomaron la Plaza Lerdo para celebrar uno de sus más ruidosos mítines y manifestaciones de protesta contra el régimen de gobierno estatal y los socios perredistas, que por vez primera en su historia, sobre tierras veracruzanas, lucieron su recorrido en una flotilla de automóviles, banderas nuevas con su logotipo y algunos asociados que, igual, cruzaron algunas frases non sanctas con las huestes del primer grupo mencionado.
Sin embargo, los hechos mencionados no son los primeros y seguramente tampoco los últimos que se vayan a dar por el resto de la campaña político-electoral, virtud al encono que se ha anidado en la lucha por el poder entre los partidarios y militantes y simpatizantes de las distintas fracciones partidarias.
Esto lo confirman las voces que airadas refieren que la contienda se resolverá, por cuanto a la gubernatura estatal, entre el abanderado de Morena, Cuitláhuac García, y el del PRI, José Yunes Zorrilla. Aunque por otro lado, los albiazules, apoyados también por los socios perredistas, aseguran que esta amalgama del grupo conservador y el otro que se dice de izquierda, ve con ojos de vencedor en las urnas electorales a Miguel Ángel Yunes Márquez.
Al respecto, el dirigente estatal priista, Américo Zúñiga, reclama una más estrecha vigilancia y protección para sus candidatos por parte de las fuerzas policiacas y armadas federales, porque a decir suyo, los priistas son los que más agresiones han estado resintiendo en esta jornada por el voto de los veracruzanos.
El senador Héctor Yunes Landa confirma que esta jornada se distingue por la violencia e inseguridad que no sólo se registra sobre la entidad, sino también que este desaseo no cesa en torno a los candidatos en la competición por todos sabida.
Empero, el fantasma de la violencia, acompañada de los tintes de la impunidad y la corrupción generada sobre todo con mayor crudeza durante los últimos seis años, mantiene con los cabellos erizados a la sociedad veracruzana, que vio cómo prácticamente se desmoronó la economía, la ocupación laboral, la sana recreación de las familias, así como la esperanza en que realmente sobrevenga un positivo cambio en sus formas de vida cotidiana. El pueblo no se equivoca. Es generoso, honesto y hasta patriota cuando de defender sus valores se trata.

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