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En Pocas Palabras… Aromas que relatan historias


Por María Elvira Santamaría Hernández

por María Elvira Santamaría Hernández , egresada de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

Todos los días cerca de las doce de la mañana, entra a mi casa el olor a pan recién horneado. Huele a bolillos y a pambazos y también a pan de dulce. Los elabora una familia que vive de ese hermoso oficio en pequeña escala, que nunca se va a hacer rica pero le permite su sostén de una noble manera.

Luego, me había acostumbrado a sentir después del mediodía un apetitoso olor a caramelo, proveniente de una pequeña fábrica de palanquetas de cacahuate que unos vecinos cercanos tienen habilitada en su hogar y a los que les hemos comprado con cierta frecuencia.

Los agradables olores que se esparcen por el aire desde esas casas, relatan mucho de sus vidas. Hablan de la lucha de familias laboriosas que se ganan el sustento diario con honestidad y destreza y a las que la emergencia sanitaria en la que hoy vivimos, seguramente está afectando y lo hará quién sabe por cuánto tiempo más.

Durante la semana que transcurre ya no me ha llegado la oleada de olor a caramelo y ese es un mal síntoma. Sería muy lamentable que esa pequeñísima empresa familiar sucumba ante la crisis, aumentada con la incertidumbre de no saber si contarán con algún tipo de ayuda económica real y oportuna.

En cuanto a los aromas a pan recién hecho, todavía hasta hoy los sigo percibiendo y al sentirlos, créanme me da un enorme gusto que así sea. No quiero imaginar a una familia entristecida o desesperada ante la falta de recursos para sobrevivir a causa de no poder salir a vender su pan o por ya no tener dinero para adquirir la materia prima. No quiero imaginarlo, aunque inevitablemente lo hago.

Por todas las repercusiones que está trayendo consigo el coronavirus, las que vemos y las que no alcanzamos a advertir; porque no se trata de supervivencia de un gobierno o de una corriente política sino de vidas humanas, del presente y futuro de millones de personas, como el panadero o el de las palanquetas que les platiqué -más allá del desconcierto personal que siento ante algunas medidas adoptadas y la ausencia de otras-, deseo con todas las fuerzas que lo que los gobiernos municipales, estatal y federal han preparado para ayudar a los mexicanos en esta pandemia y sus consecuencias sanitarias y económicas, sean oportunas, acertadas y efectivas. Gobiernos y pueblo no vamos en navíos separados. Si se hunde uno, hace naufragar al otro.

Hasta pronto.

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