Periodismo y activismos en tiempos de AMLO


Morena tendría el poder presidencial y margen para aprobar leyes

 

por Peniley Ramírez, egresada de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

A estas alturas, queridos lectores, ya habrán oído hasta el cansancio miedos y defensas respecto a la posibilidad de que Andrés Manuel López Obrador se convierta este domingo en el presidente electo de México.

 

Las encuestas le auguran una ventaja de millones de votos. Si esto se confirma, dicen quienes conocen de esas mediciones que las televisoras anunciarán la victoria –basadas en las encuestas de salida– alrededor de las ocho de la noche, mucho antes de que el Instituto Nacional Electoral libere los primeros datos de los conteos. Morena tendría el poder presidencial, un gran margen para aprobar leyes en el Congreso y apoyo en grupos sociales de distintos sectores demográficos.

 

Algunos de los colaboradores de López Obrador –sobre todo en las áreas de finanzas y políticas públicas– explican este fenómeno más allá del obvio hartazgo de los mexicanos frente a las nulas soluciones a la inseguridad, la  pobreza y la corrupción que afectan directamente a grandes sectores de la población y han sido hábilmente comunicados a sus votantes por el hoy candidato puntero.

 

Más de fondo, en esta visión, lo que este candidato significa es la posibilidad de un cambio de equilibrios en un país dominado en los últimos 35 años por un Estado principalmente privatizador, que llevó a que importantes sectores de la economía -como el energético y el agropecuario- revirtieran sus cadenas de exportaciones por importaciones de insumos básicos, como el maíz y la gasolina.

 

El plan de gobierno de López Obrador plantea un cambio en esta visión económica. Esto traería también un reacomodo en los cotos de poder de los grandes medios y en un sector con una creciente influencia en la agenda pública: el de las organizaciones civiles.

 

Mucho de lo que hoy vemos en México en la agenda pública, de ida y vuelta entre los medios tradicionales, los electrónicos y las redes sociales, no se explica sin los conglomerados de medios, los medios electrónicos con poco presupuesto y muchos seguidores pero también, la agenda de estas cada vez más influyentes organizaciones.

 

Más allá de las acusaciones recurrentes en ciertos círculos de magnates extranjeros y nacionales que gastan fortunas en mover las opiniones, lo cierto es que hay agendas principalmente de derecha y de derechos humanos que seguirán su propio rumbo, gane o no López Obrador.

 

Las preguntas ahora son si en una eventual confirmación de las encuestas los conglomerados de medios seguirán la línea mucho menos crítica que hemos visto en esta campaña, si van a deshacerse pronto de los periodistas demasiado insidiosos con el nuevo grupo en el poder.

 

Estas organizaciones, ¿trazarán nuevas rutas de entendimiento frente a alguien se ha caracterizado por su intolerancia a la crítica o se convertirán de facto en la oposición en un país profundamente polarizado por el enojo y el luto?

 

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