EL BALUARTE DE SANTIAGO Y LOS 500 AÑOS DE FUNDACIÓN DE LA ACTUAL CIUDAD DE VERACRUZ


por Mario Jesús Gaspar Cobarruvias *

por  Mario Jesús Gaspar Cobarrubias, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

Los baluartes eran una construcción de forma pentagonal que sobresale en el ángulo de unión entre dos lienzos o partes de muralla, teniendo su origen en el siglo XV por ingenieros italianos al servicio de España y Francia, como una forma de reformar los viejos castillos medievales para resistir el embate de la artillería de sitio. Posteriormente, los baluartes fueron diseñados como plataformas para montar artillería y constituían las partes fuertes de las ciudades amuralladas hasta bien avanzado el siglo XIX, en que fueron reemplazados por las más económicas casamatas dotadas de artillería y ametralladoras. La forma más común era la pentagonal y el baluarte veracruzano de Santiago es un raro ejemplo de baluarte de más de 5 lados, si bien los dos lados extras sobre el modelo tradicional, son de muy corta longitud.

Fue diseñado por el ingeniero holandés Adrian Boot y construido entre 1634 y 1635, es uno de los edificios históricos y militares más antiguos del periodo virreinal de la ciudad de la Nueva Veracruz, fundada en los terrenos conocidos del pueblo o ventas de Buitrón, el día 28 de marzo de 1600 por orden del virrey don Gaspar de Zúñiga Acevedo y Velasco, sexto conde de Monterrey, que ese mismo día expidió por real provisión y desde la Ciudad de México, su Título de Ciudad ordenando fundar además su primer cabildo. Este documento fue confirmado en 1615 por el rey de España.

Fue la materialización de un plan de defensa para amurallar la ciudad, iniciado en 1625 y delineado hasta 1632. El 20 de diciembre de 1634, Boot trazó el plano para un baluarte pentagonal y uno de 7 lados, a los que llamó respectivamente “baluarte de la Caleta” y “baluarte en la banda sur de la ciudad”, ambos ya en construcción para esa fecha.

Así se construyó en la Caleta, pequeña bahía en el extremo norte de la Nueva< Veracruz, el baluarte pentagonal de Nuestra Señora de la Concepción -hoy desaparecido- y el de Santiago. El amurallamiento completo fue terminado hasta 1794 cerrando el espacio entre ambos baluartes con una muralla de mampostería, a la que pertenecen los últimos dos vestigios reconocibles, que sin entrar en la categoría de cimientos, han sobrevivido hasta el siglo XXI.

El Santiago es un baluarte con una traza arquitectónica irregular (lados de longitudes desiguales) y con forma poligonal de 7 lados, formando una punta de diamante que apunta hacia el sureste. Actualmente se le ubica en una explanada entre las calles de 16 de septiembre (limite del mar hasta la mitad del siglo XX) y Francisco Canal, a donde desciende su rampa de mampostería que permite la entrada a la fortificación. Recibe su nombre de la advocación al apóstol Santiago El Mayor, considerado el santo patrono de los ejércitos de España y cuyas fiestas se celebran el 25 de julio. En el interior del cuerpo de guardia ubicado en su gola o parte posterior, se halla una efigie de Santiago en su forma de jinete armado y rampante. No debe confundirse con el baluarte de Santiago que forma el vértice noroeste de la fortaleza de San Juan de Ulúa, distante aproximadamente 1.26 kilómetros al norte.

En el dintel de la fachada del puesto de guardia se hallan grabadas varias cartelas de piedra que dicen:

“Reinando la España, Felipe IV y siendo virrey de esta la Nueva España el excelentísimo Sr. Don Rodrigo Pacheco Sr. Marqués de Cerralvo, corregidor, capitán de guerra y superintendente de la fábrica de su majestad en esta ciudad del castellano Don Alonso de Guzmán se hizo este baluarte año 1635”

El edificio está orientado en eje noroeste-sureste, edificado con la técnica constructiva de piedra múcara, ladrillo y mampostería de piedra. Tiene un perímetro de 152.82 metros, una altura total de 6.76 y cubiertas de hormigón para sus baterías. Como plataforma artillera, podía montar 16 cañones fijos en los merlones. Está dotado además de un puerto de guardia en el acceso al puente levadizo sobre la rampa de mampostería, cuyo ángulo de inclinación fue diseñado para un rápido desplazamiento de las piezas de artillería.

En 1842 sufrió una reforma estructural y sus lados que daban al mar y playas se reconvirtieron en muros a barbeta, para alojar 12 nuevos cañones giratorios ingleses Vickers, montados en colisas y dejando 2 flanqueando el puesto de guardia y 5 inmóviles al estilo español, del lado que mira el convento de Nuestra Señora de Belén, renombrado después Hospital de San Sebastián. Las colisas eran estructuras semicirculares dotadas de un riel que permitía mover la pieza en ángulos de tiros variables de hasta 90 grados, equivalente a 3 cañones fijos. Se puede apreciar su disposición artillera en el plano del baluarte de Santiago trazado por el teniente-coronel Julio Alvarado en 1886. Estas estructuras fueron demolidas en el siglo XX pero aun es visible la traza de su ubicación en los pisos y permanece el muro a barbeta.

Dispone de 2 garitas de vigilancia, actualmente se distinguen una hacia la calle de Valentín Gómez Farias y otra en lo alto de su torreón de vigilancia o Caballero Alto. Disponía de un sótano para 550 quintales de pólvora y otros para 450 más, por lo que se le llamaba también el Baluarte de la Pólvora o del Máximo Poder.

Su misión era custodiar el extremo sur de la ciudad amurallada de Veracruz, así como el canal de acceso meridional al puerto, la isla de Sacrificios, la zona de médanos y playas, cruzando sus fuegos con el baluarte de San Crispín de la fortaleza marina de San Juan de Ulúa. Por el lado de tierra, lo hacia con el pequeño baluarte de San José levantado en 1684. La cobertura de tantos frentes es lo que dictaminó su irregular e inusual forma poligonal de muchos lados, así como su mayor tamaño respecto al baluarte de Nuestra Señora de la Concepción.

Tenia como puntos débiles la altura de su torreón, cuyo gran perfil lo hacia blanco ideal para la artillería de sitio y naval. Además, sus cimientos estaban constantemente socavados por las crecidas del arroyo Tenoya que pasaba en sus cercanías, hasta que se tomaron las medidas pertinentes para solventar este problema, que también afectaba al baluarte de la Concepción. Ambas fortificaciones habían sido levantadas en suelos arenosos de escasa consistencia para grandes tonelajes, la acción continúa de las corrientes combinadas desde los ríos Xamapa y Huitzilapan, socavaba la cimentación a base de pilotes de madera y tierra compactada, generando una peligrosa inestabilidad estructural.

El teniente-coronel de ingenieros Juan Camargo escribe el 1 de enero de 1816, una relación de las defensas de la Nueva Veracruz para el nuevo gobernador interino, el brigadier Fernando Miyares y Mancebo, describiendo el baluarte de Santiago:

“El otro baluarte, llamado Santiago, está en el ángulo del sureste del mismo frente al mar; su figura es polígono irregular de siete lados, cerrado por la gola, igual en altura de puerta, cordón, terraplén y rampa al de la Concepción, y monta quince cañones; tiene asimismo en su centro un edificio de ocho varas de alto que consta de un almacén subterráneo de bóveda sencilla, capaz de 550 quintales de pólvora; otro sobre él capaz de igual número; dos pequeños almacenes para pertrechos y un cuerpo de guardia capaz de diez hombres; flanquea la avenida a la plaza por la playa al sureste, parte del frente que mira al mar, y el colateral al sur con fuegos rasantes y al canal y fondeadero por este mismo rumbo confinantes. Entre dicho baluarte y el que sigue del frente de la plaza que mira al sursudoeste está una batería de tres cañones y dos morteros con su cuerpo de guardia, tres repuestos y dos tinglados, el todo ceñido con una cerca y el espacio que abraza forma la escuela práctica de artillería.”

Era el mayor de los 8 baluartes que resguardaron la muralla de Veracruz, a la cuál estaba unido por dos secciones del lado de tierra y que conformaban la explanada de la Escuela Práctica de Artillería. Técnicamente, para Camargo y otros ingenieros antes que él, la ciudad solo poseía dos verdaderos baluartes (Concepción y Santiago) con numerosos defectos tanto de fabricación según el Arte de la Fortificación como de ubicación según las exigencias militares de la ciudad. Los otros seis llamados de norte a sur con los nombres de San Juan, San Mateo, San Javier, Santa Gertrudis, Santa Bárbara y San José, no eran verdaderos baluartes, sino baterías de cañones montadas en edificios de forma poligonal, por lo que les llamaban “baluartillos”. El llamado San Fernando nunca fue un baluarte, pues era una batería de 4 cañones a barbeta sin ninguna característica arquitectónica de los baluartes, y su existencia se debía a la defensa que era preciso hacer de la Puerta de la Merced.

Una parte importante del proceso de demolición de la muralla se realizó el 14 de julio de 1880, durante la gestión del alcalde Domingo Bureau y con autorización del presidente Porfirio Díaz y el Departamento de Guerra, desapareciendo en las próximas décadas 7 de los baluartes, la batería de San Fernando y 3 de las 4 las puertas oficiales de entrada a la ciudad, excepto la de Mar. Solo el baluarte de Santiago sobrevivió, pues se le daba uso militar, pese a estar ya obsoleto para resistir los efectos de la artillería explosiva de grueso calibre montada en destructores, cruceros y acorazados a finales del siglo XIX.

Un fragmento sobreviviente de la muralla del lado de mar, con dimensiones de 2.85 metros de largo, 1.25 de ancho y 97 centímetros de altura, se encuentra abajo y a la izquierda de la rampa de acceso, pues el baluarte de Santiago era el extremo sureste de la muralla y a través de esta se unía con las demás fortificaciones menores. Dos largos arriates llenos de tierra y piedra, indican los puntos donde las murallas de mar y tierra se cerraban en los flancos del baluarte en el siglo XIX. Este remanente señalizado se extendía en dirección al terreno del actual Museo Histórico Naval, coincidiendo con el cimiento hallado en 1997 y que estuviese en exhibición casi 17 años; fue sepultado definitivamente en 2014 durante los trabajos de remodelación del edificio para la celebración del centenario de la defensa de Veracruz en 1914.

En su muralla que mira a la avenida Valentín Gómez Farias se puede contemplar la lápida que conmemora a los seis jóvenes insurgentes fusilados el 29 de julio de 1812 y a quienes se le han dedicado los nombres abreviados -y a veces distorsionados- de diversas calles: José Prudencio Silva, Bartolomé Flores, José Nicasio Arismendi, José Ignacio Murillo, Cayetano Pérez y José Evaristo Molina.

Participó en todas los hechos bélicos de importancia en la historia de la ciudad, desde el asalto pirata de 1683 hasta la Guerra de Independencia y las intervenciones francesas y norteamericanas de los siglos XIX y XX, destacando siempre como un punto importante de la defensa, si bien no siempre con éxito dado que rara vez tuvo las modernizaciones que exigía su arquitectura militar, para afrontar los desafíos bélicos de cada siglo.

En la década de 1940 se logró remozar el viejo baluarte, a causa de la conmoción social generada por un artículo escrito por el señor Rafael Domínguez y que aparece mencionado posteriormente en su libro “Veracruz en el ensueño y el recuerdo: apuntes de la vida jarocha” publicado en 1946. Otras obras de preservación le fueron aplicadas en 1998. En esta época, el pueblo le solía llamar a veces “El Santiaguillo”, posiblemente para diferenciarlo del baluarte de Santiago en la fortaleza de San Juan de Ulúa.

En septiembre de 2015, durante la segunda etapa de rehabilitación del Centro Histórico, se encontró un borde de mampostería que delimita el área federal del baluarte, correspondiendo a una obra realizada a finales del siglo XIX.

Actualmente es un museo y sitio turístico bajo la custodia del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), alojando la colección prehispánica llamada “Las Joyas del Pescador”, conjunto de piezas que don Raúl Hurtado Hernández encontró en 1976, en el fondo del mar bajo la forma de lingotes de oro y joyas prehispánicas que habían permanecido ocultos por siglos años en un naufragio español. Algunas de las joyas son un chimalli (escudo), ollitas, aretes con cabezas de tortuga, brazaletes con figuras de mono, cuentas de collar con figuras de serpiente, etc.

También posee una exposición permanente de piezas militares de otros siglos, como una armadura hispano-milanesa del siglo XVI, un yelmo de coracero del siglo XIX y restos de proyectiles.

El 28 de abril de 2017 se anunció una alianza estratégica de la Secretaria de Comunicaciones y Transportes a través de la Coordinación Nacional de Puertos y de la Administración Portuaria Integral de Veracruz, para restaurar el viejo edificio y con una inversión de 6 millones de pesos. Así, desde septiembre del mismo año, se encuentra en estado de mantenimiento por parte del personal del INAH y la Administración Portuaria Integral de Veracruz para renovar los repellos y hacer modificaciones al edificio. Esto último implica que “En una primera etapa, se van a liberar del monumento cosas que se pusieron indebidamente, como un módulo de baños, y la utilización de cemento para reparar unas áreas. Posteriormente se realizará un proceso de restauración de los valores de la arquitectura auténtica virreinal, para concluir con el reordenamiento del espacio museológico”, según palabras de Guillermo Ruíz de Teresa, coordinador general de Puertos.

El presupuesto de esta y otras obras se justifican bajo el argumento -totalmente erróneo pero validado por las autoridades municipales y estatales- de preparar el Centro Histórico para la celebración de sus 500 años de fundación el 22 de abril de 2019, conforme al mito generado por el cambio de fecha para esta celebración, que fue instaurado en 1969 por el ayuntamiento de Veracruz en ocasión de celebrar 450 años del desembarco de Cortés. En ese año, se terminó incluso por definir el 20 de mayo de 1519 como fecha de fundación del cabildo de la Villa Rica de la Vera Cruz, como atestigua una placa puesta en el exterior del palacio municipal que da a la plaza de armas, puesta el 20 de mayo de 1969 por la Unión Internacional del Notariado Latino y la Asociación Nacional del Notariado Mexicano.

Por eso resulta extraño que en la segunda década del siglo XXI el municipio porteño insista en celebrar tal fundación en el día del desembarco de Cortés y mucho antes de los eventos que lo llevaron a realizar el acto con qué nació el cabildo. O se publique que fue el 10 de julio, siendo que en esta segunda fecha, fue cuando Cortés redactó su primera Carta de Relación, que días más tarde, viajaría a España junto con la carta del Cabildo y Regimiento del que era alcalde mayor, estando ya los españoles asentados en la rada frente al pueblo totonaco de Quiahuiztlan y en proceso de construir los primeros edificios de la Villa Rica de la Veracruz. Cuyo cabildo ya había sido fundado entre 57 y 65 días antes en los arenales fronteros a San Juan de Ulúa, justo antes de marchar en el mes de junio hacia Zempoala para reaprovisionarse con sus nuevos aliados indígenas.

Hasta antes de 1969, la actual ciudad de Veracruz nunca pretendió haberse querido fundar en 1519, pues se sabía y quedó corroborado por el testimonio de numerosos viajeros importantes e informados que visitaron la Nueva Veracruz hasta mediados del siglo XIX, como Alexander von Humboldt (1804) y Madame Calderón de la Barca (1839), que la fundación había sucedido en 1600 y que existían las ciudades de Veracruz y Nueva Veracruz.

En concordancia con esto, a partir de 1901 en que se celebraron los 300 años de fundación de Veracruz por orden del presidente Porfirio Díaz, se continúo festejando la fecha de fundación cada 7 de marzo, pues en esa fecha de 1601 se había efectuado el primer acuerdo de cabildo de la Nueva Veracruz, según el historiador Francisco del Paso y Troncoso, por un documento que había hallado en España con fecha de 1603. Donde se citaba a la Nueva Veracruz ya con Título de Ciudad antes de la ratificación en la real cédula del 19 de junio 1615, donde quedó asentado en forma falsa, que “.. a la población que se hizo en la banda de Buitrón del puerto de San Juan de Ulúa a donde se mudó la ciudad vieja de la Veracruz y se hace ahora la descarga de las flotas de la Nueva España”. Este párrafo reflejaba el afán del cabildo de la Nueva Veracruz entre 1609 y 1615 por hacer valer los privilegios otorgados por el virrey conde de Monterrey en 1600, adjudicándose el lugar de la ciudad de Veracruz La Antigua y alegando que el cabildo de aquella se había extinguido.

La realidad que prueban los documentos del Archivo General de la Nación, es que la corona española reconoció la existencia del cabildo de Veracruz La Antigua hasta 1608 y tras redefinir su territorio municipal con la Nueva Veracruz estableciendo la frontera en el río Grande, este cabildo se dejó de reunir por falta de regidores que compraran el puesto ante la falta de oportunidades económicas en una ciudad casi despoblada por la emigración que dio lugar a la fundación de la Nueva Veracruz. Está constado que ese cabildo no perdió su derecho a reunirse nuevamente ni tampoco se le retiró el Título de Ciudad a la población. Tal es así, que la ciudad de Veracruz La Antigua -después llamada pueblo de La Antigua- continúo siendo la sede de la autoridad de la alcaldía mayor de Veracruz La Vieja y de su posterior subdelegación hasta 1824, en que se convirtió en municipio mexicano.

El texto de la real cédula de 1615 también sirvió en 1969, para ir creando el mito de las 4 fundaciones que sobrevive hasta hoy y que está siendo severamente cuestionado por numerosos investigadores y una parte creciente del pueblo en los municipios de Veracruz y La Antigua, hastiados del clima de continúa corrupción y desvío de recursos por parte de sus funcionarios públicos.

La fecha de 7 de marzo era lo más cercano que se sabía a la fecha de fundación de la Nueva Veracruz en 1600 antes de 1969. Por ello, los 500 años que promociona la administración 2014-2017 del municipio de Veracruz con la participación de particulares, se reducen a proseguir la tradición implantada en 1969 a pesar de conocerse el Título de Ciudad emitido por el virrey conde de Monterrey desde 1939 y cuya interpretación fue arreglada para adjudicarse los párrafos correspondientes a la ciudad de Veracruz La Antigua y así pretender que la actual ciudad de Veracruz es la misma -a través de su cabildo- que la Villa Rica de la Vera Cruz. Pero esto es desmentido rotundamente por numerosos documentos históricos -algunos muy conocidos desde 2008 por el litigio de tierras iniciado por el alcalde porteño Jon Rementería- a los que la autoridad y personas involucradas en la historia oficial han hecho caso omiso repetidas veces. Sosteniendo así ya no una historia fundamentada sino una mitología en la que se están gastando millones de pesos; argumentando en vano que no existen documentos que contradigan la historia oficial, porque sí los hay y en abundancia. Que no se quiera estudiarlos y analizarlos para establecer una historia bien fundamentada al margen de los mitos, es otra cuestión muy diferente.

Incluso se pretexta que rectificar la historia de la ciudad es peligroso socialmente porque divide a la gente que ya está atenida a un programa establecido y que los mitos juegan un papel importante para estas personas. Sin embargo, es sabido que en México se han rectificado muchos mitos y se siguen cuestionando muchos otros, sin que eso cueste un derramamiento de sangre ni se altere la estabilidad social a la hora de defender la veracidad a la que tiene derecho el ciudadano, cuyos impuestos pagan los salarios de académicos e instituciones dedicados al estudio de la historia y que ahora guardan silencio.

También se han alzado voces que expresan otra clase de peligro al que el pueblo tampoco es ignorante por estar muy acostumbrado a él: es que la veracidad afecta muchos intereses económicos, cuya finalidad poco o nada tiene que ver con el bienestar de los ciudadanos.

Al parecer existe consigna oficial de no debatir el tema de los 500 años y en cambio sí, de ofender, ridiculizar y ejercer represalias dentro de una especie de “monopolio cultural” y “terrorismo histórico” dentro y fuera de las redes sociales contra quienes argumentan contra esta cuestión; sin importar si pudieran tener razón en lo que plantean. Porque no se debate el tema ni se aportan evidencias para demostrar el punto de vista opuesto: se cae en la difamación y burla con tal de silenciar una opinión molesta, siendo no pocos los académicos universitarios y funcionarios públicos que se han rebajado a esta infamia, violando su propia ética.

A quienes no piensan como ellos, tratan no solo de desprestigiarlos, en complicidad incluso con administradores de grupos dedicados a la historia en facebook, sino hacerles ver ante sus semejantes como difamadores de la gloria de Veracruz, que ha sido alimentada por otros mitos como la pretensión de ser primer cabildo, ayuntamiento o municipio de América, América Continental o Septentrional cuando no basta con serlo de la Nueva España. Además de hacerle creer al ciudadano menos informado, que la conquista española inició en México, como si todo el largo proceso de fundaciones municipales realizado por los españoles en las Antillas, Venezuela, el istmo de Panamá y Cuba de 1494 a 1519 nunca hubiese existido. En un afán de titular sitios, edificios, libros y honores con un “primero de América”, que deslumbren al ciudadano y atraigan a un turismo que terminará decepcionado ante tales falacias. Justo cuando se vive en una época en que el internet y las redes sociales rompen los anquilosados monopolios culturales de antaño y ofrecen a los usuarios alternativas diversas para informarse y formar su criterio no solo en historia sino en multitud de ciencias y temáticas.

La veracidad avalada con documentos históricos del Archivo General de la Nación y del Archivo General de Indias, indica en 2018 serán 500 años del arribo de los españoles al mando de Juan de Grijava y en 2019 los 500 años del desembarco de la armada de Hernán Cortés y de la fundación del cabildo de la Villa Rica de la Vera Cruz. Pero dado que este lejano cabildo no es el rige a la actual ciudad de Veracruz, cuyo propio cabildo fue fundado junto con ella en 1600 y no en 1519, los verdaderos 500 años de la fundación de la actual ciudad de Veracruz, aquella que naciera con el nombre de Nueva Veracruz, se cumplirán hasta el 28 de marzo del año 2100, tal como señala su Título de Ciudad. Pero por razones de la natural longevidad humana que difícilmente alcanza el siglo de existencia en la mayoría de las ciudadanos, no podrá ser celebrado por ninguno de los actuales promotores de los 500 años de fundación, sino por sus nietos y biznietos.

Pero antes de esa fecha, en el año 2035, el baluarte de Santiago cumplirá 400 años de haberse construido.

* El autor es originario de la ciudad de Veracruz, licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Veracruzana, diplomado en Historia del Arte prehispánico, colonial y mexicano por el Instituto Veracruzano de la Cultura. Ha sido galardonado 2 veces con la medalla “Veracruz al Mérito” por la Institución de la Superación Ciudadana en 2014 y 2016, entre otros muchos reconocimientos por su labor de investigación y difusión histórica. Estudió también la carrera de Artes Plásticas en la Escuela Municipal de Bellas Artes. Ha sido profesor de Historia Universal y de México. Actualmente es investigador independiente en historia, conferencista estatal, fotógrafo, diseñador, explorador de campo y fundador-director del equipo de Exploración y Estudio del Camino Real Veracruz-México (EXESCR).

BIBLIOGRAFÍA:

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Trens, Manuel. B., HISTORIA DE VERACRUZ, TOMO II, LA DOMINACIÓN ESPAÑOLA 1519-1808, Reeditada. Secretaría de Educación y Cultura, Gobierno del Estado de Veracruz, Xalapa-Enríquez, Ver. México, 1992.

Órtiz Escamilla, Juan, comp. VERACRUZ EN ARMAS. LA GUERRA CIVIL 1810-1820. Antología de documentos, México, Universidad Veracruzana, 2008.

Lerdo de Tejada, Miguel, APUNTES HISTÓRICOS DE LA CIUDAD DE VERACRUZ, Volumen III, Capítulo VIII, Imprenta de Vicente García Torres, México, 1857.

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Blanes Martín, Tamara, GLOSARIO ILUSTRADO DE TÉRMINOS DEL PATRIMONIO MILITAR, Universidad de La Habana, Cuba, 2000. — con Oscar Viveros, Heidi Vela, Salvador Diaz Mirón y 37 personas más.

FUENTES ELECTRÓNICAS:

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NO HA DESAPARECIDO LA MURALLA DE VERACRUZ, Mario Jesús Gaspar Cobarruvias, Facebook: https://www.facebook.com/photo.php?fbid=10152683057145975&set=a.10150238008920975.323872.503120974&type=3&theater

LAS JOYAS DEL PESCADOR, Mardonio Carballo, Plumas de la Serpiente, 5 de agosto de 2013: http://www.m-x.com.mx/xml/pdf/308/68.pdf

INVERTIRÁN 6 MILLONES PARA RESTAURAR EL BALUARTE DE SANTIAGO EN VERACRUZ, Noticieros Televisa, Mercedes Espíndola Campos, abril 28 de 2017: http://noticieros.televisa.com/…/invertiran-6-millones-res…/

VERACRUZ Y SUS 494 AÑOS (CELEBRACIÓN AJENA), Uluapa Senior, Veracruz Antiguo Blog, 2 de abril de 2013:https://aguapasada.wordpress.com/…/veracruz-y-sus-494-anos…/

 

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