Ensayos: La defensa del Puerto de Veracruz


Por Ignacio Oropeza López

Ignacio Oropeza López, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana
Ignacio Oropeza López, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

La heroica defensa del puerto de Veracruz, el 21 de abril de 1914, fue también el acto histórico digno para forjar los cimientos de nuestro país al oponerse a las ambiciones de las potencias para controlar, con fines geopolíticos, los puertos del Golfo de México (Tampico, Tuxpan, Veracruz y Coatzacoalcos) y proteger, en forma visible, los intereses de las empresas petroleras en la zona de la huasteca.

En estricta verdad, el llamado “incidente” de Tampico y la invasión estadounidense a la ciudad de Veracruz, sin declaración oficial de guerra y solamente una nota diplomática, son actos considerados por muchos historiadores como una mañosa decisión del Presidente Woodrow Wilson, quien de esta manera (once more time) intervenía en los asuntos de México, y de paso, entrenaba a sus “marines” para otras zonas estratégicas de América Latina.

Se recordará, si la memoria no es infiel, que meses antes, la abierta intromisión del embajador de Estados Unidos en nuestro país, Henry Lane Wilson, fue determinante en el llamado por algunos ”Pacto de la Embajada”, que iniciaba los actos de la sedición de Victoriano Huerta y Félix Díaz, en contra del gobierno legítimo y que culminó con el asesinato del Presidente Madero y el vice-Presidente Pino Suárez.

No se entendería bien lo que pasó en Veracruz, si se olvida la ideología conservadora y belicista de W. Wilson, por otra parte su talante racista y de apoyo al Klan, y los intereses económicos que estaban en juego para otorgar protección a la Huasteca Petroleum de Nelson Rockefeller y la compañía “El Aguila” (Inglesa), que abastecían de combustible a las embarcaciones de las potencias, un negocio redondo en vísperas de la primera guerra.

Ordenar a 44 barcos de la marina de guerra de Estados Unidos fondear frente a Veracruz, con cientos de marines bien entrenados y abastecidos, fue un acto excesivo (diplomacia de cañoneras, se decía) para intimidar a Victoriano Huerta por un lado y a los opositores encabezados por Carranza, pero al mismo tiempo, un mensaje para otras potencias, al mostrar el poderío (innecesario) de acorazados ( Florida, Utah, Texas, Dakota, Prairie), más otros barcos torpederos, 17 barcos de diversa dimensión, todos ellos armados hasta los dientes, una fuerza de varios cientos de infantes, con lanchas rápidas y modernos equipos de radio comunicación.

Durante más de 12 horas de fuego de diversos calibres, lluvia de cañoneras, y el desembarco, la población civil y los cadetes de la Heroica Escuela Naval presentaron la heroica y al mismo tiempo desigual batalla contra uno de los aparatos militares más grandes del mundo, el saldo lo dice todo: murieron 126 mexicanos y solamente 19 marinos estadounidenses, además decenas de heridos mexicanos.Fotografía tomada al cadaver de uno de los primeros mexicanos que murieron en manos de las fuerzas invasoras el 21 de abril de 1914. La foto se tomo en la mañana del día 22 de abril de 1914.

No es objetivo del presente texto hacer una nueva crónica, solamente resaltar la desproporción entre una fuerza militar bien entrenada y con soporte de los barcos de guerra, y los esfuerzos realizados por un centenar de soldados del XIX batallón de infantería a cargo de Albino Rodríguez, y los 90 heroicos muchachos de la Escuela Naval, la mayoría adolescentes, que pudiendo huir se quedaron a defender la patria.Mexicanos que fueron enterrados en el muelle la tarde del 22 de abril de 1914.

El comandante de la plaza, Gustavo Mass, se retiró a Tejería, y luego a Soledad de Doblado, dejando a la ciudad sin protección militar. Lo hizo para evitar una masacre mayor, y nunca se imaginó la reacción de los anónimos policías y población civil, que con rifles viejos winchester y escopetas de cacería presentaron una feroz resistencia.2 cuerpos de mexicanos (uno de ellos uniformado) en los Portales de Lerdo, estos cadáveres los llevaron a enterrar al muelle.

Es magistral la narración que hace Edwin Corona y Cepeda acerca del acto de heroísmo del carpintero Andrés Montes, quien sale a la llanura de las calles para combatir al invasor, como lo hicieron cientos de anónimos veracruzanos, muchos de ellos muertos a la fosa común, o heridos y atendidos por médicos, enfermeras, religiosas y gente del pueblo, que llevaban bolsas de pan y leche a los hospitales.

De acuerdo con el historiador Fiedrich Katz, especializado en la revolución mexicana y que falleció apenas hace unos años, las intenciones de W. Wilson, el presidente de Estados Unidos, eran de tomar Tampico y hasta el DF, con el propósito de instalar un gobierno favorable a sus intereses, pero que fueron tantas las protestas y el rechazo popular a la invasión americana, que tuvo que cambiar sus decisiones finalmente.En la tarde del 22 de abril de 1914, se empezaron a recoger los muertos de las calles de Veracruz, ya sea para entregarlos a sus familiares, quemarlos o enterrarlos. El cadáver que llevan en la foto lo reunieron junto a otros en el muelle y allí los enterraros. Años después en ese lugar de levanto el primer monumento a los héroes de la defensa de la ciudad. Al fondo se alcanza a ver parte de los Portales de Lerdo. Por la baja resolución de la imagen solo se puede leer con claridad el nombre del negocio del No. 7, “New England” en años anteriores aquí estuvo “La Unión Nacional” de Antonio Blanco. A la izquierda, aunque no se distinguen, es seguro que estaba “el Águila de Oro” y “Kodak” en el No. 9. A la derecha, solo se puede suponer que estaban los No. 5 y 3, pero no se pueden leer los nombres. Habrá que esperar y después se pueda conseguir una foto imagen con mayor resolución.

Cabe mencionar que el barco alemán “Ypiranga”, que traía un cargamento de armas para Victoriano Huerta, fue desviado hacia Coatzacoalcos para no entrar en contacto con la flota estadounidense estacionada en Veracruz, y que las armas cayeron en poder de tropa de Carranza, siendo Heriberto Jara el militar que tomó la plaza en Noviembre de ese infausto año, luego de la ocupación.

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