La vida en el aula


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Por Ignacio Oropeza López, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicaciòn de la Universidad Veracruzana

por Ignacio Oropeza López

El maestro Avelino llegó al aula con una edición, por cierto muy añeja, de la “Historia General del Socialismo y las luchas sociales” del sociólogo alemán Max Beer que de inmediato capturó la atención de los alumnos, dejando de lado las aburridas lecturas sobre las “public relations”, y el “arte de dominar” que en modo alguno pueden superar al verdadero humanismo.
En dicho libro, cuya edición está agotada, es posible leer un enfoque novedoso acerca de la vida de Jesús, a quien los griegos llamaron “El Cristo” (es decir, el ungido, el escogido) y se revelan varios aspectos de su tiempo, pues en el texto se nos habla del contexto histórico de Galilea y del papel jugado por las minorías étnicas y lingüísticas y de la oposición judía que existía contra Herodes y el representante de Roma, Poncio Pilatos.
Aunque los historiadores Flavio Josefo y Tácito mencionan a Jesús, no ahondaron en la naturaleza de las más maravillosa historia jamás contada y escaso lo escrito acerca de la influencia que posteriormente tuvo en el mundo occidental, y en menor grado, no aportan luz acerca de los conflictos y la naturaleza levantisca del pueblo judío, pues recordemos que Jesús hablaba en arameo y el territorio estaba dominado por Roma, de ahí que Jerusalén era trilingüe.
PredicaLibros recientes de la cultura anglosajona, han tratado de desvirtuar los orígenes del cristianismo como doctrina universal, y en diversos ensayos y novelas, se trata de reivindicar a Judas, el más famoso traidor que la historia universal de la infamia ha conocido, y no solamente por delatar al redentor, sino porque el problema de la interpretación de los textos, en forma sinuosa, intentar presentar al nazareno en una forma distinta que pretende, entre otros objetivos, sembrar la duda y reivindicar a Judas.
Inteligente, sin lugar a dudas, pero interpretando los textos en forma indebida, y supliendo con imaginación los hechos de la historia, uno de dichos textos es debido a la pluma de Thomas de Quincey, otro de los autores de cabecera del argentino Jorge Luis Borges, quien trata de ampliar el comentario del inglés en el relato “Tres versiones de Judas”. El argumento principal radica en el hecho de que Judas no tenía por qué ir a señalar a un personaje que predicaba en público y que no era protegido por sicarios.
Recordemos que los patriarcas de la interpretación literaria, frutos del romanticismo alemán, como Schleimacher, intentaban penetrar los textos históricos y literarios profundizando en el contexto, y que uno de los herederos de esta corriente, Gadamer, propone que el intérprete debe ser capaz de profundizar y conocer el texto mejor, incluso, que el escritor que lo generó, puesto que la comprensión le agrega nuevos significados por parte del lector.
No sabemos con certidumbre que es lo que mueve o motiva, intelectual o psicológicamente, a un escritor cuando decide escribir sobre un tema y desecha otros. Se ha preferido reconocer que la creación, el nacimiento de las letras, obedece a un estado emocional donde el hombre desaparece y son otros los que escriben, por la voz de una persona concreta, ideas que no pertenecen a nadie en lo particular, sino al mundo.
En su famoso ensayo sobre Edgar Alan Poe, la escritora María Bonaparte aplica las teorías del psicoanálisis para revelar, mediante su interpretación que el fracaso amoroso y en la dependencia de las mujeres, las inclinaciones necrófilas del autor de Ligia y Berenice, y El extraño caso de Valdemar, relatos espeluznantes del amor no logrado y del mesmerismo “in articulo mortis”, se explican por las experiencias negativas del escritor.
No pretendemos hacer la crítica del Código da Vinci, la famosa novela de Dan Brown, pero es indudable que la interpretación que se hace acerca de los primeros siglos del cristianismo, no solamente es impropia u superficial, y mjuchas se basa en los textos muy bien documentados de Michel Baigent y Richard Leigh, autores de varios libros entre ellos el “Legado Mesiánico” disputa que mereciera, incluso un litigio judicial que finalmente ganó Brown.
El problema de la interpretación de los textos históricos y literarios dista mucho de estar agotado.
Las prensas están fatigadas y escasea el papel y la tinta.
Lo cual no significa que más adelante, cuando se asienten las aguas de la publicidad y el mercado de libros, autores serios, documentados, y bien armados para la interpretación puedan ofrecer la luz del conocimiento a un tema que dista mucho de estar terminado y que la humanidad necesita en estos tiempos de guerra, violencia e injusticias

Publicado originalmente en: http://www.imagendeveracruz.com.mx/vercolumna.php?id=37

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