La corrupción vestida de mujer en el IVEC


Por: Jorge A. González
Periodismo Independiente

Por Jorge A. González, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

Cada vez que se conocen más las entrañas del Instituto Veracruzano del Cultura (IVEC) hay más de una razón para saber que hay toda una cultura de la corrupción en sus departamentos administrativos.

Por años hemos imaginado al instituto como ejecutor de las políticas culturales del gobernador en turno.

Nadie imagina, que el aristas de cualquier disciplina llega con su portafolio o su proyecto e ignora lo que sucede al interior del IVEC, sino es amigo del director, se regresa con sus honores por donde entró.

Todos podemos tener amigos, todos podemos hacernos favores, todos podemos echarnos una mano en el trabajo, lo que no se puede, es hacer amistades a conveniencia para sacar tajada.

Existen un fuerte lazo de amistad entre dos amigas que se conocieron alguna vez en la Galería del de Arte Contemporáneo del IVEC, y que hoy justamente se han reencontrado no para trabajar por Veracruz, sino para el beneficio muto a partir de sus posiciones.

Hablamos Silvina Alejandre Prado, actual directora del IVEC, y de una de las mujeres más odiadas por el personal de esta dependencia, Irma Roqueñi Rodríguez, Jefa de la Oficina de la Administración de Personal.

No cabe duda que cada vez que abrimos una puerta del instituto nos encontramos con una avalancha de corrupción que con los años se ha convertido en un cíclico de favores, compromisos, deudas por pagar o pagadas; regalos laborales y ascensos a capricho.

La llegada

Con una imagen modesta en el vestido, calzado, maquillaje y vestimenta, Irma Roqueñi Rodríguez pisa por primera vez la dirección del instituto un 1 de agosto del 2014.

Ingresa como empleada de confianza con categoría de Personal Temporal Administrativo 2, con el cargo de técnico administrativo, gozando de un sueldo de 8 mil pesos mensuales.

Su asignación causó extrañeza entre los empleados del instituto porque su puesto le llegó de facto -con altos privilegios a todas luces-, se convirtió de la noche a la mañana en secretaria del director en turno Rodolfo Mendoza Rosendo.

Pero tal hazaña de la Jefa de la Oficina de la Administración de Personal tenía una explicación, y no señores, no fue cuestión de suerte o de un acto de la divina providencia.

Siempre hay una catapulta que en lenguaje propio del quehacer político que se llama padrino, en este caso fue madrina de sangre, su hermana Elena Roqueñi Rodríguez, que para entonces ya se desempeñaba como Subdirectora de Planeación, Seguimiento y Evaluación del IVEC.

La llegada de Roqueñi al IVEC no es más que una muestra clara de tráfico de influencias a la luz del día, a los ojos de los empleados que han tenido que callar por represalias y al amparo de los mando superiores.

Para entonces, la dama que llegó con una imagen modesta, enseguida cambió a la de una mujer sofisticada en apariencia, porque seguía siendo la misma pero con más poder, ese poder que envenena y que se transforma en soberbia.

No sabemos si la Contraloría del estado y la Secretaria de Finanzas son miopes o cómplices. Estos descuidos o contubernios han llevado al Presidente de la República a considerar en remover al ejecutivo estatal a una Secretaría de Estado.

El tráfico de influencias en el IVEC ya es una práctica cotidiana, pero al mismo tiempo es un delito que nadie ve ni sabe, en un instituto al que nadie le importa. La cultura en la administración pública es el “patito feo”, del que se benefician los alcanzados ante esta indiferencia.

El músculo

Pero la ambición de Elena Roqueñi para con su hermana no fue suficiente, debía demostrar su músculo, poder y pasar por encima de toda norma y superioridad.

Y aunque no lo crea usted, ella lo logró y bien, en tan sólo ocho meses su hermana Irma pasó de ser secretaria a ocupar el cargo de Jefa de la Oficina de la Administración de Personal del instituto en abril del año 2015.

Con un palmo de narices se quedaron los prospectos que debían ocupar dicho cargo. Fueron pisoteados sus derechos laborales inscritos en las Condiciones Generales del Trabajador del Estado de Veracruz, por el que se rige el instituto, específicamente en la cláusula 59.

Y es que en este documento se establecen las características para ocupar un espacio por escalafón: antigüedad, aptitud, conocimiento del área y capacitación; conocimiento y capacidad, así como disciplina y puntualidad.

Violando toda norma para una justa administración del personal, el entonces titular del instituto Rodolfo Mendoza Rosendo permitió al entonces Subdirector Administrativo Miguel Ángel Aburto Campos otorgar una plaza eventual a Roqueñi por la cual permanece hasta entonces en funciones.

La ineficiencia

Si se le aplicara la cláusula antes mencionada a esta funcionaria, estaría en automático fuera del cargo. Sus respuestas favoritas cuando un empleado va a preguntar información sobre su situación laboral, ya son conocidas una por una.

“No sé”.
“Le preguntaré a mi jefa”.
“No te puedo recibir los permisos sino es con autorización de mi jefa”.
“No tengo autorización para recibir solicitudes de permiso”.
“Yo no te puedo autorizar”.

Y es que a Roqueñi se le olvida que un servidor público tiene la obligación de resolver los problemas que se le presenten, en este caso las solicitudes del personal; o será que no tiene la capacidad para solucionar problemas, esto nos lleva a pensar que no es útil al sistema de gobierno.

Pero teniendo estos antecedentes, “el sistema austero y honesto de gobierno” la premia con 25 mil pesos mensuales como sueldo, además ostenta una plaza eventual sin cumplir los requisitos que la norma solicita, y posee las canongías de dos asistentes personales bajo su mando.

La permanencia de Irma Roqueñi es inminente, porque posee una amistad muy estrecha con la directora del IVEC Silvina Alejandre Prado. Unidad laboral inquebrantable que se concretó cuando ambas trabajaron en la Galería dé Arte Contemporáneo del Estado.

Si Alejandre Prado actuase con honestidad y apego a la norma, tanto el Jefa del Departamento de Nómina y Fiscalización no estuviesen ahí, ni la propia Irma.

Este circuito de corrupción ha sido expuesto, y está en el gobernador Cuitláhuac García romper estos esquemas del viejo PRI por el que se solidifican los lazos de corrupción -que al paso del tiempo- se vuelven un lastre para las finanzas públicas.

Y eso no es todo, Irma Roqueñi tiene otras habilidades corruptas que ha establecido a su manera, y sin que nadie la investigue y le revise sus prácticas, las aplica como normal cuando en realidad están fuera de su facultad.

El IVEC cuenta con 38 bases de trabajadores, usualmente gozan de todas las prestaciones y van generando antigüedad en el Instituto de Pensiones del Estado (IPE) para futuro retiro y pensiones.

Mientras tanto el instituto cuenta con 135 plazas eventuales, personal que únicamente tiene derecho a prestaciones sin generar antigüedad.

Y están los trabajadores de confianza, en donde la corrupción está a todo su esplendor, porque Roqueñi tiene la capacidad de ingresar gente de la que no se sabe si existen o no, pero es evidente que el recurso se cobra. O bien, ingresa gente de confianza que la jefa Alejandre Prado le indique. Vaya dúo.

La corrupción

Lo inaudito es que la Jefa de la Oficina de la Administración de Personal se da el lujo de manera arbitraria de aplicar descuentos por inasistencia , retardos y faltas; y la gran pregunta que se hacen los trabajadores, ese recurso que le quita al trabajador a dónde llega, quién se queda con él, llega a las cuentas de Finanzas, lo sabe la Contraloría General .

Otro ejemplo de su incapacidad es que no tiene actualizado los manuales de organización, ya que en el apartado del Departamento de Transparencia que debe poseer cada Dependencia, en este caso del instituto, sólo se muestra la estructura 2018 y un espacio en blanco.

De no cumplir en tiempo y forma al subir la información al sistema del Instituto Veracruzano de Acceso a la Información (IVAI), la Jefa de la Oficina de la Administración de Personal podría hacerse acreedora a un apercibimiento por parte de este instituto: un plazo para cumplir con el pendiente, y de no hacerlo, el instituto de transparencia puede aplicar una sanción económica y hasta la destitución.

Y tal perece que esta funcionaria no tiene precedentes, a 120 días de la administración, no se ha preocupado por la renovación de los gafetes del personal adscrito al IVEC, obligación que está estipulada en el Capítulo VII que se refiera a las obligaciones y facultades de la entidad pública.

En el capítulo IV, fracción XVIII, dice: “portar en lugar visible el gafete de identificación en el horario de labores”. Sin mencionar que cuando un departamento es auditado por el Órgano de Fiscalización Superior (ORFIS), verifican los gafetes del personal del centro de trabajo en cuestión.

La pereza

Aquí mostramos la pruebas de que los gafetes que hasta entonces usan los trabajadores del instituto son los del año pasado, firmados por el Subdirector Administrativo del gobierno anterior, por lo que no tienen validez oficial, y con esas identificaciones caducadas se pueden hacer muchas cosas a nombre del gobierno del estado.

Sabrá Irma Roqueñi que el gafete es una identificación personal indispensable para tener acceso y facultad para poder realizar las labores de trabajo, estará al tanto que la Contraloría General del Estado puede levantar un acta administrativa por no entregarles en tiempo y forma sus identificaciones laborales a los trabajadores.

¿Usted cree que Silvia Alejandre Prado no sabe lo que está pasando? Los años que ha caminado por los atajos y pasadizos del instituto le han “retorcido el colmillo” como para no deshacerse de sus amigos y aliados y hacer del IVEC una agencia de colocación de sus amigos violentando las normas administrativas a su favor.

El corrupción llama corrupción, y en vez de hacer despidos por tener dentro a personal corrupto e ineficiente, lo que está gestando la directora del IVEC es la concreción de un círculo impenetrable para la fiscalización y la transparencia, un campo de fuerza llamado COMPLICIDAD.

Nos leemos hasta la próxima.

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