Ensayos: Entre caifanes, tiras y pachucos


Por Ignacio Oropeza López

Ignacio Oropeza López, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana
Ignacio Oropeza López, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

En el análisis semiológico S/Z (Sarracine, de Balzac,) de Roland Barthes se describe al personaje central como un misterioso anciano al cual todos rinden pleitesía. Se trata de Zambinella, un famoso cantante, que acumuló vasta riqueza.

En realidad, tal como era costumbre en la época clásica, muchos cantantes eran castrados para mantener el tono de la voz (soprano), y con frecuencia, en escena representaban a mujeres, siendo originalmente hombres. No era un fenómeno de transvestidos o de homosexuales, sino de arte, el caso más conocido, aunque no el único, Farinelli (Carlo Broschi).

Creo haberme referido en otro relato a “La princesa”, una extraña mujer que triunfó en películas underground de los primeros años del cine sonoro, muy famosa por su belleza, aunque en realidad algunos pensaban que era hombre. Soltera empedernida, pero no lésbica, el personaje cayó en el viento de la desgracia a manos de tratantes de blancas sin escrúpulos, y fue la regente de una conocida casa de citas en la frontera norte.

Conforme a ciertas versiones un poco decadentes y acaso material de leyenda urbana, en un relato oral que circuló a mediados de siglo, “La princesa” fue obligada a cometer suicidio, durante la segunda guerra, por miembros de la mafia china de California, obligándola a tomar medicamentos y vodka, lo que le provocó una depresión respiratoria profunda.

Una versión periodística no confirmada, fue en el sentido de que ella había sido eliminada por un pachuco o naco, de los que en esa época proliferaban en San Diego, vestidos en forma extravagante, con trajes holgados, camisas de color chillante y sombreros de ala ancha, muy al estilo del Tin Tan. El tipo se había enamorado y apasionado de la mujer, y siempre rechazado por ella, por lo que tramó una venganza con la pandilla encabezada por un enano.

Así como “naco” es un aféresis de totonaco, “tira” lo es de policía, gobierno militar, tiranía. En el DF, todavía en los años 60s, se decía: “aguas con la tira, ahí viene la “julia” (patrulla).

Hipótesis

“Caifán es el que las puede todas”, dice el capitán gato (Jiménez) en la película “Los caifanes”, de Juan Ibáñez,(1966) con guión elaborado por Carlos Fuentes a partir del relato “Fuera del mundo”. Es una extraordinaria muestra, debida al talento verbal de Fuentes, para manejar las jergas sociales y argots proletarios en el DF.

Mucho se ha deliberado acerca del origen del vocablo “caifán”. Monsiváis opinaba que era un modismo o expresión popular “cae fine”, similar al” guapo” del lunfardo de Buenos, sentido que utilizaba Rubén Blades en “Pedro Navajas” (con el tumbao que tienen los guapos al caminar). Inspirada en Mack the knife, que popularizó Bobby Darin.

Borges solía decir que el lunfardo no era un argot social, sino una jerga inventada por los escritores y letristas de los tangos. Sin embargo, en su relato “El hombre de la esquina rosada”, utiliza expresiones de los barrios bajos, es decir, lunfardo.

Otros consideran que es un sinónimo de “pachuco” según el análisis de Octavio Paz en “El Laberinto de la Soledad”. Al igual que en otros ensayos, el hombre viste así para llamar la atención pues tiene un complejo de inferioridad y en defensa de su identidad racial. El tipo analizado es muy parecido al que hace el ensayista Samuel Ramos, en su libro, “Perfil del hombre y la cultura en México”, que es el primer libro sobre filosofía y cultura que se edita en México, y que el próximo año cumple 80 años de haber sido publicada la primera edición.

Finalmente, vinculado a chilango, pachuco sería el que viene de Pachuca, la bella airosa, y que se distingue por ser muy “ naco” para vestir, conforme a los valores, gustos y estilos del “catrín” citadino el famoso “fifiricho” porfirista: flaco, como longaniza, camisa rayada, pantalón balón, sombrero de bombín.

“Califas” era también el sobrenombre de los bailarines que asistían los fines de semana al salón “California”, y que también se distinguían por vestir en forma estrafalaria como Roberto Acosta en “Salón México”. Hay ojón cara de chango. En la película “Danzón”, de María Novaro,(1992) aparece un personaje veracruzano, experto bailador ,que viste al estilo de los años 50s. Vestir padrote.

En algunos ensayos y textos periodísticos se ha publicado que “chilango” es el nombre que le aplicaban los habitantes de la costa, en alusión a la gente “chapeada o colorada” del DF, cuando venían a pasar las vacaciones, mientras que otros se referían al “atado de chiles” como llevaban a los presos a la fortaleza de San Juan de Ulúa, y los menos decían que era un juego de palabras “cuerpo de chile y cara de chango”, así como a los nativos de Puebla se les bautizó “pinpope”.

En reciprocidad, los chilangos llamaban “jarochos” a los veracruzanos, sin importar las diferencias entre huastecos, totonacos, popolucas. En el diccionario de la RAE, jarocho es el habitante de Veracruz, la llanura de sotavento, mientras que el historiador Leonardo Pasquel y el cronista Francisco Rivera “Paco Pildora”, así como los antropólogos Winfield Capitaine y Roberto Williams aportaron más sentidos, jarocho era el que usaba las jaras (jarochas, garrochas) para llevar el ganado y los puercos, también en forma despectiva, los españoles criollos llamaban así a los mestizos de raza negra.

El exalcalde Beto Avila, famoso beisbolista, me dijo una vez que jarochos eran los que vivían en los pueblos cercanos a Veracruz (ciudad) y que , por lo mismo , no era jarocho sino veracruzano.

Agustín Lara, “El flaco de oro”, compuso “Oración Caribe” uno de sus mejores cantos dedicados a los jarochos, en especial cuando la interpreta Maria Antonieta Peregrino, mejor conocida como “Toña , la negra”. Otra canción, “El esclavo”, cantada por Miguelito Valdés, se refiere al mismo tema, y González Casanova, en su ensayo sobre la literatura en la época de la Inquisición, a los bailes y cantos de los negros (che che, chuchumbé).

Publicado en: http://www.imagendelgolfo.com.mx/columna.php?id=27728

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