La estetización del mundo. *Las cuatro etapas de Gilli Lipovetsky *Vivir en la época del capitalismo artístico


Por: Jorge Alberto González Ramírez
Periodismo Cultura Cultural Indepediente

Por Jorge A. González, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

Para Gilli Lipovetsky, filósofo y sociólogo francés, el mundo ha vivido cuatro etapas del desarrollo de la producción artística, que va desde la más elemental como desde el punto de vista milenario de la cosmogonía, hasta el empoderamiento de las marcas en una industria de hiperconsumo.

Basado en el libro La Estetización del Mundo, editado por Anagrama (2015), nos dimos a la tarea de estudiar las cuatro fases a las que alude el autor, para comprender cómo es que se vive en un mundo -de acuerdo con el autor- de capitalismo artístico.

Artistización Ritual

Analizamos una etapa que nos remite al origen del ser humano. El hombre que responde a su cosmogonía.

Una manifestación que tiene fines informativos, comunicacionales, sin propósito de inmiscuirse en la modificación y significación de la vida de un grupo social.

Hablamos de una manifestación producto de las prácticas ancestrales que buscaban dar sentido a su vivir diario.

Se describe como una forma de manifestación como individuos ante un grupo social que encuentra en sus rituales, pinturas, indumentarias y utensilios, una forma de vida y supervivencia.

No existe ningún valor económico y de trasfondo de manipulación social, su único valor es la simbología y representación del origen y la vida diaria.

Estetización Aristocrática

Tiene sus fines en el gozo, el placer, el deleite y la seducción para complacer a una clase social pudiente, aristocrática, de la nobleza, burguesa.

Dependen de la belleza que representa la reafirmación de la opulencia en un sector social; dirigida a la magnificencia de lo bello, la perfección y a capricho del solicitante.

Se trata de una estética que encuentra su objetivo en la armonía, la forma, elegancia, delicadeza, el esplendor y la majestuosidad.

Esta se refleja en las pinturas o retratos de personajes adinerados o con cargo nobiliarios, y que pasan además a las arquitecturas extraordinarias que florecen en jardines, fuentes, esculturas, fachadas

El creador se ve beneficiado del patrocinio de sus obras, de la clase alta y de la misma iglesia y los fines políticos.

Estetización Moderna del Mundo

El artista se libera de todas las ataduras que determinan su creatividad.

Su pensamiento creativo emprende el vuelo en todo lo que ve, toca y escucha, y no hay nada que no pueda llevar a la representación y creación artística.

Se visualiza en un mundo de posibilidades creativas en busca del beneficio, el éxito, la realización, la consagración y la dignificación de su quehacer.

Le da pues el valor estético que él quiere, y que puede ser lo bello, la fealdad, lo útil, lo inútil, en sí, la apropiación estética de su entorno.

Su creación no sólo se queda en el valor apreciativo estético y de representación del mundo que lo rodea, también busca el bien material.

De esta manera entra en el juego de la oferta, la demanda y la distribución, y claro el consumo, para llegar al mercado, la industria y el comercio de su trabajo.

La era transestética

El creador se manifiesta totalmente materialista, interesado en una estrategia de dominio totalitario a través de la fascinación, la distracción y la diversión.

Depende de muchos factores, de intereses diversos, del dominio de las mega marcas, y de los actores del producto-comercio.

Aquí queda fuera la legitimación del artista, la importancia de su creatividad radica en la colocación, proyección y generación de recursos para legitimar las marcas de los productos.

Para su consolidación hay un cruce de estilos, corrientes, hallazgos, tendencias, réplicas de productos que ofrecen vivencias a una masa hambrienta de sueños, experiencias, sensaciones y seducción.

Las masas están sujetas a normas de consumo a las que se tienen que constreñir para poder ser lo que los productos les prometen.

Hablamos de una masa que consume identidad, estilos de vida, modo de habitar, de viajar, de comer, de escuchar; y que, en medio de una diversificación de productos, existe cierta uniformidad en lo que se consume.

Y ante un bombardeo constante e incesante de productos, el individuo se asume reflexivo, ecléctico, nómada, inconforme y exigente cada vez más.

Conclusión:

La estetización del mundo, de Gilles Lipovetsky nos dice que el hombre ha pasado por varias etapas en el desarrollo de su vida.

La explicación antropológica del origen siempre será la pregunta elemental de las civilizaciones.

Y el arte no fue ajena a este cuestionamiento, las pinturas rupestres dan cuenta de ellos, y del modo de supervivencia.

No obstante, en esa representación de la realidad, ese hombre descubre que algunos, tiene la virtud de representar la vida misma desde el arte.

Se da cuenta que no es sólo es útil para las necesidades de la vida cotidiana, también para la creación y la apreciación, de esa abstracción del mundo.

Contempla lo que plasma, lo hace para él mismo, pero luego lo hace para los demás. La contemplación deviene en el placer de apreciar lo bello.

Pero en el camino creativo de enmarcar lo bello, el hombre ya no sólo le interesa en ensalzar lo material y el entorno, quiere formar parte de este hecho artístico y entonces quiere ser el centro de esa virtud creativa.

Encontramos pues dos vertientes. Los que crean y los que se quieren ver en esas creaciones, y para ello pagan, son patrocinados. Es el primer contacto con la moneda y los beneficios por ese intercambio.

Es hasta después, donde el creador se ve así mismo y enaltece sus capacidades creativas, y se da cuenta que no todos tiene la virtud de ser artistas, entonces crea su propio mundo donde nadie le dice qué representar, y además se da un valor agregado en el mercado y consumo.

No obstante, existe un momento en que el arte esta por todas partes. Es abrumador. Puede ser replicado, puede ser maquilado. Existen las máquinas. Los bocetos. La industria que no depende del temperamento creativo.

Y el arte se vuelve objeto con un valor ya no estético apreciativo, sino se vuelve producto de mercado donde no importa quién lo haga, sino que satisfaga la posesión, la experiencia, la realización y la respuesta de un estilo de vida, mercado al que solo pueden dar satisfacción las grandes marcas de la industria del hiperconsumo.

Nos leemos hasta la próxima.

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