¿COMO ERAN LOS 17 CABALLOS QUE DESEMBARCARON CON HERNÁN CORTÉS EL 22 DE ABRIL DE 1519?


Texto/Imagen:
L.C.C. Mario Jesús Gaspar Cobarruvias *

Por Mario Jesús Gaspar Cobarrubias, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana


El 18 de febrero de 1519 zarpó del cabo de San Antón en la isla de Cuba, una armada española compuesta por 11 naves, cerca de 550 hombres entre soldados y tripulación, 200 nativos taínos, algunos auxiliares africanos, 14 cañones y muchas municiones, al mando del conquistador extremeño Hernán Cortés Monroy Pizarro Altamirano y guiada por el piloto mayor Antón de Alaminos. En la noche del jueves santo, 21 de abril, la flota arribó al puerto natural de San Juan de Ulúa, descubierto el 24 de junio de 1518 por la expedición del capitán Juan de Grijalva.
En la mañana del 22 de abril, desembarcaron en las playas de la región costera de Chalchicueyecan o Chalchihuecan frente a San Juan de Ulúa, donde establecieron contacto con los enviados del tlatoani mexica Moctezuma Xocoyotzin (1466-1520), que les proveyeron de abastecimientos y numerosos obsequios en oro, plata y otros materiales de gran valor. Ese mismo día se inició la construcción de un campamento del que no han quedado vestigios ni ubicación exacta, compuesto por chozas y enramadas.
Junto con estas fuerzas, desembarcaron 16 caballos, que a diferencia de los ya mencionados en otras expediciones, pasaron a la historia por estar descritos individualmente por el soldado cronista Bernal Díaz del Castillo, autor de la HISTORIA VERDADERA DE LA CONQUISTA DE LA NUEVA ESPAÑA y testigo de estos hechos. Con sus palabras dice:

  1. «El capitán Cortés, un caballo castaño zaino, que luego se le murió en San Juan de Ulúa».
  2. «Pedro de Alvarado y Hernando López de Ávila, una yegua castaña muy buena, de juego y de carrera; y de que llegamos a la Nueva España el Pedro de Alvarado le compró la mitad de la yegua, o se la tomó por fuerza».
  3. «Alonso Hernández Puertocarrero, una yegua rucia de buena carrera, que le compró Cortés por las lazadas de oro».
  4. «Juan Velázquez de León, otra yegua rucia muy poderosa, que llamábamos «la rabona», muy revuelta y de buena carrera».
  5. «Cristóbal de Olid, un caballo castaño oscuro, harto bueno».
  6. «Francisco de Montejo y Alonso de Ávila, un caballo alazán tostado: no fue para cosa de guerra».
  7. «Francisco de Moría, un caballo castaño oscuro, gran corredor y revuelto».
  8. «Juan de Escalante, un caballo castaño claro, tresalvo: no fue bueno».
  9. «Diego de Ordaz, una yegua rucia, machorra, pasadera aunque corría poco».
  10. «Gonzalo Domínguez, muy extremado jinete, un caballo castaño oscuro muy bueno y grande corredor».
  11. «Pedro González de Trujillo, un buen caballo castaño, perfecto castaño, que corría muy bien».
  12. «Moron (Pedro de Morón), vecino del Bayamo, un caballo overo, labrado de las manos, y era bien revuelto».
  13. «Baena (Alonso López de Vaena), vecino de la Trinidad, un caballo overo algo sobre morcillo: no salió bueno».
  14. «Lares (Luis Lariz), él muy buen jinete, un caballo muy bueno, de color castaño algo claro y buen corredor (el que después montaría Cortés y se llamaba «molinero»».
  15. «Ortiz el músico (Luis Órtiz), y un Bartolomé García, que solía tener minas de oro, un muy buen caballo oscuro que decían “el arriero”: este fue uno de los buenos caballos que pasamos en la armada».
  16. «Juan Sedeño, vecino de la Habana, una yegua castaña, y esta yegua parió en el navío. Este Juan Sedeño pasó el más rico soldado que hubo en toda la armada, porque trajo un navío suyo, y la yegua y un negro, e cazabe e tocinos; porque en aquella sazón no se podía hallar caballos ni negros si no era a peso de oro, y a esta causa no pasaron más caballos, porque no los había».
    Se trataba de caballos de raza andaluza o de alguna otra existente en los reinos cristianos, aunque no todos podrían haber nacido en la península Ibérica, pues la expedición de Cortés fue organizada en la isla de Cuba y los españoles tenían solida presencia desde 1511. Entre este año y el de la partida de la flota de Cortés, ya se estaban criando caballos en la isla, aunque su costo de adquisición y transportación todavía era muy alto.
    Al describirlos, Bernal Díaz del Castillo usa palabras comunes en la nomenclatura usada en la España renacentista para denominar las capas o pigmentación que presenta los caballos en su pelaje. Estas son algunas de ellas explicadas por el estudioso y ganadero español Juan Ricardo de Juana Aranzana en el sitio web http://www.razasautoctonas.es:
    A) ALAZÁN. Fray Diego de Guadix, arabista del siglo XVI, sostenía que la palabra alazán procedía de la árabe hozan, que significa caballo. El alazán común es del color del cobre pero un extremo de la gama cromática de este color tiende a la saturación, alcanzando el negro, y otro extremo a la dilución, llegando al blanco. En medio queda toda la variedad, desde los más oscuros y rojizos a los más pálidos y pajizos. Los autores renacentistas consultados solo hacen referencias del alazán claro, del alazán boyuno y del alazán tostado.
    B) MORCILLO. Sebastián de Covarrubias en su Tesoro de la lengua castellana o española publicado en 1611, dice que morcillo es “el caballo de la color que tira a la mora”, es decir del fruto de la zarzamora (Rubus fruticosus). Esta fruta, en su proceso de maduración, sufre una variación de color, pasando del verde pálido al rojo intenso para terminar siendo negra, pero como una saturación del rojo, con visos violáceos o “morados” (del color de la mora), por lo que esta definición se aplicaría a los caballos de pelo negro intenso pero con visos rojizos. Probablemente se trate del límite de saturación de la capa alazana.
    C) ZAÍNO. Según el diccionario de la RAE, zaino procede de la palabra sáhim, del árabe hispano, que significaba negro, pero, en su acepción actual dice: “Dicho de un caballo o de una yegua castaño oscuro que no tiene otro color”. En el siglo XVI se utilizaba este adjetivo para referirse a los caballos de capa simple que no presentan ninguna mancha blanca. Entre ellos los castaños, alazanes, negros y bayos pero nunca se aplicaba a los rucios ni a los ruanos aunque no presentasen manchas blancas, y menos a los overos, que por definición son manchados.
    D) CASTAÑO. Se refiere al color de la castaña (Castanea sativa). Esta capa es efecto de un gen al que llaman “Agutí” (llamado así por producir un patrón de coloración similar al de los roedores del género Dasyprocta, originario de América, y conocidos vulgarmente por agutíes). Este gen produce una saturación máxima del color (llegando al negro) en la crin, cola y extremidades. El alazán base puede ser más o menos oscuro y más o menos intenso o encendido, dando una gran variedad de capas castañas.
    E) RUCIA. Procede del término latino roscidus, que significa rociado y se aplicaría porque, al igual que el rocío deja dispersas multitud de pequeñas gotas de agua, así aparecen los pelos blancos sobre la capa base de esos caballos. En realidad no es una capa sino un factor que altera la capa de nacimiento haciendo que encanezcan progresivamente los pelos, llegando con los años a blanquearla completamente, existiendo de 6 a 9 variedades de color.
    F) HOVERO o OVERO. Pedro Fernández de Andrada en su “Libro de la gineta de España” publicado en 1580, dice que “Los hoveros corresponden a los blancos y algunos a los morcillos; porque como hay hoveros sobre palomo, hay otros sobre morcillo”. Se trata de los famosos caballos manchados con una capa resultante de la mezcla de varios colores e integrada por pelos de colores diferentes, agrupados en manchas irregulares con contornos no definidos. Se da tanto en una capa pigmentada con manchas blancas o al revés. La parte inferior del cuerpo suele tener más presencia de blanco que la parte superior.
    G) TRESALVO o TRESALBO. La Real Academia Española en su Diccionario, menciona que es un adjetivo para indicar a los caballos o yeguas que tienen tres pies blancos.
    El 1 de mayo de 2022, en conversación con el arquitecto Jorge Cobos Ruíz, presidente de la Organización de Jinetes del Estado de Veracruz (OJEV), el autor de este texto propuso que en 2023, año que será memorable para todo el Estado de Veracruz, pues es cuando se cumplirán 500 años de que el rey Carlos I de España emitió la real cédula que otorga escudo de armas a la Villa Rica de la Vera Cruz fundada hacia el 20 de mayo de 1519 en los arenales frente a San Juan de Ulúa, se haga la recreación de los 17 caballos de Cortés. De hacerse, se convocaría a concurso para lograr conjuntar a los caballos cuyas características físicas y capas correspondan lo más cercano posible a las descritas por Bernal Díaz del Castillo. Además de que sus jinetes estarían ataviados a la usanza española del siglo XVI y así, se podría reproducir el desembarco de Cortés y sus caballos en alguna playa de la ciudad de Veracruz el 22 de abril de 2023.
    Si esta acción, que es también un experimento de reconstrucción histórica viviente, no se ha intentado antes en México, las condiciones son propicias, pues 16 caballos se pueden cuidar y manejar mejor que cientos y el año es significativo en términos de conmemoración histórica.
    Además de contar con la participación de veterinarios y estudiosos nacionales y extranjeros de los caballos, estaría sustentada por el extenso trabajo de investigación histórica que los miembros del equipo de Exploración y Estudio del Camino Real Veracruz-México (EXESCR) han venido desarrollando desde 2009 en torno al camino real de Veracruz a México, la Ruta de Cortés y los personajes que protagonizaron el inicio de la presencia europea permanente en tierras mesoamericanas y el regreso del caballo como género Equus a la parte norte del continente americano. Donde se extinguió diez milenios antes que la llegada de sus primos europeos a las playas de Veracruz.
    Este evento daría además un apuntalamiento a la economía y turismo de los municipios de Veracruz y La Antigua, pudiéndose reproducir cada año y con diferentes participantes, junto con la cabalgata anual de miles de jinetes que se viene realizando desde 2019 desde ciudad José Cardel hasta las playas de La Antigua.
  • El autor es originario de la ciudad de Veracruz, licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Veracruzana y técnico en informática por CENESCO. Investigador independiente en historia, antiguas vías de comunicación y campos de batalla desde 2009. Ha sido profesor del área de Humanidades, historia, antropología, fotografía, diseño grafico e informática en colegios y la Universidad Empresarial en Veracruz, Boca del Río y Soledad de Doblado. Se especializa en historia universal y militar, el periodo de la conquista de los siglos XV y XVI, las guerras de los siglos VIII al XIX en Europa y América, así como en heráldica, numismática, armamento y artillería antiguos. También es conferencista de nivel estatal, diplomado en historia del arte prehispánico, colonial y mexicano, paleografía colonial, historia de Veracruz y Boca del Río, administración pública, gestión social, grabación de escenas, etc. Desde 2019 es miembro del grupo ciudadano TOLOME UNIDO a cargo de asuntos históricos, coordinador estatal de cultura para el Estado de Veracruz para la Promotora Nacional de Economía Solidaria (PRONAES), director de Investigación, Análisis y Proyección Históricas para el Proyecto Ruta de Cortés perteneciente al Proyecto México del Consorcio Constructor de Empresas Mexicanas (CCEM) y fundador-director del equipo de Exploración y Estudio del Camino Real Veracruz-México (EXESCR). También se desempeña como explorador, guía-senderista, asesor en recorridos históricos y organizador de expediciones documentales en el Camino Real de México a Veracruz y la Ruta de Cortés. Participa en diversos proyectos de preservación del patrimonio y rescate de memoria histórica. Ha sido galardonado dos veces con la medalla y el diploma de honor de la Institución de la Superación Ciudadana del H. Ayuntamiento de Veracruz y declarado «Hijo Adoptivo del Pueblo de Tolome», entre muchos otros reconocimientos y honores a su actividad profesional.
    REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
    Díaz del Castillo, Bernal , Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, Ciudad de México, Editorial Patria, 1983 [1632], pp. 57-58
    Orozco y Berra, Manuel, Los conquistadores de México, Ciudad de México, Editorial Pedro Robredo, 1938, pp. 44-45
    Revista Mexicana de Ciencias Geológicas, v. 28, núm. 1, 2011, p. 65-82
    REFERENCIAS ELECTRÓNICAS
    Arita, Héctor T. (2010). El regreso del caballo: lo macro y lo micro en la evolución. Ciencias 97, enero-marzo, 46-55. [En línea]
    De Juana, Ricardo (2012). Las capas equinas en la España del Renacimiento. Razas Autóctonas. [En línea]
    http://www.soscaballolosino.com/…/Capas-Renacimiento.htm

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