La formación humanista en la educación mexicana: entre el discurso y la realidad curricular en nivel Medio Superior y Superior

por Rodolfo Calderón Vivar

por Rodolfo Calderón Vivar, egresado de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

La educación en México enfrenta una paradoja persistente en el siglo XXI. Mientras el discurso oficial de la Nueva Escuela Mexicana (NEM) proclama un enfoque humanista como eje rector de la formación educativa, la evidencia curricular revela que disciplinas fundamentales como la lógica, la ética y la estética han sido relegadas o diluidas en los planes de estudio, particularmente en el nivel medio superior. Esta tensión entre la retórica y la práctica curricular representa una amenaza para la formación de ciudadanos críticos y autónomos, capaces de desenvolverse éticamente en una sociedad compleja, que cada   vez necesita de una población más educada e informada, que afronte con sustento los embates de las nuevas olas de desinformación que devienen de la fuerte confrontación ideológica entre dos bandos extremos del pensamiento político nacional.

 

El gobierno mexicano ha consolidado en la recientes  administraciones un modelo educativo con enfoque «humanista» como sello distintivo. En el 2020, la  entonces secretaria de Educación Pública, Leticia Ramírez Amaya, defendió ante el Congreso que la NEM «tiene como fundamento el fortalecimiento de la escuela pública para brindar una educación con enfoque humanista, científico, intercultural, inclusivo, con equidad, en contra del racismo y la discriminación y que contribuya decididamente a la participación y la democracia» . Este discurso se ha replicado en distintos escenarios, donde se presenta el humanismo como una respuesta a las lógicas neoliberales prevalecientes en décadas anteriores .

Esta tendencia no es exclusiva de la educación básica y media superior. El Tecnológico Nacional de México (TecNM) ha adoptado el modelo denominado «Humanismo para la Justicia Social», que busca propiciar «la formación científica, tecnológica y humanista a partir de una propuesta curricular innovadora que acentúe el desarrollo de proyectos tecnológicos, de investigación e innovación para la democratización del conocimiento» . Este modelo se presenta como transformador y busca «desarrollar la capacidad de innovación y creatividad, fomentar actitudes emprendedoras, desarrollar pensamiento crítico y sentido ético» .

En el ámbito universitario, la Universidad Autónoma de Tlaxcala (UATx) ha desarrollado desde hace dos décadas el Modelo Humanista Integrador basado en Capacidades (MHIC), que concibe la autorrealización como un proceso que se desdobla en tres momentos: el autorreconocimiento, la autodeterminación y la autorrealización . Este modelo busca «formar a los educandos bajo un enfoque humanista con un alto compromiso social» . Investigaciones recientes señalan que este enfoque significa «una revitalización necesaria, innovadora y relevante de los planes de estudios universitarios», donde «las competencias de corte neoliberal son sustituidas por capacidades a través de una noción filosófica, la praxis, que integra la formación profesional con la humanística» .

Sin embargo, gran parte de las universidades mexicanas, de carácter público, se han mantenido omisas y apartadas, por decir lo menos, de este nuevo enfoque que el gobierno federal pretende darla a la educación nacional. Siendo estrictos en demasía, se puede afirmar que estas universidades se quedaron en la época de la administración neoliberal, donde lo que más interesa: la productividad académica, la calidad de la enseñanza, la preeminencia de la capacitación técnica, el transversalismo y la búsqueda de prebendas económicas de los académicos basados en la meritocracia más silvestre, la de los estudios de posgrado no importando el origen de los mismos ni su impacto en la formación de los estudiantes. Son las reglas que permanecen, pensando más en el incremento de presupuestos financieros para aumentar los beneficios económicos para sus comunidades académicas que para realmente en impactar en un beneficio social para la sociedad mexicana. El humanismo no ha penetrado en las esferas cerradas de las universidades públicas del país, no porque no lo comprendan, sino porque tal vez, no les reditúa.

Las deficiencias provienen desde los marcos curriculares de la enseñanza media

A pesar del discurso humanista, el diseño curricular implementado a partir del nuevo Marco Curricular Común de la Educación Media Superior (MCCEMS) ha generado una controversia significativa. La reforma organizó el currículo en un 60% común y un 40% determinado por cada subsistema educativo, con énfasis en áreas como lengua, comunicación, ciencias sociales y humanidades . Sin embargo, el debate se ha centrado en que la Filosofía «no le menciona explícitamente como una disciplina en las áreas de conocimiento», aunque «se aclara que los saberes filosóficos se integran dentro del área de las Humanidades» .

La transformación de la asignatura de Humanidades en «Pensamiento Filosófico y Humanidades» ha generado críticas desde el ámbito académico. Gabriel Vargas Lozano, académico reconocido, señaló que la reforma ha «suprimido las disciplinas en general y las de filosofía en particular a nombre del método denominado transversalidad» . Esta transversalidad, que busca un enfoque interdisciplinario basado en propuestas de pensadores como Piaget, Edgar Morin y Basarab Nicolescu, se aplicó sin una prueba piloto previa, lo que constituye, en opinión de críticos, «una increíble irresponsabilidad frente a millones de jóvenes» .

La preocupación principal radica en que el nuevo enfoque no considera adecuadamente las necesidades formativas de los jóvenes. Vargas Lozano argumenta que los estudiantes requieren «urgentemente análisis frente a problemas éticos como los de la violencia, el narcotráfico, la discriminación de clase, sexo y raza, la violación de los derechos humanos, el cambio de valores» . Igualmente, señala que se requieren «clases íntegras de lógica para distinguir un discurso racional y otro falaz o de introducción a la filosofía para cuestionarse sobre lo que debería ser una sociedad justa, el valor de las utopías, las ideologías, la formación de un pensamiento crítico» . Esta postura fue respaldada en el congreso «La necesidad de la filosofía en el bachillerato del siglo XXI», donde se presentaron 85 ponencias de profesores de diversos estados .

La formación en valores y la ciudadanía crítica

La formación ética y ciudadana enfrenta desafíos adicionales. Investigaciones cualitativas en escuelas primarias de México han documentado cómo las prácticas disciplinarias tradicionales, lejos de fomentar la autonomía moral, reproducen esquemas de heteronomía y violencia simbólica. Un estudio en el estado de Hidalgo encontró que «las profesoras de este estudio vivieron situaciones de violencia durante su trayectoria escolar con las que no están de acuerdo, pero en su práctica docente se reproducen de manera inconsciente» . Este hallazgo revela una contradicción profunda: aunque institucionalmente se establece que los niños actúen con «autonomía de acuerdo con principios éticos basados en el respeto y en el trato digno», «no hay un desarrollo del juicio moral de manera intencionada, generando así alumnos heterónomos» .

Sin embargo, existen experiencias alternativas que demuestran que es posible formar en valores democráticos desde la práctica educativa cotidiana. Un estudio sobre dos instituciones educativas encontró que «las escuelas analizadas constituyen un ejemplo válido de prácticas pedagógicas alternativas en la enseñanza para la democracia y en la formación ciudadana» . Estas escuelas destacan por la convicción de que «la democracia se aprende y es posible vivirla en la escuela», el reconocimiento del «diálogo como una vía privilegiada para la libre expresión y la construcción de consensos», y «la importancia de integrar en el aula procesos de debate y toma de decisiones colegiadas» . Elementos como las asambleas escolares y los procesos deliberativos permiten a los estudiantes experimentar la ciudadanía activa desde la infancia.

Los sistemas de educación abierta y a distancia podrían ser una solución

Para el caso, solo nos referiremos al caso del Sistema Universidad Abierta y de Educación a Distancia (SUAYED) de la UNAM, que es el único modelo  en todo el país que deviene de una tradición realmente humanista, planteada en 1972, por el rector Dr. Pablo González Casanova, que dotó de la estructura organizacional más efectivo, la filosofía educativa más democrática y social y la normativa más independiente a esa nueva institución universitaria que lleva ya 54 años de existencia y que es la única en el país, que asume integralmente el sentido de ser una institución de educación abierta, sustentada en un modelo académico forjado en la docencia de calidad aparejado a un cuerpo de investigadores que la analizan, critican, proponen y transforman de una manera sistemática y provechosa para su desarrollo institucional, su adecuado financiamiento y su expansión de carreras para apoyar a la cobertura de la demanda de matrícula de los aspirantes a cursos estudios universitarios.

La educación abierta y a distancia representa un espacio con potencial para la formación integral, aunque enfrenta desafíos particulares. La UNAM ha consolidado el Sistema Universidad Abierta y Educación a Distancia (SUAyED), que ofrece 23 licenciaturas en modalidad abierta y 21 en educación a distancia . Este sistema fue reconocido por Leonardo Lomelí Vanegas, actual secretario general de la UNAM, como la mejor forma en que la Universidad Nacional llega a todos los rincones del país y extiende los beneficios de la educación profesional .

El SUAyED se presenta como un motor de transformación de nuestro país, de capilaridad social, y a través de sus egresados contribuir a hacer de México un país mejor . Sin embargo, el desafío para estas modalidades es garantizar que la flexibilidad y el acceso a distancia no diluyan los componentes de formación humanista. Melchor Sánchez Mendiola, titular de la Coordinación de Universidad Abierta, Innovación Educativa y Educación a Distancia, ha enfatizado que los estudiantes adquieren conocimientos, aptitudes y destrezas indispensables para concluir sus estudios profesionales» , lo que sugiere que el enfoque sigue siendo predominantemente técnico.

Sin embargo, falta mucho más por hacer en materia de educación abierta y a distancia en cuanto a ofrecimiento de ofertas educativas que trasciendan el marco de la educación formal y no formal. Las universidades abiertas deben enfocarse a los campos de la educación informal y también a los del aprendizaje a lo largo de la vida, como lo recomiendan los lineamientos de la UNESCO, abriendo expectativas de conclusión de estudios que no solo se enfoquen a adquirir grados y postgrados universitarios, sino también en capacitación sobre  adquisición de saberes técnicos y de oficios que no necesariamente pasan por la obtención de un título universitario y que, en la vida real, resultan más provechosos para quienes obtengan certificación por los mismos, tanto en su impacto de beneficio social como en la compensación económica por la actividad laboral desempeñada.

En ese sentido, se requieren que los investigadores universitarios   se aboquen a realizar investigaciones  para mejorar la cobertura de servicios educativos universitarios,  como por ejemplo, el analizar el crecimiento  estructural mediante modelos de   educación multimodal, que revolucionarían las redes curriculares de las diferentes disciplinada de formación en las universidades,   integrando  estas modalidades y sistemas para trascender los modelos tradicionales, sistematizando e integrando nuevos medios, tecnologías, recursos, metodologías, actividades y sistemas de evaluación para satisfacer las necesidades de aprendizaje del demandante de educación de todos los niveles, todas las aspiraciones de formación, todos los tiempos de actualización posible y todas las edades.   Este modelo  podría incentivar la autonomía por el conocimiento, el desarrollo de habilidades y competencias, aunque cabe la advertencia de esto dependerá de la aplicación de  el componente ético y reflexivo  que apliquen los académicos para diseñar  específicamente los contenidos y las actividades que sean de utilidad para la vida laboral y la solución de los problemas sociales más atingentes de la actualidad.  Es decir, un mayor empeño en el diseño curricular y sus contenidos pertinentes.

Además se deben reconfigurar los perfiles docentes. Diversificar sus funciones. Destacar más que el dominio de los contenidos, la capacidad suficiente para crear carreras en distintos niveles. Los profesores deben ser consultores del conocimiento y la práctica profesional, no expositores de sus saberes y experiencias personales en el campo laboral, únicamente. En los aspectos de uso de la tecnología educativa digital, el ser capaces de integrarse a la simbiosis de apoyo técnico-cognitivo-instrumental-pedogógico-experiencial con sus colegas y sus estudiantes. Deben desaparecer las capacitaciones en tecnología digital exclusiva para sectores universitarios, es  decir, la destinada solo a capacitar profesores, o capacitar solo personal directivo, o capacitar solo personal administrativo, o capacitar solo personal técnico manual, o capacitar solo estudiantes. El presente apremiante obliga a la capacitación simbiótica, es decir, aquella que mezcla en la formación conjunta  a profesores con estudiantes, estudiantes con personal administrativo, profesores con directivos, etc. en materia de dominio de la tecnología digital, a fin de participar en entornos colaborativos de eventos y proyectos conjuntos donde unos aporte la traducción tecnológica, otros los saberes curriculares, otros la planeación administrativa, otros la teleología de los eventos y los proyectos. No es posible que un profesor de gran experiencia y sabiduría teórico pragmática se le excluya por no dominar las herramientas digitales, y se contrate  a personal del mismo tipo, solo porque la dominan, con cero niveles de saberes teórico prácticos.

Los espacios universitarios deben aumentar áreas de planeación, experimentacion y trabajo práctico, más que aumentar el número de las aulas. Ese debería ser el sentido de la aplicación del modelo híbrido en sus espacios institucionales. No se puede seguir con el modelo del siglo XVIII para aprender haciendo en el siglo XXI.

Conclusiones

La distancia entre el discurso humanista oficial y la realidad curricular en México evidencia una tensión no resuelta en el diseño educativo. Mientras que las autoridades defienden una educación con enfoque humanista, la evidencia muestra que disciplinas fundamentales para el desarrollo del pensamiento crítico y la formación ética son progresivamente relegadas o diluidas en enfoques transversales que, si bien pueden tener fundamentos pedagógicos sólidos, no garantizan una formación sistemática en lógica, ética, estética y crítica.

Por ejemplo, en enseñanza media, ante  la necesidad de fortalecer una  filosofía en el bachillerato, se percibe que los responsables de la reforma educativa encontraron la forma de continuar el camino trazado mediante el recurso a la transversalidad disfrazada de humanismo mexicano. Esto es una práctica de simulación educativa que no distingue  entre una retórica humanista y una práctica educativa que realmente desarrolle en los estudiantes las capacidades de razonamiento, deliberación ética y apreciación estética.

Caso aparte lo son las universidades públicas que,  en su gran mayoría,   todavía no desarrollan propuestas de planeación estratégicas que las alejen del ensueño neoliberal que conformó una clase dorada y aspiracional para sus comunidades, en tanto que el humanismo mexicano y la contribución a las grandes problemáticas nacionales, permanece ausente de las metas que se proponen realizar año con año. Sus miras están en el aumento de su financiamientos público pero sin ofrecer nada a cambio, permaneciendo en el jardín oculto de las inercias institucionales que contribuyen poco al desarrollo nacional y, tristemente, también muy poco al desarrollo profesional de sus egresados.

El desafío central es que el humanismo no puede reducirse a un eslogan o a un enfoque curricular vago. Como señala el análisis de la reforma, no basta con reacomodar los ingredientes en la alacena ; se requiere una comprensión clara de los fines educativos y una formación docente que permita transmitir estas disciplinas con profundidad y rigor. Sin ello, la educación mexicana seguirá atrapada entre el discurso humanista y una práctica que prioriza la eficiencia técnica sobre la formación integral de ciudadanos críticos y éticamente responsables.

 

Referencias
Barajas, L. F. (2023). La Filosofía en el Colegio de Bachilleres a 50 años de su creación: Desde una revisión documental. Torres José Alfredo. 
Herrera Esquivel, E. F., Morales Jiménez, A., & Torres Delgado, A. M. (2021). El sistema de educación multimodal como una alternativa de las instituciones de educación superior en México. IPSUMTEC, 4(3), 34-48. 
Instituto Tecnológico de Tuxtla Gutiérrez. (2025). Tec Tuxtla presente en la conferencia del Modelo Educativo del TecNM «Humanismo para la Justicia Social». 
López-Quiterio, A. E., Ramos Olaguibel, G., & Valdivia-Corona, C. A. (2022). La disciplina tradicional: Obstáculo para una ciudadanía crítica. Edähi Boletín Científico de Ciencias Sociales y Humanidades del ICSHU, 11(21), 53-61. 
Ramírez-Vicente, E. (2024). La praxis profesional en el Modelo Humanista Integrador basado en Capacidades de la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Revista Iberoamericana de Educación

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