Los errores de AMLO y el diablo


por Raúl López Gómez

Por Rául López Gómez, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana, desde el puerto de Veracruz

Llegan a su fin las intensas campañas políticas, aunque Andrés Manuel López Obrador, como dirigente y dueño de Morena no se conforma con las millonarias prerrogativas que maneja de su partido junto con su familia y cercanos, ahora pretende ensanchar su poderío económico con una desmedida ambición de poder utilizando amenazas y criterios que van en contra de un modelo democrático y pretende quedarse con todo.

Los muchos errores del político tabasqueño, están a la vista y desde la propia militancia desilusionada porque los han dejado fuera de la postulación de los cargos de elección popular porque son morenos y pobres, y con un criterio elitista, López Obrador se pelea hasta con su propia sombra.

Los que dejaron las filas de Morena ya desde el inicio del proceso electoral, se debió a que los que pugnaron y lucharon como brigadistas para la conformación y fundación de ese partido, a la hora buena, simplemente les dejaron fuera y con el clásico, “gracias por participar”.

La conformación de un grupo de personajes que son parte de peligrosos antecedentes integrados como aspirantes a cargos de elección popular y una militancia que se siente lastimada, son los ingredientes que son parte del desanimo para el 1 de julio.

También, es el espíritu rencoroso, vengativo y de odio sembrado por el fundador de Morena, no tiene eco y son los jóvenes los que están prestos y dispuestos a ir con el voto en contra de quien sin serlo, ya se siente sentado en la silla presidencial y con todo y banda que se impuso desde hace varios años.

Ahora siembra, el gabinete de los innombrables y pretende a base de manotazos gestar su propio estilo democrático ya conocido de chantaje y de amenazas.

El discurso ausente de congruencia de AMLO, llegó a un límite de incredulidad y por lo mismo, cae en el error de siempre, en el de la desesperación por arrebatar antes de llegar al día de las urnas.

En el caso del estado de Veracruz, el odio y el rencor lo ha puesto a traicionar sus objetivos al desatacar una guerra mediática en contra de los veracruzanos, y más por el fracaso del cierre en el estadio Luis Pirata Fuente de Boca del Río, en donde no se asomó ni un diez por ciento de los acarreados que no quisieron refrendar, ni apoyar con falsas esperanzas a su protegido Cuitláhuac García, ausente de propuestas y de propuestas, que solo intenta vanamente hasta de imitar el modo de hablar de su protector.

El cierre de Miguel Angel Yunes Márquez, en la Macroplaza del puerto de Veracruz, fue una demostración de que el candidato de la alianza PAN, PRD y MC, va en la delantera en las preferencias electorales y ni la guerra sucia, ni mediática han podido medrar con el deseo de apoyo de la mayoría de los veracruzanos en su favor.

López Obrador, el mago del ilusionismo, las promesas y esperanzas fallidas que se recuerdan, desde cuando fue jefe de gobierno en la ciudad de México, de elevar los delitos y acosos policiacos en contra de los ciudadanos, más los contratos amañados del segundo piso y beneficiarios de la obra pública, desvíos de su secretario de finanzas afecto a jugar en las Vegas y de crear un emporio económico al amparo del poder que le ha durado y lo aumenta, cuando desde las esferas de algunos aliados en torno a las candidaturas, dicen: es que quieren dinero.

Al final, un partido de reciente creación que se le concedió para tenerlo quieto y conforme, sin estructura como lo es Morena, sigue en la amenaza abierta de soltar al tigre después del 1 de julio, y más aún a que la aventurada expresión de la encargada de las finanzas del Peje, Yeidckol Polevnsky, diga de que se va a parecer el diablo si pierden, va más lejos.

El espíritu antiguo de la guerra entre filosofía y democracia, sigue en la mesa, la democracia no es perfecta, pero tampoco se puede comprar o coaccionar el voto de millones, por lo que nadie debe dudar por el momento de los resultados de una elección de 3,226 cargos de elección popular incluida la presidencia del país, ha sido más que una jaula de locos y en donde los ciudadanos son los que presiden y cuentan los votos.

AMLO en su propia historia, dice y la escribe en el día a día como él quiere, a pesar de que desde sus amigos y familiares cercanos, lo conocen como un ser despiadado y rencoroso, que desconoce hasta los de su propia sangre, y amigos como Juanito el político del estado de México, que dice sintió el peso de la persecución después de que lo ayudó y le quitó el cargo ganado a pulso.

Ahora a esperar que el diablo se esfume con el mejor exorcismo: el ejercicio del voto. No lo vendas a nadie. Así las cosas.

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