Ensayo: La cultura del naco


nacosPor Ignacio Oropeza López

Ignacio Oropeza López, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana
Ignacio Oropeza López, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

Durante el presente año, que ya está por concluir, se ha recordado en muchos sitios, a veces más a veces menos,  en las universidades principalmente, la publicación hace 80 años, de un libro clásico “Perfil del hombre y la cultura en México” de Samuel Ramos, que forma parte de una biblioteca indispensable para conocer eso que los filósofos franceses y alemanes llamaron “Volkgeist” (espíritu popular) concepto que divulgaron  Johan Herder y Humboldt, y que es fundamental para entender la ideología  de un pueblo.

El concepto más complejo y polémico que manejó Ramos es el llamado “sentimiento de inferioridad” como un rasgo principal del carácter del mexicano, y que (supuestamente) es lo que nos impide progresar y obtener un desarrollo conforme al modelo de los pueblos europeos o nuestros vecinos, Estados Unidos, sentimiento que se habría formado por la interacción del individuo con una sociedad que lo maltrata, e inspirado en el corpus psicológico de Alfred Adler.

Los estudios sobre la psicología colectiva se remontan a los pensadores franceses de “El siglo de las luces”, la antropología e historia aderezada con los estudios de Juan Jacobo Rosseau, fundador de las ciencias humanas, y retomados en el siglo XIX por los estudios de Herder y Humboldt en el campo de las lenguas y la literatura, cuando gracias a Franz Bopp se andaba en busca del eslabón perdido, el puente de Oriente y Occidente, los estudios de las lenguas indoeuropeas, el parentesco y las familias, que necesariamente derivaban en un nacionalismo y romanticismo.

Por regla general, el nacimiento de la psicología de los pueblos (el espíritu nacional) fue desdeñado por la psicología, a la mitad entre la biología, el cerebro y la conducta de los hombres, y confrontada con la filosofía, especialmente, la ontología, el estudio del  ser humano propiamente, lo que provocó, años más tarde, una divergencia entre científicos, educadores y filósofos, con no escasas burlas de la academia, interesada más en  el conocer que en el ser.

A Samuel Ramos se le criticó, alguna vez, su falta de rigor metodológica en el análisis de la psicología del mexicano, pero esto se debió, a la tendencia académica, cada vez más marcada, de separar en compartimentos el conocimiento de las ciencias y las humanidades, en especial, el caso de la filosofía de la cultura que muchas veces fue confundida con la antropología cultural. La ciencia avanzó un tramo enorme, en bioquímica, física nuclear, genética pero no pudo matar a Platón,

Bajo la influencia de Adler, Ramos tuvo una gran cercanía con otros pensadores mexicanos como José Vasconcelos, el español Ortega y Gasset y una gran influencia de Kant y la doctrina de los valores y los neo Kantianos como Ernst Cassirer, quienes también influyeron al veracruzano Guillermo Héctor Rodríguez, fallecido en mayo de 1988, en el más completo olvido por las instituciones universitarias y culturales.

Don Guillermo Héctor, a quien muchos maestros y egresados de la FACICO de la UV, recordarán, fue un auténtico sabio veracruzano, hablaba varias lenguas entre ellas el impronunciable alemán, y fue reconocido en  la Facultad de Filosofía de la UNAM  como parte del brillante grupo  que formaron Luis Recaséns Siches, Rafael Preciado Hernández y Eduardo García Maynez, cuyas lecciones y obras sobre ética y filosofía del Derecho son indispensables en estos tiempos de globalización.

La ontología o el ser del mexicano, aparte del “peladito” que hiciera famoso Cantinflas o Palillo en las carpas populares, ha sido  desde luego abordado por la pintura, la escultura, el muralismo, la música, la danza, la literatura y el cine, pero siempre –salvo excepciones- son visiones “estereotipos”, como los indios fornidos del México revolucionario, o los charros y hacendados del cine mexicano, o el famélico Macario de B. Traven. País contradictorio, Breton lo calificó “surrealista”.

En su genial ensayo el “Laberinto de la Soledad”, Octavio Paz, tal vez inspirado en Ramos nos  presenta un análisis que oscila entre la psicología, la antropología y la filosofía del ser (ontología) y analiza, entre otros temas:

  1. El Pachuco y otros extremos
  2. Máscaras mexicanas
  3. Todos Santos y Día de Muertos
  4. Los hijos de la Malinche
  5. Conquista y Colonia

Creo haber escrito en otro ensayo que el  “Pachuco” de México no es lo mismo que el “zoot suit” que surge en ciudades como San Diego y Los Ángeles, en Estados Unidos, no como una moda del vestuario, sino como un rasgo de identidad de quienes, por ser de origen hispano, se saben distintos a los anglosajones y otras etnias europeas, motivo por el cual se visten en forma extravagante, con colores chillantes, trajes holgados y sombreros alones, hablando una jerga que no es inglés ni español sino “spanglish”, y que desde luego fueron pioneros en la lucha por los “civil rights”.

 

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