Asesinado el policía incómodo


por Ignacio Carvajal, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana
Por Ignacio Carvajal, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicacion de la Universidad Veracruzana

•Desaparecido el 29 de mayo, su cadáver tirado embolsado a orilla de carretera

•Su honestidad en un medio tan desprestigiado le puso “en el ojo del huracán”

•Los malandros lo acosaban hasta con campañas de prensa para que lo removieran

•“A ti o a mí… nos pueden matar un día de estos” dijo El Archi al reportero Ignacio Carvajal

      Desde que llegó al sur de Veracruz para ocupar la delegación de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) en Acayucan su apodo (distintivo) hizo leyenda.

      “El Archi”, el policía Juan Alan Cuetero Meza, el elemento más odiado por la delincuencia, por una simple y sencilla razón: jamás les agachó la cabeza, nunca les agarró dinero y no estaba en sus planes de carrera policial trabajar con malandros.

      Su cabeza siempre tuvo precio. Una vez los jefes mafiosos de Cosoleacaque, Chinameca y Minatitlán ofrecieron hasta un millón de pesos al que lo matara.

      Cuando vieron que no podían matarlo lo desprestigiaron en la prensa y en redes sociales cuando realizaba operativos, pues veían que no podían llegar a él untándole la mano y lo mejor era quemarlo para que sus mandos se lo llevaran.

      Tenía tanta suerte, que Dios le iba mostrando a todos sus enemigos en su camino, como un malandrín detenido un día en el sur que portaba en su teléfono fotos, direcciones y toda la logística de un plan bien trazado para asesinarle.

      Lo acosaban constantemente por notas de prensa en donde los delincuentes buscaban que sus mandos lo quitaran de Acayucan por abusar de los derechos humanos de los delincuentes, “pero cuando ellos matan, decapitan, roban, despojan a inocentes y violan mujeres ahí sí derechos humanos no dice nada”, solía quejarse.

      Una vez en Acayucan hasta le dejaron un coche con restos humanos y mensajes para amedrentarlo.

      “Crees que no te entran las balas, perro” le decían en textos a su número de celular y él se las regresaba, “me entran… pero a ti también, sal al topón, “#$#$”.

      Fue enemigo juramentado de los cobra cuotas, de los ladrones de ganado, de los extorsionadores y de los que abusan del débil.

      El policía de la SSP, que estaba desaparecido desde el pasado 29 de mayo y fue encontrado sin vida en un paraje de la autopista Veracruz-Xalapa, dentro de bolsas negras, fue un ser humano bueno, un oficial que no le gustaba venderse al crimen. Los odiaba y aborrecía.

      El simple hecho de que se le sugiriera la sola idea de intercambiar un diálogo con un delincuente le resultaba ofensivo.

      Peor que una mentada de madre.

      Incluso, le retiraba el habla de por vida a quien le sugería algo así.
      Fue delegado de la SSP en Acayucan, en Cosoleacaque y en Xico antes de llegar a la dirección de la Policía Vial.

      En Xico una vez, buscando a unos secuestrados, con el simple hecho de verle los ojos a un sujeto que iba en un taxi, se dio cuenta que tenía que ver con la privación de la libertad de unas personas que ya eran buscadas por la Fiscalía.

      “El tipo se ve que es un vicioso, con muchos días sin dormir, estresado, y nervioso, sin duda algo traía, lo dejé pasar, iba manejando un taxi y lo seguí a distancia, después de vigilar su casa un rato confirmé que algo pasaba” contó alguna vez a este reportero sobre la noticia de la liberación de unos secuestrados en ese municipio donde fue delegado de SSP.

      Siempre lo buscaron los empresarios, los benefactores y los grupos políticos que intentaban estar bien con él, para en caso de portarse mal o violar la ley, contar que se hiciera de la vista gorda.

      Pero Juan Alan Cuetero Meza no les daba la cara. No los recibía ni siquiera les daba el saludo.

      Eso le granjeó muchos enemigos y constantes problemas, pues vivía acosado, casi siempre cuidándose hasta de la sombra.

      La desconfianza era su religión. Por eso sus allegados no saben qué pasó ese día en que se lo llevaron contra su voluntad. Salió de su casa desarmado, con un brazo inmovilizado por un accidente, solo.

      Se confió o alguien muy allegado a él le llamó al celular y lo sacó. A medio camino un comando armado, compuesto de varios vehículos, lo sometió y se lo llevó.

      A diario le llegaban mensajes con amenazas a su celular, siempre lo estaban siguiendo o buscando la manera de dañarlo.

      Güero chipujo, de ojo verde, cabello chino, estatura media y mirada desafiante, su personalidad no va con lo que representa su nombre, pues en el fondo ese mal genio que siempre traía se escondía un sujeto bonachón, camarada, relajado, jarocho 100%, y alivianado.

      Le decían «E Archi» por el personaje de las historietas, pecoso y burlón.

      El apodo se volvió su distintivo en las filas de la Policía Estatal, a la que ingresó como moto patrullero, pero tuvo una carrera meteórica hasta aspirar a los más altos cargos dentro de la institución.

      Allá por el 2018, un día andaba patrullando por las calles del puerto de Veracruz en moto y escuchó en la frecuencia el reporte del robo de un tráiler en la avenida Rafael Cuervo. De inmediato se lanzó sobre el libramiento portuario y dio con la unidad, en la que viajaban dos criminales. Los paró y los bajó, tras revisarles el teléfono encontró datos de que otros compañeros uniformados estaban embarrados en ese robo y en otros; después tuvieron que renunciar.

      Al poco tiempo se topó con alto mando al que le llamó la atención su expediente y que siempre andaba patrullando en moto y se fueron juntos a patrullar y el jefe de la policía recibió toda una catedra de cómo le hacía «El Archi» para detectar malandros, los olfateaba y divisaba a lo lejos. El mando policial de inmediato lo apoyó para que se ganara un ascenso.

      Siempre con un cigarro entre los dedos, antes de los 30 años ya se había convertido en delegado de la SSP en Xico, posteriormente llegó a Acayucan al mismo cargo y de ahí pasó por Cosoleacaque, en donde hizo buenos amigos y su reputación le ganó un espacio entre mandos de la Naval, del Ejército Mexicano y colegas policías porque es un tipo derecho, dispuesto a ayudar al desvalido y a defender hasta la muerte la hermandad entre policías.

      “Si se meten con uno, se meten con todos” era su dicho.
      Una vez se encontraba en el otro extremo del estado y los delincuentes asesinaron al afamado «Comandante Liebre», jefe de las fuerzas que desmovilizaron los cárteles en Playa Vicente, oficial condecorado, valiente, salido de las fuerzas especiales de la SEDENA, encontró la muerte en el poblado de El Ramié. Una mujer que cargaba un muñeco -simulando ser un niño- le lanzó un rafagazo de arma larga, posteriormente otros enemigos salieron de distintos flancos y atacaron a «La Liebre».

      Tan pronto se enteró corrió toda la noche en su patrulla, con su escolta, a buscar a esos criminales para llevarlos ante la justicia.

      Era característico de él que ante una agresión, siempre se anota para ir hasta donde fuera a buscar pelea, información, contactos, lo que sirviera para defender el uniforme y a la sociedad.

      Siempre le tocó estar en plazas de la SSP donde había altos índices de violencia generada por células criminales, al paso del tiempo, cuando «El Archi» llegaba, bajaba la incidencia notoriamente aplicando mano dura contra los delincuentes.

      Hasta los alcaldes involucrados con la mañana le temían y siempre buscaban la forma de removerlo de las delegaciones a donde arribaba por ser contrario a sus intereses.

      En Acayucan un día le aplicó un correctivo a un pseudo reportero que siempre defendía a los criminales y sicarios que él atacaba aplicando la ley. El periodista siempre llegaba a los operativos y en sus trasmisiones defendía a los malandros, hasta que «El Archi» un día se cansó y agarró a patadas al reportero y lo corrió del área acordonada. El periodista le pidió perdón y nunca habló del tema con nadie ni se quejó en la CEAPP.

      Como jefe, fue amado, admirado y respetado, pero sobre todo muy socorrido.

      De su propio dinero, cada día del policía o en diciembre, mandaba preparar banquetes para sus elementos, a los que nunca trataba como subordinados, sino como compañeros.

      Comía a su lado, del mismo plato, del mismo itacate.

      Dormía en la misma covacha o en la patrulla capoteando los moscos. No era un sujeto de lujos ni pretensiones.

      Cuando fue jefe en Cosoleacaque, despachaba debajo de un árbol, en una desvencijada silla de oficina, desde donde giraba instrucciones para mantener la vigilancia y las calles libres de delincuentes.

      En esa misma mesa desvencijada se apilaban los asuntos del día, ahí comía y convivía con los colegas.

      Las mesas con alcaldes, diputados, políticos o empresarios no las frecuentaba.

      “Si me quieren ayudar, no me den dinero, a mí denme información de dónde están los mañosos para hacer mi trabajo”, es otra de sus frases cuando se encontraba ante alguien que buscaba sobornarlo.

      El Día del Niño o en Reyes Magos también juntaba juguetes y los lleva a las colonias más pobres de las zonas en donde trabajaba.

      Un día le preguntaron que por qué hacía eso, usar su dinero para comprar juguetes para niños que ni eran de él en vez de comprarse un coche o lujos: “Me tocó la vida dura, pai’, de morrillo me privaron de muchas cosas por cuestiones de la vida que no me gusta platicar, me las vi duras de niño y ahora me da mucha felicidad regalar una sonrisa en esos seres inocentes”.

      La Fiscalía General del Estado informó sobre la entrega de sus restos el día de hoy a su familia, los mismos fueron encontrados en bolsas negras el pasado 14 de octubre sobre la autopista Veracruz-Xalapa, cerca de la caseta de cobro de La Antigua.

      El caso “Archi” ha sido un gran cisma en el gobierno de Cuitláhuac García Jiménez y en la Secretaría de Seguridad Pública (SSP), tras la detención de mandos y elementos policiales que presuntamente estarían implicados en su desaparición.

      EPÍLOGO DE ALGO QUE NUNCA QUISE ESCRIBIR

      Durante varios años, el reportero y el policía compartieron amistad.
      Fueron los caminos de la violencia, en este círculo del infierno llamado Veracruz, los que nos acercaron, y los que ahora nos alejan.

      A veces las cosas las sabía él.

      A veces yo.

      Pero siempre compartíamos con la finalidad de cuidarnos, de cuidar a la familia. De la autopreservación.

      A veces se encabronaba por lo que escribía o no escribía, pero al final era comprensivo.

      Tras dos semanas de silencio, incluso un mes, ahí estaba mandando mensajes para saludar con su clásico “cómo estás $%#$ hijo de Paty Chapoy”.

      Mucha nostalgia hay al recordar esas largas llamadas por la noche para intercambiar información, o simplemente, como buenos jarochos, hablar pendejada y media.

      Un día de diciembre me dijo en broma, “a ti o a mí nos pueden matar un día de estos, hay que cuidarnos”.

      “Toco madera” le dije, “si eso pasa, Dios quiera no, jamás, pues ya… tú hablarás bien de mí, o yo hablaré bien de ti”.

      Ahí estamos, Pai,

      Pendientes.

      ****Un abrazo y mis condolencias a la familia del Policía Juan Alan Cuetero Meza, Archi, quien persistirá en nuestros recuerdos como un gran amigo, pero sobre todo, UN HOMBRE HONESTO.****

      Publicado en: https://blog.expediente.mx/nota/47033/periodico-de-veracruz-portal-de-noticias-veracruz/asesinado-el-policia-incomodo

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