El pastor


 

por Rodolfo Calderón Vivar

por Rodolfo Calderón Vivar, egresado de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

El padre Solalinde tuvo una reunión con Andrés Manuel Lopez Obrador, candidato electo de los Estados Unidos Mexicanos, y no ha dudado a referirse a él, de la siguiente manera:

“Me emociona mucho que vuelva la mirada de un presidente a su pueblo, que vuelva la mirada a los últimos. No se pueden imaginar, hagan de cuenta que fuera un pastor, más que un presidente, cuidando a su pueblo”

Esta es una referencia de fuerte carga simbólica sobre la personalidad del tabasqueño que, aparentemente dicha como un discreto elogio del sacerdote católico mencionado, refleja lo que muchos de sus seguidores más acendrados ven realmente en él, aunado al hecho de que en más de una ocasión, el ahora presidente electo, ha hecho comentarios referentes a sus creencias cristianas.

Con una referencia simbólica de ese tipo se conectan , en vasos comunicantes, la ideología de la moral cristiana (con el perdón de por medio) en cuanto a la idea de bien que radica tanto en el actuar correcto de los individuos (freno fundamental para cualquier acto de corrupción) como en la posibilidad de redimirse si se adhieren los que han fallado,  a la causa del movimiento. Así como el diálogo abierta, para llegar a fines comunes, de gente con ideologías o creencias contrarias, a través del ecumenismo.

Pero no solo en la construcción del discurso, el nuevo presidente ha pregonado su religiosidad y cristianismo, sino también en su propuesta de convocar a la promulgación de una nueva constitución política de los Estados Unidos Mexicanos, a la que definió como una Constitución Moral que funcione como un código de bien para todos los mexicanos. Esta propuesta, si bien hecha en una reunión con integrantes del Partido Encuentro Social, de evidente cariz religioso, no deja llamar la atención que sería el instrumento para hacerlo realidad los tres principios éticos que enarboló: la honestidad, la justicia y el amor, sobretodo este último, orientado hacia la gran reconciliación nacional.

¿Qué impacto y repercusiones habrá de tener el país con un presidente que no excluyó, al menos durante campaña, el cariz ideológico  cristiano, sobretodo en las referencias morales? ¿Volverá a utilizar este discurso en la entronización de su periodo presidencial o fue parte de una estrategia electoral para tener simpatizantes en buena parte de una población mexicana, tan orientada a la fe y las creencias en los mandamientos de sus  iglesias.

En esto también se parece esta alternancia con la de Vicente Fox, que no dudó en todo momento en hacer uso de la simbología de la religión católica desde su toma de posesión, incluso. Pero a diferencia con él, el presidente elector, López Obrador, ha asumido un rol más elevado que el de simple feligrés, como lo hiciera el ex presidente guanajuatense, pues en los momentos que ha hecho referencia a la religión lo ha hecho desde una posición carismática, vicaria incluso, en donde asume como parte de su liderazgo el conducir hacia normas cristianas algunos asuntos que parecen no estar tan directamente relacionados, en la función pública nacional.

Sin duda que uno de los graves problemas nacionales lo es la falla de los funcionarios públicos en relación al ejercicio de la ética en los cargos que se les encomendaron. ¿Es la asunción de un discurso cristiano a través de una Constitución Moral  la solución más viable para enderezar rumbos nacionales? Si ese es el soporte ideológico en que se basará la nueva forma de vernos como mexicanos, desde el ecumenismo, según  el enfoque presidencial  ¿como lo tomarán las distintas iglesias  que existen en el país, incluidas las no cristianas? ¿Funcionará su creencia en la labor ecuménica para unirlas? ¿Se unirán, al fin, la iglesia católica nacional con todas esas comunidades de iglesias cristianas con las que no ha tenido acercamiento significativos en la historia nacional?

Por lo mientras, Solalinde, visiblemente satisfecho, no dudó incluso en anticipar que la visita del Papa Francisco a México podría ser considerada para el año próximo, primer año del nuevo gobierno, el de la Cuarta Transformación del país. Lentamente, lo que será el nuevo gobierno mexicano  se va conformando con mitos y ritos de los cuales carece la oposición, tan empeñada ahora en recoger los trastes rotos y echarse culpas entre sí.

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