La estetización del mundo de Lipovetsky.


Por:Jorge A. González
Periodismo Cultural Independiente

Por Jorge A. González, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

El autor reconoce a una sociedad inmersa en un capitalismo artístico de consumo afines con las experiencias, las sensaciones, placeres y goces.

Esto lleva a una sociedad que consume desde películas, juegos, música, televisión, viajes en lo que llama una multiplicidad de experiencias sensitivas.

No obstante, todas estas satisfacciones de ideales de experiencias, placeres y realización individual deben ser inmediatas en medio de un mundo de aceleración máxima en la carrera de la vivencia.

Considera que la sociedad ya no ve a la religión, la historia y la política como la única salvación, ahora lo es la realización personal y el mejor vivir, a esto se le llama la ética estetizada.

Plantea que este modo de vida fue alentado por el consumismo y capitalismo artístico, en donde la experiencias es el valor supremo, sustentada en la libertad privada y el goce.

Este modo de vida desplaza los valores, religión y la moral, para alcanzar la autorealización, a lo que se le añade la ética estética híper modernizada, la invitación para aprovechar la vida.

En este ideal, el autor comenta que cada quien puede elegir sus modos de vida dentro de la oferta de bienes de consumo.

Lipovetsky afirma que este modelo no se opone a la vida económica, sino que se engancha en los excesos del sistema financiero desregularizado que no tiene prudencia, por no decir miramientos.

De esta manera se ha gestado una esfera cultural liberal-individual en armonía con el mercado libre en busca de la felicidad.

Un modelo de vida que trae consigo sus consecuencias, un estado insatisfecho que puede provocar ansiedad, sensación de vacío, depresión, adicción, perdida de confianza y devaluación de la propia valía.

La ética estética ha avanzado a otros estados que van de las experiencias sensitivas a la intervención de la salud.

Y entonces se sujeta al mercado de la alimentación, deporte, la vivienda, los cosméticos, las bebidas energizantes, los suplementos, los análisis clínicos que derivan además en prácticas de prevención de la enfermedad.

A esto se le incluyen otras conductas edonistas, la higiene y la delgadez, y así estamos ante una sociedad no sólo de consumo extremo, destradicionalizada, también sometida por el miedo a caer en todo lo que nos ofrece para su salud mental, sensitiva y física.

El autor habla de neofilias, aquellas que surgen en el individuo no sólo a partir de su cuerpo, sino también de prácticas de cuidado ecológico y acciones que no pongan en riesgo la vida de las nueva generaciones.

La cultura individual también ha llegado a la educación señala Lipovetsky, en un sistema más laxo y permisivo, que forma a los niños bajo los criterios de la compresión en donde interviene la psicología.

Esta cultura de la permisión en la educación, afirma, tiene sus contradicciones, se forma a niños incapaces de enfrentar la realidad.

En adultos, también reconoce una cultura de la competencia encaminada a la eficacia, sobre todo identificada en el sector laboral.

Todo esto lleva al individuo a un clima de miedo al no cumplir con las expectativas, que lo ubica en una posición restrictiva en todos los ámbitos mencionados, y queda atrapado en las garras de la competencia, la rapidez, la eficacia y las virtudes.

No sólo hay dominancia del poder y el éxito, ahora también se preocupa por lo tangible, la calidad del habitad (vivienda) y calidad de vida, sensible y armoniosa.

Y por si fuese poco, también la ética estética interviene en la revalorización del cuerpo, el spa, los baños californianos, el yoga y la meditación.

El autor no deja pasar otro aspecto que remite a la calidad de los productos, la denominación de origen, que luego deriva en la lucha entre lo auténtico y lo falso.

Para Lipovetsky no todo es malo, dentro de la cultura ética estética encuentra un equilibrio entre los excesos del consumismo y del vivir individualista.

Aunque el ser humano con la aceleración e inmediatez no puede librarse de las preocupaciones al que lo ha sometido esta cultura, aspira a una mejor calidad de vida, a un mejor entorno, a un mejor planeta y a una mejor salud.

Menciona que la mejor ética estética es la que aspira a la búsqueda de los placeres más refinados, calidad sensitiva y emocional.

A pesar de todo esto, desmiente que la sociedad esté desvalorizada y carente de moral. Precisó que cada vez hay personas que se indigna por la violencia, cada vez hay más asociaciones civiles, ONGs, personas altruistas y movimiento por los derechos humanos.

En su reflexión considera que el consumismo es bueno como medio pero no como fin, y advierte que lo ideal es disfrutar más de los placeres no comerciales.

Esta teoría fue la que más capturó mi atención, porque por muy humildes que seamos con nuestra persona en nuestra conducta, estamos presentes en alguna de las categorías mencionadas que tienen que ver con el consumo, la frivolidad, las sensaciones, emociones, las experiencias y la búsqueda de una mejor apariencia.

Que al final, es toda una industria cultural que se alimenta de la vanidad, de la preocupación de un estilo de vida, del cuerpo, del alma y hasta de las nuevas generaciones, y que paradójicamente se auto-regula.

Nota: Gilles Lipovetsky es un filósofo, sociólogo francés. Es profesor agregado de filosofía y miembro del Consejo de Análisis de la Sociedad y consultor de la asociación Progrès du Management.

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