En pocas palabras… Ya no sirve cualquier distractor


por María Elvira Santamaría

Elvira Santamaría Hernández , egresada de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

 Los conejos sacados de la chistera ya no le están siendo suficientes al gobierno de Andrés Manuel López Obrador, para ir capoteando los temas coyunturales y los resultados negativos de varias de sus políticas públicas, como la de salud, la de economía y contra la inseguridad, por citar las más visibles.

 Ninguna rifa de avión, ninguna detención de un presunto alto exfuncionario como Emilio Lozoya, bueno, ni el justificado temor al coronavirus han podido menguar la irritación extrema de la sociedad y particularmente de las mujeres, ante el clima de agresión que enfrentan casi de forma cotidiana, y que es visto como un hecho rutinario en el hogar, en el trabajo, en el transporte público, en los centros de estudio, en muchos ámbitos del sector público y también del sector privado.

 El reclamo contra la violencia hacia las mujeres no solo es por las que han matado o desaparecido, no; es además por las que son explotadas sexualmente, por las que reciben menos salario que un hombre aunque desempeñen el mismo trabajo, por las que son acosadas en la calle, escuela o trabajo; y condicionadas a favores sexuales para obtener un ascenso; por las que son sobajadas y golpeadas por sus parejas; por las niñas y jóvenes que no reciben educación con el argumento -que aunque no parezca todavía existe-, de “¿para qué, si se va a casar?”. O que en casa son tratadas de manera diferente a sus hermanos varones y condicionadas a servirles y a realizar las tareas del hogar como si éstas sólo les correspondieran a las mujeres. Todo eso, mucho de lo cual ni se ve, es violencia. 

Y claro que eso no excluye la violencia que padecen los hombres, tan condenable y grave como la que infligen a las mujeres, pero se ha llegado a tal punto en la virulencia, en la crueldad de los últimos acontecimientos en que mujeres y niñas han sido víctimas, que este horror y dolor disparó la reacción en cadena para lanzar un grito de auxilio y de compasión.

“Un Día Sin Mujeres”, convocado para el 9 de marzo es eso, un llamado a la sociedad a que nos vea como esa mitad indispensable para el sano convivir de nuestro país. No somos un objeto prescindible. 

Creo personalmente que el presidente de México se equivoca al darle tanta connotación política y mostrar más preocupación por lo que a él y a su imagen le pueda afectar este paro de las mujeres. Se apresuró a etiquetarlo, a descalificarlo, habiendo razones de fondo que lo justifican y que lo originaron, más allá de que seguramente se aprovecharán de su yerro, de su obsesivo discurso contra “los conservadores” las corrientes políticas contrarias. 

 Personalmente simpatizo con “Un Día Sin Mujeres” y condeno todas las etiquetas que le han querido poner para desacreditarlo, lo mismo de orden político que de orden religioso. Hombres y mujeres nos necesitamos, respetándonos, libres y seguros; en equidad y armonía. 

 Hasta pronto.

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