Siete Párrafos: Veracruz espera respuestas políticas, sociales y de seguridad concretas con la visita de López Obrador


por Rodolfo Calderón Vivar

por Rodolfo Calderón Vivar, egresado de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

Ante la llegada del presidente López Obrador a Veracruz, una buena parte de los veracruzanos está a la expectativa de lo que diga y haga en los días de gira en la zona sur del estado, donde la tragedia marcó de angustia, dolor y enojo a los habitantes de Minatitlán, por la matanza de viernes santo que todos lamentamos y aún no digerimos. Resulta notable que, efectivamente, los eventos parecen orquestados, en materia de seguridad, para acumular piedras en el transitar del gobierno federal y estatal. Tiene, efectivamente, numerosos enemigos políticos el nuevo régimen, pero también hay incertidumbre en cuanto a la fuerza del gobierno para poner orden en algunos asuntos nacionales de la función pública,

Ya vimos el apoyo total que ha dado al gobernador del estado, Cuitlahuac García, en reciente visita al puerto de Veracruz, pero esperamos también que  se le instruya para allegarse funcionarios más efectivos que los que ahora lo rodean. Está expuesto totalmente si no le cubren los flancos necesarios para asentarse como el depositario del Poder Ejecutivo en el estado. No tiene un hábil manejo de la política interna, porque no hay estrategas en esa área. Avanza sin evidencia alguna de política de comunicación social adecuada, lo que indica unacarencia conexión firme con los medios de comunicación en el estado. Es posible que se pague pero sin compromisos a algunos medios. No tiene estructurado aún un discurso adecuado que lo muestre en sus mejores prendas, las mismas que ya elogió el presidente, que radican en su honradez, nobleza y capacidad de compromiso social. Comunicación y Gobiernos son dos instancias cojas, hasta el momento.

Hace falta también un trabajo de penetración social más fuerte  y comprometido con los programas sociales que se están bajando al territorio veracruzano, que implican no solo una repartición adecuada de los recursos, sino también la estructura necesaria para establecer redes de beneficiarios que estén comprometidos con esta acción social, cuyo sentido de cohesión social se debe aprovechar al máximo, para elevar el sentido de dignidad que debe acompañar a este tipo de acciones de corte social, para empezar a distanciarlo de la idea de que se tratan nuevamente de acciones de clientelismo electoral que ya hemos padecido en regímenes anteriores.

Se debe promover la ideología de lo que es y será la Cuarta Transformación,  a través de las bases morenistas que hicieron posible el movimiento que dió origen al triunfo del que es ahora el nuevo presidente,  pero también organizando a comités ciudadanos. La Cuarta Transformación debe partir de los  valores fundamentales que la pueden equiparar a los movimientos sociales que la anteceden: la independencia de México iniciada en 1810, la reforma liberal de 1857 y la revolución armada de 1910. De no hacerlo, se convertirá en un símbolo sin  definiciones ideológicas precisas,  formando parte de un discurso hueco, a ratos sin sentido, que nos recuerda las peores épocas del PRI, donde las palabras revolución, justicia social y democracia, se volvieron palabras falsas que no aterrizaban en la realidad. El PRI se acabó porque desgastaron su propia ideología.

La falta de cohesión social es un grave problema nacional. Se requiere una serie de estrategias que se aleje del esquema de confrontación política hasta ahora repetido hasta el cansancio. Hay segmentos de la población que no encuadran en un discurso maniqueista, entre transformadores y conservadores. No pertenecen a partido político alguno y están bastante cerca de la propia autodefinición del presidente: honestos, patriotas y propensos a ser idealistas. No parece haber ninguna estrategia para incorporarlos a la Cuarta Transformación tan pregonada. Aquí hay un trabajo de ingeniería social y de concientización democrática que nadie en Morena parece estar desarrollando de lleno. Tal pareciera que al llegar al poder, se han arrellanado en el poder para disponer del trofeo de los puestos a como les da entender sus propios objetivos.

Los enemigos del régimen está a la espera de que el capital político de Morena se dilapide con los múltiples errores de muchas áreas de poder gubernamental hasta ahora obtenidas. Están dispuestos, quizá, a esperar un año o dos, previendo las próximas elecciones intermedias. En el gobierno de izquierda  se confía demasiado en el poder de la figura del presidente para contrarrestarlos. Cierto es que López Obrador es un presidente carismático y, por mucho, un hombre de buena fe, honesto y con ideales patrióticos. Pero eso no basta. Se percibe cansancio en el discurso, repeticiones innecesarias, desgasta físico y mental en un varias de sus últimas intervenciones mañaneras, en donde ha contestado, en algunos momentos al bote pronto, de una manera que aparece como un líder impositivo, amenazante y, lo peor, a ratos incongruente. Convendría dosificara sus participaciones mañaneras, con una mayor participación de sus miembros del gabinete y su vocero. Por su propia salud debería considerarlo.

Por eso es importante lo que  venga a hacer y decir a Veracruz, en una segunda visita en el mes. La primera, ya la vimos, fue para cobijar a Cuitlahuac no de la opinión pública, sino de las propias fuerzas internas que aspiran a tener mayor poder e influencia dentro del corazón morenista del gobierno de Veracruz. Es un golpeteo que viene recrudeciéndose desde los primeros días de diciembre, queriendo crear el ambiente de descrédito de la figura del gobernador del estado. La respuesta que debe dar ahora es a la población misma, tal y como lo mencionara -enmedio de una enredado y desafortunada decalaración la senadora Glora Sánchez-. Se espera sea un discurso que motive a la acción de participación de muchos de los sectores productivos y sociales de la región sur de Veracruz que  los incite a  creer que deveras hay   una garantia más concreta de como se resolverá, primero, el asunto de los masacrados de Viernes Santo, y segundo, los problemas de falta de  la cohesión social en torno a como se afrotará la Cuarta Transformación el asunto de la seguridad pública.. En lo que diga y en lo que haga, veremos si López Obrador se asume como el veracruzano que presume ser. Es en los momentos de crisis, cuando se crecen los líderes y se convoca a la participación social  activa y proactiva. Ojalá y no desaproveche la oportunidad.

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