
Diputados locales y federales, senadores, presidentes municipales, regidores, funcionarios que ocupan del cargo más bajo al nivel más alto, e incluso, hasta algunos hombres y mujeres de negocios de distintos sectores económicos, todos, en entrevistas, eventos en la periferia o en la zona hotelera, en el lugar donde se encuentren, repiten una y otra vez hasta el cansancio la misma perorata, como si estuvieran en un concurso de demostración de afecto, de zalamería, de fervor; la humillación excesiva a través de la adulación a su jefa en su máxima expresión.
En este pacto tácito o impuesto de quedar bien, de fingir que todo marcha sobre ruedas, de aparentar lo que no es verdad o de plano ocultar la realidad a fin de mantener la narrativa imaginaria, se encuentra Quintana Roo, como si estuviera exento de la tragedia que viven las madres buscadoras que a diario suman nuevas integrantes, de las constantes ejecuciones de hombres, mujeres y niños, del derecho de piso que forma parte de presupuesto de la iniciativa privada y de la alarmante violencia intrafamiliar en la que los menores son las principales víctimas, que se vive en el país.
Sin embargo, no es así, el territorio quintanarroense no está libre de estos males; el asesinato de un menor de dos años y de su hermanito de seis, gravemente herido a manos de un sujeto que días después se fugó del Centro de Readaptación Social de Cancún, cabecera municipal de Benito Juárez, y el más reciente crimen de un asesor político del ex dirigente de taxistas Andrés Quintana Roo y actual legislador local, Rubén Carrillo, que derivó en la detención del líder interino del mismo gremio y otros tres sujetos, así como el hallazgo de un cuarto de tortura, drogas, cartuchos y armas en esa agrupación de choferes, son pequeñas muestras de la vida cotidiana.
En esta vida habitual, la que se niegan a ver autoridades y funcionarios con escoltas y camionetas blindadas, después de siete largos años de ser levantado por hombres armados en una taquería en presencia de su padre y un hermano menor, fue hallado el cuerpo de Willian Hernández Zapata, ante la presión ejercida por su progenitora y un puñado de madres buscadoras que realizaron plantones en el aeropuerto internacional de Cancún y la fiscalía general del Estado, respectivamente.
Carmita, quien a todo pulmón gritaba llorando “Willian, escucha, tu madre sigue en la lucha”, «Vivo se lo llevaron vivo lo queremos», entre otras consignas, a las afueras de la terminal 2 de la central aérea, llamó la atención de pasajeros que se paraban momentáneamente al escuchar el ahogado grito de dolor, y también de conductores molestos por bloquear un tramo de la avenida Xcaret que le mentaban la madre, no encontró a su hijo vivo como tanto deseaba su corazón y, aunque hallaron sus restos, ya no tiene la permanente angustia, la opresión en el pecho, de no saber el paradero de su muchacho, no quería que fuera así, pero ahora, al menos tiene un lugar a donde llevarle flores, a rezar por su alma.
La historia de Carmita concluyó con infinito dolor, empero, los esfuerzos de sus compañeras de tristeza, las madres de Diana, Sahir Alexis, Fernanda Cayetana, Alan Eduardo y Santiago García, por citar algunos de los nombres de las más mil 500 víctimas de desapariciones forzadas en la entidad, continúan a pesar de tener tanto en contra con la búsqueda de sus hijos; siempre tienen picos, botas y palas, en sus casas, oficinas y vehículos, listos para ser usados si surge una llamada o una publicación en las redes sociales sobre el hallazgo de un cuerpo, en una de esas, a lo mejor sea el de uno de los hijos que buscan.
En esta vida común, sin protección oficial, los vendedores que ofrecen en calles y avenidas flores, dulces o aguas de sabores, entre otros artículos, pagan al día 200 pesos diarios a los criminales, mientras que los empresarios, según la importancia del negocio, aportan hasta 100 mil pesos al mes por derecho de piso; en ambos casos el recurso ya es parte del presupuesto si quieren continuar trabajando o mantener abierto la empresa o, en caso extremos, no perder la existencia, sin contar las ejecuciones de hombres y mujeres de todas edades que se cometen.
Esperar la tan indispensable autocrítica al gobierno estatal y municipales de estos personajes de la vida pública, ni por asomo, desde su egocentrismo y devoción, prefieren seguir recitando a diario; «con el gobierno humanista y corazón feminista de la Gobernadora Mara Lezama y el Nuevo Acuerdo por el Bienestar y Desarrollo de Quintana Roo, que responde al compromiso de construir un estado…
