UNA DESCRIPCIÓN DEL PUEBLO DE SAN MIGUEL DEL SOLDADO HACIA 1895


Por Mario Jesús Gaspar Covarrubias

 

por Mario Jesús Gaspar Cobarrubias, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

Joaquín María Rodríguez Calderón fue educador, periodista y escritor dramaturgo. Nació en Xalapa el 22 de febrero de 1855 y ahí murió posiblemente en 1912. Partidario de la no reelección, estudió en la Escuela Normal de Orizaba. Fue profesor en el Colegio Preparatorio y en la Normal de Xalapa. También fue director de la sección de Justicia e Instrucción Pública con el gobernador Teodoro A. Dehesa. Dirigió los diarios El Gato Negro, El Eco Jalapeño y El Orden. Publicó más de 50 dramas y se cree que dejó inéditos más de 80.

De julio de 1893 a febrero de 1895 escribió los “Apuntes sobre el cantón de Jalapa”, que fueron publicados en el periódico La Voz de la Verdad dirigido por el Sr. D. Antonio F. Portilla, diputado de la H. Legislatura del Estado. Como manifiesta al inicio de su obra, se trata de una serie de observaciones juiciosas recogidas por él en el transcurso de más de cuatro años viajando por los diversos municipios que componían el Cantón de Xalapa,

El texto fue redactado en un lenguaje sencillo sin abundancia de tecnicismos o nombres científicos, de tal forma que “podamos conseguir que el campesino nos lea con gusto, ya que para esta clase tan numerosa de nuestra sociedad no existe, ni remotamente, el deseo de subscribirse á un periódico, y mucho menos, la gana de leerlo; pero eso no obstante, no se crea que vamos á dejar de apuntar, hasta donde nos fuere posible, las palabras propias para la designación científica de los seres ó materias á que tengamos que hacer referencia, con el propósito también de que nos comprendan las personas eruditas, porque siendo algunos nombres puramente de localidad o provinciales, y diversos de un pueblo á otro para designar una misma cosa, acaso pudiéramos engendrar dudas ó errores por falta de claridad”.

Como era de esperarse en una época en que estaba recién inaugurado el Ferrocarril Interocéanico entre las ciudades de Veracruz, Xalapa, Puebla y México, los habitantes coexistían con el tráfico comercial de las vías férreas y el cada vez más menguante carretero a través del Camino Nacional, junto al cual estaban muchos pueblos de larga historia desde el siglo XVI. Uno de ellos, aparte de Las Vigas que llamó mucho la atención del autor, es el de San Miguel del Soldado, cabecera del municipio del mismo nombre desde la aplicación del Decreto del 1 de diciembre de 1868. De esta población, Rodríguez Calderón mencionó lo siguiente:

“El pueblo de San Miguel del Soldado fue fincado hará apenas 250 años por familias españolas, dentro del territorio de Jilotepec, como lo tenemos dicho en uno de nuestros artículos anteriores.

Está situado á orillas del antiguo camino nacional, un poco más allá del paraje llamado “Las Piletas” y antes de San Salvador Acajete y Ia primera muralla de la cuesta que hay que salvar para llegar á la Joya.

Su nombre, notoriamente castellano, lo debe, según los datos que hemos podido recoger, y de cuya verdad no salimos garantes, a un soldado del rey que estableció allí el primero su choza, trayendo un San Miguel que hasta la fecha existe en la capilla del pueblo. A su ejemplo, muchas otras personas vinieron a establecerse en aquel lugar, quedando formado con el tiempo el pueblito que fue de importancia hasta que se abrió el tráfico del Ferrocarril Mexicano.

En la actualidad está ruinoso y pobre, y sin esperanza alguna de salir de ese tan triste estado.

Cerca de San Miguel del Soldado quedan los lugares llamados “Botijillas”, “Soateopa” y “Teápam”, pero no se conserva reminiscencia de que al principio San Miguel hubiera llevado cualquiera de esos nombres, lo que prueba que fueron exclusivamente españoles los que lo fundaron.

No hará cincuenta años que San Miguel del Soldado era el centro de un activo comercio, como lo justifican las ruinas de los edificios de piedra existentes hasta el día. Ahí se detenían las grandes recuas que transitaban el camino nacional desde Veracruz a Puebla y México, conduciendo las mercancías que del extranjero venían al país, y no pocas veces pernoctaron dentro de los muros de sus casas las valiosas conductas de dinero que bajaban al vecino puerto.

El dinero circulaba ahí en gran cantidad y no era raro ver monedas de oro de gran valor en .manos de pobres jornaleros. Ahora es otra cosa. La animación acabó para siempre, y la ruina cada vez mayor amenaza terminar con el pueblo.

Los hijos de San Miguel del Soldado fueron traficantes más que agricultores, de modo que con la desaparición del tráfico, ha venido la desaparición de la riqueza y del trabajo.

El Ferrocarril lnteroceánico, no obstante que estableció a orillas del pueblo una estación, no ha sido bastante a levantarlo del estado de miseria en que yace, y si la .suerte no cambia para él, pronto tendremos que lamentar su completa desaparición. Sus buenos hijos emigran para otros lugares en busca de un porvenir que no pueden encontrar allí Poco más de un año hará que la última familia netamente española de San Miguel del Soldado, la del Sr. D. Manuel Zorrilla, abandonó el pueblo para ir a establecerse a Coatepec.

Muerto el tráfico, todos los habitantes se dedicaron a la agricultura, tal como ha sido entendida por nosotros, pero el poco maíz que se cosecha, único renglón agrícola, explotable, apena basta para sus necesidades, de manera que por ese medio no han de poder avanzar mucho en el camino de la prosperidad.

Se dedican también a la fabricación de sillas de ilite tierno, con asiento de tule (espadaña), pero sus manufacturas de sistema muy primitivo, no pueden dejarles mucho que digamos, y con mayor razón ahora que, por falta de arbolados, tienen que comprar el ilite y la espadaña.

Para la fabricación de sus sillas emplean un procedimiento vulgarísimo. Vanse al monte a cortar las ramas tiernas de los ilites, las dividen en trozos de longitud determinada, con una mala sierra, y con una cuchilla de carpintero más mala aún ó con una moruna, les quitan la corteza, en seguida ponen todos aquellos trozos al horno para que se sequen y enjuten, arman las sillas practicando previamente groseros taladros y luego tejen el asiento sin esperar á que la espadaña se seque, con el fin de conservarle su elasticidad. Con tierra colorada disuelta en agua de cola las pintan, les figuran unos adornos que no tienen el más mínimo gusto, y las llevan al mercado para su venta.

Es cierto que estas sillas tienen gran demanda en Xalapa y en la mayor parte de los pueblos de la sierra de Puebla, pero no creemos que puedan sacar de ahogos a los fabricantes, que viven, como se puede observar, con las mayores estrecheces, por no decir en la miseria.

A otro género de trabajo se dedican también los hijos de San Miguel del Soldado: al acarreo de tablas, vigas, viguetas, alfajías y calehuales de los montes de Las Vigas, por medio de sus carretillas de dos ruedas, sin caja ni depósito alguno. Tampoco este trabajo les puede proporcionar muchas utilidades, y lo prueba el aspecto miserable y pobre de los carreteros.

Últimamente, queriendo aprovechar la bondad de los pastos de su terreno, se han dedicado a formar ordeñas, vendiendo sus productos en esta Capital, pero en tan reducida escala, que por ahora no conceptuamos que sea negocio para los empresarios. Quizá esta empresa pudiera ser buena, atenta la gran demanda que en esta población tiene la leche, pero para eso se necesitaría dinero en primer lugar, muy escaso en San Miguel del Soldado, y después terreno en grandes extensiones para la formación de potreros, lo cual es difícil, porque San Miguel del Soldado ni es muy grande, ni tiene tierras disponibles, ni cuenta con agua para los abrevaderos. Considérese que desde el camino de Tlacolulan que lo separa
de San Salvador, hasta los linderos con Jilotepec, es decir, cosa de un sitio de ganado mayor, no tiene más arroyo que el Teápam, seco la mayor parte del año, y que no desmiente su nombre. Teápam quiere decir arroyo de piedras.

El agua que se toma en San Miguel del Soldado viene de San Salvador Acajete, en caño descubierto que facilita a los salvadorenses convertirlo en lavaderos. ¡Júzguese de la calidad del agua!

Cuando nuestro fino y buen amigo Lic. Miguel Mórales y Suárez, tuvo á su cargo la Jefatura política del Cantón, trató de remediar ese mal. En efecto, en los primeros días de su administración salió de esta Capital con el Sr. Adams, empleado de importancia de la Empresa del Ferrocarril Interoceánico, -nosotros los acompañamos- para ver si se podía entubar el agua. El Lic. Morales recorrió parte del caño, llegó al manantial y convino en que solamente una cañería podía remediar el mal de que se quejaban los hijos de San Miguel del Soldado. Hasta la fecha continua el caño en el mismo estado, lo que prueba que no ha vuelto a hablarse del asunto, y como el Ayuntamiento de San Miguel del Soldado no tiene recursos para emprender por su cuenta la mejora, es de presumirse que aquellos desgraciados habitantes seguirán tomando agua no muy pura, y expuestos a las enfermedades consiguientes.

Desde que se puso en explotación el Ferrocarril Interoceánico, las mujeres de San Miguel del Soldado se han delicado a la floricultura. Han formado jardíncitos y siembran sus flores, la mayor parte de aquellas que no tienen gran demanda. A la bajada y subida de los trenes de pasajeros, se acercan a los coches, sucias y harapientas, ofreciendo sus sencillos ramilletes por un precio ínfimo.

El temperamento de San Miguel del Soldado es frío y respecto de sus producciones expontáneas no tiene más que las que hemos enumerado al referirnos a San Salvador Acajete y a las Vigas, a excepción de dos plantas que no se encuentran en aquellos pueblos: el equimite, y el izote o xtuc que, utilizan sus habitantes como plantas vivas para la formación de sus cercados. Del primero cogen las flores, llamadas pitos, para comerlas, y del segundo el racimo de flores que brota en su parte superior, Igualmente para comerlas, pero no se preocupan ni llevan trazas de preocuparse de extraer y beneficiar la fibra del izote o xine que según nuestras noticias tiene alguna demanda en el extranjero.

Respecto de los animales domésticos y silvestres que se crían en el municipio, nada decimos, porque son los mismos que existen en San Salvador, con supresión de algunos que necesitan vivir en los montes altos, de los cuales carece San Miguel del Soldado, las palomas morunas, por ejemplo.

Los terrenos del pueblo son delgados. El maíz se da, siempre qué se abone previamente la tierra, lo mismo que la cebada, pero en tan poca cantidad que, como decimos al principio, no merecen estos cultivos la pena de ocuparse de ellos con mucho detenimiento.

No nos queda ya que decir más del pueblo de San Miguel del
Soldado, y en nuestro próximo artículo hablaremos de la Banderilla; pero antes de terminar por ahora, llamamos respetuosamente la atención de las autoridades de San Miguel para que, posesionándose del deber en que están de ver por su pueblo, promuevan ante las superiores las mejoras que reclama urgentemente la población. El camino nacional, en la parte que se puede reputar cono calle, está desempedrado, como todas las demás, y muy particularmente la que conduce a la estación. Las casas están exteriormente desaseadas y todo lo que se relaciona con la policía, desatendido.

En cuanto a la declarada pobreza proveniente de falta de recursos agrícolas y comerciales, para, combatirla, no hay remedio; pero si lo hay para corregir el desaseo y la incuria.

Quizá sea tiempo de que San Miguel del Soldado recobre, si no todo, parte de su antiguo esplendor, pero para conseguir semejante transformación es preciso trabajar y hacer algo que revele que nos amamos a nosotros mismos y que amamos el lugar en que nos tocó en suerte nacer. No hay que desmayar, si queremos volver por el honor de nuestra raza”.

* El autor es licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Veracruzana dedicado a la investigación histórica. Conferencista, diseñador, artista visual, fotógrafo profesional, técnico en informática, docente y capacitador en varias instituciones y empresas. Ha sido galardonado dos veces con el diploma de honor y la medalla “Veracruz al Mérito” por la Institución de la Superación Ciudadana del H. Ayuntamiento de Veracruz, entre otros reconocimientos. Cómo fundador y director del equipo de Exploración y Estudio del Camino Real Veracruz-México (EXESCR), ha dedicado una década al estudio de diversas rutas antiguas, así como a la historia, arquitectura e ingeniería de sus poblaciones.

BIBLIOGRAFÍA:

Rodríguez Calderón, Joaquín María. Apuntes sobre el cantón de Xalapa, Estado de Veracruz, México. Imprenta Veracruzana de la Viuda e Hijos de Ruíz, Jalapa, México, 1895. Pág. 217-221.

FUENTES ELECTRÓNICAS:

RODRÍGUEZ CALDERÓN, JOAQUÍN MARÍA, Diccionario Enciclopédico Veracruzano / Roberto Peredo / UV. Última modificación por Roberto Peredo el 2018/11/15 18:09:
http://148.226.12.161:8080/…/Rodr%C3%ADguez+Calder%C3%B3n%2…

150 AÑOS DE LA CREACIÓN DE 73 MUNICIPIOS VERACRUZANOS, Mario Jesús Gaspar Cobarruvias, diciembre 1 de 2018, Facebook:
https://www.facebook.com/mariojesus.gasparcobarruviasii.9/posts/102065587498233

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