El retorno…


Por Jesús Alberto Rubio.

Jesús Alberto Rubio Salazar, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana (desde Hermosillo, Sonora)

Cerremos con esta rica narrativa; una historia inolvidable de hace casi 50 años.

Un viaje-aventura del todo gratificante y aleccionador, sin duda.

Era el retorno a casa después de unos días de disfrute en Dallas, Texas, con los amigos Daniel y Horacio, de quienes no he tenido contacto en muchos años.

Cosas de la vida; destinos distintos, de pronto.

Claro, siempre vigentes en el recuerdo.

Y como le dije en el capítulo anterior tras llegar muy temprano a El Paso, caminando por las calles cercanas a la autopista, conocí a un joven chicano en quien encontré una positiva y amable persona y quien luego de invitarme un desayuno, me llevó en su Mustang a la entrada del freeway donde estaban dos estadounidenses también a la espera de un “aventón”.

Los saludé y seguí de frente; sin embargo, de pronto un agente fronterizo me detuvo con la intención de extenderme una boleta de infracción.

“¡No se puede pedir aventón a la entrada de un freeway”, me dijo.

Le expliqué que desconocía tal reglamento; que era estudiante; que ya le quedaba poco tiempo para regresar a clases y más cosas: Me dispensó la infracción.

El oficial tenía rasgos de indio americano.

Enseguida, el agente me informó que más adelante estaba una estación de gas, que caminara hacia allá y allí tendría más oportunidad de lograr un “raite”.

Así lo hice.

Estaba por llegar a la gasolinera cuando vi que de ella salía una camioneta con dos preciosas motocicletas en su cajuela.

Corrí y pedí el “raite”.

Una vez más, ahí iba metido debajo de las dos Harley-Davidson encantado de la vida y, tras una hora de camino, llegó a su fin el viaje; los dos buenos conductores me indicaron que iban a tomar hacia una ciudad cercana a la autopista.

Comencé a caminar de nuevo, pero no pasó ¡ni un minuto! cuando sentí que detrás de mí se había detenido un vehículo: eran cuatro jóvenes que venían de Miami con destino a San Francisco.

¡Por suerte no quedaba!

En el camino, los jóvenes, con toda tranquilidad, sacaron cigarros de yerba verde y me invitaron a fumarla, pero no acepté con todo y su insistencia.

En esos momentos, de pronto alcanzamos a ver que a toda velocidad se acercaba una patrulla de caminos y más que rápido y temerosos comenzaron a esconder la yerba, quizá sintiéndose “perdidos”.

Las luces de la patrulla se encendieron y vaya sorpresa: ésta nos rebasó para irse sobre otro vehículo que a toda velocidad circulaba a la entrada de otro freeway.

¡Uff!

Lo demás, fue viaje tranquilo, llegando de pueblo en pueblo a las tiendas comerciales para tomar algún alimento.

Yo me sentí y comportaba como ellos, tal cual jóvenes aventureros, hasta llegar a la desviación a Nogales.

Allí también pronto encontraría otro “aventón”: era un trabajador de Tucson que iba de paseo a Nogales donde había ambiente de fiesta.

Ya camino a Nogales, éste compró cervezas invitándome que le acompañara en su recorrido por las fiestas tradicionales de fin de Semana Mayor, lo que por supuesto ¡acepté de inmediato!

Horas más tarde tomé un Norte de Sonora a Hermosillo.

¿Bendita suerte…?

Bendita.

En enero de 1974 estaría en mi arribo a la ciudad y puerto de Veracruz para estudiar la carrera de Ciencias de la Comunicación en la Universidad Veracruzana… pero esa es también otra rica historia.

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