Batalla histórica, error histórico, el mito de los zacapoaxtlas. La participación real de Zacapoaxtla durante la batalla del 5 mayo, la intervención francesa y el segundo imperio.


Ponencia de Mario Jesús Gaspar Cobarrubias

por Mario Jesús Gaspar Cobarrubias, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

“Además de derramamientos de sangre, podemos afirmar que la otra gran constante en la historia de México es la mentira… Lamentablemente, en nuestro país la mentira suele verse coronada por el éxito, y así hemos aceptado todo lo que la historia oficial nos manda creer o reprobar, sin importar que sean falsedades indignantes y aun perversidades…”

Francisco Martín Moreno (1)

El Problema.

Aunque para el estudio de las creencias de una comunidad o de una cultura, a falta de testimonios escritos los mitos son útiles (2), en el terreno de la Historia no lo son; porque un mito es básicamente una mentira por predominar en él más lo imaginario que lo real (3). Desde la época prehispánica, México es el país de los mitos de toda especie: desde el mito de Quetzalcóatl, el mito del águila devorando una serpiente, el mito de la Virgen de Guadalupe, el mito de Acatempan o el mito de los Zacapoaxtlas (4).

El mito de los Zacapoaxtlas nace inmediatamente después de la batalla del 5 de mayo de 1862 en la Cd. de Puebla luego de que, inesperadamente, el mal armado y en parte improvisado ejército mexicano derrotara al ejército francés, considerado entonces uno de los mejores del mundo, y que luego de la batalla el Gral. Miguel Negrete Novoa, para algunos de sus contemporáneos el principal protagonista de la batalla, concediera una entrevista “en distintos periódicos” narrando el  desarrollo del enfrentamiento en la línea que él mandaba, y afirmando que el primer cuerpo del Ejército Mexicano de Oriente en haber enfrentado el ataque del ejército francés había sido “el Batallón de Zacapoaxtla, comandado por “el patriota D. Juan N. Méndez” (5). Durante la histórica batalla el Gral. Negrete, originario de Tepeaca, Puebla, había fungido como comandante improvisado de la 2ª División del Ejército Mexicano de Oriente, la cual estuvo ubicada entre los fuertes de Guadalupe y Loreto, en el cerro de Guadalupe, cuya línea había rechazado tres veces el ataque del ejército francés durante dicha jornada.

En realidad, el Corl. Juan Nepomuceno Méndez Sánchez era el comandante del Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla, el cual estaba integrado por seis Compañías: cuatro del Municipio de Tetela de Ocampo (perteneciente este al entonces Distrito administrativo de Tetela de Ocampo), una de los Municipios de Zacapoaxtla y Cuetzalan, y una del Municipio de Xochiapulco (pertenecientes estos 3 últimos municipios al Distrito administrativo de Zacapoaxtla); pero cuyo cuartel en ese momento se hallaba instalado en la

conservadora Villa de Zacapoaxtla debido a que desde el 15 de junio de 1859, durante la guerra de Reforma, los principales comandantes del movimiento liberal en la Sierra Norte de Puebla (el Gobernador y Comandante Militar del Estado de Puebla, Gral. Miguel Cástulo de Alatriste, y el Prefecto del Departamento de Zacatlán, el Corl. Juan N. Méndez), habían establecido ahí la capital provisional del Estado de Puebla, la cual estaba apoyada por una brigada de Guardia Nacional, con su respectivo cuartel. Según Alatriste y Méndez, la razón de esta medida era poder ser abastecidos de material bélico por mar (vía puerto de Veracruz, Nautla, Papantla, Tenampulco), en vista de hallarse bloqueado por las fuerzas conservadoras el camino de la Cd. de Puebla al puerto de Veracruz, entonces sede del gobierno constitucional del presidente Benito Juárez. No obstante, nosotros creemos que la razón fundamental de haber instalado un cuartel con fuerzas liberales de la Sierra en la conservadora Villa de Zacapoaxtla, era la de evitar las continuas sublevaciones armadas de dichos habitantes en favor del partido reaccionario, como probaremos más adelante. Pero al no haberse aclarado inmediatamente esta confusión, con el tiempo nuestra historia oficial daría lugar a una injustica de tipo histórico en la Sierra Norte de Puebla.

Por lo menos desde 1962, en que se cumple el primer centenario de la batalla del 5 de mayo, los habitantes de la actual Ciudad de Zacapoaxtla han cosechado el reconocimiento de propios y extraños debido a las supuestas participaciones de su batallón, tanto en la citada fecha como durante los cinco años y medio que duraron la Intervención Francesa y el Segundo Imperio en México. Lo anterior, a pesar de que abundante documentación de archivos públicos y privados de la Sierra Norte de Puebla, de la Cd. de Puebla, del Archivo General de la Nación y de la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA) prueba fehacientemente que los habitantes de la entonces Villa de Zacapoaxtla (cabecera municipal y distrital) no sólo se negaron persistentemente a enlistar su batallón para participar en la defensa de la patria durante la batalla del 5 de mayo, sino que incluso durante la mayor parte de las guerras contra la Intervención Francesa y el Segundo Imperio, colaboraron con los invasores extranjeros para destruir a los patriotas de la Sierra Norte de Puebla y del oriente del país, a cambio de lo cual recibieron, además de buenas armas y buenos salarios, condecoraciones y distinciones por parte de los gobiernos intervencionista e imperial.

Esta ponencia tiene como objetivo revisar lo que fue la participación real de los habitantes de la entonces Villa de Zacapoaxtla antes y después de la batalla del 5 de mayo de 1862, es decir durante el período que en nuestra historia se conoce como la Reforma (1855-1867), con el fin de encontrar la verdad y de otorgarles el reconocimiento a quienes verdaderamente lo merecen.

I.     BATALLA HISTÓRICA.

El Gobierno del Estado de Puebla convoca a los batallones de Guardia Nacional de la entidad.

En diciembre de 1860, al terminar la guerra de los Tres Años o guerra de Reforma, también termina para México un período casi ininterrumpido de medio siglo de guerras civiles, golpes militares e intervenciones extranjeras, el cual había empezado en 1810 con la guerra de Independencia y había dejado al país y al gobierno en gran bancarrota política pero sobre todo económica, lo que obligó al presidente Benito Juárez, en julio de 1861, a declarar la suspensión de pagos, por dos años, de la deuda exterior mexicana. Esta determinación disgustó a nuestros acreedores europeos, por lo que el 31 de octubre de 1861 los países más afectados, Inglaterra (70 millones de pesos), España (9 millones) y Francia (3 millones), se reunieron en Londres, Inglaterra, y acordaron presentarse entre diciembre y enero siguientes en México, acompañados cada uno de su respectiva fuerza armada, para formular su reclamo; nos referimos a la Convención de Londres. Por medio de negociaciones, México se comprometió a reanudar los pagos, lo que hizo desistir a ingleses y españoles. No obstante Francia, que era el país al que menos dinero se le debía, decidió quitarse la careta y evidenciar sus intenciones reales: aprovecharse de la postración política y económica de nuestro país para invadirlo y convertirlo en una colonia francesa más de las que ya tenía en los continentes africano y asiático; oportunidad que le estaba siendo ofrecida en la propia corte del emperador Napoleón III por un grupo de mexicanos conservadores, a quienes no les importaba que México retornara a la servidumbre colonial, en la cual los españoles ya lo habían tenido por tres siglos, con tal de conservar sus privilegios. La moderna servidumbre tendría la apariencia de una monarquía, encabezada por un príncipe europeo títere, Maximiliano de Habsburgo.

Luego de ser derrotado el partido conservador por el partido liberal en la guerra de Reforma, los primeros se unieron a un grupo reaccionario mexicano el cual desde hacía varios lustros conspiraba en Europa para que un monarca fuerte interviniera en México, y le devolviera a la Iglesia Católica Mexicana todos los bienes y privilegios de los cuales la habían despojado los gobiernos liberales encabezados por los presidentes Ignacio Comonfort y Benito Juárez, por sublevarse en su contra. Fue así que el emperador francés Napoleón III, sobrino de Napoleón Bonaparte y apodado “el pequeño”, a quien en realidad le interesaba detener el avance militar y comercial de los Estados Unidos de América hacia el subcontinente latinoamericano, decidió utilizar esta traición que los mexicanos reaccionarios y conservadores le hacían a su propio país para crear en México (como el monarca galo ya lo había hecho con otros países de África y Asia) una colonia francesa que sirviera para proveer a Francia de materias primas y mano de obra baratas, y de un mercado exclusivo para sus productos. Pero además, con el establecimiento en México de una colonia francesa, Napoleón III también acometería un objetivo importante: propiciar el desmembramiento prematuro de la joven Unión Americana, los Estados Unidos de América, su principal competidor comercial en Latinoamérica, derrotando rápidamente -en un año, suponía él- al ejército mexicano y llegando a la frontera norte de México, para apoyar a las

tropas sureñas en su lucha contra los estados del norte por separarse de la Unión (6). De este modo, y sin habérselo propuesto, al derrotar el Ejército Mexicano de Oriente al ejército francés en la Cd. de Puebla, el 5 de mayo de 1862, México les hizo un gran favor a los Estados Unidos de América.

En diciembre de 1861, al presentarse en el puerto de Veracruz las primeras naves extranjeras de la Convención de Londres, el Gobierno del Estado de Puebla convoca a los Distritos administrativos de la entidad para que envíen a la Cd. de Puebla sus batallones de ciudadanos obligados por la Ley (federal) de Guardia Nacional de 1855, y que de este modo los poblanos colaboren en la defensa del país (7). El primer batallón en presentarse, a fines de ese mismo diciembre, es el Batallón de Tetela, el cual viene bajo la comandancia de su segundo al mando, el Teniente Coronel Pilar Rivera (y del Tte. Corl. Ignacio López), y está integrado por

400 hombres, distribuidos en seis Compañías: 4 del Municipio de Tetela de Ocampo (este municipio, perteneciente al Distrito de Tetela de Ocampo), una de los Municipios de Zacapoaxtla y Cuetzalan, y una del flamante Municipio de Xochiapulco (estos tres últimos municipios, pertenecientes al Distrito administrativo de Zacapoaxtla) (8). El comandante principal del Batallón de Tetela es el coronel tetelano Juan Nepomuceno Méndez Sánchez, quien en ese momento se encuentra en la Cd. de Puebla, donde funge como Secretario de Gobierno y Milicias del gobierno estatal recientemente electo en octubre anterior (1861), de corte liberal, encabezado por el Gobernador Francisco Ibarra Ramos.

Como podemos apreciar, la mayoría de las Compañías del Batallón de Tetela proceden del Municipio de Tetela de Ocampo, debido a lo cual el batallón lleva dicho nombre. No obstante, por tener en ese momento su cuartel en la conservadora Villa de Zacapoaxtla (que es desde donde sale hacia la Cd. de Puebla en diciembre de 1861 al ser convocado por el gobierno estatal, y también hasta donde retornará en julio de 1862, para restituir sus fuerzas) (9), los comandantes del Ejército Mexicano de Oriente lo empiezan a denominar espontáneamente Batallón de Zacapoaxtla, que es la principal denominación usada en la correspondencia oficial del Ejército Mexicano de Oriente entre mayo y agosto de 1862 (10), como veremos más adelante.

El lugar de la batalla.

Para 1862, en el límite norte de la Cd. de Puebla existe una sola elevación denominada cerro de Guadalupe, la cual se extiende en dirección oriente- poniente. La parte oriental del cerro tiene una elevación de 105 metros sobre el nivel del valle, y en su cima se encuentra el fuerte de Guadalupe, antigua construcción religiosa que desde nuestra guerra de Independencia fue adaptada para usos militares; a partir de este punto se extiende la parte más larga de la falda del cerro, en dirección norte y noreste (aprox. 2 000 metros). En la parte poniente la elevación disminuye a 59 metros, y en el costado sur de esta, un poco abajo de la cima, se encuentra el fuerte de Loreto, antigua construcción religiosa la cual desde nuestra guerra de Independencia fue adaptada para fines militares, el

cual no puede verse desde el norte y noreste (lugar donde se ubicaron los franceses para iniciar la batalla). Entre los fuertes de Guadalupe y Loreto existe una distancia de mil metros, en cuya mayor parte se encuentra una zanja azolvada; el ancho aproximado de este espacio es de 100 m. Entre  ambos fuertes, baja un camino en dirección noreste (hacia el rancho Oropeza), el cual mide unos 1, 600 metros de longitud; al descender del fuerte de Guadalupe hacia el rancho Oropeza unos 300 metros, se encuentra una amplia grieta de cantera, de contorno circular irregular, la cual mide aproximadamente 200 metros en sentido oriente-poniente, y 150 metros en sentido norte-sur, lo cual complica el ascenso para un ejército numeroso. También entre ambos fuertes, pero más cercano a Guadalupe se encuentra el punto conocido como Aranzazú, que es donde se encumbra al cerro si se llega por la pendiente oriental y que es donde, desde muy temprano del 5 de mayo, se concentraron la mayor parte de los cuerpos mexicanos ubicados entre ambos fuertes (11). Se trata de un largo amontonamiento de tierra cuya cresta está coronada por una barrera de magueyes, y que es antecedido por un foso. La barrera de magueyes, antecedida por el foso, se encuentra entre ambos fuertes, cerca de la orilla norte de la cumbre del Cerro de Guadalupe, y cierra el paso a cualquier grupo numeroso que pretenda llegar, por el lado norte, hasta los fuertes; se trata de una de las obras defensivas que los hombres de la 2ª División, bajo el mando del Gral. Miguel Negrete, improvisaron entre la madrugada del 4 y la madrugada del 5 de mayo, para sacarle mayor ventaja a su posición defensiva (12).

El Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla en el Ejército Mexicano de Oriente.

Para el día 3 de mayo de 1862, por la noche, en que llega a la Cd. de Puebla procedente de Acultzingo, Veracruz, el Ejército Mexicano de Oriente está integrado por tres divisiones. En en su gran mayoría se trata de fuerzas de infantería y sólo un regimiento de caballería, las cuales suman 5, 430 hombres y están bajo el mando del Gral. de División Ignacio Zaragoza Seguín, quien había sido designado para tal cargo el 6 de febrero anterior (13). La 2ª División, que hasta ese día había estado bajo el mando del Gral. José María Arteaga, pasa al mando del Gral. Miguel Negrete Novoa por haber sido herido Arteaga el 28 de  abril anterior en la Batalla de Acultzingo y no encontrarse aún recuperado (14). Ese mismo día (3 de mayo, por la noche), el Gral. Negrete recibe la orden del Comandante en Jefe, Gral. Ignacio Zaragoza, de pasar a ocupar con la 2ª División la línea ubicada entre los fuertes de Guadalupe y Loreto, en la parte alta del cerro de Guadalupe, lo que se verifica la madrugada del día 4 de mayo. La 2ª División está compuesta por dos brigadas, las cuales suman 1, 200 hombres. La brigada comandada por el Gral. José Mariano Rojo queda ubicada en el fuerte de Loreto:

Batallones Fijo de Morelia, Tiradores de Morelia, 6º de Línea (o 6º de Negrete) y Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla. Y la brigada comandada por el Corl. Jesús González Arratia queda ubicada en el fuerte de Guadalupe: Batallones Cazadores de Morelia, Mixto de Querétaro y Segundo Activo de Puebla (este de Guardia Nacional). Conforme a la orden dictada por el propio Gral. en Jefe, Ignacio Zaragoza, antes de amanecer del domingo 4 de mayo, el Gral. Miguel Negrete les ordena a los cuerpos de esta línea que fortifiquen el espacio ubicado entre ambos fuertes, el cual hasta ese momento había estado militarmente muy descuidado, y que construyan trincheras y parapetos, lo que queda concluido el día 5 de mayo, lunes, temprano por la mañana (15). La anteriormente mencionada barrera de magueyes de Aranzazú, es una de las obras improvisadas por los hombres del Gral. Miguel Negrete en la cima del cerro de Guadalupe, para sacarle mayor provecho a su posición defensiva.

Para la batalla del 5 de mayo el Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla, fuerza de infantería, cuenta con 167 milicianos, los cuales están distribuidos en 6 Compañías. La primera Compañía, del Municipio de Tetela de Ocampo, cuenta con 30 milicianos comandados por el Cap. Miguel Islas; la segunda Compañía, del Municipio de Tetela de Ocampo, cuenta también con 30 milicianos, comandados por el Cap. Juan Crisóstomo Bonilla; la tercera Compañía, del Municipio de Tetela de Ocampo, cuenta con 25 hombres comandados por el Cap. Manuel Arroyo; la cuarta Compañía, del Municipio de Tetela de Ocampo, cuenta con 30 milicianos comandados por el Cap. Tomás Segura quien además es el Comandante Mayor del batallón; la quinta Compañía, de los Municipios de Zacapoaxtla y Cuetzalan, cuenta con 26 elementos comandados por el Cap. José María Huidobro y su segundo al mando el Capitán 2º Ayudante, Manuel Molina; y la sexta Compañía, del flamante Municipio de Xochiapulco, también cuenta con 26 milicianos comandados por el Cap. Juan Francisco Lucas y su segundo al mando el Cap. José Gabriel Valencia (16).

De la quinta Compañía, con 26 milicianos, 19 proceden del Municipio de Zacapoaxtla (Tetoxca 9, Xaltetela 3, Ahuacatlán 2, Comaltepec 2, Tahític 1, Atacpan 1 y Villa de Zacapoaxtla 1); y 7 del Municipio de Cuetzalan (Xocoyolo 3, Zacatipan 2 y Cuetzalan 2) (17).

Las Compañías de la 1ª a la 4ª (todas del Municipio de Tetela de Ocampo) pertenecen al Distrito administrativo de Tetela de Ocampo. Las Compañías 5ª (Municipios de Zacapoaxtla y Cuetzalan) y 6ª (Municipio de Xochiapulco) pertenecen al Distrito administrativo de Zacapoaxtla.

“En vísperas de la batalla” (un día antes), se presentan ante el comandante del Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla, el Corl. Juan Nepomuceno Méndez, dos milicianos de la Cd. de Zacatlán: El Corl. Ramón Márquez Galindo, y el hermano de este, el Capitán Vicente M. G (18). En total,

para la histórica batalla el Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla cuenta con 169 milicianos.

Preparativos para la batalla. “Columnas maniobreras”.

Ya dijimos que el 3 de mayo por la noche, en que el Ejército Mexicano de Oriente llega a la Cd. de Puebla, el Gral. Ignacio Zaragoza inmediatamente ordena que:

(a) la 2ª División, comandada ahora por el Gral. Miguel Negrete, suba al cerro de Guadalupe para ocupar la línea ubicada entre los fuertes de Guadalupe y Loreto, lo que se verifica la madrugada del 4 de mayo. Pero Zaragoza también ordena (b) que el Gral. Santiago Tapia, con fuerzas del Estado de Puebla (470 hombres, principalmente militares aunque también empleados del gobierno estatal), ocupe el interior de la Angelópolis, el cual se encuentra artillado y con una fortificación pasajera (19). (c) Zaragoza también designa cuatro “columnas maniobreras”: Primera, la Brigada de Oaxaca, bajo el mando del Gral. Porfirio Díaz. Segunda, la Brigada del Estado de México, bajo el mando del Gral. Felipe Berriozábal. Tercera, la Brigada de San Luís Potosí, bajo el mando del Gral. Francisco Lamadrid. Y cuarta, una fuerza de caballería bajo el mando del Gral. Antonio Álvarez, integrada por los Regimientos “Carabineros a Caballo” (Gral. Antonio Álvarez), “Lanceros de Oaxaca” (Tte.-Corl. Félix Díaz), “Lanceros de Toluca” (Gral. Contreras) y “Escuadrón Trujano” (Mayor Casimiro Ramírez) (20).

El día 4 de mayo, después del toque de diana, las cuatro “columnas maniobreras” se forman en la plaza de San José (ultima construcción al norte de la ciudad, situada al sur del fuerte de Loreto, frente a la Ladrillera de Xanenetla), en espera del ejército invasor. Pero a medio día, luego de ser informado Zaragoza por la pequeña fuerza mexicana que permanece en vigilancia de los franceses de que por ese día estos no se moverían de Amozoc (19 km. al oriente de la Cd. de Puebla), los integrantes de las cuatro “columnas maniobreras” son regresados a sus respectivos cuarteles, con orden de volverse a formar en el mismo lugar en cuanto escuchen un cañonazo disparado en el fuerte de Guadalupe (21).

En las primeras horas de la madrugada del 5 de mayo, los ayudantes del propio Gral. Ignacio Zaragoza se presentan en los cuarteles de las “columnas maniobreras” para conducirlas al lugar que el Cuartel General les ha asignado para la batalla. A las dos de la mañana la Brigada del Gral. Porfirio Díaz, la cual había pernoctado “con armas en pabellón” sobre la plazuela ubicada frente a su cuartel, es despertada; rápidamente se pone en pie y es guiada hacia la “Ladrillera de Azcárate”, último edificio de la parte oriental de la Cd. de Puebla, y colocada donde empieza el camino de Amozoc. Momentos después llegan la Brigada del Gral. Felipe Berriozábal (que se sitúa a la izquierda de la del Gral. Porfirio Díaz, es decir, en dirección del cerro de Guadalupe), la Brigada del Gral. Francisco Lamadrid (que se sitúa a la izquierda de la de Berriozábal), y la fuerza de caballería del Gral. Antonio Álvarez (que se coloca a la derecha de la Brigada de Díaz). Luego de ser el primero en llegar a la “Ladrillera de Azcárate”, y

“presumiendo que el enemigo estaba cerca”, Díaz destaca una cadena de tiradores a su vanguardia y forma a sus batallones en columnas paralelas. Conforme van llegando las siguientes brigadas -y suponiendo que Díaz actúa así por órdenes superiores- adoptan la misma formación (22).

Cuando ya casi amanece el Gral. Ignacio Zaragoza, acompañado de su Estado Mayor, llega a la “Ladrillera de Azcárate” y sucesivamente, empezando por la de del Gral. Porfirio Díaz, visita cada una de las “columnas maniobreras”, dirigiéndole a cada contingente una “breve alocución” que exalte su patriotismo. Además, Zaragoza da algunas órdenes, entre ellas que la artillería sea distribuida entre las cuatro “columnas maniobreras”, correspondiéndole a la Brigada de Díaz dos obuses de batalla, calibre 12. Igualmente, Zaragoza ordena que cada “columna maniobrera” retire de su respectiva vanguardia su “cadena y sostén de tiradores”, siendo estas sustituidas por una sola cadena general de tiradores la cual se coloca 400 metros adelante de las cuatro columnas “maniobreras”, en dirección hacia la Garita de Amozoc. La nueva cadena general de tiradores es en realidad el Batallón Rifleros de San Luís Potosí, comandado por el Tte.-Corl. Carlos Salazar, perteneciente a la Brigada de San Luís Potosí, comandada por el Gral. Francisco Lamadrid (23).

Distribución de las fuerzas mexicanas en la línea ubicada entre los fuertes de Guadalupe y Loreto, y primeros movimientos.

El domingo 4 de mayo, el ejército francés (5, 400 soldados) había pernoctado en el pequeño poblado de Amozoc, 19 km. al oriente de la Cd. de Puebla, de donde había salido, a pie, a las 5 de la mañana del lunes 5 (24). A las 9 de la mañana se le avista, por la polvareda que levanta y por el brillo de sus armas, hacia el oriente de la Cd. de Puebla, sobre la cima del Cerro de las Navajas (transitando sobre el camino que llega de Veracruz a la Angelópolis, el cual se ubica entre la falda sur del cerro de Amalucan y la hacienda de los Álamos), y luego del tiempo preciso para acampar y tomar un breve refrigerio en la hacienda de los Álamos (a 3.5 km. de la plazuela de Román o de los Romanes), donde establece su cuartel provisional, la mayor parte del ejército galo (4, 000 hombres) llega a la garita de Amozoc, pero después (en lugar de enfilar directo hacia la Cd. de Puebla) toma hacia la derecha y hacia el norte y se va a colocar en el rancho San José el Chico (2. 8 km. al norte del fuerte de Guadalupe), y se disponen a atacar esta fortaleza. El objetivo del comandante francés es tomar el fuerte de Guadalupe y desde dichas alturas disparar su artillería sobre la ciudad de Puebla, y hacer que el Ejército Mexicano de Oriente se rinda rápidamente. Otros 1, 000 franceses permanecen en la Garita de Amozoc, frente a la entrada oriental de la Cd. de Puebla, amagando a la fuerza mexicana que custodia dicha entrada. El resto de los franceses (400 hombres) permanecen custodiando sus carros de provisiones. Son las once de la mañana (25).

Por su parte, los mexicanos suman 5, 434 hombres; además de 470 que permanecen al interior de la Cd. de Puebla y que no tuvieron que intervenir en la batalla (26).

El Gral. Ignacio Zaragoza había supuesto que al iniciar su ataque el ejército francés trataría de penetrar directamente a la Cd. de Puebla por el mismo camino por el que había llegado, es decir por la entrada oriental, a través de la Garita de Amozoc (o Garita de Veracruz). Pero al ver que la mayoría de los galos (4, 000) marchaba hacia el nororiente para colocarse en el rancho San José el Chico, de frente al fuerte de Guadalupe, Zaragoza tuvo la certeza de que los invasores se disponían a atacar esta fortificación, y tuvo que cambiar su plan de defensa (27). Por lo tanto ordenó que:

(PRIMERO) al Gral. Felipe Berriozábal, que con la Brigada del Estado de México (1, 100 hombres) y “al trote”, subiera a la línea ubicada entre ambos fuertes para reforzar a los 1, 200 hombres de la 2ª División del Gral. Miguel Negrete, habiendo llegado los hombres de Berriozábal a su objetivo (tras recorrer unos 2 km.), antes de las 11:45 de la mañana, por la izquierda del fuerte de Guadalupe y cuando, según el propio Berriozábal, los franceses terminaban de organizarse para iniciar su ataque. En total, entre los fuertes de Guadalupe y Loreto hay 2, 300 hombres, comandados todos por el Gral. Miguel Negrete. La Brigada del Estado de México estaba integrada por los Batallones 1º Ligero de Toluca (544 hombres), 3º Ligero de Toluca (227 hombres) y Fijo de Veracruz (218 hombres). El 2º Batallón Ligero de Toluca, perteneciente también a la Brigada del Estado de México, había salido el día anterior hacia Atlixco, con la Brigada del Gral. Tomás O’Horan, para enfrentar a las tropas conservadoras del Gral. Leonardo Márquez (28).

(SEGUNDO) Zaragoza también le ordenó al Gral. Francisco Lamadrid, que con los dos batallones que le quedaban de la Brigada de San Luís Potosí (Zapadores de SLP y Reforma), y además con el Batallón de Voluntarios Tiradores Bomberos de Puebla -este último, reclutado por la fuerza un días antes en la misma Cd. de Puebla- marchara “a paso veloz” hacia el barrio de Xonaca, al pie de la falda oriental del cerro de Guadalupe, situándose el Batallón de Zapadores de SLP (453 hombres) y el Batallón de Voluntarios Tiradores Bomberos de Puebla (250 hombres) en la capilla de la Resurrección, en el Barrio de Xonaca (703 hombres); pero que el Batallón Reforma (385 hombres) se mantuviera como reserva y a la expectativa para apoyar, en caso necesario, a la 2ª División del Gral. Miguel Negrete y a la Brigada del Gral. Felipe Berriozábal, las cuales defendían la línea ubicada entre ambos fuertes (29). Es decir, en el barrio de Xonaca había 1, 088 hombres en total, cuya misión era: a) Zapadores y Tiradores Voluntarios Bomberos impedir que los franceses subieran al cerro por la parte baja de la falda oriental para llegar al fuerte de Guadalupe por la espalda de las fuerzas mexicanas que defendían dicha posición, y b) que el Batallón Reforma, cuando llegara el momento oportuno, reforzar la línea mexicana entre ambos fuertes. El Batallón Rifleros de San Luís Potosí (433 hombres), que también pertenecía a la Brigada de San Luís Potosí comandada por el Gral. Francisco Lamadrid, desde

antes de amanecer y por órdenes del propio Zaragoza, había quedado colocado en línea de tiradores 400 m. al frente de las Brigadas de los Grals. Porfirio Díaz, Felipe Berriozábal, Francisco Lamadrid y Antonio Álvarez, la cual guardaba la entrada oriental de la Cd. de Puebla, ya sobre el camino de Amozoc (junto a la “Ladrillera de Azcárate”) (30).

(TERCERO) Luego, Zaragoza ordenó que la brigada de caballería comandada por el Gral. Antonio Álvarez (550 jinetes) se dividiera en dos partes: a) Que el Regimiento de Carabineros y dos escuadrones de Lanceros de Toluca, comandados por el propio Antonio Álvarez (¿275 hombres?), se colocaran al norponiente del fuerte de Loreto, al pie de la falda del cerro, listos para actuar en cuanto se les requiriera. b) Y que el Regimiento de Lanceros de Oaxaca, el 3er. Escuadrón de Lanceros de Toluca y el Escuadrón Trujano (¿275 hombres?) formaran otra columna, la cual se colocó bajo el mando del Tte. Corl. Félix Díaz y que cubriría la derecha de la fuerza del Gral. Porfirio Díaz en la Ladrillera de Azcárate (31).

Por último, luego de que se desprendieran los 1, 100 hombres de la Brigada del Estado de México, los 1, 088 de la Brigada de San Luis Potosí, y los 275 jinetes comandados por el Gral. Antonio Álvarez, en la entrada oriental de la Cd. de Puebla (en la Ladrillera de Azcárate) solamente quedaron la Brigada de Oaxaca (1, 129 hombres), junto con el Batallón Rifleros de SLP (433); línea de 1, 562 hombres comandada por el Gral. Porfirio Díaz, ahora apoyada por la otra mitad de la Brigada de Caballería del Gral. Antonio Álvarez (275 jinetes) y comandada ya por el Teniente Coronel Félix Díaz, hermano de Porfirio Díaz. En total, en la entrada oriental de la Cd. de Puebla: 1, 837 hombres (32).

De este modo, al iniciarse los primeros movimientos de la batalla la fuerza mexicana que defiende la línea ubicada entre los fuertes de Guadalupe y Loreto queda compuesta por las dos brigadas de la 2ª División del Gral. Miguel Negrete, más la Brigada del Gral. Felipe Berriozábal. En total 10 batallones, los cuales quedan distribuidos de la siguiente manera: Como guarnición (al interior) del fuerte de Guadalupe, el Batallón Mixto de Querétaro (279 hombres); delante del fuerte de Guadalupe, cubriendo su frente y flanco derecho, los Batallones Cazadores de Morelia (52 hombres) y 2º Batallón Activo de Puebla (de Guardia Nacional, 400 hombres); luego apoyando su derecha en el fuerte de Guadalupe, el 1er. Batallón Ligero de Toluca (544 hombres); luego hacia el fuerte de Loreto el 3er. Batallón Ligero de Toluca (227 hombres) y el Batallón Fijo de Veracruz (218); luego el Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla (169 hombres), Tiradores de Morelia (40 hombres) y Fijo de Morelia (48 hombres); y por último, como guarnición del Fuerte de Loreto, el 6º Batallón de Línea (también llamado “de Negrete”;197 hombres) (33). Entre los soldados de la 2ª División del Gral. Miguel Negrete (1, 200) y la Brigada del Gral. Felipe Berriozábal (1, 100) suman  2, 300 hombres. De estos, 476 integran los dos grupos de tropa que permanecen al interior de ambos fuertes, y el resto (1, 824) permanece en la línea de batalla Pero además, en el extremo izquierdo de la barrera de magueyes de Aranzazú,

ocultos detrás de ella (cerca de los infantes, quienes permanecen “pecho a tierra”), se encuentran los 275 jinetes comandados por el Gral. Antonio Álvarez. En total, en toda la línea ubicada entre ambos fuertes se encuentran ocultos a la vista de los franceses 2, 300 infantes y 275 jinetes (34).

El Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla en la batalla del 5 de mayo.

Primer ataque. El ataque francés empieza a las 11 de la mañana, cuando sus baterías empiezan a disparar sobre el fuerte de Guadalupe. Sin embargo, durante los primeros 45 minutos de bombardeo la artillería francesa queda ubicada en el rancho San José el Chico, a 2.8 km. de su objetivo (el fuerte de Guadalupe); es decir algo retirado y en una posición que no les ha permitido a los galos causar gran daño a ninguno de ambos fuertes, ni ha neutralizado la artillería mexicana para proteger el avance de sus propios hombres. Al notar este error, el general conde de Lorencez ordena que sus baterías se adelanten unos 600 m., y estas quedan emplazadas en el rancho Oropeza; pero entonces los accidentes del terreno (principalmente dos barrancas) les impiden a los artilleros galos impactar su objetivo con efectividad, por lo que sus proyectiles pasarán por encima y no harán daños considerables a los fuertes ni habrán nulificado la artillería mexicana. Y así transcurrirán 30 minutos más, y la artillería gala desperdiciará la mitad de su dotación sin causarle daños serios a ninguno de ambos fuertes. De cualquier modo, y sin haberles proporcionado protección suficiente a sus hombres, luego de los primeros 45 minutos de fuego inefectivo de su propia artillería, a las 11:45 hs., Lorencez les ordena a sus hombres que se lancen sobre el fuerte de Guadalupe, dejándolos expuestos, al llegar a la cima del cerro, al letal fuego mexicano, el cual les causara muchas bajas y, sobre todo, haciendo depender casi totalmente del valor y capacidad militar de su infantería el éxito o el fracaso de un año de campaña (diciembre de 1861-diciembre de 1862) (35).

A las 11:45 de la mañana, los 4, 000 franceses situados en el rancho San José el Chico se encaminan para subir por la falda norte del cerro, teniendo como objetivo el fuerte de Guadalupe; mientras otros 1, 000 franceses permanecen frente en la Garita de Amozoc, a 1, 000 m. de la entrada oriental de la Cd. de Puebla, para amagar a las fuerzas mexicanas que resguardan el acceso a la capital poblana. Por órdenes del Gral. Lorencez, los 4, 000 franceses que avanzan hacia la falda norte del cerro de Guadalupe se dividen en dos columnas de infantería (tal vez de 2, 000 hombres cada una); pero solamente una de ellas continua su marcha hacia el fuerte de Guadalupe, mientras la otra permanece cerca de la base del cerro, como reserva (36).

Al notar que la primera columna francesa no tardará mucho en acercarse al fuerte de Guadalupe, el Gral. Miguel Negrete le ordena al Gral. José Mariano Rojo que forme un cuerpo “de reserva” (aparte) con los batallones Fijo de Morelia (48 hombres), Tiradores de Morelia (40 hombres) y Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla (169 hombres) el cual se adelantará al resto de la línea mexicana ubicada entre ambos fuertes; pero quedando el Sexto Batallón

aún más adelantado, a unos 700 metros al norte y abajo del fuerte de Guadalupe (sobre el declive oriental del cerro, pero no lejos de la cima), solo, para ser el primer cuerpo mexicano en enfrentar a la vanguardia invasora (es decir, a sus alas de tiradores), y que luego de chocar con ella (dispararle por sorpresa), retroceda sin perder el orden, haciendo que esta primera columna francesa se desvíe de su objetivo (el fuerte de Guadalupe) y persiga al Sexto Batallón hasta que, al encumbrar los galos, queden situados justo en medio de ambos fuertes (frente a la barrera de magueyes de Aranzazú), donde les ha preparado una emboscada con el resto de la fuerza de su línea. El Corl. Juan N. Méndez baja con sus hombres a situarse donde se les ha ordenado, y a continuación organiza su batallón en dos líneas paralelas de tiradores, para quedar de frente a la vanguardia francesa que viene subiendo por la pendiente oriental; en la primera línea, adelantándose algunos centenares de metros, están las Compañías 1ª, 3ª y 4ª, 85 milicianos  bajo el mando del propio Méndez, y en la segunda línea las Compañías 2ª, 5ª y 6ª, 82 milicianos comandados por el Tte. Corl. Pilar Rivera, segundo al mando del batallón (37).

Cuando la primera columna francesa ha cubierto dos terceras partes de su ascenso hacia el fuerte de Guadalupe, su amplia línea de tiradores se acerca a menos de 100 metros del Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla; sin embargo los franceses no pueden ver acercarse a las dos líneas de tiradores mexicanos, debido a que los galos van ascendiendo el cerro y las ondulaciones naturales del terreno les ocultan a sus enemigos. Entonces Méndez le ordena a su primera línea de tiradores que salga al encuentro de la vanguardia francesa, haciéndolo él y sus hombres a la desbandada, gritando ¡Vivas! a la patria y disparando sobre los europeos para llamar su atención e hiriendo o matando a algunos; al ver a los hombres del Sexto Batallón los franceses inmediatamente responden al fuego y se lanzan hacia ellos. Entonces los mexicanos empiezan a retroceder lentamente y sin perder el orden, permitiendo que los franceses se les acerquen a unos cuarenta pasos de distancia y acribillan a algunos de ellos, yendo estos a caer muertos a quince o veinte pasos de los mexicanos. Luego estos continúan su retroceso, sin dejar de disparar sobre sus cercanos perseguidores y sin perder el orden. Después de recorrer varios centenares de metros en retirada, la primera línea de tiradores del Sexto Batallón recibe el apoyo de su segunda línea de tiradores. No obstante, luego de que los hombres del Sexto Batallón han recorrido varios centenares de metros y se acercan de regreso a la cima del cerro la vanguardia francesa, varios centenares de suavos y de soldados de los Regimientos 1º y 2º de Marina, logra darles alcance, se arroja sobre ellos, y los rodea completamente. Al ver que han sido alcanzados y rodeados por fuerzas superiores, los hombres de Méndez se ven obligados a enfrentarse a sus enemigos. Este es el momento en que se produce el primer contacto directo entre soldados mexicanos y franceses; el comandante de la 4ª Compañía del Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla, Cap. Tomás Segura, quien también es el Comandante Mayor de dicho cuerpo, es el primer soldado del Ejército Mexicano de Oriente en salir al encuentro de los franceses (38).

En tan comprometidos momentos, el Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla logra sostenerse por varios minutos hasta que recibe el apoyo de los otros dos pequeños batallones que se habían adelantado al resto de la línea mexicana ubicada entre ambos fuerte, el Fijo de Morelia (48 hombres) y Tiradores de Morelia (40 hombres), los cuales han bajado comandados por el propio Gral. Miguel Negrete (39). Al encontrarse con el Sexto Batallón, Negrete felicita brevemente al Corl. Méndez por haber logrado el objetivo planeado de atraer sobre sí a la primera columna francesa; pero también le ordena que de inmediato haga que sus hombres se retiren del lugar y que regresen a ocultarse junto al resto de la línea mexicana, ya que no ha podido ordenar que la artillería de los dos fuertes empiece a dispararle a esta primera columna francesa, por encontrase el Sexto Batallón de por medio. Aquí, Negrete se percata de que Méndez se encuentra seriamente herido, y ordena que lo retiren debido a que la herida pone en peligro su vida (un balazo que le ha fracturado la clavícula y el omóplato izquierdos, a pesar de lo cual Méndez se empeñaba en permanecer al frente de sus hombres), siendo sustituido por el coronel zacateco Ramón Márquez Galindo (40).

A continuación, los tres pequeños batallones mexicanos logran desasirse del acoso francés y se retiran rápidamente hacia su propia línea para emboscarse, quedando ubicados tras la barrera de Aranzazú, del lado del fuerte de Guadalupe. Entonces los franceses, al ver que los mexicanos se retiran rápidamente, se van detrás de ellos persiguiéndolos, creyendo que van de huida, y desviándose ya claramente de su objetivo original (el fuerte de Guadalupe), por lo que al encumbrar se dirigen hacia la barrera de Aranzazú, atrás de la cual se encuentra emboscada la línea mexicana, y empiezan a recibir el fuego de la artillería de ambos fuertes, el cual les ocasiona rápidamente decenas de bajas. Siguiendo su marcha en dirección de la barrera de Aranzazú, varias decenas de metros más, los europeos se topan de repente con el Gral. Miguel Negrete quien, montado sobre su caballo y casi pegado a la barrera de magueyes, permanece solitario en el espacio que sus soldados acaban de abandonar y que con su presencia los desafía a que se acerquen. Los franceses siguen avanzando hacia la barrera y muchos le disparan a Negrete matando su caballo, al cual éste reemplaza por uno que le ha enviado su ayudante (quien se encuentra oculto tras un árbol a varios centenares de metros de distancia), mientras otro proyectil vuela la cabeza de la silla de la reciente montura. Ya colocada la primera columna francesa totalmente frente a la barrera de magueyes, por indicaciones de sus propios oficiales, los franceses dejan de dispararle a Negrete y empiezan a dar flanco izquierdo para dirigirse hacia el fuerte de Guadalupe (41).

La distancia entre los fuertes de Guadalupe y Loreto es de mil metros, y se supone que entre los hombres de Negrete y de Berriozábal (excepto los que se encuentran dentro de los fuertes) cubrían completamente dicha distancia. Sin embargo, creemos que desde el momento en que los comandantes mexicanos se dieron cuenta de que la primera columna francesa se acercaba, para “encumbrar” entre los dos fuertes, frente a Aranzazú, ambos comandantes debieron ordenar

que los 1, 824 infantes y 275 jinetes mexicanos que cubrían dicho espacio se concentraran y ocultaran tras la barrera de magueyes de Aranzazú. Este largo amontonamiento de tierra debió medir por lo menos unos 150 m. de longitud, de manera que existiría una buena distancia entre los Grals. Negrete y Berriozábal, por lo cual la coordinación de movimientos entre cada una de sus respectivas fuerzas ya no podía ser óptima; igualmente al tener cerca y de frente a la gran masa del ejército francés existiría cierta diferencia en la distancia y percepción del enemigo, por lo que la actuación de cada uno de estos dos contingentes mexicanos variaría un poco. El Gral. Negrete les había dado a sus hombres, la 2ª División, la orden estricta de mantenerse ocultos a la vista del enemigo, “bajo amenaza de severo castigo”, de manera que al acercarse los franceses a esta parte de la barrera de magueyes y quedar a tiro de fusil (a 40 pasos), los galos no veían a nadie más que a Negrete. Pero, repentinamente, este dio la orden a sus hombres de que se pusieran de pie y dispararan sobre los franceses, quienes fueron sorprendidos por una multitud de disparos que los acribillaban de cerca, yendo a caer muertos, por decenas, a 15 pasos de los mexicanos (42).

En cambio, los franceses que se acercaron a la parte de la barrera de magueyes atrás de la cual permanecían los hombres del Gral. Felipe Berriozábal sí podían ver a estos (por lo menos a algunos), por lo que el comandante francés de dicha sección ordenó primeramente a sus hombres que dispararan sobre los mexicanos quienes, en espera de la orden de disparar por parte de sus propios oficiales, recibieron los disparos enemigos a pie firme, y muchos cayeron (43).

Sin embargo, los franceses tampoco esperaban que hubiera tantos mexicanos ocultos tras la barrera de magueyes de Aranzazú cuyos disparos de fusilería, unidos a los disparos de la artillería de ambos fuertes, en pocos momentos les causaron gran cantidad de bajas. En cuanto los galos empezaron a caer, los milicianos del Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla fueron los primeros mexicanos en salir de la barrera de magueyes para repelerlos, y también nuevamente el Cap. Tomás Segura, comandante de la 4ª Compañía y Comandante Mayor del Sexto Batallón, fue el primer soldado mexicano en hacerlo. Además, apoyando la carga de la infantería de la 2ª División de Negrete y de la Brigada de Berriozábal, también salieron en persecución de los franceses que huían los 275 jinetes del Gral. Antonio Álvarez, los cuales también habían permanecido ocultos tras el extremo izquierdo de la barrera de magueyes. Sorprendidos de este modo, los franceses no resistieron la carga y huyeron corriendo rápidamente hacia abajo del cerro, abandonando -según el propio Gral. Miguel Negrete- más de 1, 700 mochilas (44).

Los franceses corrieron hacia abajo del cerro por varios cientos de metros, hasta donde un pliegue natural del terreno les permitía protegerse de los mortíferos disparos de la artillería mexicana y ahí, organizados en círculos de 8 hombres (“guerrillas por octavas”) y animados por sus propias tropas de auxilio que ya se acercaban (su segunda columna, la cual por órdenes del propio Lorencez se había detenido varios centenares de metros atrás, quedando de reserva), les hicieron

frente a los mexicanos que –en desorden– los perseguían; enfrentamiento en el cual los mexicanos estaban siendo en su mayoría victimados, debido a que los galos eran muy diestros en el uso de la bayoneta. Pero entonces, al percatarse el Gral. Negrete de que en el enfrentamiento cuerpo a cuerpo los mexicanos estaban llevando la peor parte, pero sobre todo de que ya se acercaba, “al trote”, la segunda columna francesa, dio la orden de retirada y todos los infantes mexicanos, como si se hubieran puesto de acuerdo, corrieron rápidamente de regreso hacia su propia línea, entre ambos fuertes. Asimismo, fue también debido a que ya se acercaba la segunda columna francesa, que la caballería mexicana del Gral. Antonio Álvarez no pudiera prolongar y tuviera que suspender la persecución que realizaba sobre los europeos. De regreso a su posición inicial, los batallones mexicanos quedaron revueltos unos con otros, pero en línea de batalla compacta (45).

Segundo ataque. Poco después de que los mexicanos comandados por los Grals. Negrete y Berriozábal se hubieran replegado rápidamente hacia su propia línea (tal vez unos veinte minutos), las dos columnas francesas destacadas sobre el cerro de Guadalupe (la que había sido rechazada y la que había quedado de reserva), menos de 4, 000 hombres en total, ya reunidas y reorganizadas, dieron un ataque simultáneo y mucho más vigoroso a las posiciones mexicanas ubicadas sobre el cerro de Guadalupe: (a) la barrera de magueyes de Aranzazú, (b) el fuerte de Guadalupe, (c) la capilla de la Resurrección, la cual estaba ubicada en el barrio de Xonaca, casi al pie de la falda oriental del cerro (a unos mil metros de distancia del Fuerte de Guadalupe), y (d) la entrada oriental de la Cd. de Puebla tratando de penetrar a la Angelópolis.

  • Una columna francesa atacó la barrera de magueyes de Aranzazú. El Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla, el Fijo de Veracruz y el 3º Ligero de Toluca se encontraban justo en medio de esta línea de batalla, la cual poco después fue apoyada por dos Compañías del Batallón Reforma de San Luís Potosí, hasta que los atacantes fueron rechazados. Cuando los franceses se retiraban de la barrera de Aranzazú, las Compañías 2ª, 4ª y un “piquete” de la 5ª del Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla, el Fijo de Veracruz, el 3º Ligero de Toluca y el Reforma de San Luís Potosí, encabezados por sus respectivos comandantes, se desprendieron de su lugar en la barrera de Aranzazú y acudieron en apoyo de los cuerpos mexicanos que defendían los muros exteriores del fuerte de Guadalupe, atacando por sus flancos a los franceses (46).
  • Fue tal el impulso y vigor del segundo ataque francés, que dichos soldados lograron atravesar el foso y berma de la fortificación de Guadalupe, y empezaron a superar los parapetos improvisados sobre los muros del fuerte por medio de escalas, y formando columnas de tres hombres, parándose unos sobre los hombros de otros y agarrándose de las bocas salientes de los cañones. Equivocadamente el Gral. Ignacio Zaragoza, debido a que contaba con poco armamento, había ordenado que las armas personales de los artilleros se

distribuyeran entre sus propios compañeros de la infantería del mismo Batallón Mixto de Querétaro, considerando que los primeros estaban suficientemente armados con sus cañones; y debido a esto dichos “artilleros no podían rechazar el asalto de los franceses sino utilizando solamente sus escobillones y palancas de maniobra” (47).

Ante el tremendo ímpetu de los soldados franceses, quienes ya habían penetrado en buena cantidad en el fuerte de Guadalupe, la infantería del Batallón Mixto de Querétaro (el cual en su mayor parte estaba integrado por habitantes de la Angelópolis, quienes habían sido reclutados por la fuerza a partir del día 3 de mayo anterior, en que el Ejército Mexicano de Oriente había llegado a dicha ciudad) abandonó a sus pelotones de artilleros y huyó, corriendo en desorden, hacia adentro del templo que coronaba el fuerte de Guadalupe, para esconderse de los galos (48). Este baluarte habría caído en manos francesas, si una parte de las fuerzas de los Grals. Negrete y Berriozábal (ubicadas tras la barrera de magueyes de Aranzazú) no hubieran abandonado sus parapetos para acudir en apoyo de los defensores de los muros exteriores del fuerte de Guadalupe, atacado a los asaltantes por sus costados, y por el movimiento que hicieron dos Compañías del Batallón Reforma de SLP (tal vez 200 hombres) por el oriente del fuerte, atacando “a pecho descubierto” a los asaltantes que ocupaban el foso y berma de la fortificación. Aprovechando esta circunstancia, el Corl. Jesús González Arratia, comandante del Batallón Mixto de Querétaro, se dirigió hacia la iglesia situada en medio del fuerte de Guadalupe, a donde se habían ido a esconder muchos de sus infantes huyendo ante el gran empuje francés, y de donde no los había podido sacar, “sin embargo de haber matado a tres con su (propia) espada”, haciéndoles notar que en ese momento el enemigo huía y era perseguido por el Batallón Reforma de SLP. Entonces, los desmoralizados infantes del Batallón Mixto de Querétaro salieron de la iglesia y coronaron nuevamente las trincheras que poco antes habían abandonado, haciendo un vivo fuego sobre los franceses que se replegaban, en los mismos momentos en que dos Compañías del Batallón Reforma de SLP por la derecha, y los Batallones 3º Ligero de Toluca y el Fijo de Veracruz por la izquierda, le hacían fuego al enemigo “a pecho descubierto y a cortísima distancia”. Según el Gral. Porfirio Díaz, en sus “Memorias”, esta reacción combinada determinó no sólo la derrota, sino también la fuga precipitada del enemigo hacia abajo del cerro y decidió ese día la suerte de la batalla (49).

Pero además, al empezar a huir hacia abajo del cerro de Guadalupe las columnas francesas rechazadas de la barrera de Aranzazú y del fuerte de Guadalupe, ahora sí reciben una carga de dos cuerpos de caballería comandados por el Gral. Antonio Álvarez; los cuales, como ya dijimos, se encontraban tras el extremo izquierdo de la barrera de Aranzazú, esperando el momento oportuno para arremeter sobre el enemigo y perseguirlo. Se trata de una de las dos partes en que, poco después de que empezara la batalla, fue fraccionada la brigada de caballería del Gral. Antonio Álvarez (Regimiento de Carabineros que mandaba el propio Álvarez, y dos escuadrones de Lanceros de Toluca). Dicha carga de

caballería fue apoyada por 2 Compañías del Batallón Reforma de SLP, encabezadas por el propio comandante del batallón, el Tte.-Corl. Modesto Arriola (50).

Esta fuerza incluía 150 policías y guardias rurales voluntarios, comandados por el Tte. Corl. José Solís, quien en dicha acción perdió el brazo derecho. Los jinetes mexicanos llegaron gritando: “¡Almonte!, ¡Almonte!”, para engañar a los franceses y que estos les abrieran sus filas y, ya al interior de las filas galas, empezaron a diezmar a sus enemigos y, apoyados por la artillería de ambos fuertes, los replegaron y persiguieron hacia abajo del cerro (51).

  • Al mismo tiempo que el gran ímpetu del segundo ataque francés lograba superar los muros y penetrar en el fuerte de Guadalupe, también lograba lo mismo en la capilla de la Resurrección (ubicada en el barrio de Xonaca, casi al pie de la falda oriental del cerro de Guadalupe), la cual contaba con una fortificación improvisada ocupada por el Batallón Zapadores de SLP (453 hombres), bajo las órdenes del Teniente-Corl. Miguel Balcázar. En ese momento, también bajo las órdenes de Balcázar, se encontraba otro batallón de 250 hombres, reclutado en su totalidad por la fuerza en la Cd. de Puebla dos días antes, denominado Voluntarios Tiradores Bomberos de Puebla (sic). Con el concurso de estos dos batallones y de la otra parte del Batallón Reforma de SLP (tal vez 200 hombres), perteneciente a la Brigada de San Luís Potosí, los mexicanos situados en la Iglesia de la Misericordia y en otro templo del barrio de Xonaca (903 hombres en total), lograron rechazar a la mayoría de los suavos que intentaban subir al cerro por la parte oriente para atacar la espalda de los defensores mexicanos del fuerte de Guadalupe, habiéndoles incluso quitado una bandera-guión, la cual al día siguiente se colocó en el frontispicio de la Iglesia de los Remedios. Luego de rechazar a los suavos, los Zapadores de SLP y los Voluntarios Tiradores Bomberos se encontraban formados en columna en la orilla oriental del barrio de Xonaca, cuando su comandante, el Tte.-Corl. Miguel Balcázar, recibió la orden del Gral. Porfirio Díaz para que con sus soldados apoyara al ala izquierda de sus fuerzas, las cuales acababan de rechazar a los 1, 000 franceses que habían intentado penetrar a la Cd. de Puebla por el camino de Amozoc, y que en ese momento eran perseguidos hacia los terrenos de la hacienda de Rementería (52).
  • Por último, según el Gral. Porfirio Díaz en sus Memorias, al mismo tiempo que el general conde de Lorencez había ordenado el avance de la segunda columna francesa en auxilio de la primera que había sido rechazada en la barrera de Aranzazú, sobre el cerro, también ordenó la movilización de la Infantería de Marina, Cazadores de África y Cazadores de Vincennes, columna de 1, 000 hombres que se había situado en la entrada oriental de la Cd. de Puebla, específicamente en la Garita de Amozoc (o Garita de Veracruz), y la cual marchaba sobre el llano y plantío de cebada, atacando las posiciones ocupadas “sobre la carretera” por las fuerzas del Gral. Porfirio Díaz. Es decir, este ataque francés en el llano era simultáneo con el segundo ataque francés a las tres posiciones mexicanas del cerro de Guadalupe. Cuando los franceses que atacaban por el llano intentando penetrar a la Angelópolis estuvieron muy cerca de

la fuerza del Gral. Porfirio Díaz y los disparos de su cadena de tiradores hacían graves perjuicios no sólo a la cadena mexicana de tiradores, formada por el Batallón Rifleros de SLP (433 hombres), sino a las columnas mismas, Díaz ordenó que la cadena general de tiradores del Batallón Rifleros se retirara “al trote” y por los flancos e hizo que avanzaran, en columna y “al trote”, los Batallones “Guerrero” (320 hombres), “Morelos” (588 hombres), “1º de Guardia Nacional de Oaxaca” (140 hombres) y “2º de Guardia Nacional de Oaxaca” (81 hombres), y en pos de ellos dos obuses calibre 12 e incluso el propio Batallón de Rifleros, el cual se reorganizaba atrás del puesto de mando de Díaz (es decir 1, 562 infantes en total). Entonces, al sentir el fuego de los dos obuses y de toda la columna de Porfirio Díaz, el invasor francés “volvió caras”. Todo esto sucedió “muy pocos momentos antes de que fueran rechazados los galos que atacaban el fuerte de Guadalupe”. En dichos instantes el Gral. Porfirio Díaz le ordenó al Tte. Corl. Félix Díaz que con su fuerza de caballería (Regimiento de Lanceros de Oaxaca, 3º Escuadrón de Lanceros de Toluca y Escuadrón Trujano; 275 jinetes) cargara “al sable” sobre el enemigo que huía, haciéndolo dicha fuerza con tal brío que le causó mucho destrozo. Pero como esta persecución era por la falda oriental del cerro de Guadalupe, casi sobre el barrio de Xonaca, los 1, 000 galos que huían rechazados de la entrada oriental de la Cd. de Puebla se empezaron a juntar con los franceses prófugos del cerro de Guadalupe, formándose una fuerte masa enemiga que empezaba a oponer seria resistencia. Sin embargo, la fuerza del Gral. Porfirio Díaz seguía avanzando, mientras los galos se veían obligados a retroceder, debido a que Díaz les acercaba muchos más tiradores y aumentaba el fuego de sus cañones, los cuales lo hacían mientras ganaban terreno. Como dijimos poco antes, fue en esos momentos que, a la izquierda de la fuerza mexicana de Díaz y sobre la falda oriental del cerro de Guadalupe (a la orilla del barrio de Xonaca), estaban formados en columna el Batallón Zapadores de SLP (453 hombres) y el Batallón de Voluntarios Tiradores Bomberos de Puebla (250 hombres; es decir 703 hombres en total, comandados ambos cuerpos por el Tte.-Corl. Miguel Balcázar, los cuales acababan de hacer la defensa exitosa de la capilla de la Resurrección y el barrio de Xonaca, a quien Díaz le ordenó que apoyara el flanco izquierdo de su columna, la cual perseguía tanto a los franceses que bajaban huyendo del cerro de Guadalupe como a los que huían rechazados de la entrada oriental de la Cd. de Puebla hacia los terrenos de la hacienda de Rementería; y así se ejecutó siendo este el único apoyo que, dice el propio Díaz, recibió de las fuerzas mexicanas que operaban sobre el cerro de Guadalupe (53).

Sin embargo, cuando el total de la fuerza mexicana reunida por el Gral. Porfirio Díaz en la entrada oriental de la Cd. de Puebla (2, 540 hombres) perseguía a los franceses más allá de la hacienda de Rementería, alejada a más de 2.5 km. de la artillería de ambos fuertes y sin la posibilidad de recibir ayuda rápida en caso necesario, Díaz recibió dos veces la orden terminante del propio Comandante en Jefe mexicano, el Gral. Ignacio Zaragoza, para que detuviera la persecución; y que en caso de que desobedeciera se enfrentaría a un tribunal militar. La orden perenetoria de Zaragoza se debía a que este -desde su puesto de mando, en las bóvedas de la iglesia de Los Remedios- se había percatado de que en el rancho San José el Chico, se empezaban a concentrar varios miles de franceses,

cantidad muy superior a la fuerza de Díaz. Y no queriendo Zaragoza exponerse a una derrota prematura y total del Ejército Mexicano de Oriente, la cual le dejara al ejército francés el camino libre hacia la Cd. de México, por eso emitió dos veces la orden terminante de que el general oaxaqueño detuviera la riesgosa persecución. Pero a pesar de esto, Díaz ordenó que la persecución continuara hasta 700 m. antes del rancho de San José el Chico, donde dejó completamente desorganizados a los franceses (antes de las 2 de la tarde). Y al terminar la jornada, como a las 7 de la noche (es decir, hasta varias horas después), Díaz se presentó ante el Gral. Zaragoza, en el fuerte de los Remedios, para explicar su conducta: si detenía la persecución en el momento que se le ordenaba, la columna gala que huía rechazada de la entrada oriental de la Cd. de Puebla (1, 000 hombres), reforzada por la columna gala que descendía huyendo del cerro (por lo menos otros 2, 000 hombres), habrían atacado a su columna (2, 540 hombres), pero sin la posibilidad para esta de recibir apoyo oportuno desde sus propias líneas, las cuales habían quedado muy atrás (54). Seguramente debido al contundente y exitoso ataque de la fuerza del Gral. Porfirio Díaz, ataque que al final de la jornada se rebelaría como muy importante en la victoria final del ejército mexicano, Zaragoza se olvidó del asunto.

Intento de tercer ataque y retirada definitiva de los franceses. Para antes de las 2 de la tarde, por segunda vez los franceses habían sido completamente rechazados tanto del cerro de Guadalupe como de la entrada oriental de la Cd. de Puebla, e incluso habían sido replegados y perseguidos a través de casi 3 kilómetros, hasta 700 m. antes del rancho San José el Chico, donde las tropas del Gral. Porfirio Díaz los habían dejado completamente desorganizados. Entonces, desesperado por sus dos anteriores fracasos, el general conde de Lorencez reorganizó a sus más de 4, 000 hombres en una sola columna, la cual enfiló decididamente hacia el cerro, para atacar la barrera de Aranzazú y el fuerte de Guadalupe. No obstante, a las 2:30 de la tarde, mientras su columna se encontraba en marcha, se desató una fuerte tormenta de lluvia con granizo y relámpagos la cual oscureció el campo de batalla, pero principalmente enlodó el suelo y volvió resbalosas las pendientes del cerro, provocando las continuas caídas de los galos. A pesar de la lluvia, para antes de las 4 de la tarde los primeros grupos de la audaz columna francesa (tal vez entre 2 ó 3 mil hombres) habían logrado llegar hasta la barrera de Aranzazú. Sin embargo, una parte de la columna francesa todavía se encontraba en camino, debido a que el suelo enlodado les impedía avanzar regularmente. Es decir, que no toda la columna francesa lograría llegar a la barrera de Aranzazú de donde, a las cuatro de la tarde, fueron rechazados, dirigiéndose luego los Cazadores de Vincennes y Suavos hacia el fuerte de Guadalupe, logrando superar los fosos y muros. Aunque finalmente fueron rechazados por los defensores, quienes incluso salieron de la fortaleza a batir a sus atacantes, haciéndoles 30 muertos y algunos heridos. De este modo, el general conde de Lorencez se vio obligado a ordenar el regreso de sus soldados a su punto de partida en el rancho San José el Chico, y a las 6 de la tarde hacia su cuartel provisional en la hacienda de los Álamos, declarando así su derrota de ese día. En el campo mexicano todo era alegría ante el inesperado

triunfo; sonaban las campanas de la catedral y todas las bandas de guerra tocaban diana (55).

Los franceses reportaron 177 muertos, 305 heridos y dispersos, y 25 prisioneros. Con todo y la superioridad tecnológica y en capacitación profesional de los galos, las pérdidas mexicanas fueron la mitad de las francesas: 83 muertos, 132 heridos y 12 dispersos (56).

A pesar del papel tan comprometido que desempeñó durante la batalla, el Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla solamente sufrió 6 muertos (1 de Tetela; 3 de la 5ª Compañía de Zacapoaxtla y Cuetzalan; y 2 de la 6ª Compañía de Xochiapulco) y 4 heridos (de Tetela) (57), lo cual refleja la experiencia de sus hombres, adquirida durante la guerra de Reforma.

II.                  ERROR HISTÓRICO. NACE EL MITO.

Un error, basado en una confusión que nunca fue aclarada. Poco después de la histórica batalla, una declaración del Gral. Miguel Negrete “en distintos periódicos” le atribuye al “Batallón de Zacapoaxtla”, comandado por “el patriota

D. Juan N. Méndez”, el mérito de haber sido el primer cuerpo del Ejército Mexicano de Oriente en enfrentar al ejército francés (58). Esto, a pesar de que en su informe oficial del día 6 de mayo, el Gral. Negrete denomina al mismo cuerpo  6º de Puebla, 6º Batallón de Puebla o 6º Nacional de Puebla; agregando que dicho cuerpo fue también el primero del ejército mexicano, luego de que los galos cayeran en una emboscada, en salir de su parapeto para rechazar y perseguir al enemigo (60). Sin embargo, estas afirmaciones del Gral. Negrete -comandante improvisado de la 2ª División del Ejército de Oriente- las cuales nunca fueron acompañadas de la necesaria aclaración, dieron lugar a que con el tiempo tanto nuestros historiadores como nuestros comunicadores les atribuyeran a los habitantes de la entonces Villa y hoy Ciudad de Zacapoaxtla un mérito ajeno.

En realidad, el Gral. Miguel Negrete se refería al Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla, que era su nombre oficial, el cual contaba con dos terceras partes de milicianos del entonces Distrito administrativo de Tetela de Ocampo y una tercera parte perteneciente al entonces Distrito administrativo de Zacapoaxtla, pero cuyo cuartel para el momento de la histórica batalla se encontraba ubicado en la conservadora Villa de Zacapoaxtla (61).

Pero, ¿por qué entre mayo y agosto de 1862 las fuerzas liberales de Tetela de Ocampo, de Xochiapulco, de Zautla, del propio municipio de Zacapoaxtla, e incluso una pequeña fuerza de Zacatlán, permanecían acuarteladas en la conservadora Villa de Zacapoaxtla, y no en sus propias poblaciones? Respuesta: para evitar las continuas sublevaciones de los habitantes de la Villa de Zacapoaxtla y de la Villa de Tlatlauhqui en favor del partido reaccionario o conservador, como probaremos a continuación (62).

III.      ZACAPOAXTLA: DEL MITO A LA REALIDAD.

La Villa de Zacapoaxtla antes de la batalla del 5 de mayo.

Diferencias entre las poblaciones de la Sierra Norte de Puebla al empezar México su vida independiente. Como consecuencia de tres siglos de colonialismo español, la sociedad mexicana de principios del siglo XIX era muy católica y estaba completamente dominada por el pensamiento religioso. Las personas vivían agobiadas por decenas de “preocupaciones” (religiosas) (63), inculcadas por los ministros de la Iglesia Católica, la principal de las cuales era el castigo divino por los pecados cometidos en esta vida y el temor de que sus almas pecadoras -al morir- se fueran al infierno. Y en vista de que en su ignorancia las personas  creían que verdaderamente el cura tenía las llaves del cielo y del infierno, le obedecían ciegamente (64), y antes de morir les dejaban a las cofradías de la Iglesia Católica un legado, según sus posibilidades económicas, en capitales o en bienes raíces para que el cura y los fieles rezaran por la salvación de sus almas. Luego de tres siglos de recibir donaciones de particulares -y también del gobierno colonial, incluyendo a la Inquisición- la Iglesia Católica novohispana se había convertido en propietaria de inmensas riquezas económicas y de un gran poder político (65); recursos que, ya durante el México independiente, la Iglesia utilizaba para derrocar a los gobiernos que, al tratar de mejorar a la sociedad mexicana, afectaban sus intereses. Asimismo, por medio de la práctica abusiva de su ministerio, los curas se habían convertido en los individuos más ricos e influyentes de sus propias comunidades (66).

Sólo un pequeño grupo de individuos en las poblaciones más importantes, los liberales-(franc)masones, sobreponiendo la razón a la fe y la convicción ante las amenazas (de ser excomulgados e ir al infierno), se reunían para pensar en la mejor manera de acabar con los abusos de quienes decían ser los representantes de Dios en la tierra (67). Para evitar ser denunciados y encarcelados por oponerse al gobierno en aquellos primeros años de nuestra vida independiente, dichas reuniones eran secretas, y por eso también se les conocía también como sociedades secretas.

Fue así que los liberales planearon expropiar a la Iglesia Católica, pues estaban convencidos de que tanto dicha institución como sus ministros religiosos no necesitaban poseer grandes cantidades de riquezas materiales ni poder político para la práctica del ministerio cristiano. Sin embargo, al decretar los gobiernos liberales las primeras Leyes de Reforma -que expropiaban a la Iglesia Católica-, entonces los curas les hicieron creer a sus feligreses, la inmensa mayoría de los mexicanos, que dichas leyes eran una atentado contra Dios y contra la libertad personal (de creencia religiosa) de los individuos, y de este modo los arrastraron a la guerra contra el gobierno liberal (68). Los liberales-francmasones no odiaban a Dios ni querían eliminar la religión, sólo querían que los sacerdotes católicos se limitaran exclusivamente a la práctica del ministerio cristiano, abandonado toda

ambición de riqueza material y de poder político; y que los curas dejaran de considerar su ministerio como un simple negocio (69).

Desde la guerra de Independencia (1810-1821) se habían establecido diferencias entre las principales poblaciones de la Sierra Norte de Puebla. Algunas, como Zacatlán (con sus Subdelegaciones de Huauchinango y Tetela de Xonotla), habían apoyado al movimiento insurgente, mientras que otras como San Juan de los Llanos, Zacapoaxtla y Tlatlauhqui habían apoyado a la corona española para reprimirlo (70).

Estas últimas poblaciones, que se caracterizaban principalmente por su prosperidad económica, debido a lo cual habitaban en ellas una buena cantidad de españoles, también se caracterizaban por la gran influencia de la religión católica sobre el pensamiento de sus habitantes, pero sobre todo por la injerencia directa que los curas ejercían sobre la vida social y política de la población y de las autoridades de cada poblado, monolingües y analfabetas, para inducirlos a defender los intereses del virreinato, y concretamente los de la Iglesia Católica (71).

La Villa de Zacapoaxtla en contra de la Independencia. Para la época de la guerra de Independencia (1810-1821), en la Villa de Zacapoaxtla existía una buena cantidad de familias españolas, debido a la importancia económica que dicho lugar había adquirido desde fines del siglo XVIII y por lo cual se le consideraba “llave de la serranía poblana”, debido a los productos agrícolas y ganaderos que bajaban desde la parte oriental de la Sierra y el intercambio establecido con los comerciantes que circulaban entre la costa atlántica (Tuxpam, Tecolutla y Nautla, Estado de Veracruz) y las Ciudades de Puebla y México. Había familias españolas de administradores, de militares y de comerciantes. Pero sobre todo había tres curas españoles, apodados “curas brigadieres” o “curas militares y alcabaleros”, quienes habían sido impuestos directamente por la propia Intendencia de Puebla con el claro propósito de sostener las políticas colonialistas de la corona española, impidiendo todo brote independentista de las poblaciones criolla, mestiza e indígena. Fue por esta razón que dichos “curas brigadieres” o “curas militares y alcabaleros” -haciendo a un lado los tibios afanes de algunas familias criollas y mestizas zacapoaxtecas por la Independencia- de manera sorda e intransigente, indujeron a la mayoría de la población de esa Subdelegación, indígenas y mestizos de “peculiar piedad religiosa, ritualista y disciplinada”, para comprometerse militarmente con las tropas virreinales, organizando su milicia ciudadana, en contra de las poblaciones insurgentes de la Sierra, como Zacatlán, Tetela de Xonotla y Huauchinango (72). Por esta última anotación, sobra argumentar mayormente sobre la gran influencia que tenían los curas católicos sobre todos los aspectos de la vida de los zacapoaxtecos, tanto entre la “gente de razón” (españoles, criollos y mestizos) como entre la inmensamente mayoritaria población indígena.

Zacapoaxtla en favor de la reacción. Durante las décadas posteriores a  la guerra de Independencia, es decir entre 1821-1855, las tendencias ideológicas en la Sierra Norte de Puebla se mantuvieron prácticamente iguales que durante la época colonial y la guerra de Independencia. En el caso de la Villa de Zacapoaxtla todo indica que, a pesar de haberse declarado la Independencia en 1821, las familias de origen español-peninsular continuaron imponiéndose sobre las tímidas familias criollas, mestizas e indígenas, tanto de su propio municipio, Zacapoaxtla, como también a las familias de los otros municipios indígenas de su región administrativa (Xochitlán, Cuetzalan y Nahuzontla). Como lo venían haciendo desde la época colonial, dichas familias mantenían estrechas relaciones con el Obispado de Puebla y manifestaban gran aversión a todo aquello que afectara su propia situación privilegiada (73). Su forma de gobernar y administrar la región se caracterizaba por la corrupción en el manejo de los recursos y rentas municipales, y por el orgulloso desprecio y arbitrariedad con los cuales trataban al resto de la población, en su inmensa mayoría indígena, todo lo cual se traducía en innumerables injusticias hacia ésta. Por su parte, los curas eran cómplices e incluso protagonistas de dichas administraciones, y a su vez tenían cargada a la población indígena de contribuciones y servicios religiosos obligatorios, en cuyo cobro eran intransigentes y para lo cual recibían el apoyo de la autoridad civil. Este era el caso también de las cabeceras distritales vecinas de Tlatlauhqui, Zautla y San Juan de los Llanos. Para fines de la década de 1850 en Tlatlauhqui, calificado de “levítico” y “místico” ya que parecía más un monasterio que un centro poblacional, el cura Ramón Vargas López manejaba los hilos de la región a través de su testaferro, el indígena Cenobio Cantero, capitán y comandante de la  Guardia Nacional de Atagpan (Municipio de Zacapoaxtla), el cual encabezaba un numeroso grupo de jinetes bien montados y armados, cuyo principal propósito era impedir que las Leyes de Reforma, que afectaban los bienes y los intereses de la Iglesia Católica, se aplicaran en Tlatlauhqui y Zacapoaxtla (74).

1ª Sublevación reaccionaria de la Villa de Zacapoaxtla. Presencia española. En agosto de 1855 triunfa el movimiento liberal de Ayutla, encabezado por los generales Juan Álvarez e Ignacio Comonfort, que termina con la dictadura militar santanista la cual descaradamente se había puesto al servicio de la jerarquía católica y de la oligarquía mexicanas. En octubre siguiente, dicho gobierno liberal emite dos decretos: (a) al convocar al Congreso Constituyente, priva a los miembros del clero católico del derecho al voto, y (b) declara nulos los fueros eclesiástico y militar en los asuntos civiles. Esto hace que en diversas partes de la república estallen sublevaciones en contra del gobierno liberal del presidente Comonfort, al grito de “Religión y Fueros”, encabezadas por militares de alta graduación del ejército federal y por sacerdotes católicos, de las cuales la más importante se da en la Villa de Zacapoaxtla, el 12 de diciembre de 1855. En los primeros días de enero de 1856, las fuerzas militares pronunciadas en la Villa de Zacapoaxtla y la milicia ciudadana zacapoaxteca invaden las poblaciones de Tetela del Oro, Zacatlán y Huauchinango para obligarlas a pronunciarse en favor de la reacción y en contra del gobierno liberal. Luego de que en las siguientes semanas de enero de 1856 las fuerzas reaccionarias se posesionaran de la Cd.

de Puebla y de que el 23 de marzo siguiente fueran derrotadas por las fuerzas federales comandadas por el Gral. Ignacio Comonfort, entre los prisioneros se encuentran 52 individuos del batallón formado por ciudadanos de Zacapoaxtla y Tlatlauhqui. Pero el 20 de marzo, los habitantes de las Villas de Zacapoaxtla y Tlatlauhqui se sublevan en el mismo sentido, aunque son sometidos una semana después por fuerzas liberales de Guardia Nacional provenientes de Teziutlán y del Estado de Veracruz, las cuales persiguen a los sublevados hasta el límite con el Estado de Veracruz; entre los 10 prisioneros reaccionarios capturados el 7 de abril de 1856, en el rancho El Entabladero, en Espinal (Cantón de Papantla, Veracruz), se encuentran 7 españoles. De nuestra región, entre otros, estuvieron involucrados: el cura de Zacapoaxtla (Francisco Ortega y García), el cura de Tetela (Juan Nepomuceno Diez de Bonilla), el cura de Zapotitlán (Venancio Gabino López), el cura Salvador Juárez (o Juan Alza), y el cura norteamericano Juan G. Panher (75).

2ª Sublevación reaccionaria de la Villa de Zacapoaxtla. Luego de haber sometido la primera sublevación reaccionaria en los Estados de Veracruz y Puebla y en el Territorio de Tlaxcala, en marzo de 1856 el presidente Ignacio Comonfort declara la intervención de los bienes de la Iglesia Católica de estas tres diócesis, para pensionar a las familias de las víctimas de la guerra. Pero además, el 25 de junio de 1856 el gobierno de Comonfort promulga la ley de desamortización de los bienes eclesiásticos y de las corporaciones civiles, la cual obliga a la Iglesia Católica a deshacerse de sus propiedades raíces, pero también a las comunidades indígenas para que dejen de poseer comunalmente sus terrenos. Entonces, en octubre de 1856, nuevamente militares de alta graduación del ejército federal y sacerdotes católicos encabezan sublevaciones a lo largo de las tres entidades mencionadas y en el resto del país, en contra del gobierno liberal del presidente Ignacio Comonfort. El 22 de octubre de 1856, nuevamente se sublevan los habitantes de las Villas de Zacapoaxtla y Tlatlauqui. Esta milicia ciudadana reaccionaria invade de nueva cuenta Tetela del Oro, para castigar al grupo liberal de su población. No obstante, son sometidos dos meses después por tropas liberales venidas del Estado de Veracruz, de Zacatlán, de Teziutlán, y por los indios cuatecomacos (del futuro Municipio de Xochiapulco) los cuales se han sumado ya a las fuerzas liberales de Guardia Nacional de la Sierra Norte de Puebla. De nuestra región, entre otros, estuvieron involucrados: once clérigos concentrados en Tlatlauhqui (quienes promovían la revuelta entre las poblaciones indígenas, a las cuales procuraban armar), nuevamente el cura de Zapotitlán (Venancio Gavino López), el cura de Tuzamapa (José María Orduña), el cura de Jonotla (Benito Baz), el cura de Tepeyahualco, el cura de Cuyoaco, el cura de Aquixtla (de apellido Castilla) y el cura apellidado León, de Chignahuapan (seguramente se trata de Saturnino Ponce de León) (76).

En cuanto a las tierras comunales indígenas, el gobierno liberal tiene la intención de que se fraccionen, para que luego de que a cada individuo se le asigne una porción que solvente las necesidades de una familia, el resto se venda para propiciar la circulación capitalista de estas tierras las cuales hasta ese momento

permanecían subutilizadas. Aunque en la Sierra Norte de Puebla dicha ley tendrá que esperar hasta el fin de la Intervención Francesa para empezar a aplicarse generalizadamente, su promulgación alarma a la gran mayoría de las comunidades indígenas, lo cual es aprovechado por los reaccionarios zacapoaxtecos y por los curas católicos para ponerlos en su favor y en contra de las reformas anticlericales del gobierno liberal y del enlistamiento obligatorio de hombres en la Guardia Nacional. Esto hará que durante las guerras de Reforma e Intervención Francesa la mayoría de las poblaciones indígenas de la Sierra Norte de Puebla, al igual que lo vienen haciendo desde la guerra de Independencia, se nieguen a apoyar a los gobiernos liberales y republicanos, y a enlistarse en la Guardia Nacional (77).

La Villa de Zacapoaxtla se subleva dos veces durante la guerra de Reforma. Luego de las leyes promulgadas en 1856 en contra del clero católico, y de que en febrero de 1857 se promulgara la Constitución liberal de 1857 y que todos los empleados al servicio de los gobiernos nacional, estatales y municipales fueran obligados a jurarle obediencia, se sublevan muchas poblaciones en toda la República Mexicana, lo cual es instigado por los curas y por los altos mandos del ejército federal. El 17 de diciembre de 1857 en Tacubaya, Cd. de México, se subleva -en contra del gobierno liberal del presidente Ignacio Comonfort-  al  frente de su brigada el general conservador Félix Zuloaga; y al día siguiente lo secunda el Gral. Miguel María Echegaray en la Cd. de Puebla, lo que obliga al gobernador liberal, el Gral. Miguel Cástulo de Alatriste, a abandonar la Angelópolis en dirección de la Sierra Norte de Puebla. Para mediados de 1858, la mayoría de las plazas importantes del Estado de Puebla, incluidas las de la Sierra Norte, han caído en manos de los conservadores. Entonces, el 22 de julio de 1858 nuevamente se sublevan los habitantes de la Villa de Zacapoaxtla (encabezados por su milicia ciudadana), ahora en contra del gobierno liberal del presidente Benito Juárez, aunque son de nueva cuenta sometidos el 15 de febrero de 1859 por fuerzas liberales de Guardia Nacional de Tetela del Oro, Huauchinango, Ixtacamaxtitlán y Cuatecomaco (78).

Ya el 4 y el 7 de febrero de 1859 las milicias liberales mencionadas habían intentado apoderarse de la Villa de Zacapoaxtla, aunque habían fracasado. No obstante, en el intento del día 7 cayó prisionero de ellos el cura de Zapotitlán, Venancio Gavino López (seguramente por instigar la sublevación reaccionaria entre los pueblos indígenas de Huitzilan y Zapotitlán; pertenecientes al Partido administrativo de Tetela desde diciembre de 1855). Entonces el mismo 7 de febrero, el Lic. Pascual Ángeles Lobato, uno de los principales organizadores de la sublevación reaccionaria, le escribe a dicho cura y le recomienda que “…se muestre siempre con valor y resignación y sin acobardarse, conformándose por lo dispuesto por la providencia divina que tal vez quiere castigar nuestros pecados en esta vida para entrar salvos a la otra”. Para el 19 de marzo siguiente, también está preso de los liberales el cura de Zacapoaxtla, Trinidad Mayorga, por ser uno de los principales instigadores contra el gobierno liberal. En respuesta, se le han enviado al coronel tetelano Juan N. Méndez, comandante de los liberales, cartas de recomendación del exgobernador Juan Múgica y Osorio y la propuesta de que

“podría disponer de algunos cortos intereses”, a cambio de que libere al cura de Zapotitlán. Pero Méndez contesta por escrito, secamente, que dicho cura “será juzgado” (seguramente por un tribunal militar), y que entonces se decidirá si es culpable o inocente. Otro cura que permanece prisionero del Corl. Méndez, por idénticos motivos, es el cura de Tetela del Oro, Toribio Jiménez, capturado en agosto de 1858 al retomar los liberales dicha población, la cual días antes había caído en manos de los reaccionarios de la región (79).

Luego de que el 15 de febrero de 1859 los liberales ocupan la Villa de Zacapoaxtla, y en vista de que la Cd. de Puebla y otras que se encuentran en el camino hacia el puerto de Veracruz (sede del gobierno constitucional, encabezado por Benito Juárez ) se encuentran ocupadas por el ejército conservador, y para tener asegurada la comunicación rápida con la costa del Golfo de México y poder ser aprovisionados de material bélico por mar (desde el puerto de Veracruz, vía Nautla, Papantla, Tenampulco, Jonotla), los principales comandantes del movimiento liberal en la entidad poblana, el Gral. Miguel Cástulo de Alatriste, Gobernador y Comandante Militar, y el Corl. Juan N. Méndez, Prefecto y Comandante Militar del Departamento de Zacatlán, el 15 de junio de 1859 establecen la sede provisional del Gobierno del Estado de Puebla en la Villa de Zacapoaxtla, la cual estará apoyada por una Brigada de Guardia Nacional, con su respectivo cuartel, el cual incluirá fuerzas liberales de Tetela del Oro (un batallón de cuatro compañías), Cuatecomaco (o Xochiapulco), Zautla, Zacatlán e incluso varias decenas de milicianos liberales del propio Municipio de Zacapoaxtla (80).

Seguramente otra de las razones, si no la principal, que induciría a Alatriste y a Méndez a establecer el cuartel estatal de fuerzas liberales serranas en la Villa de Zacapoaxtla, sería la de evitar las continuas sublevaciones de dichos habitantes en favor del partido reaccionario, como de hecho lo habían ejecutado tres veces desde diciembre de 1855.

Cabe destacar que hasta el momento de la toma de la Villa de Zacapoaxtla por las fuerzas liberales de Alatriste y Méndez el 15 de febrero de 1859, el Departamento de Zacatlán solamente había contado con un batallón de Guardia Nacional, el cual contaba con 6 Compañías (2 del Partido de Zacatlán, 2 del Partido de Huauchinango y 2 del Partido de Tetela del Oro). Sin embargo, en mayo de 1859 Juan N. Méndez recibe la autorización del Gobierno de Benito Juárez para formar un batallón en el Partido de Zacatlán, uno en el Partido de Huauchinango y uno en el Partido de Tetela del Oro; es decir que a partir de mayo de 1859 el Departamento de Zacatlán contará con 3 batallones de Guardia Nacional (81). De este modo, en adelante Tetela del Oro contará con un batallón de 4 Compañías, y no solamente con 2 Compañías (82).

El 12 de Julio de 1859, en el puerto de Veracruz, el gobierno liberal del presidente Benito Juárez expide la Ley de Nacionalización de los Bienes Eclesiásticos, en la que se ordena que todas las propiedades de la Iglesia Católica pasen al dominio de la Nación. Entonces el 30 de agosto de 1859, encabezada por 33 milicianos zacapoaxtecos que han desertado de la Guardia Nacional, una vez más los

habitantes de la Villa de Zacapoaxtla, encabezados por su milicia ciudadana, se apoderan del cuartel de las fuerzas liberales, pretendiendo incluso fusilar al Gobernador y Comandante Militar del Estado de Puebla, Gral. Miguel Cástulo de Alatriste. No obstante, en 24 horas la sublevación reaccionaria es sometida por 100 indígenas cuatecomacos y 300 milicianos de Tetela del Oro y Zacatlán (83).

Con este currículm, 4 sublevaciones reaccionarias entre diciembre de 1855 y agosto de 1859, ¿era lógico esperar que los habitantes de la Villa de Zacapoaxtla, dominados por una pequeña elite de origen español la cual estaba coludida con el Obispado de Puebla, defendieran al gobierno liberal-republicano del presidente Benito Juárez ante la Intervención Francesa? Categóricamente,

¡no!

Proselitismo liberal-masónico de Tetela contra proselitismo reaccionario de Zacapoaxtla y Tlatlauhqui. Antes de continuar es necesario señalar que, hasta principios de 1855 las principales familias de origen español y los curas de la Villa de Zacapoaxtla habían logrado imponer sus propios intereses sobre las poblaciones indígenas de los municipios de su región administrativa, el entonces Partido de Zacapoaxtla (Zacapoaxtla Xochitlán, Nauzontla y Cuetzalan), por medio de la fuerza. No obstante, a fines del mismo año empiezan a hacer crisis los conflictos que se venían gestando desde siglos anteriores. Y en vista de que dicha elite de origen español militaba en el partido reaccionario o conservador, movilizando, conjuntamente con el vecino Partido de Tlatlauhqui, un batallón de 300 plazas, los grupos inconformes (mestizos e indígenas) buscaron el apoyo del partido contrario, es decir del partido liberal-masónico triunfante en agosto de 1855 luego de la revolución de Ayutla.

El primer grupo en revelarse fue el de los “indios cuatecomacos”, del surponiente del propio Municipio de Zacapoaxtla quienes, luego de varias décadas de que sus antecesores hubieran sido desposeídos de sus ancestrales tierras, y de que a la sazón ellos mismos se hallaban sometidos unos a la servidumbre y otros a los abusos por parte del dueño de la vecina hacienda “La Manzanilla y el rancho Xochiapulco” (una familia española, los Salgado, la cual contaba con el apoyo de la autoridad de origen español de la Villa de Zacapoaxtla), desde principios de los años de 1850 se cansaron de solicitar justicia y ser ignorados e incluso arbitrariamente encarcelados, por lo que se organizaron militarmente y se armaron, y el 30 de noviembre de 1855 se enfrentaron a sus opresores (el batallón de 300 milicianos-ciudadanos de Zacapoaxtla y Tlatlauhqui, comandado por individuos de origen español) y los derrotaron, haciéndoles no menos de 80 muertos. A partir de mediados de 1856 los “indios cuatecomacos” se unirán al movimiento liberal-masónico de la Sierra, enlistando su propia milicia ciudadana: la Guardia Nacional, para defenderse de sus opresores sin ser acusados por estos, ante los gobiernos estatal y federal, de promover la guerra de castas (tan temida en México todavía durante el siglo XIX). Concretamente, desde mediados de 1856 los “cuatecomacos” entraron en relación con la familia Méndez de Tetela del Oro, lugar donde se proveían de armas, pólvora y asesoría política. Fue de

este modo, unirse y luchar junto con el partido liberal-masónico de la Sierra Norte de Puebla que, a principios de 1861, los cuatecomacos lograron ser provisional e informalmente reconocidos por la Jefatura Política de Zacapoaxtla y por el gobierno estatal poblano como el Municipio de Xochiapulco, y legalmente reconocidos en diciembre de 1864 como consecuencia de su participación patriótica tanto en la batalla del 5 de mayo de 1862 (la 6ª Compañía del Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla) como en contra de lo que hasta ese momento iba de la Intervención Francesa y el Segundo Imperio (84).

Un segundo grupo rebelde estaba constituido por varias decenas de individuos (una Compañía de 50 milicianos) originarios de poblados indígenas también del mismo Municipio de Zacapoaxtla, como Tetoxca y Comaltepec, quienes estaban lidereados por un individuo de Tetoxca llamado Manuel Molina. Y un tercer grupo rebelde, más pequeño, estaba formado por individuos originarios de diversos poblados indígenas del Municipio de Cuetzalan. Estos dos últimos grupos, de indígenas y mestizos, cuyos municipios pertenecían al entonces Distrito administrativo de Zacapoaxtla, integrarán la 5ª Compañía del Sexto Batallón  de Guardia Nacional del Estado de Puebla en la batalla del 5 de mayo de 1862; y durante el Segundo Imperio participarán, junto con las milicias liberales de Tetela de Ocampo y Xochiapulco en, por lo menos, otros 6 combates en la Sierra Norte de Puebla (85).

No conocemos los motivos concretos para que estos dos últimos grupos indígenas (de los Municipios de Zacapoaxtla y de Cuetzalan) se hayan adherido al movimiento liberal serrano, aunque creemos que tienen que ver: (1) con la amenaza de despojo de sus tierras comunales a los pueblos indígenas por parte de la “gente de razón” de la Villa de Zacapoaxtla, aprovechándose de la Ley liberal de Desamortización del 25 de junio de 1826; (2) con el cobro de contribuciones parroquiales obligatorias exigidas por los curas, con el apoyo de la autoridad civil. (3) Pero sobre todo, con el proselitismo hecho en los municipios del Partido de Zacapoaxtla por los liberales-masones de Tetela del Oro, por lo menos a partir de diciembre de 1855, y 1856, en represalia porque durante dichos años la elite de origen español de la Villa de Zacapoaxtla invadió varias veces Tetela del Oro para tratar de someterla a la reacción. A este proselitismo liberal- masónico en las comunidades indígenas del Partido de Zacapoaxtla se sumarán casi inmediatamente los “indios cuatecomacos”, urgentemente necesitados -por propia sobrevivencia- de aliados para enfrentar a su poderoso enemigo, el grupo de origen español que desde la época colonial gobernaba en la Villa de Zacapoaxtla, y al cual acababan de desafiar a muerte luego de haberlo enfrentado el 30 de noviembre de 1855, causándoles no menos de 80 muertos. Fue también de esta manera, por medio de proselitismo liberal-masónico, que en 1857 los “indios cuatecomacos” incorporaron a su lucha a las poblaciones indígenas del norte del Municipio de Zautla, como Contla y Tlamanca (86).

El proselitismo liberal-masónico realizado por los tetelanos en las comunidades indígenas de los municipios del Partido administrativo de Zacapoaxtla, era la

forma de contrarrestar el proselitismo reaccionario que los zacapoaxtecos realizaban en las poblaciones indígenas de los municipios del Partido administrativo de Tetela a través de los párrocos, o de agentes especiales. Luego de que el 5 de octubre de 1855 se sublevan los cuatecomacos, asaltan la cárcel de la Villa de Zacapoaxtla, liberan a los presos y se llevan armas, al día siguiente visitan Zapotitlán y Huitzilan, poblados indígenas pertenecientes al Partido de Tetela pero geográficamente muy accesibles a la Villa de Zacapoaxtla, seguramente pretendiendo obtener apoyo para su lucha; sin embargo los cuatecomacos fracasan debido a que dichos poblados están ideológicamente controlados por el cura de Zapotitlán, Venancio Gavino López, quien es partidario de las autoridades religiosas y civiles de la Villa de Zacapoaxtla. Luego de que el 12 de diciembre de 1855 en la Villa de Zacapoaxtla se pronunciaran militares y clérigos poblanos en favor del reaccionario Plan de Zacapoaxtla, el 17 siguiente autoridades y habitantes de Zapotitlán y Huitzilan, influenciados por el cura local, Venancio Gavino López, secundan dicho plan (87). El 22 de octubre de 1856, cuando la Villa de Zacapoaxtla se subleva de nueva cuenta contra el gobierno liberal, entre los sublevados se encuentra el piquete de milicianos de Huitzilan (que es Auxiliar de la milicia de Tetela) (88).

En noviembre de 1856 Fernando López, quien es originario y vecino de Tetela del Oro, pero que debido a su conducta reaccionaria se ha tenido que ir a vivir a la Villa de Zacapoaxtla, es aprehendido en el barrio tetelano oriental de Ometépetl (en los paredones de Temelacaque) por la fuerza liberal indígena de Cuatecomaco comandada por José Manuel (Lucas), cuando López encabezaba un grupo zacapoaxteco que pretendía atacar Tetela. Igualmente, entre 1856 y 1858 Fernando López, quien actúa soterradamente, además de desfalcar los fondos municipales del pueblo indígena de San Esteban Cuautempan, del norte de Tetela, extorsiona a dichos vecinos sacándoles fuertes cantidades de dinero con la promesa de tramitar en la Cd. de México los títulos de sus tierras comunales (lo cual, según López, les dará inmunidad ante la reciente Ley liberal de Desamortización, del 25 de junio de 1856), cuando en realidad López utiliza el dinero para comprar armas para Agustín Roldán, comandante de la milicia reaccionaria de las Villas de Zacapoaxtla y Tlatlauhqui. Con esta estrategia, Roldán y López pretenden provocar la sublevación de los indígenas, oponiéndose a la desamortización de sus tierras comunales, la cual es promovida por algunos tetelanos ricos para apoderarse de las tierras comunales indígenas. La misma estrategia es utilizada por Agustín Roldán en Huahuaxtla (Municipio de Xochitlán, perteneciente al Partido de Zacapoaxtla) donde su peón, José Ma. Gómez, pretende contrarrestar el proselitismo liberal-masónico del cuatecomaco José Manuel (Lucas) (89).

Para 1846, Fernando López es hijo del indígena Florentino López, uno de los principales comerciantes de Tetela del Oro, y estudia en el Seminario Palafoxiano de la Cd. de Puebla, donde también se educa el joven tlatlauquense Ramón Vargas López quien al terminar sus estudios se convierte en profesor del mismo colegio y en 1856 en Rector, cargo en el que continúa en 1864. Desde 1854,

Ramón Vargas también se convierte en el cura de la Villa de Tlatlauqui y, junto con el cura de la Villa de Zacapoaxtla y de otros de la Sierra, encabezará la oposición militante a las Leyes de Reforma. Entre enero de 1854 y febrero de 1855, Fernando López funge como Comisario de Tetela, y para junio de 1855 sustituye a su padre como Administrador de Correos. Luego de que el 1º de marzo de 1854 fuera proclamado en todo el país el liberal Plan de Ayutla, en contra de la dictadura Santanista, para junio de 1855 Fernando López sostiene comunicación epistolar con “el Lic. Pascual Ángeles Lobato”, uno de los principales líderes reaccionarios de la Villa de Zacapoaxtla. Luego de que el 12 de diciembre de 1855, militares y curas se sublevan en las Villas de Zacapoaxtla y Tlatlauhqui al grito de “Religión y Fueros”, en contra de la Revolución liberal de Ayutla, para el 18 de diciembre siguiente y junto con el Subprefecto de Tetela, Francisco Pérez, Fernando López mantiene comunicación escrita con los principales organizadores del pronunciamiento reaccionario: el cura Francisco Ortega y García y el Corl. Lorenzo Bulnes (90).

Luego de que el 18 de noviembre de 1856 fuera capturado por la fuerza liberal indígena de José Manuel (Lucas) y conducido preso a Zacatlán, el 27 de diciembre siguiente Fernando López, junto con otros prisioneros reaccionarios de la Sierra, se halla prisionero en la Cd. de Puebla, en espera de que se le asigne lugar de residencia donde, condenado a servir en el ejército permanente, cumplirá una sentencia por sublevarse contra el gobierno liberal. Pero el 19 de febrero de 1857 el Juez de Distrito Manuel Fernández Hidalgo, con sede en la Cd. de Puebla, y con base en la parte final del artículo 1º de la flamante Constitución recientemente promulgada el 5 de febrero de 1857, declara sobreseída su causa, y deja en libertad a Fernando López (91).

Luego de que el 17 de diciembre de 1857 se inicia la guerra de Reforma y de que el 20 de marzo de 1858 una fuerza militar conservadora de Chignahuapan invade Tetela del Oro para obligar a sus habitantes a pronunciarse en favor del Plan de Tacubaya, al desalojar el pueblo los invasores el tetelano Fernando López se va con ellos. Para el 11 de agosto de 1858, Fernando López se encuentra en Tetela del Oro. Desde junio anterior la población se encuentra en poder de los conservadores locales y regionales, aunque se espera que de un momento a otro el Corl. Juan N. Méndez, a la cabeza de una fuerza liberal, ataque Tetela y la recupere. Para el 19 de octubre de 1858, Fernando López ha muerto, creemos que como consecuencia del reciente ataque a Tetela por la fuerza liberal de Juan

N. Méndez, el cual se habría realizado entre el 29 de agosto y el 3 de septiembre anteriores (92).

Para inicios de 1862 se rumora que la francmasonería goza de popularidad en los barrios indígenas del Municipio de Xochiapulco, el cual el año anterior acaba de conseguir su categoría de municipio libre y autónomo de su anterior cabecera, la Villa de Zacapoaxtla (su opresora), y en otros barrios del poniente del Municipio de Zacapoaxtla, donde los liberales de Tetela tienen más éxito que los propios zacapoaxtecos haciendo prosélitos (93).

Claro que la vida de estos pequeños grupos ligados al liberalismo francmasónico, viviendo en medio de una región tan intolerantemente católica y reaccionaria, como Zacapoaxtla, Tlatlauhqui y Zautla, desembocó en una persecución violenta hacia las pequeñas comunidades indígenas que se estaban afiliando al bando liberal, y en continuos asesinatos, o intentos, hacia sus dirigentes. Luego de que el 17 de diciembre de 1857 el Gral. Félix Zuloaga se pronunciara en la Cd. de México en contra de la Constitución liberal de febrero anterior, y de que al día siguiente fuera secundado en la Cd. de Puebla por el Gral. Miguel María Echegaray, iniciándose con ello la guerra de Reforma, esto envalentonó a los clericales de Zautla. Entonces, entre los últimos días de ese año y los primeros días de 1858, en Zautla, Juan Francisco (Lucas) sufre un atentado a manos de un grupo dirigido por un tal Luís Arellano, de Zautla, enviado por el párroco de dicho municipio, que lo deja gravemente herido; y pocos días después, en el barrio zautleco de Chilapa, el mismo grupo embosca y asesina a su padre José Manuel (Lucas) y a otros dos capitanes chilapeños de Guardia Nacional (94).

Seguramente la razón de estos dos atentados es que, ya desde 1857, el Barrio zautleco de Chilapa le había suministrado a José Manuel (Lucas) una Compañía de milicianos de Guardia Nacional, seguramente indígenas, para participar en la guerra de Reforma y enfrentar conjuntamente a sus enemigos comunes: las conservadoras Villas de Zacapoaxtla, Tlatlauhqui y Zautla (95). Los intentos  de asesinar a Juan Francisco (Lucas) y a otros dirigentes liberales de la región no cesarán durante varias décadas; incluso en 1891 el patriota Manuel Molina (de Tetoxca, Zacapoaxtla) denuncia agresiones y continuos intentos de asesinato en su contra por parte de la elite zacapoaxteca (96). Aún generaciones después, durante el mismo siglo XIX y principios del XX, la existencia de dichos liberales y patriotas debió representar para los zacapoaxtecos reaccionarios, y/o sus descendientes, una acusación viva de su pasado reaccionario, intervencionista e imperial, sobre todo de cara a las continuas celebraciones estatales y nacionales del 5 de mayo de 1862.

Por lo anteriormente dicho, se puede afirmar que fueron los abusos y la prepotencia de la elite de origen español de la Villa de Zacapoaxtla los que hicieron que desde las dos sublevaciones reaccionarias de Religión y Fueros (1855-1856) y las dos sublevaciones conservadoras de la guerra de Reforma (1858-1859), tres grupos indígenas de su propia región administrativa (a. los “indios cuatecomacos”, b. el grupo de Manuel Molina del Municipio de Zacapoaxtla, y c. un pequeño grupo del Municipio de Cuetzalan) se unieran al movimiento liberal encabezado por Tetela del Oro en la Sierra Norte poblana, y sobre todo que se incorporaran al Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla durante la batalla del 5 de mayo, y posteriormente a las fuerzas republicanas de la Sierra Norte de Puebla durante la Intervención Francesa y el Segundo Imperio.

La Villa de Zacapoaxtla, cabecera municipal y de Partido, se convierte en cabecera de Distrito. La guerra de Reforma termina en diciembre de 1860 con el

triunfo del partido liberal-masónico a nivel nacional, regresando Benito Juárez a la presidencia de la república y Miguel Cástulo de Alatriste a la gubernatura poblana en los primeros días de enero de 1861 (97).

A pesar del papel reaccionario que vienen jugando sus habitantes desde por lo menos 1855, en julio de 1861 la nueva Constitución del Estado de Puebla reconoce a la Villa de Zacapoaxtla, que ya es cabecera del Municipio de Zacapoaxtla, como Cabecera administrativa de Distrito (de los Municipios de Xochiapulco, Xochitlán, Nauzontla y Cuetzalan). También Tetela del Oro, que ya es cabecera del Municipio de Tetela y que durante la guerra de Reforma -que acaba de terminar- contribuyera de manera importante al triunfo de la causa liberal-constitucional, recibe el título de Villa y el nombre de Villa de Ocampo, y se le reconoce como Cabecera administrativa de Distrito (de los Municipios de Aquixtla, Zapotitlán, Huitzilan, Jonotla y Tuzamapa), siendo nombrado como primer Jefe Político del Distrito el Tte. Corl. Pilar Rivera, liberal, correligionario y amigo de Juan N. Méndez (98).

Nace el Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla. El 2 de septiembre de 1861 el Congreso poblano, que abundaba en opositores al Gobernador Miguel Cástulo de Alatriste, obligó a éste a renunciar debido a que

-por un descuido suyo- tres días antes una gavilla de asaltantes reaccionarios, comandados por Gutiérrez, Ordóñez y Mendizábal, había asaltado la Cd. de Puebla y cometido desmanes. A continuación, el Congreso poblano nombró a Francisco Ibarra Ramos como gobernador interino y también convocó a elecciones para nuevo gobernador. En la elección de octubre de 1861, compitieron Fernando María Ortega, Miguel Cástulo de Alatriste, Ignacio Romero Vargas y Francisco Ibarra Ramos. Sin embargo -según el Gral. José María Maldonado, en sus Memorias-, en vista de que las tendencias electorales favorecían claramente a Fernando Ma. Ortega, rápidamente Juan N. Méndez -que era uno de los  diputados del Congreso y partidario de Ibarra Ramos- se trasladó a la Sierra  Norte de Puebla, principalmente al cuartel de las fuerzas liberales poblanas establecido desde junio de 1859 en la Villa de Zacapoaxtla y de las cuales él mismo seguía siendo el comandante, y regresó a la Angelópolis con un batallón de 400 milicianos de Guardia Nacional, “quienes fueron utilizados para inclinar la elección en favor de Ibarra Ramos”. Finalmente, el Congreso poblano declaró como Gobernador a Ibarra Ramos quien, en una de sus primeras acciones, el 12 de octubre de 1861 nombró a Juan N. Méndez como Secretario de Gobierno y Milicias del nuevo gobierno estatal. Desde luego que los opositores del nuevo gobernador no quedaron conformes y amenazaban con impedir su mandato, pues acusaban a Ibarra Ramos de haber utilizado los recursos del gobierno estatal para obtener la gubernatura. Pero entonces -continúa el Gral. José Ma. Maldonado en sus Memorias- el batallón traído de la Sierra Norte de Puebla por Juan  N. Méndez, fue utilizado para amedrentar a los opositores. Este clima de guerra civil prevalecía en la entidad poblana a fines de 1861 y principios de 1862 cuando, tras presentarse  en  el  puerto  de  Veracruz  las  primeras  naves  europeas  de  la

Convención de Londres, el gobierno de la República declaró el estado de sitio en las entidades de Veracruz, Puebla y Tlaxcala (99).

Respecto a la identidad de los 400 milicianos rápidamente traídos por Juan N. Méndez de la Sierra Norte a la Cd. de Puebla en octubre de 1861, se trata de los mismos milicianos de los Municipios de Tetela de Ocampo (Distrito de Tetela de Ocampo), Xochiapulco y Zacapoaxtla (Distrito Zacapoaxtla) quienes desde junio de 1859, durante la guerra de Reforma, habían estado acuartelados en la Villa de Zacapoaxtla, donde formaban parte de una Brigada de Guardia Nacional comandada por Juan N. Méndez, y en donde para agosto de 1862 todavía tenían su cuartel (100).

El 10 de diciembre de 1861 se presentan en el puerto de Veracruz las primeras naves de guerra de la Convención de Londres. Sin embargo ya desde antes, es decir desde los primeros días de noviembre de 1861 en que rápidamente circuló por todo México la noticia de que en breve las armadas de Inglaterra, España y Francia se presentarían en las costas mexicanas para reclamar por la suspensión del pago de la deuda que México tenía con ellos, Juan N. Méndez, flamante Secretario de Gobierno y Milicias del recientemente electo gobierno del Estado de Puebla, el 5 de noviembre de 1861 envía a Tetela de Ocampo al Teniente Coronel tetelano Ignacio López, con el fin de organizar una fuerza de milicianos de infantería y luego conducirlos hacia la Cd. de Puebla, para cooperar a la defensa nacional. Dicha fuerza (las 4 Compañías del propiamente Batallón del Distrito de Tetela, y dos Compañías del Distrito de Zacapoaxtla), llegó a la Cd. de Puebla a fines de diciembre de 1861, y fue la primera -de la entidad poblana y del país- en presentarse, e iba conducida por el Tte. Corl. Pilar Rivera, segundo al mando del Batallón del Distrito de Tetela de Ocampo y Jefe Político del Distrito de Tetela, y por el Tte. Corl. Ignacio López, y fue recibida en persona por el propio Juan N. Méndez (101). No olvidemos que hacía menos de tres meses dicha fuerza acababa de ser utilizada por Méndez en la Cd. de Puebla para inclinar la elección para gobernador en favor de Francisco Ibarra Ramos; es decir hacía poco que el Batallón del Distrito de Tetela y las 2 Compañías del Distrito de Zacapoaxtla habían estado en acción ahí mismo, en la Cd. de Puebla. Fue entonces que entre los últimos días de 1861 y los primeros de 1862, al ser reorganizadas las fuerzas militares poblanas y ser declarado el Estado de Sitio en las entidades de Veracruz, Puebla y Tlaxcala, al batallón de 400 milicianos con que Juan N. Méndez se había presentado en octubre anterior en la capital poblana para hacer ganar a Ibarra Ramos la gubernatura, y que nuevamente se presentó en la Cd. de Puebla a fines de diciembre de 1861, ya reorganizado y disciplinado por el Teniente Coronel Ignacio López, se le asignó el nombre formal de Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla, permaneciendo el mismo Méndez como su comandante (102).

También debido a la presencia en el puerto de Veracruz de las armadas europeas, el 19 de diciembre de 1861 el Presidente Juárez envió a Huauchinango, en la Sierra Norte de Puebla, al Gral. Miguel Negrete Novoa (quien acababa de desertar

de las filas conservadoras y se había pasado al bando liberal, para defender al gobierno constitucional de Benito Juárez), con la orden de organizar rápidamente en ese y en otros Distritos de la Sierra, una brigada de voluntarios con la cual el Estado de Puebla contribuyera a enfrentar la eminente crisis; y que con dicha fuerza Negrete de inmediato se presentara en la Cd. de Puebla, poniéndose a las órdenes del Gobernador Francisco Ibarra Ramos. Fue así que los batallones de Huauchinango (8º) y Zacatlán (10º) de Guardia Nacional, también se presentaron en la Cd. de Puebla, aunque desconocemos la fecha precisa (tal vez entre enero y febrero de 1862) (103).

Pero ahora, ¿por qué la Compañía de los Municipios de Zacapoaxtla y Cuetzalan, y la Compañía del flamante Municipio de Xochiapulco, pertenecientes ambas al Distrito administrativo de Zacapoaxtla, venían con el Batallón del Distrito de Tetela de Ocampo y no con el batallón de su propio Distrito, Zacapoaxtla? Porque -como hemos visto hasta este momento-  la Villa de Zacapoaxtla, que  era la responsable del enlistamiento del batallón de su propio Distrito, estaba dominada por un grupo de origen español y era partidaria de la reacción; y sí que contaba con un batallón (de 300 milicianos, en conjunto con el vecino Distrito administrativo de Tlatlauhqui) pero este, por lo menos desde fines de 1855, militaba en las filas reaccionarias o conservadoras.

A pesar de que la guerra de Reforma terminó el 22 de diciembre de 1860, con la derrota del ejército conservador, para diciembre de 1861 -un año después- el cuartel de las fuerzas liberales de Tetela de Ocampo, Xochiapulco, Zacapoaxtla, Zautla y Zacatlán, las cuales comanda el Corl. Juan N. Méndez, todavía se encuentra ubicado en la conservadora Villa de Zacapoaxtla. En diciembre de 1861, al llegar las naves extranjeras de la Convención de Londres al puerto de Veracruz, el cuartel de las fuerzas liberales de Guardia Nacional de Tetela de Ocampo, Xochiapulco, Zacapoaxtla, Zautla y Zacatlán establecido desde junio de 1859, todavía se encuentra ubicado en la Villa de Zacapoaxtla y su comandante es el Corl. Juan Nepomuceno Méndez (quien en ese momento se encuentra en la Cd. de Puebla, por haber sido nombrado desde el 12 de octubre anterior como Secretario de Gobierno y Milicias del recientemente elegido gobierno estatal encabezado por Francisco Ibarra Ramos). Es por esta razón que en diciembre de 1861, al ser convocados los batallones de la Sierra Norte poblana para la defensa nacional, el Batallón de Tetela, junto con las dos Compañías del Distrito de Zacapoaxtla, sale de su cuartel en la Villa de Zacapoaxtla hacia la Cd. de Puebla; y hasta allí mismo retorna en la tercera semana de julio de 1862 luego de que obtuviera licencia para regresar a la Sierra con el fin de reconstituirse, debido a sus múltiples deserciones (104).

Desde sus inicios en el Ejército Mexicano de Oriente, el Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla es denominado como Batallón de Zacapoaxtla, y así se quedará para la Historia. El 3 de enero de 1862, al ser declaradas en Estado de Sitio las entidades de Veracruz, Puebla y Tlaxcala, es nombrado como Gobernador del Estado de Puebla el Gral. José María González

de Mendoza, y este a su vez nombra al Gral. Miguel Negrete Novoa como Comandante de la Brigada del Estado de Puebla. Es entonces que, al ser reorganizadas las fuerzas del Ejército Mexicano de Oriente, y concretamente la Brigada del Estado de Puebla, que a esta le son incorporados el Batallón del Distrito de Tetela de Ocampo (de 4 Compañías) y las dos Compañías del Distrito de Zacapoaxtla, todas instruidas por el Teniente Coronel tetelano Ignacio López (y cuyo cuartel se encuentra en la Villa de Zacapoaxtla), fuerzas que ahora forman un solo cuerpo denominado Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla; así como los batallones reorganizados por el Gral. Miguel Negrete durante su estadía en Huauchinango a fines de 1861: El 8º Batallón de Guardia Nacional de Huauchinango y el 10º Batallón de Guardia Nacional de Zacatlán (105).

Sin embargo por provenir de la Villa de Zacapoaxtla, donde en ese preciso momento (diciembre de 1861-enero de 1862) el Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla tiene su cuartel, a partir de entonces entre los principales comandantes del Ejército Mexicano de Oriente se le empieza a denominar, espontáneamente, Batallón de Zacapoaxtla. Es por esto que, a pesar del reciente cambio de nombre, entre diciembre de 1861 y agosto de 1862 en que el Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla permaneció en su campaña inicial combatiendo entre los Estados de Puebla y Veracruz como parte del Ejército Mexicano de Oriente, se le siguió conociendo como Batallón de Zacapoaxtla, y por dicha razón esta era la principal denominación utilizada por los comandantes del Ejército de Oriente para referirse a él en sus respectivas correspondencias. Revisemos a continuación la correspondencia y otros documentos de los Generales Ignacio Zaragoza (Comandante en Jefe) y Miguel Negrete (Comandante improvisado de la 2ª División).

Ya dijimos que después de la batalla del 5 de mayo de 1862, en su declaración “en distintos periódicos” el Gral. Miguel Negrete mencionó al Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla como Batallón de Zacapoaxtla. Esto a pesar de que en su informe oficial del 6 de mayo lo denominó 6º de Puebla, 6º Batallón de Puebla o 6º Nacional de Puebla. No obstante el 12 de mayo de 1862, fecha en que tras su victoria de una semana antes en la Cd. de Puebla sobre el ejército francés, el Ejército Mexicano de Oriente sale desde la Angelópolis hacia Orizaba en persecución del ejército galo, el mismo Negrete lanza una proclama a sus soldados y en ella no menciona ninguno de los nombres anteriores, sino ¡Valientes de Tetela de Ocampo! (106).

Por otra parte, luego del gran descalabro sufrido por el Ejército Mexicano de Oriente el 18 de mayo de 1862 en Barranca Seca, cerca de Orizaba, Veracruz, y de que el 14 de junio siguiente el Ejército Mexicano de Oriente fracasara desastrosa y escandalosamente en su intento de liquidar de manera definitiva a los franceses junto al Cerro del Borrego, en Orizaba, Veracruz, y debido a las importantes bajas y deserciones, el 1º de julio siguiente el Gral. Ignacio Zaragoza le solicita al Ministro de Guerra, Gral. Ignacio Mejía, que extienda sus órdenes para que “el Batallón de Zacapoaxtla” sea enviado de regreso a su cuartel en la

Sierra, para que se reconstituya y luego regrese a campaña (107); en Tetela de Ocampo se encontraba de reserva más de la mitad del propiamente Batallón de Tetela de Ocampo, relevo de la mitad que se hallaba en campaña, pero cuyos milicianos desde el 20 de abril anterior se encontraban sublevados en contra de la orden de marchar a la Cd. de Puebla (108).

El 22 de julio de 1862 el Gral. Ignacio Zaragoza se lamenta ante el Ministro de Guerra, Gral. Ignacio Mejía, de que hasta esa fecha las autoridades de Zacapoaxtla y Tlatlauhqui no hayan cumplido con la orden de enviar de regreso a la campaña al 6º Batallón de Puebla (109); como veremos más adelante, para esas fechas los habitantes tanto de la Villa de Zacapoaxtla como de la Villa de Tlatlauhqui se habían sublevado ya varias veces en contra de la orden de enlistar su batallón de milicianos para enviarlo a la Cd. de Puebla. Y por último, el 5 de agosto siguiente nuevamente el Gral. Ignacio Zaragoza lamenta ante el Ministro de Guerra, Gral. Ignacio Mejía, que “el Batallón de Zacapoaxtla” todavía no haya regresado a campaña, luego de más de un mes de haber ido a la Sierra para cubrir sus bajas (110). En realidad, fue el entonces Jefe Político del Distrito de Tetela de Ocampo, el Corl. Francisco de Paula Zamítiz, rival político de Juan N. Méndez y su grupo, quien no permitió la salida de las 4 Compañías del Batallón de Tetela de Ocampo de regreso hacia la Cd. de Puebla, con el argumento de que el batallón de milicianos de Tetela de Ocampo no debía salir a luchar fuera de la Sierra.

1ª negativa de las Villas de Zacapoaxtla y Tlatlauhqui a enlistar su batallón de milicianos para la batalla del 5 de mayo. A pesar de que por ordenamiento del Gobierno del Estado de Puebla, ante la amenaza de las naves de guerra de la Convención de Londres en el puerto de Veracruz, autoridades y ciudadanía de las cabeceras distritales de Zacapoaxtla y Tlatluhqui están obligadas a organizar entre ambas un batallón de 300 milicianos para apoyar a las fuerzas republicanas; y a pesar de que desde febrero de 1862 el Tte. Corl. Eduardo Santín

-enviado a dichos Distritos por la Comandancia Militar del Ejército Mexicano de Oriente- se esfuerza para efectuar el enlistamiento, para fines de abril siguiente ninguna de las dos cabeceras distritales ha enviado a la Cd. de Puebla ni un solo miliciano. Para abril de 1862, en el Distrito de Zacapoaxtla solamente el Municipio de Xochiapulco cuenta con un padrón de 400 milicianos, una parte de los cuales ya se encuentra en campaña. Además existen otros 63 individuos enlistados en los demás municipios indígenas del norte del Distrito de Zacapoaxtla (Xochitlán, Nauzontla, y Cuetzalan); no obstante se trata de individuos reclutados por la fuerza debido a que tienen problemas con la justicia. A mediados de abril de 1862, cien milicianos de Xochiapulco, encabezados por el Cap. Juan Francisco (Lucas), hacen abortar una conspiración -“la Conspiración  de Galindo”- organizada por oficiales de la Guardia Nacional de los municipios de Zacapoaxtla, Xochitlán, Nahuzontla y Cuetzalan), los cuales se habían confabulado con presidentes municipales para asesinar al enlistador, Eduardo Santín, y así evitar marchar a la Cd. de Puebla para unirse al Ejército Mexicano de Oriente el cual se preparaba para enfrentar al ejército francés; detrás de esta

negativa -y en general de la actitud en favor de los invasores franceses- están los sacerdotes católicos de Zacapoaxtla y Tlatlauhqui (111).

La Villa de Zacapoaxtla después de la batalla del 5 de mayo de 1862.

2ª negativa de la Villa de Zacapoaxtla a enlistar su milicia para defender a la patria. El 11 de julio de 1862 el Jefe Político del Distrito de Zacapoaxtla, Pablo Mariano Urrutia, organiza un motín de 40 hombres armados con fusiles -músicos del cuerpo filarmónico- en contra del Comandante Militar de los Distritos de Zacapoaxtla y Tlatlauhqui, Tte. Corl. Eduardo Santín, quien acababa de desarmar a la Guardia Nacional de Zacapoaxtla y había colocado a Urrutia ante un tribunal militar bajo sospecha de sedición, por haber organizado en abril anterior “la Conspiración de Galindo” con el fin de evitar que los milicianos de los Municipios de Zacapoaxtla, Xochitlán, Nahuzontla y Cuetzalan marcharan a la Cd. de Puebla para unirse al Ejército Mexicano de Oriente y enfrentar al ejército francés. A pesar de que Santín se presenta en Zacapoaxtla trayendo consigo una escolta de 10 hombres armados, Urrutia -valiéndose de su cargo como Jefe Político de Distrito– se impone y obliga a Santín a huir hacia la Cd. de Puebla, sin haber enlistado ni un solo hombre (112).

3ª y 4ª negativas de las Villas de Zacapoaxtla y Tlatlauhqui para enlistar su batallón de 300 milicianos para defender a la patria. A fines de julio de 1862 el coronel zacateco Ramón Márquez Galindo (quien había quedado al frente del Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla después de que Juan N. Méndez hubiera sido gravemente herido durante la batalla del 5 de mayo anterior en la Cd. de Puebla) llega al Distrito de Zacapoaxtla con orden de la Comandancia Militar del Ejército Mexicano de Oriente, con sede en la Cd. de Puebla, para enlistar 200 voluntarios en los Distritos de la región serrana (excepto en los Distritos de Tetela y Zacapoaxtla) y formar un nuevo batallón de voluntarios, llamado Batallón Mixto de la Sierra (para sustituir al Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla al cual tanto la autoridad del Distrito de Tetela de Ocampo como la del Distrito de Zacapoaxtla se habían negado a enviar de regreso a la Cd. de Puebla, luego de que se le hubiera permitido a dicho cuerpo regresar a la Sierra para reconstituir sus fuerzas), con el fin de apoyar a las fuerzas republicanas en la Cd. de Puebla; no obstante Márquez Galindo utiliza la fuerza, incluso la brutalidad, para enlistar a los hombres. Luego de varias semanas de haber solicitado el apoyo de las autoridades municipales del Distrito de Zacapoaxtla sólo se presentan 70 hombres, 60 de ellos de Xochiapulco y sin armas. En las mismas fechas Márquez Galindo se presenta en Tlatlauhqui y, por la fuerza, enlista 300 hombres. Entonces, la noche del 4 de agosto “un pequeño ejército” de indígenas provenientes de los pequeños poblados ubicados entre los Distritos de Zacapoaxtla y Tlatlauhqui, dirigidos por el indígena Cenobio Cantero, jefe de la Guardia Nacional de Atagpan, Municipio de Zacapoaxtla, al grito de “Viva la Religión” y “Muerte al Gobierno”, asaltan el cuartel y la cárcel de Tlatlauhqui y liberan a los recientes reclutas y a los presos, y se apropian de más de 200 fusiles y de municiones. A continuación, Márquez Galindo se dirige a

Tetela de Ocampo para tratar de enlistar hombres pero, encabezados por el entonces Jefe Político y Comandante Militar del Distrito, el Corl. Francisco de Paula Zamítiz, los tetelanos se oponen y están a punto de sublevarse, por lo que el coronel zacateco desiste. Después Márquez Galindo se traslada al poblado de Ocotepec, en el Distrito de Libres y, con promesas de otorgarles tierras, logra enlistar casi 200 hombres con los cuales llega a la Villa de Zacapoaxtla a mediados de agosto de 1862. No obstante, la presencia del intransigente enlistador zacateco hace que los habitantes de la Villa de Zacapoaxtla se amotinen, con lo cual Márquez Galindo pierde otros 100 fusiles y muchos de los recientes reclutas. Entre octubre y noviembre de 1862 otra rebelión de los habitantes de la Villa de Zacapoaxtla hace fracasar un último intento de la Comandancia Militar del Ejército de Oriente para organizar el enlistamiento en el Distrito de Zacapoaxtla, luego de haber tratado de imponer como Jefe Político del Distrito de Tlatlauhqui al tetelano Ignacio López, quien durante la guerra de Reforma había sido Jefe Político de este Partido y había tratado a dicha población, tan dominada por el catolicismo y tan reticente a las Leyes de Reforma, de manera dura y hasta brutal (113).

Las Villas de Zacapoaxtla y Tlatlauhqui apoyan a los franceses estacionados en Orizaba; la iglesia católica poblana les entrega onzas de oro. Durante el resto de 1862 y principios de 1863 tanto los habitantes de la Villa de Zacapoaxtla como los de la Villa de Tlatlauhqui, y los comerciantes españoles de Teziutlán, soterradamente apoyaron con hombres, abastecimiento (cobrado a muy alto precio), y dinero a los invasores franceses estacionados en Orizaba. En esta actitud influyeron los curas de la Cd. de Puebla y los de la Sierra, quienes instigados por el Obispado de Puebla (concretamente por el padre Francisco Javier Miranda), además de entregarles a los franceses onzas de oro (acuñadas en México en 1821, pero con la imagen de los reyes de España), impulsaban  entre la población sencilla el apoyo serrano para los europeos (por medio del púlpito, el confesionario y pláticas privadas), con la expectativa de que al apoderarse del país los galos le devolverían a la Iglesia Católica los bienes materiales, los capitales y los privilegios de los cuales el gobierno liberal de Benito Juárez los había desposeído durante la guerra de Reforma (114).

Ahora sí: Zacapoaxtla contribuye con la Patria. El Batallón Mixto de la Sierra. Desde julio-agosto de 1862, el Gobernador y Comandante Militar de Puebla, Gral. Ignacio Mejía, le había encargado al coronel zacateco Ramón Márquez Galindo que formara en la Sierra Norte de Puebla -excepto en los Distritos de Tetela de Ocampo y Zacapoaxtla- el Batallón Mixto de la Sierra, pero la actitud brutal o engañadora empleada por Márquez Galindo al hacer el reclutamiento había provocado alarma o amotinamientos en los Distritos de Zacapopaxtla, Tlatlauhqui y Tetela de Ocampo. No obstante, en los primeros días de 1863, el Tte. Corl. Eduardo Santín, comisionado por la Comandancia del Ejército Mexicano de Oriente, regresa a la Villa Zacapoaxtla para organizar dos batallones: el de Xochiapulco y el Mixto de la Sierra, reclutándose este último en los Distritos de Libres, Zacapoaxtla y Teziutlán. El objetivo del Batallón Mixto de la Sierra es marchar a la Cd. de Puebla para para sustituir al Sexto Batallón de Guardia

Nacional del Estado de Puebla (que no había regresado a la Cd. de Puebla) y apoyar a las fuerzas republicanas, ante el sitio que en unas semanas más le impondrá el ejército francés (115).

Para el Sitio a la Cd. de Puebla por parte del ejército francés (marzo-mayo de 1863) el Ejército Mexicano de Oriente cuenta entre sus fuerzas con la 2ª Brigada del Estado de Puebla (3, 581 milicianos de Guardia Nacional), la cual es comandada por el Gral. Antonio Osorio y está dividida en 4 Secciones. La 2ª Sección está bajo el mando del ya Corl. Eduardo Santín y cuenta con 505 milicianos pertenecientes a las Guardias Nacionales de Libres, Zacapoaxtla y Teziutlán (116).

El 5 de diciembre de 1864, el Gral. Fernando María Ortega, Gobernador y Comandante Militar del Estado de Puebla, emite un decreto otorgándole a la entonces Villa de Zacapoaxtla la calidad de Ciudad, y el título de Ciudad del 25 de abril, por la participación de un cuerpo militar originario del Distrito de Zacapoaxtla en la heroica defensa del convento de Santa Inés, durante el sitio impuesto a la Cd. de Puebla por el ejército francés entre el 16 de marzo y el 17 de mayo de 1863 (117). Nosotros creemos que el mencionado cuerpo militar originario del Distrito de Zacapoaxtla está relacionado con aquella 5ª Compañía de milicianos de los Municipios de Zacapoaxtla y Cuetzalan, del Distrito de Zacapoaxtla que, como parte del Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla, participó en la defensa de los fuertes de Guadalupe y Loreto el 5 de mayo de 1862; y que -como veremos más adelante- es este mismo cuerpo está relacionado con el que participará en 6 combates en defensa de la Sierra Norte de Puebla entre 1864 y 1865, ahora comandado por el Capitán Manuel Molina, de Tetoxca, Zacapoaxtla.

Primer intento del ejército francés por apoderarse de la parte oriental de la Sierra Norte de Puebla, y quinta negativa de los habitantes de la Villa de Zacapoaxtlapara apoyar a la patria. Compelidos por los poblanos reaccionarios de la Sierra, quienes no habían dejado de apoyarlos desde su llegada a México debido a que les interesaba apoderarse nuevamente del gobierno de sus propias localidades para seguir manejando en su propio beneficio las contribuciones y los impuestos regulares y los ingresos de las aduanas, en enero de 1863, los franceses hacen el primer intento de apoderase de Teziutlán, pero 200 milicianos de Xochiapulco y Tlaxcala, comandados por el Cap. Juan Francisco (Lucas) y Doroteo León, lo impiden. Luego de que a fines de enero de 1863 saliera hacia la Cd. de Puebla el Batallón Mixto de la Sierra, sólo quedan para defender la Villa de Zacapoaxtla

-esta vez en poder de los republicanos- los 400 milicianos del Batallón de Xochiapulco. Los habitantes de los poblados ubicados entre los Distritos de Zacapoaxtla y Tlatlauhqui, encabezados por el indígena Cenobio Cantero, se niegan a apoyar al Corl. José María Maldonado y al Cap. Juan Francisco (Lucas) siquiera en las obras de defensa de la Villa de Zacapoaxtla (118).

Primera campaña de los franceses para apoderarse de Zacapoaxtla y Tlatlauhqui. Luego de derrotar al Ejército Mexicano de Oriente en el sitio a la Cd. de Puebla (16 de marzo 17 de mayo de 1863), y aprovechando los profundos sentimientos antiliberales existentes tanto entre la gente rica de la Cd. de Puebla como entre la gente rica de la parte oriental de la Sierra Norte de Puebla, el ejército francés inicia una campaña para arrebatarles a los republicanos las poblaciones de Libres, Zacapoaxtla y Tlatlauhqui.

Luego de apoderarse de la Cd. de Puebla y antes de salir hacia la Cd. de México, el Gral. Elías Federico Forey, principal comandante francés, decide iniciar su campaña para apoderarse de todo el territorio nacional en la Sierra Norte de Puebla. Esto debido a que un grupo de zacapoxtecos no deja de aconsejárselo y de ofrecerle su apoyo. El principal agente zacapoaxteco de esta iniciativa es “El Licenciado Pascual Bonilla”, quien luego de haber estudiado en el Colegio Seminario de la Cd. de Puebla y alcanzar las órdenes sacerdotales se relacionó con los principales cabecillas reaccionarios de la Cd. de Puebla como Fernando Pardo, los Uriarte, y principalmente con el cura Francisco Javier Miranda, segundo de a bordo del Obispado de Puebla, y con el cura Ramón Vargas López, exrector de dicho Colegio y cura de Tlatlauhqui. En aquella época, la Angelópolis se llenó de reaccionarios de todas partes de México recién regresados de Europa, quienes al darse cuenta de que los franceses no tardarían en apoderarse del país se declararon por la Intervención, a cambio de que se les permitiera disponer en su propio beneficio de los fondos públicos y rentas aduanales de sus propias poblaciones. El palacio de gobierno de la Cd. de Puebla estaba lleno de “agentes de sotana”. Fue entonces que los curas de la Sierra volvieron a echar a andar “su maquinaria regional”, y “repentinamente” aparecieron sublevaciones armadas en Zacapoaxtla, Tlatlauhqui, Xochitlán, Cuetzalan, Nauzontla, Zapotitlán y Huitzilan, aunque fueron rápidamente derrotadas por la fuerza republicana comandada por el Corl. José María Maldonado y el Tte. Corl. Juan Francisco (Lucas) (119).

  • Los republicanos pierden Zacapoaxtla y Tlatlauhqui, pero las recuperan rápidamente.     Entre mayo y junio de 1863, nuevamente se subleva el indígena Cenobio Cantero -quien es sostenido y dirigido por el cura de Tlatlauhqui, Ramón Vargas López- a la cabeza de poblaciones ubicadas entre los Distritos de Zacapoaxtla y Tlatlauhqui, apoyado por Vicente Nochebuena y confabulado con elementos conservadores de Zautla y Zacapoaxtla, aunque son rápidamente derrotados por la fuerza xochiapulquense del Cap. Juan Francisco (Lucas). No obstante, Cantero y Nochebuena se vuelven a sublevar en septiembre siguiente y se apoderan de Tlatlauhqui, la cual inmediatamente se pronuncia en favor de la Intervención Francesa. El 13 de septiembre de 1863, tras día y medio de lucha, 1, 907 soldados intervencionistas, comandados por el coronel francés Jesús Lalanne, se apoderan de la Villa de Zacapoaxtla (807 suavos, 500 jinetes mexicanos comandados por Antonio Rodríguez Bocardo, y 600 Auxiliares reclutados en Tlatlauhqui y Zacapoaxtla), tras desalojar del cerro del “Gran Poder de Dios” a los 300 milicianos xochiapulquenses comandados por el Corl. José Ma. Maldonado y el ya Teniente Coronel Juan Francisco (Lucas). Los

intervencionistas son recibidos “con repiques (de campanas), y cortinas (de celebración)” por la entusiasta población zacapoaxteca encabezada por el cura, quienes dominados por la euforia se llevan al comandante francés a la iglesia, casi arrastrando, para escuchar la misa de acción de gracias por tan célebre acontecimiento. Los habitantes de los barrios indígenas cercanos a la Villa de Zacapoxtla y algunos del Municipio de Xochiapulco colindantes con Zacapoaxtla, se habían negado a apoyar siquiera en las faenas de defensa, debido a la influencia de los curas y familias conservadoras de Zacapoaxtla. No obstante, 300 xochiapulquenses comandados por el ya Gral. José María Maldonado y el Tte. Corl. Juan Francisco (Lucas) contraatacan y derrotan a los 600 intervencionistas, en parte franceses, y el 15 de octubre recuperan la Villa de Zacapoaxtla y poco después Tlatlauhqui, haciendo huir a Cenobio Cantero hacia Xocoyolo, Municipio de Cuetzalan, en tierra caliente serrana. Luego de apoderarse de Xocoyolo, el 22 de octubre de 1863 una fuerza comandada por el ya coronel Juan Francisco Lucas irrumpe en Cuetzalan, refugio de Cenobio Cantero, y captura a los franceses y a los elementos conservadores de todo el Distrito de Zacapoaxtla. El 24 de octubre, José Ma. Maldonado recupera Tlatlauhqui, a la cabeza de 1, 000 hombres, luego de que Cantero se hubiera apoderado de la localidad (120).

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  • Los  Intervencionistas  son  desalojados  de la Sierra.            Finalmente, luego de que a principios de noviembre de 1863 novecientos conservadores zacapoaxtecos y sus aliados indígenas se volvieran a apoderar de Xocoyolo y Cuetzalan (“refugio -ésta- de los principales conservadores del Distritode Zacapoaxtla), el día 24 del mismo mes José Ma. Maldonado y Juan Francisco (Lucas), a la cabeza de 1, 300 guardias nacionales y una pieza de artillería, los desalojan y recuperan ambas poblaciones; entre los prisioneros se encuentra el antiguo Jefe Político de Zacapoaxtla, Pablo Mariano Urrutia, en avanzado estado de embriaguez y el propio Lucas tiene que interceder para salvarle la vida. Debido a estos importantes descalabros, uno de ellos el primero recibido en México por los franceses, éstos abandonan la Sierra y sólo volverán hasta mediados de 1864 (121).

Segunda campaña franco-austriaca para apoderarse de Zacapoaxtla, Tlatlauhqui y Xochiapulco. Para principios de 1864 las fuerzas intervencionistas se han posesionado de Tulancingo, entrada a la parte poniente de la Sierra, y de Libres (antes San Juan de los Llanos), entrada a la parte oriental, convirtiéndolas en sus bases para incursionar nuevamente en la Sierra Norte de Puebla. Luego de que en mayo de 1864 llegara Maximiliano de Habsburgo a México y fuera creado el II Imperio Mexicano, ahora con apoyo de franceses y austriacos, en la parte oriental de la Sierra operan los Guardias Móviles de San Juan de los Llanos, Zacapoaxtla, Tlatlauhqui y Zautla, comandados por el Tte. Corl. Antonio Rodríguez Bocardo.

  • Ocupación transitoria de Teziutlán por los intervencionistas. El 9 de enero de 1864 los franceses y sus aliados mexicanos, tras sorprender la vigilancia republicana, ocupan por unas horas Teziutlán y rápidamente se retiran llevándose

7 prisioneros, 100 fusiles y gran cantidad de municiones. El 13 de junio de 1864, al mando del zacapoaxteco Anastasio Roldán, las mismas fuerzas atacan y se apoderan de la hacienda El Pochinco. El 10 de agosto siguiente, 100 jinetes y 50 infantes imperiales procedentes de Libres son rechazados en Tlamanca (Zautla) por 300 milicianos xochiapulquenses (122). No obstante, en este mismo periodo (junio-agosto de 1864), una fuerza republicana al mando el Corl. Juan Francisco Lucas, quien opera bajo las órdenes del Gral. José María Maldonado, ocupa y reocupa tres veces Teziutlán de manos imperiales, empezando luego a operar al sur de la Sierra, por lo que a mediados de mayo se apodera de Libres a la cabeza de 500 milicianos de Xochiapulco y 300 “Plateados” de Antonio Pérez, desalojando a un fuerza francesa que ocupaba la hacienda de Xicalahuata y a los imperiales que ocupaban la hacienda El Pochinco (123).

  • Los Imperiales se apoderan de la Villa de Zacapoaxtla, con gran beneplácito de las familias conservadoras. A principios de febrero de 1865 el conde Francisco de Thun Hohenstein, comandante principal de la zona de Puebla, inicia una ofensiva en el oriente de la Sierra Norte poblana. La madrugada del 5 de febrero de 1865 el Mayor Alphonse Kodolitch se apodera de Teziutlán a la cabeza de un contingente austriaco, 100 jinetes de San Andrés Chalchicomula y 100 infantes nahuas de Altotonga, tras sorprender por la madrugada a la guarnición republicana de 1, 290 hombres, en su mayoría procedentes de Oaxaca (incluida una parte del Batallón de Tetela de Ocampo), bajo el mando del Gobernador y Comandante Militar del Estado de Puebla, Gral. Fernando María Ortega. Luego de tres horas de combate, los republicanos huyen en desorden dejando 60 muertos, 30 prisioneros, 80 caballos, 60 fusiles y muchos heridos. A pesar de que dos días después Juan Francisco (Lucas), a la cabeza de 500 milicianos de Xochiapulco y Tetela de Ocampo, ataca Teziutlán para tratar de recuperarlo, fracasa debido a que los intervencionistas reciben el apoyo de una fuerza mexicana de caballería comandada por Antonio Rodríguez Bocardo, y la noticia de que una fuerza francesa había ocupado Tlatlauhqui y que -además- el Mayor Kodolitch se dirigía hacia la Villa de Zacapoaxtla con una fuerza de austriacos, lo cual obligó a los hombres de Lucas a regresar inmediatamente a dicha villa para evitar su caída en manos imperiales. Sin embargo, el 17 de febrero de 1865 los austriacos entran en la Villa de Zacapoaxtla, con gran beneplácito de las familias conservadoras. El joven conservador zacapoaxteco Pascual Bonilla es nombrado Prefecto Imperial del Distrito. Inmediatamente Tlatlauhqui se adhiere al Imperio (124).
  • Los imperiales de Tlatlauhqui fracasan al intentar apoderarse de Xochiapulco. Luego de que el día anterior fuera ocupado por tres columnas de tropas austro-húngaras comandadas por el Gral. Francisco de Thun-Hohenstein, el 14 de marzo de 1865 los austriacos, con el respaldo de las fuerzas de Tlatlauhqui comandadas por Cenobio Cantero, ocupan Xochiapulco y les prenden fuego a los edificios públicos, los cuales estaban aún sin terminar. Enojados, los xochiapulquenses rápidamente contraatacan y logran acorralar a los austriacos. Finalmente la fuerza imperial logra romper el cerco y se retira en desbandada hacia su cuartel en la Villa de Zacapoaxtla, aunque deja 32 muertos y 154 prisioneros en lo que constituye la primera derrota importante de los austriacos en

México. La intervención de Cenobio Cantero y la fuerza conservadora de Tlatlauhqui hace creer a los patriotas de Xochiapulco que el ataque fue planeado y financiado por la familia del cura de Tlatlauhqui, Ramón Vargas López, siendo esta vez ajenos los zacapoaxtecos (125).

  • Nuevamente la Villa de Zacapoaxtla recibe al Imperio con repiques de campanas. El 6 de abril de 1865, entran en la Villa de Zacapoaxtla 720 austriacos de infantería y 25 jinetes bajo el mando del Capitán Bernhard, quienes son recibidos por dichos habitantes con repiques de campanas, cohetes y música de viento (126).
  • Zacapoaxtla ataca a Xochiapulo.  El 12 de abril de 1865 en Tetoxca, en las afueras de Zacapoaxtla, sobre el camino hacia Tlatlauqui, 200 milicianos xochiapulquenses tratan de capturar una batería de artillería que va camino a Zacapoaxtla, pero dos Compañías de Guardias Móviles de Zacapoaxtla bajo el mando del indígena Cenobio Cantero los desalojan con fuertes pérdidas; los imperiales sólo tuvieron un muerto y tres heridos. Por esta acción, el comandante austriaco Bernhard recomienda para recibir una condecoración, por su valor, al Tte. Casimiro González, “de la caballería indígena” y a 11 soldados austriacos. Al día siguiente tres columnas austriacas y mexicanas-colaboracionistas asaltan Xochiapulco, aunque se retiran rápidamente ante la respuesta armada de los habitantes (127).
  • Con apoyo de Zacapoaxtla, el Imperio se apodera definitivamente de la Sierra Norte de Puebla. En julio 1865 las fuerzas imperiales franco-austro- mexicanas toman la ofensiva simultáneamente en ambos lados de la Sierra Norte poblana. El 16 de julio, 400 xochiapulquenses comandados por Juan Francisco (Lucas) y Juan Crisóstomo Bonilla son  desalojados  de  Apulco  y  Huahuaxtla  por 2, 000 soldados imperiales -una parte de los cuales son austriacos y la otra parte mexicanos de Libres, Zacapoaxtla y Chalchicomula- luego de lo cual los patriotas se dirigen hacia Tetela de Ocampo en busca de refugio y apoyo. No obstante, el mismo día y a la misma hora 400 milicianos republicanos de Tetela, y

200 de Cuahuíctic (Municipio de Ixtacamaxtitlán) habían sido desalojados de Tetela de Ocampo por 2, 000 soldados imperiales encabezados por el Cap. Tancredo Della Salla, 800 de los cuales eran mexicanos procedentes de Tlaxco, Chignahuapan, Zacatlán e Ixtacamaxtitlán. Seis meses después, y a pesar de derrochar heroísmo y abnegación, los guardias nacionales de Tetela de Ocampo, Zacatlán, Ahuacatlán, y los milicianos indígenas de Xochiapulco, Ometépetl y Taxco (estos dos últimos, barrios indígenas de Tetela de Ocampo), Tulíhtic y Cuahuíctic (Ixtacamaxtitlán), Tetoxca (Zacapoaxtla), Tlamanca y Contla (Zautla) se quedan sin municiones, sin comida, sin dinero, sin medicinas y sin apoyo, lo que los obliga a capitular entre enero y febrero de 1866 (128).

Luego de que fueran desalojadas de sus respectivas poblaciones en julio de 1865, una pequeña parte del Batallón de Tetela de Ocampo y una pequeña parte del

Batallón de Zacatlán (quizá no más de 120 milicianos entre ambas fuerzas), encabezadas por sus respectivos comandantes, Juan N. Méndez y Ramón Márquez Galindo, y de acuerdo con el Gral. Fernando María Ortega, Gobernador y Comandante Militar del Estado de Puebla, deciden continuar su lucha en defensa de la patria y se trasladan a la región de Barlovento (norte de Veracruz), donde unen sus pequeñas fuerzas a la División veracruzana comandada por el Gral. Ignacio R. Alatorre. Sin embargo, luego de fracasar en varias ocasiones al tratar de recuperar Tetela y tratar de defender ante los imperiales la región ubicada entre Papantla (Veracruz) y Teziutlán (Puebla), finalmente estas fuerzas republicanas del norte de Puebla y norte de Veracruz se ven obligadas a capitular ante las fuerzas imperiales austriacas comandadas por el Mayor Sehonoosky el 15 de enero de 1866, tras ser derrotados tres días antes en Aguadulce, cerca de Papantla. Entre las fuerzas imperiales que colaboraron para someter a los patriotas del norte de Puebla y Veracruz, destacan 400 Guardias Móviles de Zacapoaxtla (129).

  • “Leal e Imperial Zacapoaxtla”.   Luego de que el 17 de febrero de 1865 las fuerzas imperiales -encabezadas por los austriacos- se habían apoderado de de Teziutlán, Zacapoaxtla y Tlatlauhqui, entre febrero de 1865 y julio de 1866 dichas fuerzas convirtieron a la Villa de Zacapoaxtla en su cuartel y base para operar en el norte de los Estados de Puebla y Veracruz; y en nuestro caso para apoderarse de Tetela de Ocampo, Xochiapulco, Cuahuíctic y Tetoxca, últimas localidades de la sierra oriental poblana donde aún se resistía al Imperio (lo cual lograrían entre enero y febrero de 1866). Entonces el 31 de julio de 1865, los habitantes de la Villa de Zacapoaxtla le juran “…de libre voluntad la obediencia al Imperio Mexicano…” y le empiezan a denominar a su propio batallón “Guardia Móvil de la Imperial Zacapoaxtla” y a su población “Leal e Imperial Zacapoaxtla”. Entre los individuos que le juran obediencia al Imperio Mexicano tenemos al “…indio Cenobio Cantero con su gente, al Sr. (Agustín) Roldán, los Srs. Arriaga, Salgado, Macip, Betancurt, Limón, Sállago, Luna y todas las familias decentes de esta población, quienes se han comprometido a atacar y destruir de forma definitiva las fuerzas disidentes de Tetela del Oro, Xochiapulco, Cuahuíctic y

(a) los de Tetosca lo cual se ha de verificar los prosimos dias. para luego ir a destruir las fuersas del Gral. (Juan N.) Méndez, (Vicente) Lara, (Ignacio R.) Alatorre y (Lázaro Garza) Ayala en la costa (de Barlovento)” (130).

  • Felicitación imperial, y pago por perjuicios.   Para julio de 1865 existe  en la Villa de Zacapoaxtla una sociedad de beneficencia encabezada por doña Antonia Juárez de Navarro, cuyo fin es el alivio y curación de los enfermos y heridos (de las fuerzas imperiales), razón por la cual el 3 de agosto siguiente el gabinete imperial la felicita a nombre de “Su Majestad la Emperatriz” (131).

Por otra parte, en vista de que en la Villa de Zacapoaxtla no existen cuarteles para alojar a las tropas austro-mexicanas, estas ocupan por la fuerza mesones y otras casas amplias, aunque negándose a pagar el arrendamiento y causando otros perjuicios. A fines de 1865 el gobierno imperial mexicano les ordena a los

gobiernos municipales y distritales del país que indemnicen a los dueños de los inmuebles afectados, por lo que entre fines de 1865 y principios de 1866 estos presentan sus solicitudes al gobierno imperial. Además, el 21 de marzo de 1866 el jefe imperial de la fuerza austro-mexicana que ocupa la Villa de Zacapoaxtla le solicita autorización al gobierno imperial para gastar $ 1, 990 pesos, y hacerle reparaciones al palacio de gobierno de dicha población para que sirva de cuartel a sus fuerzas (132).

  • Condecoraciones imperiales para los zacapoaxtecos. El 5 de septiembre de 1865, el gobierno imperial acepta condecorar, por una acción en Zautla el 30 de julio anterior, a 18 personas. Con la medalla al mérito militar de plata al Sargento José Velázquez y a los Cabos Arcadio Zárate y Antonio Á(v)ila, y con la medalla al mérito militar de bronce al Cabo Mariano Gurría y a los soldados Manuel A(sce)ensión, Manuel de la Rosa, José Anto(nio), Rosalino Soto, Toribio Lemos, Juan Salvador, Juan José, Juan Manuel Buendía y José Dolores. Estos 13 pertenecientes a la 3ª Compañía de la Guardia Móvil de Zacapoaxtla, y los 5 restantes a la 3ª Compañía de la Guardia Móvil de San Juan de los Llanos (133).

En el mismo tenor, por diferentes acciones en la Sierra Norte de Puebla entre julio y agosto de 1865, se condecora con la medalla al mérito militar de plata al Sargento 2º Vicente Martínez; y con la medalla al mérito militar de bronce a los soldados Miguel Cá(rc)amo, Vicente Chamico, Arcadio Salazar, Nicanor Ávila, Román González y Rafael Retinet, los 7 pertenecientes a la Guardia Móvil de Zacapoaxtla (134).

Asimismo, en diciembre de 1865 es nombrado “Caballero” y se le concede diploma de la Orden de Guadalupe al indígena zacapoaxteco Cenobio Cantero (135).

Otra vez los milicianos liberales-republicanos del Distrito administrativo de Zacapoaxtla. Entre agosto de 1864 y noviembre de 1865 reaparece en la Sierra Norte de Puebla el pequeño grupo de milicianos liberales del Distrito administrativo de Zacapoaxtla, comandado por el patriota Manuel Molina. Aunque no se cuenta con listas de los milicianos que integraban esta pequeña Compañía, creemos que se trata de los mismos milicianos de la 5ª Compañía, del Distrito de Zacapoaxtla, quienes durante la batalla del 5 de mayo de 1862 formaron parte del Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla, y cuyo segundo al mando era el Capitán 2º Ayudante Manuel Molina, originario del barrio de Tetoxca, Municipio de Zacapoaxtla (136).

  • El 14 de agosto de 1864, en Cuahuíctic (Distrito administrativo de Ixtacamaxtitlán), una fuerza republicana integrada por una parte del Batallón de Tetela de Ocampo (tal vez unos 150 milicianos al mando de Tomás Segura y Lauro Luna), dos Compañías de Cuahuíctic (tal vez 200 hombres, al mando de Dionisio Leal) y 30 milicianos liberales-republicanos de Zacapoaxtla comandados por el patriota Manuel Molina, se enfrenta a 1, 700 soldados imperiales mexicanos procedentes de Ixtacamaxtitlán, Libres y algunos de

Zacapoaxtla, obteniendo los patriotas la victoria y haciéndoles 41 prisioneros. Los patriotas sufrieron 2 muertos, de la milicia de Cuahuíctic, y capturaron dinero y algo de parque. El combate duró de las 2 a las 5:30 de la tarde, y Tomás Segura y Manuel Molina fueron los primeros patriotas en salir a enfrentar al enemigo (137).

  • El 8 de noviembre de 1864, en Zacatlán, una fuerza republicana comandada por Juan N. Méndez e integrada por el Batallón de Zacatlán (tal vez 300 milicianos), el Batallón de Tetela de Ocampo (tal vez 200) y 17 milicianos liberales-republicanos de Zacapoaxtla encabezados por Manuel Molina, se enfrenta a una fuerza imperial compuesta por 1, 900 franceses y mexicanos de Aquixtla, Libres y Tlaxco, derrotándola completamente y haciéndole 123 muertos, 177 heridos y varios prisioneros; habiendo sufrido los patriotas 14 muertos (138).
  • El 1º de febrero de 1865, en Teziutlán, una fuerza republicana compuesta por el Batallón de Tetela de Ocampo (tal vez 300 milicianos), a la que se unen Manuel Molina y 17 milicianos de Xochiapulco, es derrotada por una fuerza franco-mexicana (139).
  • El 9 de febrero de 1865, una fuerza republicana comandada por el Gral. Juan N. Méndez e integrada por el Batallón de Tetela de Ocampo (tal vez 300 milicianos, entre los cuales están Juan Crisóstomo Bonilla, Juan Francisco Lucas y Tomás Segura) y algunos milicianos liberales-repubicanos de Zacapoaxtla comandados por Manuel Molina, fracasan al intentar apoderarse de la Villa de Zacapoaxtla la cual es defendida por una fuerza francesa y Guardias Móviles de Zacapoaxtla (140).
  • El 23 de febrero de 1865, una fuerza republicana, compuesta por el Batallón de Tetela de Ocampo (tal vez 300 milicianos) y 21 milicianos liberales-republicanos de Zacapoaxtla comandados por el patriota Manuel Molina, fracasa nuevamente al intentar apoderarse de la Villa de Zacapoaxtla, la cual es defendida por una fuerza francesa y por Guardias Móviles de Zacapoaxtla, entre cuyos comandantes se encuentran los hermanos Agustín y Anastasio Roldán (141).
  • El 6 de noviembre de 1865, en Tlapacoyan, Veracruz, una fuerza republicana comandada por el Gral. Ignacio R. Alatorre, y de la cual forman parte el Batallón Zamora (comandado por el Teniente Coronel Estrada), 37 milicianos de Tetela de Ocampo (comandados por Lauro Luna y Tomás Segura) y el patriota Manuel Molina, es desalojada por una fuerza austro-mexicana en la cual participan fuerzas móviles de Zacapoaxtla y Zautla (142).

Las tropas francesas se retiran de México y se reanuda la resistencia de los patriotas en la Sierra Norte de Puebla. En enero de 1866 el emperador Napoleón III determina retirar sus 30, 000 soldados de México, debido a que la resistencia

republicana no cesa y a que ya le es imposible sostener económicamente su aventura; también debido a que recibe la presión de los Estados Unidos de América (libres ya de la Guerra de Secesión, y que no ven con buenos ojos la intervención de un país europeo en el continente americano) y a que a Francia se le avecina un conflicto en Europa, con su vecina la poderosa Prusia. Entonces, al conocerse esta noticia en México, en mayo de 1866 se reanuda la resistencia patriótica en la Huasteca, en el norte de Veracruz y en la Sierra Norte de Puebla (143).

Los Guardias Móviles de Zacapoaxtla colaboran con el Imperio en otra parte del país. En vista de que para febrero de 1866 las tropas republicanas de la Sierra Norte de Puebla ya habían capitulado, fuerzas intervencionistas mexicanas, también de la Sierra Norte poblana, que apoyaban a los europeos, continuaron colaborando con ellos para apoderarse de otras poblaciones republicanas del oriente del país y para mantener el orden imperial. Para marzo de 1866, 300 Guardias Móviles de Zacapoaxtla, cuyo comandante es Miguel Arriaga, se encuentran de guarnición en Papantla, Veracruz. No obstante, el 22 de junio de 1866 se subleva la Guardia Nacional de Papantla contra las fuerzas imperiales que la tienen ocupada, siendo inmediatamente contraatacada por fuerzas imperiales austriacas y mexicanas de Libres, Puebla, bajo el mando del Cap. Hammerstein, hasta que finalmente los imperiales son derrotados el 20 de julio siguiente. El 16 de septiembre de 1866 el comandante imperial de la zona de Puebla, Gral. Francisco de Thun Hohenstein, propone a 10 soldados imperiales que participaron en esta acción, la cual duró 30 días, para recibir una condecoración por parte del gobierno imperial “…por su perseverancia, valor y bravura”, entre ellos dos de la Guardia Móvil de San Juan de los Llanos (144).

Ahora sí: la Villa de Zacapoaxtla defiende a la patria. Entre agosto y septiembre de 1866, Zacapoaxtla y Zacatlán son abandonadas por las fuerzas imperiales. Entonces, en el lado oriental de la Sierra, entre agosto y octubre rápidamente los republicanos, encabezados por Juan N. Méndez, Ramón Márquez Galindo, Juan Francisco Lucas y Juan Crisóstomo Bonilla, recuperan las principales poblaciones: Zacapoaxtla, Tetela de Ocampo, Teziutlán y Libres. Las poblaciones de la Sierra cuyos habitantes antes colaboraban con los invasores europeos se han quedado solas (en el oriente Zacapoaxtla, Tlatlauhqui, Libres y Zautla; en el poniente Chignahuapan, Aquixtla e Ixtacamaxtitlán). Es entonces que, por temor a la venganza de los republicanos -cuyos poblados habían ayudado a destruir y a cuyos habitantes habían perseguido y asesinado-, los habitantes de dichas poblaciones antes colaboracionistas del Imperio deciden pasarse al bando de los patriotas. Es hasta este momento, y no antes, que las familias conservadoras de las Villas de Zacapoaxtla y Tlatlauhqui (así como las de Chignahuapan, Aquixtla, Zautla, Libres, Ixtacamaxtitlán y Tlaxco) se ven obligadas, por la fuerza de las circunstancias, a enlistar sus respectivos batallones de Guardia Nacional ahora para defender a la patria, los cuales formarán parte de la Brigada del Gral. Juan Francisco Lucas, de la 2ª División del Ejército Mexicano de Oriente, para apoyar a las fuerzas republicanas en la toma de las Ciudades de Jalapa y Perote

(noviembre de 1866), Puebla (abril de 1867) y Ciudad de México (junio de 1867), con lo cual termina la guerra contra la Intervención Francesa y el II Imperio, con la victoria de los liberales-republicanos encabezados por Benito Juárez (145).

IV.   CONCLUSIONES.

Durante la batalla del 5 de mayo de 1862 en la Cd. de Puebla, el mérito de haber sido el primer cuerpo del Ejército Mexicano de Oriente en enfrentar al ejército francés, y también el primero en rechazarlo, le correspondió en realidad al Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla, cuyo comandante era el Corl. Juan Nepomuceno Méndez Sánchez y el cual estaba integrado en dos terceras partes por milicianos del Municipio de Tetela de Ocampo (Distrito administrativo de Tetela de Ocampo), y en una tercera parte por milicianos de los Municipios de Xochiapulco, Zacapoaxtla y Cuetzalan, pertenecientes estos tres últimos al entonces Distrito administrativo de Zacapoaxtla.

A causa de que en diciembre de 1861, al iniciarse la Intervención de España, Inglaterra y Francia en México, el cuartel con fuerzas liberales de Guardia Nacional de los Municipios de Tetela de Ocampo, Xochiapulco, Zacapoaxtla, Cuetzalan, Zautla y Zacatlán estaba ubicado en la conservadora Villa de Zacapoaxtla debido a que entre diciembre de 1855 y agosto de 1859 dichos habitantes se habían sublevado cuatro veces en contra de los gobiernos liberales de los presidentes Ignacio Comonfort y Benito Juárez, entre enero y agosto de 1862 al interior del Ejército Mexicano de Oriente se le denominaba Batallón de Zacapoaxtla al cuerpo que oficialmente se llamaba Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla. Tanto el Gral. Miguel Negrete como el Gral. Ignacio Zaragoza así lo denominaban en sus respectivas correspondencias. Y la ausencia de estas aclaraciones, las cuales nunca fueron hechas, fue la causa de la histórica confusión, y dio lugar a que -con el tiempo- nuestra historia oficial le atribuyera a la entonces Villa y actualmente Ciudad de Zacapoaxtla, un mérito ajeno.

De esta manera entre diciembre de 1861 y agosto de 1862, que es el contexto temporal de la histórica batalla del 5 de mayo, cuando los comandantes del Ejército Mexicano de Oriente mencionaban al Batallón de Zacapoaxtla, en realidad se estaban refiriendo al batallón de milicianos que en ese momento provenía de la Villa de Zacapoaxtla, donde desde junio de 1859 -durante la guerra de Reforma- tenía su cuartel, pero que estaba integrado por milicianos liberales de los Municipios de Tetela de Ocampo (2/3), Xochiapulco, Zacapoxtla y Cuetzalan (1/3); es decir al Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla, cuyo comandante era el Coronel Juan Nepomuceno Méndez Sánchez, de Tetela de Ocampo.

Para el momento en que se da la Batalla del 5 de mayo de 1862, la Villa de Zacapoaxtla (cabecera política de los pueblitos indígenas del Municipio de

Zacapoaxtla y cabecera política de los municipios indígenas del Distrito de Zacapoaxtla), la cual estaba políticamente dirigida y controlada por una minoría de origen español que militaba en el partido conservador, sí que contaba

-en conjunto con el vecino Distrito de Tlatlauhqui– con un batallón de milicia ciudadana de 300 plazas. Sin embargo, desde la guerra de Reforma en la Sierra Norte de Puebla (1855-1860), dicho batallón había estado al servicio de la jerarquía eclesiástica con sede en el Obispado de Puebla, el cual actuaba conjuntamente con la jerarquía del ejército federal. Y por esta razón al iniciarse la Intervención Francesa en México y hasta fines de 1866 (en que las tropas imperiales se retiran de la Sierra Norte de Puebla), dicho batallón estuvo al servicio de los invasores europeos y en contra del gobierno liberal-republicano de Don Benito Juárez.

Debido a los abusos perpetrados desde la época colonial y todavía durante la primera parte del siglo XIX por el grupo reaccionario-conservador de origen español de la Villa de Zacapoaxtla en contra de los poblados indígenas del propio Municipio de Zacapoaxtla y también en contra de los poblados indígenas de los demás municipios del Distrito de Zacapoaxtla, los indígenas afectados buscaron el apoyo del partido liberal triunfante después de la Revolución de Ayutla y por esto, al declararse la Intervención Francesa en México, dichos habitantes indígenas se sumaron al Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla para participar en la Batalla del 5 de mayo de 1862 en la Ciudad de Puebla, y posteriormente, al regresar los franceses en 1863, se unirán a los republicanos para defender la Sierra Norte de Puebla contra franceses y austriacos.

Durante la Batalla del 5 de mayo, los indígenas liberales-republicanos de los Municipios de Zacapoaxtla (19) y Cuetzalan (7), los cuales formaban parte del Distrito de Zacapoaxtla, integraron la 5ª Compañía del Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla. Durante la guerra contra el II Imperio, dirigidos ahora por el patriota Manuel Molina, de Tetoxca, Zacapoaxtla, varias decenas de indígenas de Zacapoaxtla” (el equivalente a una Compañía, creemos que también de diversos municipios del Distrito de Zacapoaxtla) participaron en 6 combates. Y creemos que esta pequeña Compañía está relacionada con el cuerpo que del Distrito de Zacapoaxtla participó en el Heroico Sitio a la Cd. de Puebla impuesto por el ejército francés, defendiendo el Convento de Santa Inés, participación que le valió a la entonces Villa de Zacapoaxtla la calidad de Ciudad y el título de Ciudad del 25 de Abril.

Durante la Batalla del 5 de mayo, los indígenas nahuas del Municipio de Xochiapulco (municipio que también era parte del Distrito de Zacapoaxtla) formaron parte de la 6ª Compañía del Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla. Y durante las guerras contra la Intervención Francesa y el II Imperio, primero con una o dos Compañías y posteriormente con un batallón, los indígenas xochiapulquenses participaron en otras 52 batallas en defensa de la patria.

 “Es preciso desengañarnos y restituir a los sucesos y a los personajes más (sobre)salientes de nuestro pasado su verdadero carácter… Tratemos de ser justos sobre la base de buenos acopios de información, no cedamos a las visiones fáciles y reduccionistas de nuestros sucesos y personajes más relevantes…”.

                                                                            FRANCISCO MARTÍN MORENO (146).

Licenciado en Etnohistoria.

Venancio Armando Aguilar Patlán.

Ecatepec de Morelos, Estado de México, junio de 2020.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS.

  • Francisco Martín Moreno. 100 Mitos de la Historia de México. México, Aguilar, 2010. Números: Portada con el águila, la serpiente y el nopal, (p. 6); y portada con Francisco I. Madero, (p. 6).
  • Pierre Grimal. Mitologías: del Mediterráneo al Ganges. Madrid, 2007. Google.
  • Octavio Guzmán. “Aclaraciones indispensables sobre el mito de los zacapoaxtlas en las conmemoraciones anuales de la batalla del 5 de mayo de 1862”. En La batalla del 5 de mayo. México, Publicaciones Especiales del Primer Congreso Nacional de Historia para el Estudio de la Guerra de Intervención, 1963. pp. 90-107, (específicamente, p. 97).
  • Octavio Guzmán, (pp. 96-99).
  • “Entrevista concedida por el Gral. Miguel Negrete en distintos periódicos”. En Doroteo Negrete. La verdad ante la figura militar de don Miguel Negrete. Puebla, La Enseñanza SA, 1935. 362 pp. (pp. 89-91). Desafortunadamente no se manifiesta la fecha de la entrevista, aunque creemos que debió ser el mismo 5 de mayo, o en los 3 días siguientes.
  • De la Torre Villar, Ernesto. “La Intervención Francesa”. En Miguel León-Portilla (Coordinador), Historia de México. México, Salvat, 1978. Tomo 9, (pp. 2053-2078). (específicamente, pp. 2058-2061).
  • A diferencia del soldado profesional, el cual se dedica permanentemente al servicio de las armas porque de eso vive económicamente, el miliciano de Guardia Nacional es un ciudadano común y corriente el cual, obligado por la ley (de Guardia Nacional), ha tenido que dejar de lado todo lo que tiene que hacer y ha tomado las armas para defender el orden institucional de su país, amenazado por una facción en armas, o a su patria en peligro ante una intervención extranjera; no

obstante en cuanto termina la eventualidad que lo obligó a tomar las armas, dicho ciudadano volverá a sus actividades cotidianas. En diciembre de 1861, al presentarse en México las primeras naves de la Convención de Londres, las españolas, estaba en vigor la Ley de Guardia Nacional de 1855.

  • “Memorias del Coronel Lauro Luna”. Sin fecha, ni lugar. Archivo Histórico Particular de la Señorita Marina Fuentes Sánchez. Tetela de Ocampo, Puebla. 23 ff. (f.1r.); “Constancia de Servicios que le extiende el Jefe Político Sustituto del Distrito de Tetela de Ocampo Juan Crisóstomo Bonilla al Corl. Ignacio López. Tetela de Ocampo, Puebla. 16 de diciembre de 1867. En Archivo Histórico Particular del Sr. Julio Zamítiz Cruz. Tetela de Ocampo, Puebla. Legajo 1867. 3 fojas, (f. 1); “Parte Oficial que rinde el Cap. Tomás Segura, Comisionado Especial de la Redacción del Parte Oficial”. Cd. de Puebla, 5 de mayo de 1862. En Expediente Oficial relativo a la batalla del 5 de mayo de 1862, en la Ciudad de Puebla de Zaragoza, triunfando gloriosamente sobre el ejército expedicionario francés. Patriótica Villa de Tetela de Ocampo, 1º de septiembre de 1867. Archivo Histórico Particular de la Familia Molina-Bonilla. Tetela de Ocampo, Puebla. (Caja 4, L. 3, 15 ff). (ff. 4 y 5); “5ª Compañía. Relación de Integrantes de la Compañía de Zacapoaxtla que concurrieron a la Batalla del 5 de mayo de 1862”. Puebla, 9 de mayo de 1862. Elaborada por Manuel Molina. Archivo Histórico Particular de la Familia Molina-Bonilla. Tetela de Ocampo, Puebla (C.1, L.34, 4 ff.) (f.2); y “Memorias del Gral. José María Maldonado”. AGN. II Imperio. Correspondencia del Gral. Francisco Leyva. Legajo XLIV. 73 pp. (pp. 9 y 10).

Con objetivo descentralizador, para 1861 el Congreso del Estado de Puebla organizó la entidad en Distritos administrativos, regionales, formado cada uno de estos por varios municipios cuya principal característica era estar juntos y cercanos unos a otros. El municipio que fungía como cabecera distrital o cabecera regional era aquel en el que vivían más personas hablantes de español o castellano (“castilla”) y/o que eran las más influyentes económicamente (hacendados, curas, políticos o comerciantes) y en él residía la Jefatura Política de Distrito, la cual estaba a cargo de un Jefe Político, persona “de razón” quien por lo general había formado o formaba parte de la Guardia Nacional del Distrito y ya antes había sido una o varias veces Presidente Municipal. El Jefe Político de Distrito representaba la autoridad del gobierno estatal para resolver problemas administrativos sencillos, que no requirieran delicadas decisiones (ya que estas correspondían solamente al Congreso Estatal), para que los ciudadanos no tuvieran la necesidad de trasladarse hasta la capital del estado para ejecutar un trámite sencillo. Para fines de 1861, el Distrito administrativo de Zacapoaxtla estaba integrado por los Municipios de Zacapoaxtla, Xochiapulco, Xochitlán, Nauzontla y Cuetzalan, con cabecera en la Villa de Zacapoaxtla. Otro Distrito administrativo estaba integrado por los Municipios de Tetela de Ocampo, Aquixtla, Huitzilan, Zapotitlán, Jonotla y Tuzamapa, con cabecera en la Villa de Ocampo. De acuerdo con la constitución estatal vigente en ese momento, la Guardia Nacional era una cuestión que se organizaba por las autoridades de los Distritos.

En pocas palabras, para diciembre de 1861 en que las naves de la Convención de Londres empiezan a llegar a las costas mexicanas, la palabra Zacapoaxtla, política y administrativamente, significa tres cosas diferentes: (1) La entonces Villa de Zacapoaxtla, hoy Ciudad de Zacapoxtla, es una población que, por contar entre sus habitantes con muchos hablantes de la lengua española o castellano, y también con personas con influencia política como comerciantes, administradores, militares o ministros religiosos, siguió siendo reconocida por la Constitución estatal de julio de 1861 como cabecera municipal. Sin embargo, aquí es importante apuntar que para 1861, en la entonces Villa de Zacapoxtla, entre sus habitantes existía un buen número de ciudadanos españoles o de origen español, los cuales permanecieron ahí después de nuestra guerra de Independencia y a pesar de las diversas expulsiones de españoles ordenadas por el gobierno mexicano, o que incluso siguieron llegando más entre 1821 y 1861. Para diciembre de 1861 este pequeño grupo de españoles es el que ostenta, de manera despótica y arbitraria, como en la época colonial, el dominio político-administrativo no sólo en la Villa y el Municipio de Zacapoxtla sino también en los demás municipios de su Distrito administrativo. (2) Zacapoaxtla también significa un Municipio, el cual tiene bajo su dominio político-administrativo a diversas comunidades indígenas, todas los cuales dependen de la cabecera municipal, férreamente dominada y administrada por una elite de origen español. Y (3) Zacapoaxtla también significa Distrito político o región administrativa, la cual se compone de diversos municipios indígenas, los cuales quedan subordinados política y administrativamente a los designios del Jefe Político de Distrito, quien en el caso de Zacapoaxtla, para la época de la Reforma (1855-1867), era un individuo de origen español, es decir criollo o mestizo. Por lo anteriormente dicho, la presencia de un pequeño grupo de origen español, impuesto desde la Ciudad de Puebla y por el Obispado de Puebla, dará lugar a una serie de arbitrariedades e injusticias de dicha elite en contra de la inmensamente mayoritaria población indígena regional.

  • Daniel Muñoz y Pérez, “El General Juan N. Méndez y el Batallón de Nacionales de Puebla”. En Boletín Biográfico de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, No. 244. México D. F., a 1º de abril de 1962. Archivo Histórico Particular del Sr. Julio Zamítiz Cruz. Tetela de Ocampo, Puebla. 10 pp. (específicamente pp. 1 y 10); y Guy P. C. Thomson con David G. Lafrance, El liberalismo popular mexicano. Juan Francisco Lucas y la Sierra de Puebla, 1854- 1917. México, Benemérita Universidad de Puebla y Ediciones de Educación y Cultura, 2011. 557 pp. (p. 117).
  • Jorge L. Tamayo, Ignacio Zaragoza. Correspondencia y documentos. México, Centro de Investigación Científica Jorge L. Tamayo y Consejo Editorial del Gobierno del Estado de Puebla, 1979. 374 pp. (pp. 171, 265, 278 y 281).
  • Miguel Ángel Sánchez Lamego. “La batalla del 5 de mayo de 1862. Algunas consideraciones novedosas”, en La batalla del 5 de mayo. México, Publicaciones Especiales del Primer Congreso Nacional de Historia para el Estudio de la Guerra de Intervención, 1963. (pp. 11-35), (específicamente pp. 22, 24, 26 y 27); Manuel Emiliano Ayala. “Recuerdos del 5 de mayo”. Apuntes históricos, escritos en Mayo de 1874. Reproducidos en el periódico La voz de Puebla, publicado en la Ciudad de México, el 1º de mayo de 1888. (4 planas de periódico). (p. 2-apartado IV); Vicente Riva Palacio (Coordinador), México A Través de los Siglos. México,

Editorial Cumbre, SA, 1985, Tomo X, 397 pp. (p. 65); “Plano de Puebla de Zaragoza”, en Fausto Marín Tamayo. Puebla, 1863. Diario de guerra. México, Ediciones Culturales García Valseca, 1963. 80 pp. (pp. 20-21); “Plano de la  Batalla que tuvo lugar el 5 de Mayo de 1862 en los suburbios de la Cd. de Puebla, formado de orden del C. Ministro de la Guerra por la sección científica del Ministerio de Justicia y Fomento, conforme al croquis remitido por la Comandancia General de Ingenieros del Ejército de Oriente”. México, Imprenta de Ignacio Cumplido, 1862; y “Plano de la Ciudad de Puebla con las obras de defensa y ataque en el sitio por el ejército francés en los meses de marzo, abril y mayo de 1863”. Departamento de Estado Mayor del Ejército Mexicano de Oriente. Sin lugar ni fecha. (Escala 1:8000).

  • Memorias del Gral. Porfirio Díaz. Prólogo de Matías Romero. México, 1892.

564  pp.   (p. 131).   Tal vez el amontonamiento de tierra midiera, por lo menos, 150 m. de largo, y 1.5 m. de altura.

  • Jorge L. Tamayo, Ignacio Zaragoza. Correspondencia y documentos. (pp. 34 y 58-59); Miguel Ángel Sánchez Lamego. “La batalla del 5 de mayo de 1862. Algunas consideraciones novedosas”, en La Batalla del 5 de Mayo, (pp. 14-19); y Manuel Emiliano Ayala. “Recuerdos del 5 de mayo”, en La Voz de Puebla, (pp. 1- apartado I, y p. 2-apartado II).
  • “Memorias del Coronel Lauro Luna”. Archivo Histórico Particular de la Srita. Marina Fuentes Sánchez. Tetela de Ocampo, Puebla, (f.2); y Manuel Emiliano Ayala. “Recuerdos del 5 de mayo”, en La Voz de Puebla, (p. 1-apartado I).
  • “Parte Oficial que rinde el Cap. Tomás Segura. Comisionado Especial de la Redacción del Parte Oficial”, En Expediente Oficial relativo a la batalla del 5 de mayo de 1862… (f. 4); “Reportes de mis acciones militares desde 1862 a 1867 al lado del 6º Batallón Guardia Nacional de Tetela de Ocampo”. Por Tomás Segura. Archivo Histórico Particular de la Familia Molina Bonilla. Tetela de Ocampo, Puebla. (C. 1, L. 32, 18 ff.), (ff. 3 y 4); “Parte del Gral. Miguel Negrete”. En Jorge L. Tamayo. Ignacio Zaragoza. Correspondencia y documentos, (p.132); “Memorias del Coronel Lauro Luna”. Archivo Histórico Particular de la Srita. Marina Fuentes Sánchez. Tetela de Ocampo, Puebla, (f.2); “Entrevista concedida por el Gral. Miguel Negrete en distintos periódicos”, (pp. 89 y 90); Manuel Emiliano Ayala. “Recuerdos del 5 de mayo”, en La Voz de Puebla, (p.1-apartado I); y Miguel Ángel Sánchez Lamego. “La batalla del 5 de mayo de 1862. Algunas consideraciones novedosas”, en La Batalla del 5 de Mayo, (pp. 14 y 15).
  • “Parte Oficial que rinde el Cap. Tomás Segura. Comisionado Especial de la Redacción del Parte Oficial”. En Expediente Oficial relativo a la batalla del 5 de mayo de 1862… (ff. 4 y 5); y “5ª Compañía. Relación de Integrantes de la Compañía de Zacapoaxtla que concurrieron a la Batalla del 5 de mayo de 1862”, (f. 2).
  • “5ª Compañía. Relación de Integrantes de la Compañía de Zacapoaxtla que concurrieron a la Batalla del 5 de mayo de 1862”, (f. 2).
  • “Parte Oficial que rinde el Cap. Tomás Segura, Comisionado Especial de la Redacción del Parte Oficial”. En Expediente Oficial relativo a la batalla del 5 de mayo de 1862… (f. 5), y “Relación Oficial de los CC Jefes, Oficiales y miembros de tropa del expresado cuerpo de guerra que concurrieron activamente a la memorable batalla del 5 del presente”, En Expediente Oficial relativo a la batalla

del 5 de mayo de 1862… (f. 10); y “Memorias del Coronel Lauro Luna”. Archivo Histórico Particular de la Srita. Marina Fuentes Sánchez. Tetela de Ocampo, Puebla, (f. 2r.).

  • “La batalla del 5 de mayo de 1862. Algunas consideraciones novedosas”, por Miguel Ángel Sánchez Lamego. En La batalla del 5 de mayo. (pp. 17-19).
  • Memorias del Gral. Porfirio Díaz, (p. 128).
  • Memorias del Gral. Porfirio Díaz. (p. 129); y “Plano de la Ciudad de Puebla con las obras de defensa y ataque en el sitio por el ejército francés en los meses de marzo, abril y mayo de 1863”. Departamento de Estado Mayor del Ejército Mexicano de Oriente. Sin lugar ni fecha. (Escala 1:8000).
  • Memorias del Gral. Porfirio Díaz, (pp. 129-130).
  • Memorias del Gral. Porfirio Díaz, (p. 130); y Antonio Carrión. Historia de la Ciudad de la Puebla de los Ángeles. México, Ediciones de la Viuda de Dávalos e Hijos, 1897. 2 Tomos. Tomo 2. 751 pp. (pp. 529 y 530).
  • “Narración del Príncipe Bibesco”. En Riva Palacio, Vicente. (Coordinador), México a Través de los Siglos. México, Editorial Cumbre, 1985. 23ª Edición. Tomo X, 397 pp. (p. 67).
  • “Plano de Puebla de Zaragoza y sus alrededores”. En Marín Tamayo, Fausto. Puebla, 1863. Diario de guerra. Puebla, México, Ediciones Culturales García Valseca, 1963. 80 pp. (pp. 20 y 21); “Plano de la batalla que tuvo lugar el 5 de mayo de 1862 en los suburbios de la Cd. de Puebla, formado de orden del C. Ministro de la Guerra por la Sección Científica del Ministerio de Justicia y Fomento, conforme al croquis remitido por la Comandancia General de Ingenieros del Ejército de Oriente”. México, Imprenta de Ignacio Cumplido, 1862; y “La batalla del 5 de mayo de 1862. Algunas consideraciones novedosas”, por Miguel Ángel Sánchez Lamego. En La batalla del 5 de mayo. (p. 19).
  • Miguel Ángel Sánchez Lamego. “La Batalla del 5 de Mayo de 1862”. En La batalla del 5 de mayo, (pp. 14-18).
  • “Parte sobre la batalla del 5 de mayo”, Cuartel General en Puebla, 9 de mayo de 1862. En Jorge L. Tamayo, Ignacio Zaragoza. Correspondencia y documentos. México, Centro de Investigación Científica Jorge L. Tamayo y Consejo Editorial del Gobierno del Estado de Puebla, 1979. 374 pp. (pp. 155-157).
  • Memorias  del  Gral.  Porfirio  Díaz.            (p. 131); “Parte del Gral. Felipe Berriozábal”, Puebla, 5 de mayo de 1862. En Jorge L. Tamayo, Ignacio Zaragoza. Correspondencia y documentos. (pp. 137-140); “La batalla del 5 de mayo de  1862. Algunas consideraciones novedosas”, por Miguel Ángel Sánchez Lamego. En La batalla del 5 de mayo, (p. 15); y “Parte Oficial que rinde el Cap. Tomás Segura, Comisionado Especial de la Redacción del Parte Oficial”. Cd. de Puebla, 5 de mayo de 1862. En Expediente Oficial relativo a la batalla del 5 de mayo de 1862, (f. 6).
  • Memorias del Gral. Porfirio Díaz. (p. 132); “La batalla del 5 de mayo de  1862. Algunas consideraciones novedosas”, por Miguel Ángel Sánchez Lamego. En La batalla del 5 de mayo, (p. 16); y Patricio Ramos. Descripción de la batalla ganada al ejército francés el 5 de mayo de 1862. México, Colección Históricos- Biblioteca 5 de mayo, 2012. Estudio introductorio, análisis y transcripción de Celia Salazar Exaire y Elvia Acosta Z. 93 pp. y Anexos. (pp. 39-85).
  • Memorias del Gral. Porfirio Díaz, (p. 130); y “La batalla del 5 de mayo de 1862. Algunas consideraciones novedosas”, por Miguel Ángel Sánchez Lamego. En La batalla del 5 de mayo, (p. 16).
  • Memorias del Gral. Porfirio Díaz, (p. 132); y “La batalla del 5 de mayo de 1862. Algunas consideraciones novedosas”, por Miguel Ángel Sánchez Lamego. En La batalla del 5 de mayo, (p. 17).
  • Miguel Ángel Sánchez Lamego. “La Batalla del 5 de Mayo de 1862”. En La batalla del 5 de mayo,                          (pp. 16-17).
  • Memorias del Gral. Porfirio Díaz,      (p. 131 y 132); y “La batalla del 5 de mayo. Algunas consideraciones novedosas”, por Miguel Ángel Sánchez Lamego. En La batalla del 5 de mayo,         (pp. 14, 15 y 22).
  • “La batalla del 5 de mayo de 1862. Algunas consideraciones novedosas”, por Miguel Ángel Sánchez Lamego. En La batalla del 5  de mayo,  (pp. 14-15);  Antonio Carrión. Historia de la Ciudad de la Puebla de los Ángeles. México, Ediciones de la Viuda de Dávalos e Hijos, 1897. 2 Tomos. Tomo 2. (p. 531); y Vicente Riva Palacio (Coordinador), México A Través de los Siglos, Tomo X, (p. 67).
  • “Informa del triunfo desde el campo de batalla”, Cd. de Puebla, 5 de mayo de 1862. En Jorge L. Tamayo. Zaragoza. Correspondencia y documentos, (pp. 130-131); “Parte del Conde de Lorencez sobre la batalla del 5 de mayo”. Orizaba, Veracruz. 22 de mayo de 1862. En Jorge L. Tamayo. Zaragoza. Correspondencia y documentos, (pp. 192-199); “Narración del Príncipe Bibesco”, en Vicente Riva Palacio (Coordinador), México a través de los siglos,    (p. 66); “La batalla del 5   de mayo de 1862. Algunas consideraciones novedosas”, Miguel Ángel Sánchez Lamego. En La batalla del 5 de mayo,  (p. 23); y “Plano de la batalla que tuvo  lugar el 5 de mayo de 1862 en los suburbios de la Cd. de Puebla, formado de orden del C. Ministro de la Guerra por la sección científica del Ministerio de Justicia y Fomento, conforme al croquis remitido por la Comandancia General de Ingenieros del Ejército de Oriente”. México, Imprenta de Ignacio Cumplido, 1862.
  • “Parte sobre la batalla del 5 de mayo”. Cd. de Puebla, 9 de mayo de 1862. En Jorge L. Tamayo, Ignacio Zaragoza. Correspondencia y Documentos, (pp. 155- 157); y Memorias del Gral. Porfirio Díaz, (pp. 132-133).
  • Manuel Emiliano Ayala. “Recuerdos del 5 de mayo”, en La Voz de Puebla, (p. 2, apartado IV); “Informe Oficial de la Batalla rendido por el General Miguel Negrete”. Cd. de Puebla, 6 de mayo de 1862. En Doroteo Negrete. La verdad ante la figura militar de don Miguel Negrete,   (pp. 100-102); y “Parte Oficial que rinde  el Cap. Tomás Segura, Comisionado Especial de la Redacción del Parte Oficial”. Cd. de Puebla, 5 de mayo de 1862. En Expediente Oficial relativo a la batalla del 5 de mayo de 1862, (ff. 4-8).
  • “Parte Oficial que rinde el Cap. Tomás Segura, Comisionado Especial de la Redacción del Parte Oficial”. Cd. de Puebla, 5 de mayo de 1862. En Expediente Oficial relativo a la batalla del 5 de mayo de 1862, (ff. 4-8); “Certificado que le extiende el Gral. Ignacio Zaragoza al Ciudadano Tomás Segura, Comandante Mayor del Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla, por haber sido el primer individuo del Cuerpo de Ejército de Oriente en hacer frente al enemigo, y el primero en rechazar su ataque”. Cd. de Puebla, 10 de mayo de 1862. En Expediente Oficial relativo a la batalla del 5 de mayo de 1862, (f. 11).

Por el importante papel que desempeñó el Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla durante la batalla del 5 de mayo de 1862, el propio Gral. Ignacio Zaragoza le extendió un reconocimiento escrito (Ver “Reconocimiento que el Gral. Ignacio Zaragoza le hace al Sexto Batallón Guardia Nacional del Estado de Puebla, por haber sido el primer cuerpo del Ejército de Oriente en hacerle frente al ejército francés, y también por haber sido el primero en rechazar su ataque”. Cd. de Puebla, 10 de mayo de 1862. En Expediente Oficial relativo a la batalla del 5 de mayo de 1862, (f. 13)).

Por el papel que jugó en la batalla del 5 de mayo de 1862, Tomás Segura recibió un reconocimiento escrito del propio Gral. Ignacio Zaragoza, y uno del propio Presidente Benito Juárez (Ver “Parte que rinde el Cap. Tomás Segura, Comisionado Especial de la Redacción del Parte Oficial”. Cd. de Puebla, 5 de mayo de 1862. En Expediente oficial relativo a la batalla del 5 de mayo de 1862, (C.4, L.3, f. 11), y (C.2, L. 39, ff. 3-6); y “Reconocimiento que el Presidente Benito Juárez le hace a Tomás Segura por ser el primer hijo de la Madre Patria en hacerle frente al enemigo francés y el primero en repeler su ataque”. Cd. de México, a 30 de mayo de 1862. En Expediente Oficial relativo a la batalla del 5 de mayo de 1862, (f. 14)).

Según Guy Thomson, la principal virtud del Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla consistía sobre todo en su buena puntería, desarrollada durante su experiencia previa en la guerra de Reforma; a lo cual no podemos dejar de agregar su valentía y disciplina en momentos críticos, lo cual el Sexto Batallón ya había mostrado días antes en la batalla de Acultzingo, en un lance parecido al inicio de aquella batalla, razón por la cual había sido distinguido en el Ejército Mexicano de Oriente por el propio Gral. Ignacio Zaragoza el día 4 de mayo, “relevándolo de todo servicio de plaza” y colocándolo solamente bajo las órdenes del propio Gral. Miguel Negrete, quien nuevamente había pensado en el Sexto Batallón para una tarea importante para el día 5 de mayo, aunque sin comentarle a nadie de dicha misión, ni siquiera incluso al propio comandante del Sexto Batallón, Corl. Juan N. Méndez (Ver: “Entrevista concedida por el Gral. Miguel Negrete en diversos periódicos”, (p. 91); y Guy P. C. Thomson y David G. Lafrance, (p. 117); “Memorias del Coronel Lauro Luna”. Archivo  Histórico Particular de la Srita. Marina Fuentes Sánchez. Tetela de Ocampo, Puebla,  (ff. 1r., 2 y 2r.); y “Parte Oficial que rinde el Cap. Tomás Segura, Comisionado Especial de la Redacción del Parte Oficial”. En “Expediente oficial relativo a la batalla del 5 de mayo de 1862”, (C.4, L.3, f. 4)).

Los reportes del propio Capitán Tomás Segura son los únicos documentos mexicanos que nos brindan información sobre el primer contacto directo entre mexicanos y franceses durante la batalla del 5 de mayo de 1862, enfatizando en todos sus informes que él mismo fue el primer soldado mexicano en salir al encuentro de los galos dos veces durante el primer ataque de éstos al fuerte de Guadalupe. Sin embargo, ni Tomás Segura ni ningún otro reporte son

suficientemente claros acerca de si dicho primer contacto personal se produjo cuando los mexicanos bajaban a la desbandada por el declive del cerro, disparando sobre los franceses y gritando vivas a la patria (para sorprenderlos y provocar que los siguieran) a pesar de que todavía había varias decenas de metros de distancia entre ambos grupos; o cuando los mexicanos fueron alcanzados y rodeados por los franceses mientras retrocedían hacia su propia línea. Nos inclinamos por esto último.

  • Manuel Emiliano Ayala. “Recuerdos del 5 de mayo”, en La Voz de Puebla, (p. 2- apartado IV); “La batalla del 5 de mayo. Algunas consideraciones novedosas”, Miguel Ángel Sánchez Lamego. En  La batalla del 5 de mayo,  (p. 14).
  • “Memorias del Coronel Lauro Luna”. Archivo Histórico Particular de la Srita. Marina Fuentes Sánchez. Tetela de Ocampo, Puebla, (ff.2r y 3.); y “Elogio Fúnebre del Gral. de División Juan Nepomuceno Méndez, pronunciado por el autor, Lic. Ignacio Ojeda Verduzco, al inhumarse el cadáver del caudillo poblano”, en José María Bonilla. Corona Fúnebre dedicada al Señor General de División Juan N. Méndez. México, Imprenta de Daniel Cabrera, 1894. 83 pp. (pp. 57-60; específicamente p. 59).
  • “Parte del Gral. Miguel Negrete”, En Jorge L. Tamayo, Ignacio Zaragoza. Correspondencia y documentos, (p. 133); “Entrevista concedida por el Gral.  Miguel Negrete en diversos periódicos”, en Doroteo Negrete. La verdad ante la figura militar de don Miguel Negrete,  (pp. 90 y 91); y Antonio Carrión, Historia de la Ciudad de la Puebla de los Ángeles, México, Ediciones de la Vda. de Dávalos e Hijos, 1897. 2 Tomos. (Tomo Segundo, pp. 531 y 532).
  • “Parte del Gral. Miguel Negrete”, En Jorge L. Tamayo, Ignacio Zaragoza. Correspondencia y documentos, (p. 133); “Entrevista concedida por el Gral.  Miguel Negrete en distintos periódicos”, en Doroteo Negrete. La verdad ante la figura militar de don Miguel Negrete,   (pp. 90 y 91); y (Memorias del Gral.    Porfirio Díaz, (p. 132).
  • “Parte del Gral. Felipe Berriozábal”. Cd. de Puebla, 5 de mayo de 1862. En Jorge L. Tamayo. Zaragoza. Correspondencia y documentos, (pp. 137-140).
  • “Parte del Gral. Miguel Negrete”, En Jorge L. Tamayo, Ignacio Zaragoza. Correspondencia y documentos, (p. 133); “Entrevista concedida por el Gral.  Miguel Negrete en diversos periódicos”, en Doroteo Negrete. La verdad ante la figura militar de don Miguel Negrete,  (p. 91); (Memorias del Gral. Porfirio Díaz.   (p. 132); Antonio Carrión. Historia de la Ciudad de la Puebla de los Ángeles. México, Ediciones de la Viuda de Dávalos e Hijos, 1897. 2 Tomos. Tomo 2. (p. 532); y “Certificado que le extiende el Gral. Ignacio Zaragoza al Ciudadano Tomás Segura, Comandante Mayor del Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla, por haber sido el primer individuo del Cuerpo de Ejército de Oriente en hacer frente al enemigo, y el primero en rechazar su ataque”. Cd. de Puebla, 10 de mayo de 1862. En Expediente Oficial relativo a la batalla del 5 de mayo de 1862, (f. 11).
  • Memorias del Gral. Porfirio Díaz,    (pp. 132-133); “Entrevista concedida por el Gral. Miguel Negrete en distintos periódicos”, en Doroteo Negrete. La verdad ante la figura militar de don Miguel Negrete, (pp. 92, 94 y 95); y Antonio Carrión.

Historia de la Ciudad de la Puebla de los Ángeles. México, Ediciones de la Viuda de Dávalos e Hijos, 1897. 2 Tomos. Tomo 2. (p. 532).

Consideramos que gran parte del éxito en la batalla del 5 de mayo, se debió a la emboscada fulminante que el Gral. Miguel Negrete le tendió a la vanguardia del primer ataque francés al fuerte de Guadalupe, en la cual los galos cayeron totalmente. Dicha estratagema fue preparada entre el Gral. Miguel Negrete y la plana mayor del Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de México (el Corl. Juan N. Méndez, Comandante del batallón, el Tte. Corl. Pilar Rivera, segundo al mando, y el Comandante Mayor del Batallón y Capitán de la 4ª Compañía, Cap. Tomás Segura), el lunes 5 de mayo a las cuatro y media de la mañana, cuando Negrete fue a ver a Méndez a las cuadras del Fuerte de Loreto, donde el Sexto Batallón se encontraba alojado, y la contemplaron como una de las principales opciones contra el primer ataque francés. Negrete y los principales comandantes serranos optaron por esta táctica, en vista de que en la batalla de Acultzingo, una semana antes, el mismo Negrete se había percatado del “gran efecto que les hizo el ataque de sorpresa y emboscada, (por lo que) me propuse desde la víspera en la noche (del día 4 de mayo), darles con toda la fuerza, y desde los fuertes un ataque igual (“Entrevista concedida por el General Miguel Negrete en distintos periódicos”, luego de la batalla del 5 de mayo. Ciudad de Puebla, sin fecha. Doroteo NEGRETE. La verdad ante la figura militar de Don Miguel Negrete. Puebla, “La Enseñanza”, 1935. 362 pp. (pp. 89-93).

  • Memorias del Gral. Porfirio Díaz,    (pp. 133-134); y “Parte Oficial que rinde  el Cap. Tomás Segura, Comisionado Especial de la Redacción del Parte Oficial”. En “Expediente oficial relativo a la batalla del 5 de mayo de 1862”, (pp. 7 y 8).
  • Memorias del General Porfirio Díaz, (p. 134).
  • Memorias del General Porfirio Díaz, (p. 133); y Manuel Emiliano Ayala. “Recuerdos del 5 de mayo”, en La Voz de Puebla, (p. 2- apartado V).
  • Memorias del Gral. Porfirio Díaz, (pp. 133 y 134).
  • Memorias del Gral. Porfirio Díaz, (pp. 132); “Parte del Gral. Miguel  Negrete”, Cd. de Puebla, 6 de mayo de 1862. En Jorge L. Tamayo. Zaragoza. Correspondencia y documentos, (p. 133); “Parte del Gral. Francisco Lamadrid”. Cd. de Puebla, 7 de mayo de 1862. En Jorge L. Tamayo. Zaragoza. Correspondencia y documentos,   (p. 147); y “Parte del Gral. Antonio Álvarez”.   Cd. de Puebla, 6 de mayo de 1862. En Jorge L. Tamayo. Zaragoza. Correspondencia y documentos, (pp. 144-145).
  • “Narración del Príncipe Bibesco”, en Vicente Riva Palacio. Coordinador. México  a  través  de  los  siglos,                                            (p. 67); “Memorias del Gral. José María Maldonado”. AGN. II Imperio. Correspondencia del Gral. Francisco Leyva. Legajo XLIV. 73 pp.  (p. 3); y  “Parte del Coronel José Solís”, Cd. de Puebla, 7 de mayo de 1862, en Jorge L. Tamayo, Ignacio Zaragoza. Correspondencia y Documentos, (p.137).
  • Ramos Patricio. Descripción de la batalla ganada al ejército francés el 5 de mayo de 1862,   (pp. 49-65); y Memorias del Gral. Porfirio Díaz,   (pp. 134 y    135).
  • Memorias del Gral. Porfirio Díaz, (pp. 134-135); “Parte del Gral. Porfirio Díaz”, Cd. de Puebla, 6 de mayo de 1862. En Jorge L. Tamayo, Ignacio Zaragoza.

Correspondencia y Documentos, (pp. 134-136); “La batalla del 5 de mayo.  Algunas consideraciones novedosas”, Miguel Ángel Sánchez Lamego. En La batalla del 5 de mayo, (pp. 15-16); y Ramos Patricio. Descripción de la batalla ganada al ejército francés el 5 de mayo de 1862, (p. 53).

  • Memorias del Gral. Porfirio Díaz, (pp. 135 y 136); y “Parte del Gral. Ignacio Zaragoza”. En Jorge L. Tamayo, Ignacio Zaragoza. Correspondencia y documentos, (pp.156 y 157).
  • “Los franceses inician la retirada”. Cd. de Puebla, 5 de Mayo de 1862. En Jorge L. Tamayo, Ignacio Zaragoza. Correspondencia y Documentos, (p. 128); “Informa del triunfo desde el campo de batalla”. Cd. de Puebla, 5 de Mayo de 1862 y “Parte sobre la batalla del 5 de Mayo”. Cd. de Puebla, 9 de mayo de 1862. En Jorge L. Tamayo, Ignacio Zaragoza. Correspondencia y Documentos.  (pp. 130-

131 y 155-157); “Narración del Príncipe Bibesco”, sin fecha. En Vicente Riva Palacio. Coordinador. México a través de los siglos, (p. 67); “Proclama de Lorencez”, Orizaba, Veracruz, 21 de mayo de 1862. En Jorge L. Tamayo, Ignacio Zaragoza. Correspondencia y Documentos, (pp.189-190); “Parte del Conde de Lorencez sobre la batalla del 5 de Mayo”, Orizaba, Veracruz, 22 de mayo de 1862. En Jorge L. Tamayo, Ignacio Zaragoza. Correspondencia y Documentos, (pp. 192-199); “Parte del Gral. Miguel Negrete”, Cd. de Puebla, 6 de Mayo de 1862. En Jorge L. Tamayo, Ignacio Zaragoza. Correspondencia y Documentos, (pp. 132- 134); y Ramos Patricio. Descripción de la batalla ganada al ejército francés el 5 de mayo de 1862, (p. 75).

  • Vicente Riva Palacio (Coordinador), México A Través de los Siglos, Tomo X, (p.68); y Luís M. Garfias. La Intervención Francesa en México. México, Panorama Editorial, 1980. 210 pp. (p. 52).
  • Miguel Arroyo Cabrera, “Actividades de nuestro cuerpo médico militar en la batalla del 5 de mayo de 1862”, en La batalla del 5 de mayo, (pp. 46, 48 y 50); “Memorias del Coronel Lauro Luna”, (ff. 2r. y 3); “Parte Oficial que rinde el Cap. Tomás Segura, Comisionado Especial de la Redacción del Parte Oficial”. En “Expediente oficial relativo a la batalla del 5 de mayo de 1862”, (f. 7); “Noticia oficial de los CC Jefes, oficiales y tropa del expresado cuerpo que resultaron muertos y heridos cumpliendo el deber en defensa de la patria, durante la batalla verificada el día 5 del presente, alcanzando gloriosamente la victoria sobre el ejército francés invasor”. Cuartel General en el Fuerte de Loreto, Cd. de Puebla a 10 de mayo de 1862. En Expediente Oficial relativo a la batalla del 5 de mayo de 1862, (f. 9); “5ª Compañía. Relación de Integrantes de la Compañía de Zacapoaxtla que concurrieron a la Batalla del 5 de Mayo de 1862” (Incluye hoja anexa con el número de muertos, elaborada por Manuel Molina, (C.1, L. 34, ff.1- 4).
  • “Entrevista concedida por el Gral. Miguel Negrete en distintos periódicos”, en Doroteo Negrete. La verdad ante la figura militar de don Miguel Negrete, (p. 90).
  • “Parte del Gral. Miguel Negrete”. En Jorge L. Tamayo, Ignacio Zaragoza. Correspondencia y documentos, (pp. 132 y 133).
  • “Parte del Gral. Miguel Negrete”. En Jorge L. Tamayo, Ignacio Zaragoza. Correspondencia y documentos, (p. 133); y “Entrevista concedida por el Gral. Miguel Negrete en distintos periódicos”, en Doroteo Negrete. La verdad ante la figura militar de don Miguel Negrete, (p. 91).
  • “Memorias del Coronel Lauro Luna”. Archivo Histórico Particular de la Srita. Marina Fuentes Sánchez. Tetela de Ocampo, Puebla, (f. 1r.); “Parte Oficial que rinde el Cap. Tomás Segura, Comisionado Especial de la Redacción del Parte Oficial”. En “Expediente oficial relativo a la batalla del 5 de mayo de 1862”,   (ff. 4  y 5); Daniel Muñoz y Pérez, “El General Juan N. Méndez y el Batallón de Nacionales de Puebla, (p.1); y Guy P. C. Thomson con David G. Lafrance, (p. 117).
  • Reaccionario. Wikipedia. Es un término referido a ideologías o personas que aspiran a reinstaurar un estado de cosas que ya ha sido rebasado. Google. Que es partidario de mantener los valores políticos, sociales y morales tradicionales y se opone a reformas o cambios que representan progreso en la sociedad.
  • Benito Juárez. Apuntes para mis hijos. México, Gobierno del Distrito Federal, 2005. 47 pp. (pp. 15, 17, 18, 29).
  • Ana Staples. La Iglesia en la primera República Federal mexicana (1824- 1835), México, Sep. 70s., 1976. 167 pp.   (p. 15); Ramón Del Llano Ibáñez.   Iglesia y Sociedad en Querétaro, los años de la Reforma (1854-1880). México, Gobierno del Estado de Querétaro y Ramón del Llano Ibáñez, 2000. 134 pp.  (p. 3); y Ramón Kuri Camacho. Chignahuapan. Sierra Norte de Puebla. Voces y miradas de su historia. México, BUAP-H. Ayuntamiento de Chignahuapan, 2006. T. 1, 412 pp. (T. I, pp. 163 y 164).
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  • Benito  Juárez.  Apuntes  para  mis  hijos,            (p. 21); Silvestre Villegas Revueltas. La reforma y el Segundo Imperio (1853-1867), México, UNAM, 2008. 424 pp. (p. XIX).
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  • Ramón Sánchez Flores. Zacapoaxtla, república de indios y villa de españoles. Relación histórica. Puebla, Edición del XIV Distrito Local Electoral, 1984. 2ª Edición. 279 pp. (pp. 93-106); y Virginia Guedea. La insurgencia en el Departamento del Norte, (pp. 25-225).
  • “Memorias del Gral. José María Maldonado”. Archivo General de la Nación. Ramo II Imperio, (ff. 63-65).
  • “Memorias del Gral. José María Maldonado”. Archivo General de la Nación. Ramo II Imperio,  (ff. 7, 8, 12, 15, 16, 19, 20, 21, 27, 28, 29, 30, 31, 35, 36, 37,   43, 45, 46, 47, 48, 56, 63, 64 y 65), y Ernesto de la Torre Villar. Diario de un cura

de pueblo. México, GEP, UDLA,CONACULTA-INAH,UNAM,  2006.  (pp. 42 y  150).

  • Venancio Armando Aguilar Patlán. Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla. La reforma en Tetela de Ocampo, Puebla, 1855-1873. México, 2006. 805 pp. (pp. 141-149, y 216-217).
  • Venancio Armando Aguilar Patlán. Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla. La reforma en Tetela de Ocampo, Puebla, 1855-1873, (pp. 149-164 y 216-217).
  • Venancio Armando Aguilar Patlán. Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla. La reforma en Tetela de Ocampo, Puebla, 1855-1873, (pp. 483-497); y Guy P. C. Thomson con David G. Lafrance. El liberalismo popular mexicano. Juan Francisco Lucas y la Sierra de Puebla, 1854-1917, (pp. 91-93).
  • Guy P. C. Thomson con David G. Lafrance. El liberalismo popular mexicano. Juan Francisco Lucas y la Sierra de Puebla, 1854-1917, (p. 90), y Venancio Armando Aguilar Patlán. Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla. La reforma en Tetela de Ocampo, Puebla, 1855-1873, (pp. 181 y 182).
  • Archivo Histórico Particular del Sr. Julio Zamítiz Cruz. Tetela de Ocampo, Puebla. Legajo 1859; y Venancio Armando Aguilar Patlán. Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla. La reforma en Tetela de Ocampo, Puebla, 1855-1873, (pp. 178 y 182).
  • Venancio Armando Aguilar Patlán. Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla. La reforma en Tetela de Ocampo, Puebla, 1855-1873, (pp. 164-205, y 217); Miguel Galindo y Galindo. La gran década nacional, México, ICH-FCE, 1987. Facsímil de la 1ª Edición de 1904. 3 tomos. 511, 688 y 677 pp. (T.1, p. 248); y Guy P. C. Thomson con David G. Lafrance. El liberalismo popular mexicano. Juan Francisco Lucas y la Sierra de Puebla, 1854-1917, (pp. 90-98).
  • Venancio Armando Aguilar Patlán. Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla. La reforma en Tetela de Ocampo, Puebla, 1855-1873, (pp. 183-184).
  • “Memorias del Coronel Lauro Luna”. Archivo Histórico Particular de la Srita. Marina Fuentes Sánchez. Tetela de Ocampo, Puebla, (f. 1r.); “Cuadro Oficial de los C. Jefes y Oficiales que conforman la Plana Mayor y de los Comandantes de las Compañías que integran el expresado cuerpo de guerra, conforme a la ejecución del Plan de Acción”. Cuartel general en el Fuerte de Loreto, Ciudad de Puebla, a 10 de mayo de 1862. En Expediente Oficial relativo a la batalla del 5 de mayo de 1862, (f. 2); y “Parte Oficial que rinde el Cap. Tomás Segura, Comisionado Especial de la Redacción del Parte Oficial”. Cd. de Puebla, 5 de mayo de 1862. En Expediente oficial relativo a la batalla del 5 de mayo de 1862, (ff. 4 y 5).
  • Guy P. C. Thomson con David G. Lafrance. El liberalismo popular mexicano. Juan Francisco Lucas y la Sierra de Puebla, 1854-1917,  (pp.  99-100);  y Venancio Armando Aguilar Patlán. Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla. La reforma en Tetela de Ocampo, Puebla, 1855-1873,     (pp. 188-189).
  • Guy P. C. Thomson con David G. Lafrance. El liberalismo popular mexicano. Juan Francisco Lucas y la Sierra de Puebla, 1854-1917, (p. 112); y Venancio Armando  Aguilar  Patlán.  Sexto  Batallón  de  Guardia  Nacional  del  Estado  de

Puebla. La reforma en Tetela de Ocampo, Puebla, 1855-1873,   (pp. 135-141,   176 y 281-282).

  • “Relación de Integrantes de la 5ª Compañía de Zacapoaxtla”, 9 de mayo de 1862. Elaborada por Manuel Molina (C.1, L. 34, ff. 1-4); y “Reportes de Mis Acciones Militares desde 1862 a 1867 al lado del 6º Batallón Guardia Nacional de Tetela de Ocampo”. Elaborado por Tomás Segura, Sin lugar, 29 de noviembre de 1867. (Caja 1, Legajo 32, 18 ff.), (ff. 7, 8, 10, 11, 12 y 15).
  • Guy P. C. Thomson con David Lafrance. El liberalismo popular mexicano. Juan Francisco Lucas y la Sierra de Puebla, 1854-1917, (pp. 241 y 242).
  • Venancio Armando Aguilar Patlán. Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla. La reforma en Tetela de Ocampo, Puebla, 1855-1873, (pp.  135, 136, 137, 144 y 145).
  • Venancio Armando Aguilar Patlán. Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla. La reforma en Tetela de Ocampo, Puebla, 1855-1873,  (p.  154).
  • Guy P. C. Thomson con David G. Lafrance. El liberalismo popular mexicano. Juan Francisco Lucas y la Sierra de Puebla, 1854-1917, (pp. 91-93).
  • Archivo Histórico Particular del Sr. Julio Zamítiz Cruz. Tetela de Ocampo, Puebla. Legajos 1845, 1846, 1847, 1854, 1855; y Ernesto de la Torre Villar. Diario de un cura de pueblo, (pp. 41,42, y 149-151).
  • Archivo Histórico Particular del Sr. Julio Zamítiz Cruz. Tetela de Ocampo, Puebla. Legajos 1856 y 1857; y Venancio Armando Aguilar Patlán. Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla. La reforma en Tetela de Ocampo, Puebla, 1855-1873, (pp. 155-162).
  • Archivo Histórico Particular del Sr. Julio Zamítiz Cruz. Tetela de Ocampo, Puebla. Legajos 1857, 1858 y 1859; y Venancio Armando Aguilar Patlán. Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla. La reforma en Tetela de Ocampo, Puebla, 1855-1873, (pp. 177-178).
  • Guy P. C. Thomson con David G. Lafrance. El liberalismo popular mexicano. Juan Francisco Lucas y la Sierra de Puebla, 1854-1917, (pp. 92, 93 y 126).
  • Octavio Manzano Díaz. El indígena de la Sierra Norte de Puebla y sus luchas por la libertad. México, Subsecretaría de Educación Superior e Investigación Científica y Dirección General de Capacitación y Mejoramiento Profesional del Magisterio, 1987. 76 pp. (p.72); Guy P. C. Thomson con David G. Lafrance. El liberalismo popular mexicano. Juan Francisco Lucas y la Sierra de Puebla, 1854- 1917, (pp. 87, 93, 241 y 298).
  • Guy P. C. Thomson con David G. Lafrance. El liberalismo popular mexicano. Juan Francisco Lucas y la Sierra de Puebla, 1854-1917, (p. 241).
  • Archivo Histórico Particular de la Familia Molina-Bonilla, Tetela de Ocampo, Puebla (C.1, L.28, 2 ff.) (ff. 2 y otros).
  • Guy P. C. Thomson con David G. Lafrance. El liberalismo popular mexicano. Juan Francisco Lucas y la Sierra de Puebla, 1854-1917, (p. 105); y Venancio Armando Aguilar Patlán. Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla. La reforma en Tetela de Ocampo, Puebla, 1855-1873, (p. 208).
  • Leonides Cabrera Mitre. Zacapoaxtla, la Ciudad del 25 de Abril, México, Gobierno del Estado de Puebla, 1999. 164 pp. (p. 21); y Venancio Armando

Aguilar Patlán. Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla. La reforma en Tetela de Ocampo, Puebla, 1855-1873, (p. 209).

  • Hugo Leicht, Las Calles de Puebla. Puebla, México, Comisión de Promoción Cultural del Gobierno del Estado de Puebla, 1967. 539 pp. (pp. 7 y 198); “Memorias del Gral. José María Maldonado. Archivo General de la Nación, Ramo  II Imperio, (pp. 8, 9 y 10); Guy P. C. Thomson con David G. Lafrance. El liberalismo popular mexicano. Juan Francisco Lucas y la Sierra de Puebla, 1854- 1917,  (p. 113); Daniel Muñoz y Pérez. “El General Juan N. Méndez y el Batallón de Nacionales de Puebla”. En Boletín Biográfico de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, No. 244., (p. 1); y Galindo y Galindo. La Gran Década Nacional, Tomo 2, (pp. 99-102).
  • Venancio Armando Aguilar Patlán. Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla. La reforma en Tetela de Ocampo, Puebla, 1855-1873,  (p.  205); Daniel Muñoz y Pérez. “El General Juan N. Méndez y el Batallón de Nacionales de Puebla”. En Boletín Biográfico de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, No. 244. (p. 1); y Guy P. C. Thomson con David G. Lafrance. El liberalismo popular mexicano. Juan Francisco Lucas y la Sierra de Puebla, 1854- 1917, (p. 117).
  • “Memorias del Coronel Lauro Luna”. Archivo Histórico Particular de la Srita. Marina Fuentes Sánchez, Tetela de Ocampo, Puebla. (f. 1r.); y Archivo Histórico Particular del Sr. Julio Zamítiz Cruz. Tetela de Ocampo, Puebla. Legajo 1867. 3 fojas, (f. 1).
  • “Memorias del Gral. José María Maldonado”. Archivo General de la Nación. Ramo II IMperio, (p. 10); y Guy P. C. Thomson con David G. Lafrance. El liberalismo popular mexicano. Juan Francisco Lucas y la Sierra de Puebla, 1854- 1917, (p. 113).
  • Doroteo Negrete. La verdad ante la figura militar de don Miguel Negrete , (pp. 78-84); y Guy P. C. Thomson con David G. Lafrance. El liberalismo popular mexicano. Juan Francisco Lucas y la Sierra de Puebla, 1854-1917, (p. 113).
  • “Memorias del Coronel Lauro Luna”. Archivo Histórico Particular de la Srita. Marina  Fuentes  Sánchez,  Tetela  de  Ocampo,  Puebla,                                             (p.1 y 1r.); Ver “Reconocido a la eficacia de Ignacio Mejía” y “Opina sobre el servicio de las armas”, en Jorge L. Tamayo, Ignacio Zaragoza. Correspondencia y documentos, (pp. 265 y 281); Daniel Muñoz y Pérez. “El General Juan N. Méndez y el Batallón de Nacionales de Puebla”. En Boletín Biográfico de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (p.1); y Guy P. C. Thomson con David G. Lafrance. El liberalismo popular mexicano. Juan Francisco Lucas y la Sierra de Puebla, 1854-1917, (pp. 117, 118 y 119).
  • “Memorias del Coronel Lauro Luna”. Archivo Histórico Particular de la Srita. Marina Fuentes Sánchez. Tetela de Ocampo, Puebla, (ff. 1 y 1r); “Memorias del Gral. José María Maldonado”. Archivo General de la Nación, Ramo II Imperio, (f. 10); Guy P. C. Thomson y David G. Lafrance. El liberalismo popular mexicano. Juan Francisco Lucas y la Sierra de Puebla, 1854-1917, (pp. 112-114); y  “Relación Oficial de los CC Jefes, Oficiales y miembros de tropa del expresado cuerpo de guerra, que concurrieron activamente a la memorable batalla del día 5 del presente, triunfando gloriosamente sobre el ejército invasor”. Fuerte de Loreto,

Cd. de Puebla, a 10 de mayo de 1862. Elaborado por Tomás Segura. En Expediente Oficial Relativo a la Batalla del 5 de Mayo de 1862, (f. 10).

  • “Proclama de Negrete”, en Jorge L. Tamayo, Ignacio Zaragoza. Correspondencia y documentos, (p. 171); “Parte del Gral. Miguel Negrete”, en Jorge L. Tamayo, Ignacio Zaragoza. Correspondencia y documentos, (p. 132); y “Entrevista concedida por el Gral. Miguel Negrete en distintos periódicos”. En Doroteo Negrete La verdad ante la figura militar de don Miguel Negrete,     (pp. 89 y 90).
  • Ver “Reconocido a la eficacia de Ignacio Mejía”, en Jorge L. Tamayo, Ignacio Zaragoza. Correspondencia y documentos, (p. 265).
  • “Memorias del Corl. Lauro Luna”. Archivo Histórico Particular de la Srita. Marina Fuentes Sánchez, Tetela de Ocampo, Puebla, (p. 2); y “Parte Oficial que rinde el Cap. Tomás Segura, Comisionado Especial de la Redacción del Parte Oficial”, En Expediente Oficial Relativo a la Batalla del 5 de Mayo de 1862, (f. 4).
  • Ver “Le llega escaso vestuario”, en Jorge L. Tamayo, Ignacio Zaragoza. Correspondencia y documentos, (p. 278).
  • Ver “Opina sobre el servicio de las armas”, en Jorge L. Tamayo, Ignacio Zaragoza. Correspondencia y documentos, (p. 281).
  • Guy P. C. Thomson con David G. Lafrance. El liberalismo popular mexicano. Juan Francisco Lucas y la Sierra de Puebla, 1854-1917,   (pp. 114,115 y 118).
  • “Memorias del Gral. José María Maldonado”. Archivo General de la Nación. Ramo II Imperio, (pp. 13 y 14); y Guy P. C. Thomson con David G. LaFrance. El liberalismo popular mexicano. Juan Francisco Lucas y la Sierra de Puebla, 1854- 1917, (p. 118).
  • “Memorias del Gral. José María Maldonado”. Archivo General de la Nación. Ramo II Imperio, (pp. 52-54); y Guy P. C. Thomson con David G. Lafrance, El liberalismo popular mexicano. Juan Francisco Lucas y la Sierra de Puebla, 1854- 1917, (pp. 119-122 y 126).
  • “Memorias del Gral. José María Maldonado”. Archivo General de la Nación. Ramo II Imperio, (pp. 5-7, 33-34 y 63-64); y Guy P. C. Thomson con David G. Lafrance. El liberalismo popular mexicano. Juan Francisco Lucas y la Sierra de Puebla, 1854-1917, (pp. 115 y 121).
  • Guy P. C. Thomson con David G. Lafrance. El liberalismo popular mexicano. Juan Francisco Lucas y la Sierra  de Puebla, 1854-1917,  (pp. 119,  120, 122, 127).
  • Miguel Galindo y Galindo. La gran década nacional, (T.2, p. 443).
  •  
  • “Memorias del Gral. José Ma. Maldonado”. Archivo General de la Nación. Ramo II Imperio, (pp. 64-65); y Guy P. C. Thomson con David G. Lafrance. El liberalismo popular mexicano. Juan Francisco Lucas y la Sierra de Puebla, 1854- 1917, (pp. 127 y 128).
  • Memorias del Gral. José María Maldonado. Archivo General de la Nación. Ramo II Imperio, (ff. 63-65).
  • Guy P. C. Thomson con David G. Lafrance. El liberalismo popular mexicano. Juan Francisco Lucas y la Sierra de Puebla, 1854-1917, (pp. 134-  138).
  • Guy P. C. Thomson con David G. Lafrance. El liberalismo popular mexicano. Juan Francisco Lucas y la Sierra de Puebla, 1854-1917, (pp. 138-  139).
  • Venancio Armando Aguilar Patlán. Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla. La reforma en Tetela de Ocampo, Puebla, 1855-1873, (pp. 277-280).
  • Guy P. C. Thomson con David G. Lafrance. El liberalismo popular mexicano. Juan Francisco Lucas y la Sierra de Puebla, 1854-1917, (pp. 140 y 141).
  • Guy P. C. Thomson con David G. Lafrance. El liberalismo popular mexicano. Juan Francisco Lucas y la Sierra de Puebla, 1854-1917, (p. 144); y Venancio Armando Aguilar Patlán. Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla. La reforma en Tetela de Ocampo, Puebla, 1855-1873, (p. 285).
  • Guy P. C. Thomson con David G. Lafrance. El liberalismo popular mexicano. Juan Francisco Lucas y la Sierra de Puebla, 1854-1917, (p. 146); y Venancio Armando Aguilar Patlán. Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla. La reforma en Tetela de Ocampo, Puebla, 1855-1873, (p. 287).
  • Guy P. C. Thomson con David G. Lafrance. El liberalismo popular mexicano. Juan Francisco Lucas y la Sierra de Puebla, 1854-1917, (p. 148).
  • Guy P. C. Thomson con David G. Lafrance. El liberalismo popular mexicano. Juan Francisco Lucas y la Sierra de Puebla, 1854-1917, (pp. 148-  149); y Venancio Armando Aguilar Patlán. Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla. La reforma en Tetela de Ocampo, Puebla, 1855-1873,  (p.  290).
  • Archivo Histórico Particular del Sr. Román Posadas Domínguez. Tetela de Ocampo, Puebla. (L. 1865, f. 6 y L. 1866, ff. 1-4); Venancio Armando Aguilar Patlán. Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla. La reforma en Tetela de Ocampo, Puebla,  1855-1873,  (pp.  292-306); y Guy P.  C. Thomson con David G. Lafrance. El liberalismo popular mexicano. Juan Francisco Lucas y la Sierra de Puebla, 1854-1917, (p. 149-156).
  • Archivo Histórico Particular del Sr. Román Posadas Domínguez. Tetela de Ocampo, Puebla.   (L. 1865, ff. 8-14 y L. 1866, ff. 1-4); José María Bonilla.   Corona Fúnebre dedicada al Señor General de División Juan N. Méndez. 83 pp. (p. 28); Guy P. C. Thomson con David G. Lafrance. El liberalismo popular mexicano. Juan Francisco Lucas y la Sierra de Puebla, 1854-1917, (pp. 149-  156); y Venancio Armando Aguilar Patlán. Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla. La reforma en Tetela de Ocampo, Puebla, 1855-1873, (pp. 292-306).
  • “Carta del Comandante en Jefe de la 2ª División Territorial del Imperio Mexicano (Gral. Juan Guerra), al Comandante Militar (Imperial) de Puebla”. 1º de agosto de 1865. Zacapoaxtla, Puebla. Archivo Histórico Particular de la Familia Molina-Bonilla. Tetela de Ocampo, Puebla. (C.2, L.2, f. 6-8). Es un escrito a máquina.
  • Venancio Armando Aguilar Patlán. Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla. La reforma en Tetela de Ocampo, Puebla, 1855-1873,  (p.  298).
  • Venancio Armando Aguilar Patlán. Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla. La reforma en Tetela de Ocampo, Puebla, 1855-1873, (pp. 306-307).
  • Venancio Armando Aguilar Patlán. Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla. La reforma en Tetela de Ocampo, Puebla, 1855-1873,  (p.  344).
  • Venancio Armando Aguilar Patlán. Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla. La reforma en Tetela de Ocampo, Puebla, 1855-1873, (pp. 345).
  • “Carta de Manuel Molina a Tomás Segura”. Tetoxcac, Zacapoaxtla, 7 de diciembre de 1865. Archivo Histórico Particular de la Familia Molina Bonilla. Tetela de Ocampo,  Puebla.  (C.1,  L.28, f. 2); y Venancio  Armando Aguilar Patlán,  Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla. La reforma en Tetela de Ocampo, Puebla, 1855-1873, (pp. 346).
  • “Parte Oficial que rinde el Cap. Tomás Segura, Comisionado Especial de la Redacción del Parte Oficial”. En “Expediente oficial relativo a la batalla del 5 de mayo de 1862, (f.5); “Relación Oficial de los CC Jefes, Oficiales y Tropa de la 5ª Compañía del Distrito de Zacapoaxtla que concurrieron activamente a la defensa de las Cumbres de Acultzingo el 28 de abril y 5 de mayo, en los Fuertes de Loreto y Guadalupe de la Ciudad de Puebla”. Elaborada por Manuel Molina. Cuartel General en el Fuerte de Loreto, Cd. de Puebla, a 10 de mayo de 1862. En “Expediente oficial relativo a la batalla del 5 de mayo de 1862, (ff. 15 y 15r.); y “Reportes de mis acciones militares desde 1862 a 1867 al lado del 6º Batallón Guardia Nacional de Tetela de Ocampo”. Archivo Histórico Particular de la Familia Molina-Bonilla, Tetela de Ocampo, Puebla, (ff. 7 – 15r.).
  • “Reportes de mis acciones militares desde 1862 a 1867 al lado del 6º Batallón Guardia Nacional de Tetela de Ocampo”. Archivo Histórico Particular de la Familia Molina-Bonilla, Tetela de Ocampo, Puebla, (ff. 7 y 7r.).
  • “Reportes de mis acciones militares desde 1862 a 1867, al lado del 6º Batallón Guardia Nacional de Tetela de Ocampo”. Archivo Histórico Particular de la Familia Molina-Bonilla, Tetela de Ocampo, Puebla, (ff. 8 y 8r.).
  • “Reportes de mis acciones militares desde 1862 a 1867 al lado del 6º Batallón Guardia Nacional de Tetela de Ocampo”. Archivo Histórico Particular de la Familia Molina-Bonilla, Tetela de Ocampo, Puebla, (ff. 10 y 10r.).
  • “Reportes de mis acciones militares desde 1862 a 1867 al lado del 6º Batallón Guardia Nacional de Tetela de Ocampo”. Archivo Histórico Particular de la Familia Molina-Bonilla, Tetela de Ocampo, Puebla, (ff. 11 y 11r.).
  • “Reportes de mis acciones militares desde 1862 a 1867 al lado del 6º Batallón Guardia Nacional de Tetela de Ocampo”. Archivo Histórico Particular de la Familia Molina-Bonilla, Tetela de Ocampo, Puebla, (ff. 12 y 12r.).
  • Archivo Histórico Particular del Sr. Román Posadas Domínguez, (L. 1865, f. 6); y “Reportes de mis Acciones Militares desde 1862 a 1867 al lado del 6º Batallón Guardia Nacional de Tetela de Ocampo”. Archivo Histórico Particular de la Familia Molina-Bonilla, Tetela de Ocampo, Puebla, (ff. 15 y 15 r.).
  • Venancio Armando Aguilar Patlán. Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla. La reforma en Tetela de Ocampo, Puebla, 1855-1873, (pp. 309-312); y Guy P. C. Thomson con David G. Lafrance. El liberalismo popular

mexicano. Juan Francisco Lucas y la Sierra de Puebla, 1854-1917, (pp. 161-  163).

  • “Recuerdo de mi vida en la época del llamado Imperio y apuntes para la historia militar de Papantla, por el Teniente Coronel Simón Tiburcio”, en Luís Salas García. Obras Completas de Luís Salas García. México, Conaculta-Instituto Veracruzano de Cultura-Programa de Desarrollo Cultural Municipal del Estado de Veracruz-Llave, 2008. 590 pp.  (pp. 189-207); y Venancio Armando Aguilar  Patlán. Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla. La reforma en Tetela de Ocampo, Puebla, 1855-1873, (pp. 312 y 346).
  • Venancio Armando Aguilar Patlán. Sexto Batallón de Guardia Nacional del Estado de Puebla. La reforma en Tetela de Ocampo, Puebla, 1855-1873, (pp. 313-337); y Guy P. C. Thomson con David G. Lafrance. El liberalismo popular mexicano. Juan Francisco Lucas y la Sierra de Puebla, 1854-1917, (pp. 161-  170).
  • Francisco Martín Moreno. 100 Mitos de la Historia de México. Número: Portada de Victoriano Huerta, (p. 7).

ARCHIVOS.

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Archivo Histórico Militar Mexicano. Ramo Operaciones Militares, Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA).

Archivo Histórico Municipal de Tetela de Ocampo, Puebla.

Archivo Histórico Particular del Sr. Julio Zamítiz Cruz. Tetela de Ocampo, Puebla. Archivo Histórico Particular de la Familia Molina-Bonilla. Tetela de Ocampo, Puebla.

Archivo Histórico Particular del Sr. Román Posadas Domínguez. Tetela de Ocampo, Puebla.

Archivo Histórico Particular de la Srita. Marina Fuentes Sánchez. Tetela de Ocampo, Puebla.

PERIÓDICOS, BOLETINES y PLANOS.

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MUÑOZ y PÉREZ, Daniel. “El General Juan N. Méndez y el Batallón de Nacionales de Puebla”. En Boletín Biográfico de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, No. 244. México D. F., a 1º de abril de 1962. Archivo Histórico Particular del Sr. Julio Zamítiz Cruz. Tetela de Ocampo, Puebla. 10 pp. (pp. 1 y 10).

“PLANO DE LA BATALLA QUE TUVO LUGAR EL 5 DE MAYO DE 1862 EN LOS

SUBURBIOS DE LA CD. DE PUEBLA, formado de orden del C. Ministro de la Guerra por la sección científica del Ministerio de Justicia y Fomento, conforme al croquis remitido por la Comandancia General de Ingenieros del Ejército de Oriente”. México, Imprenta de Ignacio Cumplido, 1862.

“PLANO DE LA CIUDAD DE PUEBLA CON LAS OBRAS DE DEFENSA Y ATAQUE EN EL SITIO POR EL EJÉRCITO FRANCÉS EN LOS MESES DE

MARZO, ABRIL Y MAYO DE 1863”. Departamento de Estado Mayor del Ejército Mexicano de Oriente. Sin lugar ni fecha (Escala 1:8000).

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