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LA BATALLA DE TOLOME Y SU IMPORTANCIA EN LA GUERRA CIVIL DE 1832 Y LA HISTORIA DE MÉXICO


por Mario Jesús Gaspar Cobarruvias *

por Mario Jesús Gaspar Cobarrubias, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

Imagen:
Vista del campo de batalla desde las Lomas de Tolome
(Archivo del Lic, Mario Gaspar)

El 28 de septiembre de 1821 nació el país de México con el nombre de Imperio Mexicano mediante la firma del Acta de Independencia. Tras varios años de convulsiones políticas, en 1824 se adoptó el sistema republicano como forma de gobierno y el federalismo como modelo de organización. El 31 de enero de 1824 se adoptó la forma de República, representativa, popular y federal un sistema copiado principalmente del modelo de los Estados Unidos de América con la diferencia que en México fueron los estados los que presionaron al centro en defensa de sus intereses. El proceso de debates culminó con la creación y aprobación del Acta Constitutiva de la Federación Mexicana, que era el conjunto de leyes por medio de las cuales se regiría provisionalmente el país, y en cuyo artículo sexto establecía que las partes integrantes de la República serían “Estados independientes, libres, soberanos en lo que exclusivamente toque a su administración y gobierno interior”.

La república inició integrada por 19 estados, cuatro territorios dependientes del centro y el D.F. (distrito federal). El 4 de octubre de 1824, se proclamó la Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos. El 8 de octubre de 1824 el Congreso valida la elección presidencial, quedando como primer presidente de México, Guadalupe Victoria, y como vicepresidente Nicolás Bravo, quien protestan el cargo dos días más tarde. Iniciando así los primeros pasos del sistema federalista y con un régimen presidencialista. Gobernaron desde el 10 de octubre de 1824 hasta el 31 de marzo de 1829 y durante estos años se realizó la expulsión de españoles en 1827.

En 1829, al finalizar su mandato el presidente Guadalupe Victoria, se celebraron elecciones, pero la rivalidad entre los candidatos afiliados a las logias yorkina y escocesa, tuvo como resultado que el general Vicente Guerrero fuese impuesto por la rebelión del general Antonio López de Santa Anna y otros militares en el país, proclamando el Plan de Perote, y produciéndose luego el motín de la cárcel de La Acordada, rompiéndose así el orden constitucional por la vía de las armas. El perdedor, el general Manuel Gómez Pedraza marchó al exilio y el también yorkino, general Anastasio Bustamante y tercer candidato en la contienda electoral, ocupó el cargo de vicepresidente. En este periodo se dio la derrota de la expedición de reconquista del brigadier Isidro Barrada en la batalla de Tampico, por los generales Santa Anna y Manuel Mier y Terán. Santa Anna fue elevado a la categoría de héroe nacional y Benemérito de la Patria.

El 4 de diciembre de 1829, Bustamante proclamó el Plan de Jalapa, utilizando el Ejército de Reserva con el objetivo de desconocer el gobierno de Guerrero, fomentando acusaciones de que quería instaurar un gobierno centralista y al derrocarlo, se conservaría el pacto federal en los Estados Unidos Mexicanos. Los sublevados triunfaron, inhabilitaron a Guerrero para cualquier cargo público, además de traicionarlo y finalmente fusilarlo el 14 de febrero de 1831, recayendo la acusación de este crimen sobre Bustamante. Entre los generales llamados a secundar este plan, Santa Anna se distanció permaneciendo relativamente alejado de la política y sin mando militar durante dos años en su hacienda de Manga de Clavo.

Bustamante inició su gobierno desde 1830 con un relativo crecimiento económico, pero rápidamente demostró una actitud autoritaria, que por un tiempo le ganó las simpatías del alto clero y del partido masón escocés, que comenzaron a dar cauce al conservadurismo. También cesó a empleados que no le eran incondicionales, desterró a los más connotados miembros del partido masón yorquino, expulsó del país al embajador estadounidense, mandó apalear a periodistas y creó una policía secreta. El ministro Lucas Alamán orquestó y le apoyó en implementar esta política que fue calificada de centralista opuesta al federalismo y uno de sus distintivos, fue que el también ministro y general José Antonio Facio, se encargó de perseguir a los opositores del gobierno, contraviniendo los principios de no desorden y no persecución que proclamaba Alamán ante el público.

LA SUBLEVACIÓN

No obstante sus esfuerzos, durante 1831 fueron engendrándose numerosas muestras de descontento contra el presidente y su gabinete. La más importante estalló el 2 de enero de 1832, cuando un grupo de militares encabezados por el general Ciriaco Vázquez y el coronel Pedro Landero, proclamaron el Plan de Veracruz en la fortaleza de San Juan de Ulúa. En dicho documento, se exigía apoyar la Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos de 1824 tal y como lo indicaba el Plan de Jalapa. Además de la destitución de los ministros Lucas Alamán (relaciones exteriores), José Facio (guerra y marina), José Ignacio Espinosa (justicia y gracia) y Rafael Manguino (hacienda) como los puntos más importantes.

El general Santa Anna aceptó y se erigió en portavoz de los sublevados, pues era el instigador de este plan previamente convenido, que necesitaba de un jefe destacado y prestigioso nivel nacional para tener posibilidad de triunfar dado el poder el ejército gubernamental para reprimir la rebelión.

A su vez, mientras fingían negociar con los rebeldes, los ministros del gobierno de Bustamante alistaron en la ciudad de Xalapa un ejército de más de 4.000 hombres de las mejores tropas del ejército mexicano, perfectamente equipados y dotados de artillería, para atacar Veracruz. Esta fuerza salió de Xalapa el 31 de enero y acampó en Santa Fe hasta el 21 de febrero, en un avance extremadamente lento que hizo que se le ridiculizara públicamente, pues el viaje a pie se hacía en una semana y en carruaje en tres días.

La ciudad de Veracruz fue puesta en estado de defensa por Santa Anna, con 1.700 hombres y todos los cañones que pudo conseguir, reuniendo a las tropas regulares que tenían su cuartel fijo en la ciudad y a las milicias de los pueblos alrededor. Eran tropas valientes, aclimatadas, pero las que no eran del ejército regular carecían de disciplina y experiencia en combate, por lo que no podía esperarse mucho de ellas. Así como Facio financiaba las operaciones de su ejército, Santa Anna lo hacía con dinero del gobierno en la aduana y préstamos particulares de los que se hizo deudor.

El ejército del gobierno, al que también se le llamaba ministerial por estar defendiendo la causa de los ministros de Bustamante, estaba dirigido por el general José María Calderón Garcés, que tenía bajo su mando al generales José Ignacio Iberri y los coroneles Antonio Gaona y José Antonio Rincón. Este último, al igual que Calderón y su hermano Manuel Rincón, era enemigo personal de Santa Anna desde los años previos a la consumación de la independencia de México.

Antes de entablar batalla, ambos bandos trataron de causarse daño indirectamente: Facio ofreció al comandante de la fortaleza de San Juan de Ulúa, recompensas y ascensos por entregar a Santa Anna. Este por su parte, envío el 23 una carta a Calderón invitándolo a unirse a la rebelión pero recibió en cambio una dura negativa, acusándole de ser el responsable del futuro derramamiento de sangre entre mexicanos y los males al país.

Así, se iniciaron las operaciones militares: sabiendo Santa Anna que el campamento enemigo en Santa Fe estaba carente de suficiente agua, alojamiento y de clima inapropiado para los soldados venidos de regiones frías, el 24 de febrero realizó una salida rápida desde la ciudad amurallada y en el paraje del Manantial (entre Santa Fe y Puente Nacional), tuvo éxito en capturar un convoy enemigo al mando del teniente-coronel José Pérez Palacios con dinero, víveres, municiones y regresar a la ciudad sin bajas.

Animado por este triunfo, volvió a escribir a Calderón el día 27 intimándole que se retirara 20 leguas al interior y a la vez, se preparó para perseguirle inmediatamente. Calderón rechazó nuevamente lo que se le proponía y cortó definitivamente comunicación escrita con Santa Anna. Posiblemente influyó el conocimiento de que si bien, había algunas partidas rebeldes en la región, la revuelta aún podía ser contenida aplastando a Santa Anna y sus coroneles en Veracruz, pues su ejército y otras tropas que Facio estaba organizando tenían cortadas las comunicaciones de Veracruz con el interior.

El comunicado de Santa Anna el 27 de febrero, fue hábilmente utilizado por Calderón para tender una trampa a su adversario: fingiendo debilidad, el 1 de marzo inició una lenta retirada para unirse a la guarnición de los fortines de Puente Nacional, regresando por el antiguo camino real de Veracruz a México, al que ahora llamaban desde 1824, el Camino Nacional o Camino Público. El tramo desde Rinconada hasta Puente Nacional, Paso de Ovejas, Manantial, Santa Fe, Río Medio y Veracruz, había sido construido entre 1803 y 1812 por el Consulado de Veracruz. Abierto al público desde 1809, constituía la principal vía de comunicación pública entre Xalapa y Veracruz, gracias a sus puentes y calzadas, relegando en importancia al viejo camino que desde el siglo XVI se seguía por La Antigua. Era la ruta que en la década de 1830 seguían el comercio, los viajeros, diplomáticos y ejércitos, pues el Puente Nacional era el único paso seguro sobre el ancho y turbulento río La Antigua.

Santa Anna suspendió las precarias obras de fortificación que estaba levantando en el puente de Río Medio y salió de las murallas también el 1 de marzo con una fuerza de 1000 hombres, tan pronto confirmó la ausencia del enemigo en Santa Fe. La mitad de su fuerza se componía de regulares de infantería y la otra de caballería de jarochos mal estrenados y peor disciplinados.

La retirada de Calderón era una estrategia para inducir al general Santa Anna a salir de las murallas y batirlo en una batalla campal, donde su superioridad numérica de 3 a 1 y su artillería le darían ventaja sustancial. Además le permitía evitar quedarse sin los abastecimientos que recibía desde Xalapa y los refuerzos que Facio estaba organizando.

Calderón era un general nacido en 1780 en Puebla y tenía 51 años de edad, habiendo adquirido experiencia en la guerra de Independencia y ya había combatido contra Santa Anna durante sus alzamientos de 1822 y 1828. Este a su vez, nacido en Xalapa, tenía 38 años de edad y tenia amplia experiencia en guerra de guerrillas y veloces ataques sobre adversarios usualmente superiores en número. Comparativamente, Calderón primaba la potencia y Santa Anna la velocidad.

LA BATALLA

Acostumbrado a los rápidos avances, Santa Anna no llevó cañones consigo, aunque el historiador Manuel Rivera Cambas menciona en su obra Historia antigua y moderna de Jalapa y de las revoluciones del estado de Veracruz publicada muchos años después, que llevaba un cañón ligero, siendo refutado por Edouard Harkort, el ayudante de campo de Santa Anna, quien esperaba mandar la artillería que se le arrebatase al ejército ministerial pues marchaban totalmente desprovistos de esta arma.

Calderón el 1 de marzo se replegó de Santa Fe a Boquerón, siendo avistado por Santa Anna desde el Manantial al día siguiente. El ejército gubernamental cruzó el arroyo de Boquerón y el día 2, estableció campamento a poca distancia más arriba, en la Loma Alta, fortificando con artillería y trincheras en caso de un ataque sorpresivo, que era una de las tácticas preferidas de Santa Anna. Todo esto fue avistado por los rebeldes, quienes aprovecharon la noche para salir por la izquierda del Camino Nacional y conducidos por guías nativos a través de senderos del monte, retomaron la ruta en la mañana del 3 de marzo, para salir antes de las ocho de la mañana adelante del pueblecito de Tolome, formado por unas cuantas chozas y donde descansaron un poco.

Santa Anna se detuvo en este punto al enterarse que venían 700 hombres de refuerzo al mando de Facio para unirse a Calderón y esperaba la noticia de que la guarnición de Puente Nacional se le uniría a él si se presentaba, como le aseguraba el coronel Landero. Estaba indeciso en entablar batalla sabiendo su inferioridad numérica y la poca o nula experiencia en combate por sus jarochos. Contaba además con muy escaso tiempo para planear una estrategia efectiva que evitase quedar entre dos fuegos y superar la fuerza enemiga.

Subestimando a Calderón por su pobre desempeño mostrado desde el 24 y creyendo seguramente en informes de los desertores del convoy capturado, Santa Anna ordenó una emboscada en el puente del río Tolome y ocultó su campamento detrás de las Lomas de Tolome, distribuyendo combatientes entre las chozas del pueblo de Tolome.

Su intención parecía consistir en permitir que el ejército enemigo cruzara el puente y atacarlo por la espalda mientras su infantería le cortaba el paso saliendo sorpresivamente desde el pueblo y las Lomas de Tolome, mientras su caballería le flanqueaba, aprovechando los arroyos, pequeñas colinas y estrechos caminos donde pocos hombres podían contener a muchos. Además de aprovechar el efecto sorpresa para capturar o matar a los generales a cargo, pudiendo después ganarse a la tropa para su causa, presentándose como un patriota que quería evitar el inútil derramamiento de sangre entre mexicanos, haciendo uso de su todavía gran popularidad como héroe de la batalla de Tampoco en 1829 y animado seguramente, por el éxito que tuvo en convencer a los prisioneros del convoy capturado el 24 de febrero.

A las 10 de la mañana ambas fuerzas tuvieron su encontronazo en el puente del río Tolome, cuando los soldados de Calderón bajaron a aprovisionarse de agua y los de Santa Anna atacaron con fuego de fusilería desde sus escondites en la orilla opuesta, revelando su posición antes de tiempo y arruinando la emboscada.

La trampa de Calderón se cerró con éxito, dando por tierra con la táctica de Santa Anna: mientras la brigada del general Rincón disputaba el puente a la avanzada de Santa Anna, subieron a las lomas frente al río tres cañones que bombardearon durante cuatro horas sobre las posiciones en la orilla y las chozas del pueblecito de Tolome, donde estaban escondidos los demás rebeldes. Totalmente carente de artillería, Santa Anna fue incapaz de responder con fuego de contrabatería.

Mientras el bombardeo con metralla ablandaba y desmoralizaba los rebeldes, las fuerzas de Iberri y Gaona cruzaron el puente y trataron de flanquear las Lomas de Tolome, desde donde Santa Anna les contuvo enviando su infantería y dos columnas de su caballería atacando a ambos lados del Camino Nacional, principalmente al contingente de Iberri que llevaba el mayor avance y podía decidir la situación contra ellos.

Aumentando la presión con su superioridad numérica, se lanzaron al ataque en tres columnas todas las fuerzas al mando de Iberri, Gaona y Rincón, con órdenes de llevar el combate hasta el choque de armas blancas (combate cuerpo a cuerpo) y cuya terrible embestida fue contenida con gran valor por la infantería rebelde.

Mientras aún estaba indeciso el resultado, Calderón ordenó usar su tropa de reserva para dar el golpe final, lanzando al 8º. Regimiento de caballería y al batallón activo de Puebla, ante cuyo avance huyeron los indisciplinados jinetes jarochos, que se retiraron hacia La Antigua abandonando a sus compañeros. Falto de este apoyo y sin reservas atrás de él, Santa Anna ordenó retirarse a la defensiva para salvar el mayor número posible de sus hombres y posiblemente parapetarse en la loma más alejada frente al campamento.

Pero superados en número y sin experiencia para formar cuadros cerrados de fusileros contra la caballería, el repliegue se convirtió en una desbandada general hacia la segunda Loma de Tolome, donde en vano se presentó la resistencia final, pues la caballería gubernamental masacró incluso a los que se rendían y persiguió a los fugitivos varios kilómetros terreno arriba, hasta las barrancas cercanas al pueblo de Paso de Ovejas. Con grandes dificultades y quitándose el uniforme para no ser reconocido por sus enemigos, Santa Anna consiguió regresar a Veracruz con apenas 14 sobrevivientes y días más tarde, retornaron los demás fugitivos.

En distintas fases del combate, murieron los coroneles Juan de Andonegui (dirigiendo una valerosa carga de infantería para recapturar el puente) y Pedro Landero (en la retirada hacia las Lomas de Tolome), ambos héroes de la batalla de Tampico en 1829 y parte del Estado Mayor de Santa Anna. También fueron abatidos 32 rebeldes, contabilizándose que 17 de ellos eran oficiales y que tuvieron además 68 heridos. Fueron capturados, además de numerosos pertrechos de guerra, otros 32 oficiales y 413 de tropa. Los oficiales fueron recibidos en Xalapa y más tarde enviados como presos a la fortaleza de San Carlos en Perote.

Entre ellos estaba el ingeniero alemán Edouard Harkort, quien era ayudante personal de Santa Anna y habría sido jefe de la artillería que le hubiesen arrebatado a Calderón. Fue el único combatiente conocido hasta ahora, que dejó por escrito su experiencia en la batalla de Tolome en su obra En las prisiones de México, pues Santa Anna apenas la menciona en sus Memorias –como hizo con la también derrota de Cerro Gordo del 18 de abril de 1847- y los detalles que se conocen proceden del extenso segundo parte de guerra que Calderón envío a sus superiores. Como protagonista de la batalla y cercano a Santa Anna, mencionó, entre otras causas de la derrota, que el fuego fue impreciso porque los uniformes de los regulares de ambos ejércitos se parecían, la huida de su caballería, la ausencia de cañones, más el efecto sicológico adverso por el prolongado bombardeo sobre hombres indisciplinados y sin experiencia en combate. Finalmente culpó a Santa Anna del desastre por haber escogido mal el lugar para enfrentar a Calderón.

El general Santa Anna había cometido el mismo error que antaño había llevado a la decadencia al esfuerzo militar de Guadalupe Victoria durante la guerra de Independencia en las geográficamente accidentadas regiones del centro de la provincia de Veracruz: tratar de enfrentar en igualdad de condiciones a un ejército regular superior en armamento y número, con una fuerza inferior en efectivos, armas y experiencia formal. La estrategia de ataques rápidos y sorpresivos, desgastando poco a poco al ejército ministerial en su retirada y antes de que alcanzase la seguridad de los fortines de Puente Nacional, le hubiese resultado quizá más efectiva, teniendo como baza fuerte la aclimatación de sus hombres y el conocimiento del terreno. Posiblemente lo haya considerado pero el poco tiempo para organizarse y los pocos kilómetros que le separaban de Calderón, entre la Loma Alta y Tolome, le presionaron a tomar esta decisión de fatales consecuencias.

Después de poco más de seis horas de batalla, Calderón anotó 32 muertos y 78 heridos de su tropa. A las cinco de la tarde, anunció su victoria al gobierno en la Ciudad de México, a través de un corto parte de guerra preliminar donde declaraba totalmente derrotada a la fuerza de la rebelión y lamentaba dar esta noticia por ser una lucha entre mexicanos. En un informe más extenso redactado al día siguiente, detalló las maniobras, las bajas, recomendó ascensos y a quienes se distinguieron en la batalla, además de citar que los cuerpos de los caídos, fueron quemados en una hoguera, cuyo calor no dejó crecer el pasto en muchos años, convirtiendo las Lomas de Tolome en un sitio de espanto para los viajeros que por el Camino Nacional bajaban desde Paso de Ovejas y Xalapa.

En total murieron 112 mexicanos en la batalla de Tolome, y los 146 heridos de ambos bandos fueron atendidos en un hospital de campaña que se habilitó en Puente Nacional. Hasta el 9 de marzo el ejército de Calderón regresó a sitiar la ciudad de Veracruz, con la expectativa de tomarla rápido creyendo que la derrota había sido definitiva para Santa Anna. Se desconoce si los habitantes del pueblecito de Tolome se unieron al combate al lado de Santa Anna o si, como era común en las época de conflicto, se alejaron para buscar refugio en los cerros y barrancas, escondiendo a sus familias y humildes pertenencias de la rapacidad de los militares.

LA GUERRA CIVIL

Sin embargo, el exceso de confianza por el parte de Calderón y la misma ferocidad con qué se masacró a los hombres de Santa Anna en las Lomas de Tolome se volvieron en contra del gobierno de Bustamante, pues ayudó a intensificar las razones para que otros Estados temiesen, por la desproporción de la fuerza aplicada en la represión de los rebeldes, la violación de su autonomía y el pacto federativo de 1824. El cual aún estaba muy frágil desde 1829 y podía conducir a que México se fragmentase en pequeñas repúblicas independientes. También se recordó que Bustamante era el autor del fusilamiento del ex presidente Vicente Guerrero, héroe de la guerra de Independencia. La rebelión que estaba encasillada en el área de la ciudad de Veracruz, se extendió por todo el país encabezada por los estados de Veracruz, Zacatecas y Jalisco, que abandonaron su indecisión de unirse a la revuelta.

Los periódicos de la época, situados también a favor y en contra del gobierno de Bustamante, dieron a conocer la noticia de la batalla de Tolome, algunos basados en el segundo parte de Calderón y otros dieron versiones deformadas confundiendo Tolome con la Loma Alta, que los rancheros de Santa Anna estaban sustentados solo por bebidas espirituosas y no por agua, que el combate había durado dos horas, etc. El 30 de marzo se dio a conocer en la ciudad española de Madrid y semanas antes en La Habana. A pesar de la inestabilidad política causada por los contendientes centralistas y federalistas, México era todavía considerado una buena opción para la inversión de capitales extranjeros y por tanto, los países europeos y Estados Unidos seguían con atención la evolución de la rebelión iniciada por los defensores del Plan de Veracruz.

Santa Anna desde el 4 de enero comenzó a reponer sus pérdidas y lanzó una proclama a fin de combatir la desmoralización que pudiese causar el exagerado entusiasmo del gobierno por el triunfo de Calderón, repartiendo premios y ascensos. Así, en un mes volvió a completar rápidamente sus fuerzas con numerosos jarochos de las cercanías y esta vez, les dio mejor entrenamiento. También soportó con éxito el sitio que Calderón puso a la ciudad de Veracruz en los meses siguientes hasta que se retiraron en penosas condiciones. Así, la guerra civil prosiguió inclinándose gradualmente a favor de Santa Anna. De esta forma, la batalla de Tolome fue la primera de cuatro batallas campales y numerosos enfrentamientos en esta guerra civil que abarcó desde el 2 de enero hasta el 24 de diciembre de 1832.

Hubo una pausa el 12 de junio, cuando se firmó un armisticio en Corral Falso cuando cerca de la loma del Telégrafo, se enfrentarían nuevamente Santa Anna y Calderón. Esto condujo a una negociación en Puente Nacional, que no prosperó. El 6 de agosto, el vicepresidente Bustamante tomó la dirección de su ejército mientras la causa de Santa Anna se fortalecía con la adhesión de más Estados de la república. Bustamante ganó la batalla del Gallinero el 18 de septiembre y renunció a la presidencia como medio de terminar la guerra civil. Pero el 29 Santa Anna derrotó por fin a Facio en la batalla de San Agustín del Palmar y más tarde capturó la ciudad de Puebla en su avance hacia la capital del país, decidiendo por la vía de las armas el triunfo de la rebelión.

El 11 de diciembre ambos generales acordaron un armisticio que tuvo como consecuencia que el día 24 se firmaron los Convenios de Zavaleta, dando fin al conflicto, regresando al sistema federalista y los cuatro ministros, cuya renuncia fue exigida desde el 2 de enero, se exiliaron de México.

En un genial giro de su política anterior, Santa Anna logró que el general Pedraza fuera llamado a volver a México y ejercer la presidencia por los meses que restaban de lo que hubiese sido su mandato hasta el 30 de abril de 1833. Día en que Santa Anna asumió la primera de las seis presidencias que ocuparía alternativamente hasta 1855. Al acordar el regreso de Pedraza, Santa Anna ganó legitimidad para su causa y al finalizar la guerra, que desgastó económicamente a México, se proclamó restaurador del orden constitucional, el mismo que había ayudado a romper en 1829.

También ordenó exhumar los restos de los muchos caídos en las Lomas de Tolome, cuyos cuerpos habían sido quemados en el mismo campo de batalla, pasando a ser propiedad del gobierno. En medio de grandes celebraciones por el triunfo de Santa Anna y el congreso, en ceremonia pública se les dio sepultura con honores en el centro del Panteón Antiguo de Xalapa, colocando una lápida en el sepulcro, con las palabras “A la gloria de los veracruzanos, la memoria de sus ilustres víctimas en Tolome-El Congreso de 1833” inscritas en ella. Se otorgaron además pensiones vitalicias a las viudas de los combatientes fallecidos sin importar el rango.

Los sobrevivientes de la batalla que combatieron desde el 2 de enero de 1832, fueron exonerados de cargos por rebelarse contra el gobierno de Bustamante y condecorados con una cinta blanca que contenía el lema “El Cuarto Congreso Constitucional de Veracruz, al valor y patriotismo acreditado” y el 2 de enero fue declarado Día de festividad política en el Estado de Veracruz. A los combatientes que sobrevivieron a la batalla de Tolome, les fue otorgado que en sus tumbas pudiera grabarse el lema “Constitución y leyes”, honrando que la primera sangre de la guerra civil de 1832 en defensa del orden constitucional se derramó en Tolome. Todo esto fue con el fin de mantener el amplio apoyo popular que gozaba en Veracruz, manifestando respeto al sacrificio de sus hijos por su causa.

Esta no fue la primera vez que hubo que defender el orden constitucional, pues las fricciones entre los partidarios de los sistemas central y federal prosiguieron, con Santa Anna y otros caudillos inclinándose alternativamente de un bando a otro, según sus intereses mientras México se hundía en un largo periodo de inestabilidad política, que finalizaría con el triunfo federal y liberal en 1867 y después, con la larga paz impuesta por el gobierno del presidente general Porfirio Díaz.

EN LA ACTUALIDAD

La batalla de Tolome fue un episodio que dejó de tener relevancia en la historia nacional, superada por otros combates y conflictos de mayor magnitud y que dejaron huella indeleble en la memoria del pueblo mexicano. En la década de 1850 se fundó un segundo asentamiento, también a orillas del Camino Nacional y más cerca del puente, llamado Tolome Nuevo y el antiguo Tolome que fuera testigo de la batalla de 1832, fue destruido en 1865. Durante el periodo del Porfiriato (1876-1911), Tolome Nuevo se convirtió en punto de descanso de las diligencias pero su crecimiento fue muy lento, al grado que en la década de 1940 se componía todavía de un muy corto número de casas. A partir de los siguientes años y debido muy posiblemente a que la región se vio beneficiada por el proyecto del canal de riego ordenado por el gobierno federal, a la conversión del viejo camino real en la Carretera Nacional para automotores entre 1928 y 1828, así como el apaciguamiento aparente de las luchas por el reparto agrario de las antiguas haciendas y la creación de los ejidos, Tolome vio incrementada su población con la llegada y asentamiento de emigrantes de otras partes de México.

En la década de 1960 se construyó un sencillo monumento en el área de la colonia El Paraíso, considerada como el Tolome Viejo o parte antigua del pueblo fundado después de la invasión norteamericana de 1847, dedicado al significado del inusual nombre de Tolome. Así como para conmemorar que el 19 de junio de 1814, el caudillo insurgente Guadalupe Victoria atacó en Tolome –desde entonces ya un sitio propicio para las emboscadas- un convoy realista y lo persiguió hasta Santa Fe, constituyendo uno de sus primeros triunfos en tierras veracruzanas. El municipio de Paso de Ovejas siempre se ha sentido orgulloso de que en sus pueblos nació y se extendió el republicanismo como forma de gobierno por parte de Guadalupe Victoria, mientras aún se peleaba por la separación política con España.

En la historiografía nacionalista definida e impartida en las escuelas en el siglo XX, se consideraba y arraigó con fuerza la imagen de traidor y vende patrias del general Antonio López de Santa Anna, surgida de las acusaciones tras el fracaso de la guerra con los Estados Unidos en los años de 1846 a 1847, que terminó con la venta forzada del 55% del territorio que poseía México en 1821. Por lo tanto, no es extraño que nunca se haya dedicado un monumento a la batalla de Tolome, que como se ha visto, fue conmemorada en 1833 y sus muertos considerados héroes caídos o trágicos en la defensa del orden constitucional. Y mucho menos, mencionando a Santa Anna como protagonista, considerando que en 1832 aún no asumía su primera presidencia y era considerado héroe nacional en defensa de la soberanía de México contra España y los intentos de tiranía en los gobiernos de Guerrero y Bustamante.

La misma batalla de Tolome se fue olvidando y desfigurando, apenas recordada con alguna fidelidad por la obra de Rivera Cambas. La hoguera de fuego donde se quemaron los cadáveres y su huella calcinando la capa orgánica del suelo, quedó grabada en la memoria colectiva de la región como parte de sus leyendas trágicas o de espanto. Este episodio de la batalla de Tolome fue aplicado a otras hogueras en Loma Fina y posiblemente en el mismo Tolome Nuevo con los conflictos de la Revolución Mexicana (1910-1920) y de las posteriores Guerra Cristera y lucha por el reparto agrario hasta la década de 1940. Este es el periodo que recuerdan los actuales ancianos de Tolome y es comprensible que desconozcan los detalles del combate de 1832 o lo confundan con los relatos revolucionarios que escucharon de sus padres y abuelos. Siendo imposible precisar el sitio de la hoguera de 1832 pues como se ha visto, el lugar fue exhumado para llevar los restos a enterrar con honores en Xalapa.

Ya bien entrado el siglo XXI, a partir de marzo de 2018, el Lic. Mario Jesús Gaspar Cobarruvias, originario de la ciudad de Veracruz y autor de este texto, se dio a la tarea de investigar y reconstruir la batalla de Tolome no solo con documentos sino con trabajo de campo, aprovechando la experiencia de diez años como explorador de antiguas rutas de comunicación. Habiendo desarrollado fuertes amistades con los habitantes de Tolome desde 2013, por su investigación del camino real, a donde invitó a participar a sus amigos, el 23 de marzo de 2019 impartió su conferencia La batalla de Tolome en 1832: sacrificio en defensa del orden constitucional, en ocasión de la inauguración de las letras gigantes o nomenclatura turística formando el nombre de Tolome frente a la iglesia parroquial y a orillas de la carretera que antaño fuera el camino real de Veracruz a México y parte del campamento de Calderón en los momentos previos a desatarse la batalla de 1832.

Este evento y la conferencia fueron apoyadas en su realización por los miembros del grupo ciudadano Tolome Unido, presidido por el señor Oscar Romero Hernández y con apoyo del agente municipal, don Eugenio Ramírez Hernández. Al final de la exposición se comentó la idea de conmemorar cada año la batalla de Tolome haciendo cada 3 de marzo un día especial para el pueblo, rindiéndose homenaje a la bandera de México junto a un monumento dedicado a los caídos en este combate.

De esta forma, en enero de 2020 se deliberó la construcción del monumento en base a un diseño presentado por los licenciados en ciencias de la comunicación Dolores Eugenia Roa Romero y Mario Jesús Gaspar Cobarruvias. Si bien la forma en obelisco del monumento fue alterada sin previo aviso para sus diseñadores, se respetó el texto de la placa principal y se añadió otra dedicada a las autoridades municipales, locales y otras personas relacionadas con esta obra.

Este monumento de claro estilo modernista, cuando se inaugure el martes 3 de marzo de 2020 en presencia de autoridades municipales, locales y otras invitadas, así como de pobladores, artistas, historiadores, exploradores, periodistas, etc., será el primer monumento en todo México dedicado a conmemorar –no exaltar ni mucho menos a glorificar el nombre de un personaje en alguna época- a los 112 mexicanos que perdieron la vida en la batalla de Tolome, una lucha fratricida entre mexicanos en dos bandos convencidos de tener la razón, ya fuera por convicción personal, por seguir a un caudillo, por satisfacer ambiciones personales o simplemente por la costumbre de obedecer órdenes de la autoridad presente. Siendo simbólicamente y así fue apreciado con el lenguaje del romanticismo de la época, como las víctimas de un sacrificio por hacer prevalecer un principio sagrado para la existencia del país que se estaba formando.

Con su sencillez y más que nada, por ser construido y financiado por los mismos pobladores de Tolome con un apoyo de la cabecera municipal, este será también el primer monumento que tendrá Tolome en el siglo XXI y el único con esta calidad por el momento, pues el levantado en El Paraíso desapareció hace muchas décadas, e incluso el viejo puente construido por el Consulado de Veracruz en 1810 y donde inició la batalla veintidós años más tarde, ya no existe, reemplazado desde 1994 por uno de manufactura moderna.

Pero gracias al trabajo de investigación realizado por el Lic. Mario Gaspar, primero al frente del equipo EXESCR y después sólo con los habitantes de Tolome, se han podido hallar documentos escasamente conocidos del siglo XIX que han permitido definir con mucha precisión el campo de batalla y así el monumento a la batalla de Tolome, se halla junto al Camino Nacional frente a la loma donde se colocaron los cañones que bombardearon a Santa Anna durante cuatro horas. Las trágicamente célebres Lomas de Tolome aún existen y el sitio donde estuvo el Tolome de esos años aún no ha sido urbanizado, por lo que, a diferencia de lo que pasa en otras poblaciones, hay suficientes elementos físicos a la vista para reconstruir en la mente de las nuevas generaciones, la memoria histórica de la tierra de sus antepasados, marcada por este combate.

El monumento a la batalla de Tolome será por tanto, también un elemento de la identidad de los habitantes de un pueblo que comienza, gracias al esfuerzo de sus hijos, a modernizarse y adquirir una fisonomía que ya deja atrás los estilos del siglo XX para abrir paso a una modernidad exitosa.

El lema grabado en el monumento sigue vigente y es un permanente recordatorio no solo para los tolomeños sino para todos los mexicanos que lo vean a pie o desde la carretera a Veracruz y Xalapa, de que el estado de derecho no se logra a través del tumulto y el linchamiento mediático, sino del cumplimiento de las leyes cuando son justas y no atentan contra las libertades democráticas que tanta sangre derramada ha costado conseguir desde 1821.

Todo esto quedará inmortalizado en el libro La batalla de Tolome en 1832: sacrificio en defensa del orden constitucional, que el Lic. Mario Gaspar está escribiendo y que se espera vea la luz pública este mismo año, siendo su primera presentación en el mismo pueblo de Tolome. Cuyos habitantes podrán tener el orgullo de ser parte del rescate de este episodio de su historia y además, de poder leer cada día en su monumento, obra de sus esfuerzos, el recordatorio, mucho más allá de las leyendas, personajes y políticas, del principio supremo defendido en 1832 y que es válido aún hoy en día para una coexistencia pacífica que de paso al progreso, se premie la virtud, se castigue la maldad y donde todos los ciudadanos son iguales bajo la misma norma: Constitución y leyes.

* El autor es licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Veracruzana, técnico en informática, diplomado en historia del arte prehispánico, colonial y moderna, así como investigador y explorador independiente en historia. Director del equipo de Exploración y Estudio del Camino Real Veracruz-México (EXESCR) y conferencista a nivel estatal, galardonado dos veces con la medalla y diploma de honor de la Institución de la Superación Ciudadana del H. Ayuntamiento de Veracruz, entre otros muchos reconocimientos a su trayectoria profesional. Desde hace una década ha investigado la historia, arquitectura, ingeniería, geografía, flora, fauna y meteorología de los antiguos caminos mesoamericanos y coloniales, así como de las poblaciones que los atraviesan a lo largo de cientos de kilómetros en decenas de municipios en México.

BIBLIOGRAFÍA:

Manuel Rivera Cambas, Historia antigua y moderna de Jalapa y de las revoluciones del estado de Veracruz, Tomo III, 1870.

Harkort, Eduard. Aus Mejicanischen Gefängnissen, Bruchstuck aus Eduard Harkorts hinterlassenen Paperen. ed. F. Gustav Kühne, Leipzig, Carl B. Lorck. 1858.

Bustamante, Carlos María de. Cuadro histórico de la revolución mexicana, Tomo III. Imprenta de J. Mariano Lara, México, 1844.

Suárez y Navarro, Juan, Historia de México y del General Antonio López de Santa-Anna, Imprenta de Ignacio Cumplido, México, 1850.

García y Cubas, Antonio. Memoria para servir a la Carta General de la República Mexicana. Imprenta de Andrade y Escalante, México, 1861.

Fowler, Will. Santa Anna ¿Héroe o villano? Editorial Crítica, México, 2018.

Poblett Miranda, Martha, Cien viajeros en Veracruz: crónicas y relatos, Tomo III, Gobierno del Estado de Veracruz, México, 1992.

FUENTES ELECTRÓNICAS:

LA DERROTA DE SANTA ANNA EN TOLOME, UNA RELACION CRITICA Y PERSONAL, Louis E. Brister y Robert C. Perry, Southwest Texas State Umversity:
https://historiamexicana.colmex.mx/…/art…/viewFile/1940/1758

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