•Ninguna razón existe para festejar el llamado “Día de la libertad de prensa”. Y si lo duda, gracias por leer las siguientes líneas…

Habrá quienes mañana celebren el llamado “Día de la libertad de prensa” establecido por el presidente Miguel Alemán Valdés para tirarse incienso con los magnates periodísticos.
Pero en Veracruz, y desde aquí, ninguna razón existe para conmemorar tal fecha.
Por lo siguiente:
Uno. Diez trabajadores de la información fueron secuestrados, desaparecidos, mutilados, decapitados, asesinados, sepultados en fosas clandestinas y tirados en la vía pública, y a la fecha, el hecho permanece en la impunidad. Dos. Hay cuatro reporteros de la fuente policiaca desaparecidos, en tanto su expediente, averiguación previa, está archivada.
Tres. Varios reporteros siguen exiliados en el otro extremo del mundo para garantizar la vida.
Cuatro. El Instituto de Acceso a la Información de Veracruz constituye una burla, una humillación, una bofetada a la libertad de expresión del ciudadano, pues en la mayoría de las solicitudes la respuesta es que se trata de una información “reservada, confidencial y restringida”, porque así conviene a la elite priista en el poder público.
Cinco. En la relación del gobierno con la prensa se da un maridaje por conveniencia, donde los medios apuestan al silencio de los hechos y circunstancias en la calle, porque la elite gobernante les paga un embute mensual para ocultar la realidad social, económica, educativa y política.
Seis. Los trabajadores de la información viven el peor capítulo laboral de sus vidas, a partir de los salarios de hambre como decía Ricardo Flores Magón en 1907.
Pero, además, sin las prestaciones contempladas en la Ley Federal del Trabajo.
Más aún: expuestos a una relación laboral inestable, pues, y por ejemplo, basta que un político solicite el despido de un reportero, un columnista, un fotógrafo incómodo, y de inmediato es cesado.
Y todavía peor, lo despiden sin la indemnización correspondiente.
EL MAL NECESARIO
Siete. La prensa escrita, hablada y digital han dejado de publicar la realidad en la calle, pues así conviene a los magnates periodísticos, en tanto, y en contraparte, el ciudadano, el contribuyente, ha quedado sin un espacio público para manifestarse.
Y más aún si se considera que la mayoría de los diputados locales y federales de Veracruz también se han vuelto unos cómplices de la elite priista en el poder sexenal.
Ocho. Tantito peor, silenciada la prensa y silenciado el Poder Legislativo para expresar la realidad de la calle, el mismo fenómeno se reproduce con los líderes sindicales, los académicos y hasta con la cúpula eclesiástica de Veracruz, salvo, claro, excepciones, digamos, excepcionales.
Nueve. Las redes sociales han amplificado el legítimo derecho a ejercer la libertad de expresión y de prensa; pero al mismo tiempo, desde el poder político han sido y son satanizadas.
Bastaría recordar la ley contra los tuiteros. Y el exjuez internacional, defensor de los derechos humanos, Baltasar Garzón, avalando tal disposición.
Diez. Las agresiones de los cuerpos policiacos en contra de los trabajadores de la información, al grado de que el mismo secretario de Seguridad Pública, SSP, coronel Arturo Bermúdez Zurita, los ha intimidado con amenazas carcelarias.
Once. Una Comisión de Atención a Periodistas creada sólo para tirar incienso al gabinete legal y ampliado, en su mayor parte, al titular de la SSP, avalando su desplante contra los reporteros y fotógrafos.
Doce. El trato despreciativo de los políticos al gremio reporteril, al que, acaso, consideran “un mal necesario”.
Trece. La satanización política y de sus jefecitos de prensa en contra de los reporteros incómodos.
Catorce. La humillación de los políticos a los reporteros a partir de que los consideran “unos muertos de hambre” (como dijera el diputado Rafael Acosta Croda) y al mismo tiempo los suelen comprar con un embute.
Quince. La esclavitud laboral a que está expuesto el gremio, pues debido a los salarios de hambre se ven obligados al chambismo empobrecedor.
Peor tantito si se considera que ningún diputado local se atreve a una iniciativa de ley en la materia, ni menos, mucho menos, el secretario de Trabajo y Previsión Social, Marco Antonio Aguilar Yunes, para regular el orden laboral y jurídico.
EL LECTOR, DESENCANTADO DE LOS REPORTEROS
Dieciséis. El destino social y económico del gremio y sus familiares que a la hora de la muerte se recrudece, pues ha ocurrido que muchos, la mayoría, fallecen en medio de la pobreza y hasta de la miseria.
Pero, además, las grandes contradicciones de la vida, con magnates periodísticos enriquecidos (que toda la vida se la pasan quejando en materia económica) y trabajadores jodidos.
Diecisiete. A partir del maridaje de conveniencia entre gobierno y magnates, los magnates reciben las canonjías y privilegios del mundo, en tanto los trabajadores apenas y huelen, en todo caso, el olor del billete.
Dieciocho. Entre todos, políticos, magnates y trabajadores de la información hemos deshonrado el oficio periodístico. Y de festejar el día significa que el filósofo José López Portillo tenía razón cuando aseguraba que México se ha convertido “en un país de cínicos”.
Diecinueve. Nada, pues, para congratularse con “el dichoso día” cuando el lector que lee la prensa escrita y escucha la prensa hablada… termina de leer desencantado y decepcionado, porque mientras ellos viven un mundo en los medios dibujan otro.
Publicado en: http://www.blog.expediente.mx/nota.php?nId=6737

