El mensaje indescifrable


Militares dicen que su comandante supremo los está mandando a morir

por Peniley Ramírez

 

por Peniley Ramírez, egresada de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

–Si me aguantaran 500 muertos, yo arreglaba este asunto, rápido, sin tanto ruido.

Cuando el ex miembro del gabinete de Seguridad dijo esto, estaba molesto. Le parecía, como a otros ex funcionarios con quienes hablé esta semana, que resultaba inaceptable, un espectáculo vergonzoso, el video de la caravana de camionetas con carteles del CJNG en Zamora o el desarme de militares en La Huacana.

–Sabemos que muchas fosas las abrieron los verdes, ¿pero qué les vamos a decir? Ellos están poniendo el pellejo.

Yo miraba el vaho sobre la ciudad. Había llovido. La vista se extendía hasta cerros llenos de casas grises en la periferia, que nunca se ven cuando la contaminación domina el paisaje. Allí, como en tantos otros barrios con techos de lámina en México, están los muertos, a los que llevan años buscando en fosas.

Allí también están muchos de los que aprendieron a usar un fusil cuando aún eran vírgenes y se enfrentaron en medio de la noche, unos vestidos de verde y otros de gorra, tenis, pantalones de mezclilla.

Han pasado casi 13 años de horror. La guerra, que fue declarada públicamente, nunca ha llegado a concretarse en un marco legal que regule cómo el Estado mexicano tratará a los muchachos –son miles, muertos y vivos, que no pasan de 29 años– que durante este tiempo han engrosado las filas de un lado y otro.

Los he visto patrullando los pueblos en Coahuila, Veracruz, Nuevo León, Aguascalientes, Jalisco, Puebla. Cientos de periodistas han hablado con las víctimas y unos pocos del otro lado –como Daniela Rea y Pablo Ferri lo hicieron espléndidamente en su libro La Tropa– han cuestionado a los militares por qué matan, por qué desaparecen civiles sin averiguar muchas veces quiénes eran ni qué hacían allí.

He hablado con quienes los dirigieron de un lado y de otro. En los últimos días, del lado de los militares se dicen abandonados, decepcionados. Dicen que su Comandante Supremo los está mandando a morir, que es una vergüenza que les celebren públicamente haber cedido ante civiles en La Huacana, que seguirá pasando, que les están dando a los malos permiso de matar.

En el gobierno, me dicen que el Presidente cumple su palabra, frenando la violencia desmedida, combatiendo las raíces, las causas verdaderas.

Nadie parece saber, de un lado ni de otro, qué significa en realidad el mensaje presidencial de callarse y aguantar. Varios ex funcionarios cercanos al Ejército, que hablaron para esta columna, dicen que la división entre grupos criminales se ha duplicado en el último año, que eso no se combate con becas.

En medio, siguen los cargamentos atravesando el país, los muertos acumulándose en las morgues, los militares diciendo que no pueden ser ellos los cobardes, los que se rinden, tratando de descifrar qué quiere su comandante, a quién está respondiendo, qué vendrá.

PENILEYRAMIREZ@UNIVISION.NET

@PENILEYRAMIREZ

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