¿Cómo ha pasado tanta droga por tantas aduanas controladas y vigiladas?


por Peniley Ramírez

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por Peniley Ramírez, egresada de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

Ya sabíamos que era impensable un juicio contra Joaquín El Chapo Guzmán sin que se mencionaran los nexos políticos que permitieron a la organización de narcotráfico conocida como el cártel de Sinaloa escalar hasta convertirse en una gran empresa multinacional.

La primera audiencia en la Corte de Brooklyn, Nueva York –a la que asistió el equipo de Univision Investiga, donde trabajo–, tuvo como nota principal las declaraciones de la defensa de Guzmán. Acusaron que los gobiernos de Enrique Peña Nieto y Felipe Calderón habrían recibido millonarios sobornos de Ismael El Mayo Zambada.

En pocos minutos, Calderón y el gobierno de Peña Nieto lo negaron públicamente. Dijeron que las acusaciones son difamatorias. La oficina de Presidencia declaró que ellos habían perseguido, encarcelado y extraditado a El Chapo, por lo que no podrían ser sus cómplices (sin mencionar, claro está, que también a ellos se les escapó).

Las declaraciones de la defensa tocan un punto medular en lo que se espera para los próximos cuatro meses del juicio, esto es, la oportunidad para que un caso judicial esculque en los nexos de la narcopolítica en México.

En los últimos 20 años, el ascenso de la carrera criminal de Guzmán que han reportado agentes, investigadores y policías estadounidenses se ha convertido en la mayor parte del sustento para las acusaciones en su contra.

Los distintos casos, que terminaron sumándose a la gran acusación en Nueva York, han tocado las formas como ha entrado la droga a Estados Unidos a través de túneles, el modo como se ha movido dentro del país, los nexos con los que han llegado a mercados de Europa y Asia, incluso las manías y detalles de la vida privada de Guzmán, sus supuestos socios y familiares.

Pero este inicio del proceso judicial abrió con las preguntas que más preocupan en México: ¿quiénes son los militares, políticos y empresarios que han permitido y ayudado en el crecimiento del trasiego? ¿Cómo ha sido posible que se mantengan activas durante décadas las rutas de tráfico a través de aeropuertos y cielos mexicanos?

¿Cómo ha pasado tanta droga por tantas aduanas supuestamente controladas y vigiladas? ¿Cómo es posible que pueblos enteros de México hayan quedado bajo controles fácticos de criminales, sin que las autoridades sepan siquiera qué pasa allí?

Más aún: ¿cómo es posible, también, que siempre que hablan de corrupción se menciona más el lado mexicano y se desdeñan los posibles cómplices en suelo estadounidense?

No es difícil descubrir en México cómo funcionan estos engranajes a ras de suelo. Basta viajar a algunos de estos extensos territorios donde no entran la prensa ni las autoridades, donde policías, gobiernos locales y militares dicen al oído: no podemos ir allí, vaya bajo su propio riesgo. Por eso importa el juicio de El Chapo. Porque las respuestas a estas preguntas nos atañen a todos.

 

 

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