A QUIEN RESULTE RESPONSABLE… La maldad y el poder de Silvia Alejandre


por Jorge A. González

Por Jorge A. González, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

Como “terrible” describió el acoso laboral una persona que padeció la llegada de Silvia Alejandre Prado a la titularidad del Instituto Veracruzano de Cultura (IVEC).

Por temor a represalias esta fuente nos pidió el anonimato. Decidimos que para esta columna usaremos el nombre ficticio de MARIO, para referirnos a él.

Cuenta que fue uno de los cinco sacrificados de la sede Veracruz, para que gente de la nueva funcionaria tuviesen espacio.

Un día antes de que la travesía de Mario comenzara, la nueva titular caminó por cada una de las oficinas del ex convento Betlemita en la ciudad de Veracruz.

Tranquila, paciente y con una sonrisa fingida, en el mes de diciembre les dijo a todos que no se preocuparan, que nadie perdería su empleo, que su prioridad era trabajar por Veracruz.

Ese día, los trabajadores de confianza del instituto durmieron tranquilos, sin imaginar que lo peor estaba por comenzar.

Al día siguiente, Alejandre Prado sacó la guillotina. Para entonces, ya sabía qué cabezas debían rodar.

De terror

Fría y calculadora puso en marcha la maquinaria. Su objetivo, quitar al personal para poner el suyo, así montó un plan macabro y de película.

El trabajo sucio fue encomendado a Rocío López Guzmán, para entonces ocupaba la jefatura del Departamento de Recursos Humanos.

Personaje que fue despedido después de los escándalos de corrupción denunciados en esta columna.

No obstante, detrás de ella estaban otros funcionarios que debían – por ordenes de Silvia- ejercer presión para desocupar lugares.

Nos referimos a la hoy Jefa de Recursos Humanos Irma Roqueñi, que para entonces fungía como Jefa de la Oficina de Administración de Personal.

Sin dejar de mencionar a una de las figuras cruciales en los despidos injustificados, el licenciado Gustavo Sánchez Córdova, Jefe del Departamento Jurídico.

Amalgamadas todas las piezas, iniciaron las primeras acciones para dejar caer todo el filo sobre los cuellos de aquellos empleados que les estorbaban.

A Mario le pusieron en la mesa la renuncia voluntaria, que no es más que el mensaje claro que ya no eres bienvenido para la nueva administración.

Resulta una práctica tan vil y descarada poner palabras en un papel que no son las tuyas, en donde aceptas y aseguras que deseas de manera voluntaria dejar tu trabajo.

No era más que la renuncia fabricada dirigida a la titular del IVEC, detalle que nos deja claro que era voluntad de la misma Alejandre Prado la idea del despido.

Mario leyó con calma lo que decía ese papel, y pensó: ¿Quién en su sano juicio echa por la borda su trabajo?

La maldad

Era increíble, la renuncia hablaba por él y decía todo lo contrario a sus deseos:

“Por así convenir a mis intereses presento a usted mi renuncia voluntaria e irrevocable”.

Por si fuese poco, le pusieron la fecha en la que -supuestamente- dejaría de laborar:

“Misma que sería a partir del día quince de diciembre del presente año (2018)”.

Y es que la perversidad no conoce la vergüenza, a la misiva le añadieron lo siguiente:

“Manifiesto que sin coacción alguna y en pleno conocimiento de mis derechos de trabajador, no ejerceré acción alguna presente, ni futura en contra de la institución, ya sea laboral, administrativa, penal o de alguna otra índole, y la libero (a Silvia Alejandre Prado) de toda responsabilidad o acto que pudiera ejercer en sus contra, y que además no se adeude cantidad alguna en concepto de prestaciones a que tuve derecho”.

Si alguien sabe hacer el trabajo sucio en el gobierno del estado es el Departamento de Recursos Humanos del instituto.

Al terminar de leer aquél papel Mario entendió que lo querían correr, y de una muy mala manera, pisoteando sus derechos laborales – y me atrevo a decir- hasta sus derechos humanos por ese tan despreciable trato a la persona.

Ante esta maquinación, se negó a rubricar tal papel pensando que así lo dejarían en paz, y que de alguna manera dejaba claro que no estaba de acuerdo con su salida.

Alejandre Prado no se iba a quedar con los brazos cruzados, le urgían los espacios, así que puso en marcha la siguiente fase de su plan, el acoso; sí, el acoso a la persona en abierto.

Personal del departamento Jurídico del IVEC a cargo Sánchez Córdova se apersonó en más de una ocasión en el domicilio del trabajador.

La intención era la intimidación para que firmara el documento, al mismo tiempo ejercían temor en la familia del empleado, al ver la actitud de los funcionarios prepotentes y determinados a conseguir aquella firma.

Irene Gabriela Abad y Aurea López Flores eran las encargadas del “numerito del acoso”, mientras que desde su camioneta Sánchez Córdova veía – a lo lejos- lo que a todas luces era un acoso laboral fuera del marco de la ley.

Como este plan tampoco tuvo frutos, pasaron a la tercera etapa, la elaboración de pruebas falsas de incumplimiento laboral que los llevaría al despido inmediato de Mario.

Le mandaron un citatorio el 20 de diciembre del 2018, firmado por el titular del jurídico para aclarar algunas actas de inasistencia que le habían levantado por no presentarse en su fuente de trabajo.

¿De dónde cree usted que salieron las actas de inasistencia de Mario?

Del departamento de Recuerdos Humanos, que en ese momento la titularidad recaía nada más y nada menos que en Rocío López Guzmán.

Las actas fueron “sembradas” para acabar de una vez por todas con Mario, y le marcaron los días 10, 11, 12 y 13 de diciembre del 2018 como las fechas en las que incumplió con su deber laboral.

En las lineas de esas actas alegaban que jamás fueron justificadas las cuatro faltas, y al mismo tiempo le solicitaban su presencia en la sede de Xalapa.

“Por lo anterior, el que suscribe el presente oficio, se le cita para que comparezca ante las oficinas que ocupa el Departamento Jurídico del Instituto Veracruzano de la Cultura”.

Mario nunca asistió a esa reunión, porque al hacerlo -de acuerdo con su abogado- era como aceptar que sí había faltado a su trabajo cuando todo era una película de ficción.

Hoy Mario no tiene trabajo y transcurre en un complicado procesos jurídico iniciado ante la Junta de Conciliación y Arbitraje por despido injustificado.

La falsa política de austeridad de la que hace alarde el gobernador Cuitláhuac García Jiménez no es más que verborrea.

Al menos así se aprecia desde el IVEC, al ver que los despidos no son con fines ahorrativos, pues sale uno y entran tres. ¿Sabrá de esta situación el señor gobernador o es cómplice?

Y es que no podemos esperar menos de Alejandre Prado, cuando la titular de la dependencia duerme tranquila por las noches sabiendo que llevó a juicio a un artista que se debate entre la vida y la muerte.

¡Qué estomago!

Nos leemos hasta la próxima.

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