Más claro… Los ancianos del Programa Bienestar para Adultos Mayores necesitan más atención


Por Felipe Mendiola Parra

Por Felipe Mendiola Parra, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

omo bien sabemos que todos tenemos un familiar de la tercera edad en la familia, les pongo al tanto que el día 20 de este mes se vence el plazo para recoger el apoyo del Programa Bienestar para los Adultos Mayores.

Efectivamente, tal como lo anunció el gobierno federal, esa pensión pasó de 2 mil 550 pesos a 2 mil 620 pesos bimestrales y se comenzó a entregar desde la primera semana de febrero y concluirá, insisto, el día 20 de este mismo mes.

Esa idea de apoyar a los ancianos es genial porque si no resuelve la economía de manera total, si sirve para la compra de una buena despensa o el pago de algunas necesidades del hogar; cada bimestre vemos la alegría de esos viejitos y viejitas porque van a recibir ese apoyo.

Sin embargo, a pesar de lo bondadoso de ese programa y el esmero que ponen en su trabajo los empleados de la Secretaría de Bienestar que llegan a las oficinas de Telecom cada dos meses, es necesario que el Super delegado, Manuel Huerta Ladrón de Guevara, hiciera una visita a esos lugares para ver cómo están funcionando y le explico porque.

Muchos de los beneficiados llegan con bastón o con andadera de aluminio, mientras que otros van acompañados de algún familiar porque se les dificulta tomar el autobús o el taxi. Llegan muy temprano (7:30 Hrs.) y esperan a que a las 9 de la mañana los empleados de la secretaría de Bienestar comienzan a recoger las copias de la credencial de elector, para revisar si su pago ser va a hacer ahí o en otro lugar.

Ese procedimiento lo realizan en dos o tres horas, mientras todos los adultos mayores permanecen de pie en una larga fila, que al menos en la ciudad de Xalapa es de una cuadra.

La espera la hacen a la intemperie, con sol o lluvia, con frío o calor, con viento o neblina pero la necesidad obliga a aguantar todo ese clima tan variable que tenemos.

Son cuando menos 300 personas las que llegan diariamente y me informan que en algunos días el dinero se agota en Telecom y cuando ya pasaron cuatro o cinco horas, les avisan que ese día ya no van a poder cobrar y se regresan con desilusión.

La propuesta es que alguno de los colaboradores de Manuel Huerta pudiera conseguir un auditorio, un salón de algún sindicato o algo parecido para que esos ancianos tengan alguna comodidad para esperar su turno.

El dinero también lo podrían llevar a ese lugar con el apoyo de la policía, para resguardar a estas personas y tener todo en orden. Piensen que un día también serán ancianitos y podrían tener esas mismas necesidades. Más claro ni el agua.

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