Con los mismos de siempre, los resultados serán los de siempre, aún cambiándole el nombre a los partidos


por Rodolfo Calderón Vivar

 

por Rodolfo Calderón Vivar, egresado de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

Concluída la jornada electoral, vienen las felicitaciones y las recriminaciones en exceso. El tiempo es el que dará la pauta para conocer cuáles fueron los verdaderos alcances de este sacudón a la vida democrática del país. Sin embargo, llama la atención que siendo una gran movilización ciudadana la que hizo rebasar las expectativas del voto hasta límites insospechados, no haya aún ningún viso de acción alguna para comenzar a aprovechar ese impulso para generar nuevas formas de organización ciudadana, más allá de los mismos de siempre.  No es posible que aún se siga pensando que toda la labor ciudadana acabó con el ejercicio del voto y a partir de ahí, nuevamente los políticos de siempre  se encargarán de conducir este país hacia nuevas sendas, idealizadas por los que votaron a su favor.

Por ejemplo, la debacle del Partido Revolucionario Institucional, originada en gran parte por ese estilo de hacer política por medio de la genuflexión de una gran mayoría de sus miembros bajo la premisa de que la disciplina partidista es un principio fundamental de su militancia, se atribuye ahora a las decisiones del presidente y su grupo allegado, de corte neoliberal según acusan algunos, contra el cual, en su momento, no levantaron ni un dedo, ni un argumento, ni un movimiento, ni un texto argumentativo, todos estos rebeldes del partido que ahora hablan de reorganizarlo, expulsar a los culpables y hasta llegar al extremo, según se dice, de cambiar el nombre del partido y resultar nuevos fundamentos priistas.

¿Y quienes habrán de hacer esa gran proeza de refundación o cambio del partido? Los mismos de siempre, los que ahora lo comandan, los que se han repartido el pastel durante los últimos 30 años y brincan de puesto en puesto, enriquecidos de su noble labor a la vera del servicio público, y que no conforme con ello, ahora heredan a sus hijos, familiares y amigos jóvenes la estafeta del gran negocio nacional, pleno en corrupción, injusticias e impunidad en que convirtieron el PRI en esos últimos 30 años.

¿Cuál fue el mérito de López Obrador para obtener la presidencia al fin, en la tercera  y la vencida? Su terquedad, necedad o persistencia para mantenerse en pie de lucha todos estos años sin quitar el dedo del renglón de su aspiración y de recuperar la bandera  de las causas sociales en este país. ¿Cuál es el principal motor de la derrota priista? También su necedad, su terquedad y persistencia para mantener un modelo de negocio neoliberal, con posibilidades de asociarse con empresarios extranjeros y nacionales,  enarbolando la bandera del libre mercado y la globalización en detrimento de cualquier aspiración de mejora sustantiva y social de las grandes mayorías de este país? Mientras López Obrador hablaba y criticaba a la impunidad en la corrupción que vivía el país, a cargo de una minoría de aprovechados de dicha situación que eran beneficiados, vendiendo gran parte del patrimonio nacional, entre otras cosas, los políticos y dirigentes priístas hablaban de una bonanza económica basada en el libre mercado y ventajas inauditas como las de que ahora si el costo de llamadas teléfonicas por celular eran baratas en nuestro país.

En que cabeza cupo que un candidato “externo” era la solución para ganar las elecciones presidenciales, dando la apariencia que así garantizaban que no estaba contaminado de las malas famas y mañas de los miembros del Partido Revolucionario Institucional. Demeritar al propio partido, como si fuera una vergüenza la pertenencia a él y como si los culpables de esa vergüenza no tuvieran nombre y apellidos en la propia administración gubernamental y siguieran dentro del partido, participando en escándalos de corrupción, en los que eran culpable por omisión o por acción directa. Los grandes movimientos sociales se mueven con grandes símbolos nacionales, y el Partido Revolucionario Institucional echó por la borda los propios, para moverse con la bandera de la vergüenza de su propio partido, para apoyar a un candidato “no contaminado del ser priista”.

En estas elecciones mucha gente fue a votar por un México libre de corruptos, por un México nacionalista, por una economía enfocada a aplicar la distribución de la riqueza en grandes mayorías nacionales a través de empleos bien remunerados y de empresas cien por ciento mexicanas, un México rescatado para el bien de la Patria, sin corruptos, sin privilegios de clase y oligarquías nacionales, sin impunidad a bandidos de cuello blanco como abundaron en el caso Odebrecht o en el de las mineras; un México sin impunidad en los delitos y sin abandono en el grave problema de los cientos de asesinados y desaparecidos  en el país.

¿Y que llevaba el PRI de bandera?   A un campeón de la burocracia federal que con suprema soberbia se autodenominaba el mero mero; a un supuesto líder que nos llevaría a ser una potencia mundial sin aludir para nada la corrupción e injusticia social imperante; a un candidato ciudadano que lejos de afiliarse al partido que lo apoyaba mantenía sana distancia para no contaminarse de la “mala fama” del mismo; a un detractor constante de sus enemigos políticos de enfrente con base a mentiras, calumnias, descalificaciones, suposiciones y constantes menciones que lejos de perjudicar a  sus dos principales rivales, los situaron por arriba de si mismo en las votaciones finales.

Ahora hablan de reorganizarse y refundar el partido, y hasta cambiarse de nombre. ¿Y quienes van a ser capaces de hacer esa proeza de rediseño institucional? ¿Los mismos de siempre, los que no han soltado el pandero en estos treinta años? ¿Los que se agacharon en su momento ante los caprichos de sus líderes y presidentes sujetos a las banderas de libre mercado y de la supremacía del libre mercado? No lo dudo que lo harán. Que reescribirán la historia. Una nueva historia luminosa y esperanzadora. Plagada de mentiras y demagogias y distante, porque no veo como lo van hacer ahora si no lo pudieron hacer en treinta años, de las grandes causas nacionales. De la justicia social, de la libertad y de la democracia, que hace años no son bandera real y ejecutable de las causas priistas.

No dudo que mantendrán al  membrete partidario , cambiándole hasta el  nombre, que será  una entelequia y un negocio de candidaturas redituable para los próximos años que vienen. Y quizás por ahi surjan, si es que lo permiten, nuevos líderes, con buenas ideas, con mejores causas en pos de la justicia social. Pero en una lucha interna permanente con los que se niegan a irse conservando sus privilegiadas posiciones ganadas al amparo del silencio cómplice y que ahora, paradójicamente, por ser los  viejos priistas, son los que darán consejos y guiarán el nuevo rumbo para un cambio partidario “a fondo”.

 

Mientras tanto, el  gran pendiente es quien organizará, si es que esto es posible, a esa gran fuerza ciudadana que le dió plus a la victoria de López Obrador este domingo. Esa fuerza que rebasó el propio número de militantes y simpatizantes de Morena, que dió un voto de castigo contra la clase gobernante y contra el sistema actual de partidos.  Una fuerza que está latente y que parece volverá dormir otros años más, a no ser que sea empoderada en nuestra sociedad con herramientas que les permita, mínimo, aplicar una función evaluadora de la función pública ejercida  los nuevos gobernantes. Sería una lástima que éste sea tan solo un cambio de estafeta sin ninguna consecuencia de poder ciudadano alguno. ¿A quienes les corresponde organizarlos? ¿A las organizaciones civiles no gubernamentales? ¿A las universidades públicas? ¿A los propios partidos? ¿Al propio gobierno?

 

El tiempo lo dirá.

Mientras tanto, los mismos de siempre en el poder  solo garantizarían que los resultados sigan siendo los de siempre. Ojalá y me equivoque.

1 Comment

  1. Lo sano para quienes aún permanecen en el PRI es disolverlo.
    Y que busquen ubicarse o integrarse a los otros partidos que el mismo PRI auspició en su momento.
    Ahí está el Verde, el Nueva Alianza, el mismo Acción Nacional cuyo paso por la presidencia, en dos sexenios consecutivos, significó el continuismo de una política de empobrecimiento, corruptelas y violencia generalizada.
    Los partidos políticos en nuestra cultura republicana y demócrata son instituciones débiles, su vida interna es casi inexistente.
    La ciudadanía es un valor cívico ESCASO, prevalecen metas de CODICIA PERSONAL y ÁNIMOS DE ENRIQUECIMIENTO que se identifican con el acceso a puestos de poder en la administración pública y los cargos de elección.
    El servicio público es inexistente.
    Tal vez iniciará un cambio ahora pero con muchos contratiempos y escollos.
    Por mi parte no confió EN NADIE.

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