Siete Párrafos…La prensa que más aplauda


por Rodolfo Calderón Vivar

 

por Rodolfo Calderón Vivar, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

El presidente López Obrador no la trae todas consigo con una buen parte de la prensa nacional, sobretodo con los periodistas de opinión. Por eso resulta llamativo ese llamado que hizo  a los reporteros presentes,  en su rueda de prensa de la mañana del 27 de agosto, para que aplaudieran a todos los empresarios y funcionarios de su gobierno que signaron un acuerdo sobre gasoductos que, se afirma en los titulares del principales periódicos del país al unísono, significa un ahorro en costos que disminuyen en 4 mil millones de dólares, solo que, por el contrario, en el mismo día, el periodista Salvador García Soto, en su columna Serpientes y Escaleras, da cuentas totalmente contrarias de los beneficios del acuerdo, al asegurar que se firma un nuevo contrato que sube de 30 a 35 años la duración del mismo y plantea un incremento paulatino de las tarifas del gas para los consumidores, que a lo largo de esos 35 años resentirán lo que hoy aplaudieron con mucha fuerza los empresarios beneficiados del acuerdo con López Obrador.

Un día antes, el periodista Raymundo Riva Palacio, reconocido columnista ubicado en la prensa crítica mas acerba al gobierno morenista, publicó una denuncia pública velada del insulto recibido por López Obrador, en una conferencia mañanera de días, donde lo descalificó por su desfachatez y cretinismo. Según Riva Palacio el presidente ni siquiera se tomó la molestia de informarse de que era lo que había escrito respecto al mal manejo de las conferencias mañaneras, que permitía que algunas empresas estuvieran pagando a periodistas que hicieran preguntas a modo, para que el presidente las contestara y permitiera a los clientes de dichas empresas utilizar la declaración presidencial para diversos fines particulares. Sin embargo, el presidente entendió que Riva Palació había escrito que él pagaba a los periodistas para que le preguntaran preguntas a modo. Faltó quien, de su equipo de comunicación, le explicara en que consistía lo escrito por Riva Palacio antes de, a botepronto, insultarlo públicamente.

A reserva de, tal vez, que el presidente no tenga un buen equipo de comunicación a su lado, que trabaje a su mismo ritmo e intenciones para comunicar los puntos esenciales de su incesante afán para apuntalar un cambio total en el país, López Obrador se ve, a veces, agotado y desesperado después de las extenuantes jornadas que él mismo se ha impuesto diariamente, que inician con una conferencia mañanera, previa reunión con el gabinete, para contestar a un grupo de reporteros que pueden preguntarle quizás lo más común y asequible a su repertorio presidencial, pero también lanzarle esas preguntas con aguijón, pagadas según cuenta Riva Palacio, que lo hacen improvisar con poca fortuna pese a su estrategia del hablar pausado para medir el alcance de sus palabras.

Frases como la del dicho presidencial  donde subrayó  que un funcionario público debe tener un 99 de honestidad y un 1 por ciento  de conocimiento, si noser acompañada de toda una explicación que abundara  más a lo que quiso decir, al aplicar el recurso retórico de la hipérbole, dió  pie a que lo vapulearan en las redes y en los corrillos de oficinas y casas, al considerarlo un  un error más del pensamiento presidencial.  Estos no hacer preguntar: ¿Se sienta con su staff de comunicación para planear los puntos principales de sus discursos y comentarios del día, calibrando distintos escenarios? No lo sabemos, pero el presidente, en muchas ocasiones, da la impresión que improvisa de manera poco afortunada, por falta de información y contextualización suficiente.

Además, es un presidente que muestra rasgos de intolerancia para la prensa, al estilo Donald Trump, cuando algunos medios persisten en dar noticias y comentarios  que llegan a molestarlo,  al grado de dar  respuestas viscerales a toda crítica sobre su gobierno. Por ejemplo su expresión de que   los buenos periodistas son aquellos que toman partido y apoyan las grandes transformaciones, fue interpretada de la peor manera posible y dió pauta para justificar lo que dicen sus opositores, de que se trata de un presidente de orientación totalitaria. Pero un análisis de lo dicho solo muestra que él piensa en el periodismo del siglo XIX, del editorialismo que confrontaba a conservadores y liberales del México de la época, tiempos heroicos y románticos que muestran que el presidente está fuera de época en su interpretación de los lineamientos éticos y valorales  de los periodistas actuales.

Una bien orquestada estrategia de desestabilización del pais, a mediano plazo, de seguir esta serie de improvisaciones y anacronismos del presidente en su relación con la prensa, se enfocaría a planear el asesinato de alguno de los periodistas que de alguna manera han sido señalados por el presidente como sus contrarios, o miembros de la prensa fifí, para dar pauta a una crisis por la artera muerte de alguien que fue señalado como enemigo del régimen. Volvemos a preguntar:  ¿Dónde están sus operadores de comunicación que deben operar en dos vías, una como contacto eficiente con los medios de comunicación sin comprometer los criterios éticos del régimen y otra,  como estrategas bien informados que dialoguen con el presidente para mantenerlo al tanto de el ambiente informativo del país y sugerirle líneas de acción?

Por eso, esta petición para que lo aplauda la prensa, tiene  atisbos de cierta ingenuidad del presidente,  que que no halla los aplausos reales  y verídicos, en esa mayoría de la prensa que no lo ven como el prócer que pretende cambiar a México, sino como un cliente que no se está ajustando al trato normal del negocio de la comunicación en México. ¿Cómo hacer que esa buena parte de la prensa tome partido por convicción y no por financiamiento, como es su deseo? La respuesta está en las propias filas del morenismo que gobierna el país, donde la labor de concientización y divulgación ideológica no se encauza ni a nivel personal, ni intermedio y mucho menos masivo. La cuarta transformación no tiene más activistas que el presidente de la República, el cual como cantante de vodevil, ahora parece suplicar aplausos de un sector muy reducido  de la población, a los periodistas de la fuente de la presidencia, a quienes no les ha caido el veinte de lo que se trata la cuarta transformación.  Pero es posible que tampoco a los encargados oficiales de manejar la comunicación e imagen del presidente de la República.

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