El presidente López Obrador no tiene un respaldo sólido de comunicación social que fortalezca su idea de transformar el país


por Rodolfo Calderón Vivar

por Rodolfo Calderón Vivar, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

Lo que debiera ser un ejercicio democrático en México, con una participación conciente y decidida de la mayoría de la ciudadanía, en lo referente a esta ley de revocación de mandato que por primera vez se ejercerá el próximo domingo 10 de abril, se ha convertido en un verdadero margallate entre tirios y troyanos en donde lo que le está faltando al gobierno de López Obrador es un adecuado manejo de comunicación social, que brilla por su ausencia.

Olvidémosnos de la acendrada actitud presidencial de estar a la defensiva y al ataque de una manera constante desde el púlpito de su mañanera, que le ha generado la oportunidad de establecer la agenda pública. Eso es una estrategia de política de comunicación que funciona en lo referente al estilo de liderazgo que pretende hacer valer López Obrador. Eso es pasable. La falla radica en equipo de Comunicación Social que a la fecha no ha logrado centrar la atención de los públicos en las bondades y beneficios que ha generado el nuevo régimen. Por el contrario, se ha hundido en la vorágine de la guerra verbal entre Lopez Obrador y adversarios, que poco beneficia a las tareas de transformación presidenciales.

¿Cómo es posible que a pocos días de las votaciones por la revocación de mandato, esté muy confundida buena parte de la población acerca del verdadero propósito de este evento histórico? Si lee usted las crónicas de los diferentes evento en torno al hecho, la narrativa que sobresale es la de cuestionar el proceso de la votación dominguera porque, así lo manejan los contrarios, es un acto irrelevante, costoso, autoritario y con visos de una siniestra ventaja de López Obrador para reelegirse a futuro, en tanto los del bando contrario, y afines al mandatario de origen morenista, hacen una denodada defensa de la figura de él, como eje principal de sus mítines, como si el objetivo real de las votaciones del domingo fuera precisamente que no se vaya el presidente y a tal grado de mantener una confrontación extremadamente agresiva contra los siniestros y poderosos enemigos del presidente, ubicados en la oposición.

¿En que momento esto se salió de las manos en materia de comunicación gubernamental? En realidad, este evento como muchos otros referentes al gobierno morenista, centrado sobretodo en la figura presidencial , se han salido del marco de un adecuado tratamiento informativo porque quiénes están ejercitando tareas de comunicación al lado de López Obrador, no impulsan con una suficiente carga informacional y simbólica a ese singular movimiento social denominado Cuarta Transformación.

El presidente, que se considera y actúa como tal, es un comunicador constante en las conferencias mañaneras en donde impacta principalmente a sus seguidores, que siguen dichas trasmisiones como si fuera una reunión mística de ejercicio de la verdad presidencial donde ellos conocen de viva voz la verdad de su líder, que lucha y se desangra, día tras día, ante los embates de los opositores del régimen, que poco a poco han ido creciendo en fama y presencia pública, porque el propio mandatario les da juego en el trance cotidiano de los medios.

Pero esa narrativa de líder confrontado con las fuerzas del mal opositor, que busca frenarlo en su gran tarea de transformación nacional, no tiene ningún sentido trascendente si no va aunada a una política de comunicación social que brinde la suficiente información sobre los avances del gobierno en diversos sectores de la función pública, que impacte en buena parte de la población para que conozcan y crean en las lineas de trabajo evidentes, que van transformando el país.

El presidente puede seguir confrontándose las veces que quiera en el estrado de la conferencia mañanera, contra los enemigos que engrandece demasiado en su peligrosidad, pero su equipo de comunicación no debe estar dedicado a participar en esa confrontación de manera total, descuidando otros temas nacionales.

Hay otras tareas que tienen que ver con la Cuarta Transformación que requieren ser respaldadas con adecuados mecanismos de distribución de la información, para dar a conocer el cumplimiento de los objetivos, procesos y logros gubernamentales en materia de transformación nacional. Información y más información sobre ello es lo que requiere la gente. Información que no se quede a nivel de las élites y de los seguidores morenistas de la nueva clase gobernante, sino que transcienda esos espacios para penetrar en las audiencias de la ciudadanía mexicana.

En estos momentos el punto medular de comunicación sobre el evento no debiera ser lo inútil y caro del proceso que ejecutará el domingo, o si el presidente va a salir fortalecido o debilitado en tanto vayan o no vayan a votar los suficientes ciudadanos tal día. Eso es accesorio y materia del discurso de la oposición. Lo importante debió haber sido generar imagen favorable del proceso inédito que se dará en nuestro país en dicha fecha, crear conciencia entre más gente, aparte de los acendrados morenistas y seguidore fieles y simuladores de que lo siguen, de que es un parteaguas histórico dicho proceso de revocación del presidente, mediante el cual generaciones posteriores podrán decidir la permanencia o retiro de próximos gobernantes. Todo ello trabajado con estrategias de comunicación de largo tiempo para persuadir, a buena parte de la población, de que va a participar en una histórica jornada cívica en México. Esta fecha debiera ser un momento épico de la cuarta transformación y no una lucha arrabalera llena de insultos, bajezas, insultos, medias verdades, bots en las redes y llamadas telefónicas automatizadas, en pro y en contra. De todo hay, menos información convincente del sentido fundamental del evento del domingo.

Sin estrategia de comunicación eficaz de los encargados de tal función en el gobierno, ahora el punto de la narrativa es un mitote faccioso y sectario en pro y en contra del presidente de la república, lo cual puede que satisfaga egos personales, a la postre, pero que arrastrarán a segundo término el verdadero sentido democrático de la nueva ley que se pone en acción este domingo, poniéndola en riesgo de desaparecer en próximos sexenios.

Y todo por la falta de estrategas en comunicación social del gobierno de la Cuarta Transformación que a poco más de medio sexenio transcurrido, se mece en la cúspide del poder confrontando toda una guerra de huarachazos y sombrerazos, en tanto buena parte de la ciudadanía no entiende de que se trata todo esto: si de transformar realmente a México o defender al líder asechado por innumerables enemigos que lo tienen cercado.

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