SE LOS DEBÍA


por Jorge Alberto González

Por Jorge A. González, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

“Hablando de mujeres y traiciones”, se escuchaba a los mariachi a los lejos en los portales de Veracruz.

Agachado, para tomar unas gráficas, a ras de suelo, frente a la imagen de Miguel Ángel López Velasco, pensaba en los recuerdos guardados.

No contaré lo que le pasó, fue algo terrible, espeluznante, en ese momento mis recuerdo eran fríos, como esa noche.

En otras imágenes, sostenidas con trozos de madera hundíos en latas llenas de cemento, se asomaban los rostros de Moisés Sánchez, Regina Martínez, Gregorio Jiménez, Moisés Sánchez, Rubén Espinosa, mi amigo “Juanito” Mendoza, entre otros más.

Nunca antes había participado en una manifestación. Decían los maestros, el periodista nunca debe ser noticia.

Contrario a lo que ha sucedido en todo el país, 17 asesinatos en 2021 y tres en el inicio de este año 2022, creo que ese precepto no encaja en estos tiempos.

Ahí estaban dando la cara nuestros amigos Felix Marquez y Yahir Ceballos, y más de una veintena de periodistas de la ciudad de Veracruz.

Esa noche no había grupos, ni rencores, ni envidias, nada; se sentía el luto sincero de los amigos.

La lucha, a través de los años, ha sido abandera paradójicamente por jóvenes, pero ahí estaban sin falta, aquellos periodistas a quienes hasta la fecha respeto y admito como Hugo Gallardo San Gabriel y al buen Andres Huerta Salomon.

A ellos nada les puedo contar, vivimos y lo vimos todo. Nuestros compañeros un día estaban y al día siguiente, en un parpadeo se habían ido.

Lo brusco, lo espeluznante, lo inimaginable fue posible allá por el 2007 y los años consecutivos. Veracruz, infierno y tierra sin ley comenzaba a manifestarse.

Los jóvenes de hoy quizá no conocieron a muchos de nuestros compañeros caídos. Quiénes fuero y cuál su participación en la escena del periodismo local.

Pero saben, eso no importa, lo relevante aquí es que en realidad ellos ven hacía en futuro, y enfrentar el devenir siempre será un paso adelante.

Como muchas otras profesiones, el periodismo hoy está devaluado, falta de garantías laborales y evidentemente de seguridad para ejercer la profesión. El Estado debe despertar.

Para nadie es un secreto que tenemos acceso a la información, y que de la información pueden surgir noticias, y que de las noticias podemos tomar decisiones.

La democracia funciona o no porque la información gira en torno a ella, es un agente esencial en el ejercicio del Estado sobre sus instituciones, gente y territorio.

El periodista demanda y señala; no es actuante, no es abogado ni dicta sentencias, eso sí, advierte y ese factor es determinante en una sociedad que aspira a mejorar.

Ahí, frente al palacio municipal, que representa la autoridad, con las luces del interior apagadas; ante un inmueble inanimado e indiferente, estábamos en una lucha en la que se escuchaban unas cuántas voces: “ni uno más, ni uno más”.

En medio de un zócalo desolado, en esa ciudad presumible de 500 años, de más de 400 edificios históricos, con unos cuantos paseantes con miradas de sorpresa: me veía a mí mismo.

Y por algunos segundos, observé las fotografías de mis amigos, que se caían por la fuerza del viento pero que los periodistas insistían en reincorporarlas una y otra vez, al igual que intentaban mantener encendías las velas de vasos de cristal.

“Buen detalle el de la máquina de escribir”, me comentó Márquez mientras chocábamos puños.

Antes de irme a la protesta pacífica, se me hizo prudente poner una máquina de escribir Olivetti que alguna vez usé en mis primeros años de reportero.

Justo la puso al frente de “Milo Vela”, gente de tinta y papel. Reporteros de a pie y de preguntas incómodas.

No entraré en la trillada diatriba de qué era mejor, si lo de antes o lo de hoy, lo único que vale y celebro es la vida de los que lucha hoy por una profesión que alguna vez soñé y que se hizo realidad, que me ha dado enseñanza y muchos logros.

Y tengo que confesar, sin pena y sin temor, en una reflexión muy personal, se los debía, sí, se los debí a los más de 20 compañeros periodistas asesinados.

He escrito sobre el tema y nuestra obra teatral gira en torno a ellos; de cómo inició todo, pero creo que no puedes defender una causa sin ser parte de ellos. Esta vez lo fui.

No buscamos reflectores, ni intentamos pronunciarnos; no dije absolutamente nada, solo observé y estuve presente para ellos. En verdad, se los debía.

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