¿Tolerancia? ¿Prudencia? ¿agresión?


por Roxana Hernández Barradas

Por Roxana Hernández Barradas, egresadas de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

Entre ayer y hoy he sido partícipe de una u otra forma de actitudes negativas, agresivas, que me dejan sin palabras.

Ayer a eso de las 2 de la tarde, escuché gritos , me acerqué a la ventana y observé un grupo de jóvenes de secundaria, todos haciendo un cerco. Al centro dos jovencitas tiradas en el suelo peleando entre greñas y patadas, rodando. El motivo, el afecto de un joven.

En casi 50 años jamás escuché a una mujer, joven, decir tantas palabras altisonantes como en esta ocasión. He de confesar que muchas ni las entendí. Pero siempre hay alguien que te traduce estas cosas y ahí estaba. Hubo quien quiso intervenir, pero otras damas optaron por detenerla porque podría sufrir agresiones físicas. – Y es que a los jóvenes de hoy hay que temerles-, decía otra. En fin. Se llamó a la policía, que como era de esperarse no llegó. Pero algo que me dejó fría, sin restar importancia a la agresión misma fue que los jóvenes gritaron a esa dama que amenazó con llevar a los uniformados – Uy si, que miedo-.

El asunto es que fueron sus propios compañeros quienes detuvieron la pelea no sin caminar cada grupo varios metros más entre insultos y ademanes obscenos.

Otro incidente, grave le llamaría.
Transitando por la calle principal de cierto pueblo, acompañada de toda mi familia, era hora de llevar a cada uno a sus respectivas actividades, me encontré a un joven en su moto, se detuvo a mitad de la calle para atender su teléfono celular. Alcancé a señalarle que lo hiciera de manera correcta y su respuesta inmediata fue – Pinche vieja gorda, traes trailer o que ching… acompañada obvio de ademanes malintencionados. Jamás se detuvo a pensar en que obstruía el paso, que jamás le falté al respeto.
Yo evité la situación. El subió a su moto y me alcanzó, se cruzó en su vehículo de derecha a izquierda frente a mí, casi golpeando al camión de enfrente. Me retó y cuando avanzamos se frenó intempestivamente con el propósito de provocar que lo golpeara con mi auto y hacer más grande el monólogo que él llevaba. Por fortuna la prudencia y mi habilidad lo evitaron de nuevo.Era muy fácil detenerme y provocar un enfrentamiento entre mis hijos y esposo contra ese patán, porque los ánimos se caldearon. Y vaya que si!!

Con rapidez mi cerebro procesó todo lo que implicaba y esperé el paso pacientemente y es que una mentada de madre y palabras acerca de una obesidad que carezco no afectan mi estado emocional. Si me preocupa, no siempre es posible evitar la violencia, la gente pierde el control a la menor provocación. Hoy la prudencia cupo. ¿Acaso es mentira que a diario hay violencia por situaciones tan absurdas?

Lo dejo a la reflexión de todos los que somos padres y educadores y lo que estamos enseñando a nuestros hijos y familia.

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