La Universidad Abierta (y sus enemigos)


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Por Ignacio Oropeza López, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana (desde el puerto de Veracruz)

El concepto de universidad abierta que he propuesto en otros espacios y tiempos, tiene que ver con la transformación educativa, científica y tecnológica de las últimas décadas y se inspira en los ideales de la Universidad Abierta de Inglaterra, institución que se ha significado por sus logros a más de cuatro décadas de su fundación, mismos que se caracterizan por proponer la igualdad de oportunidades educativas superiores para todos, sin discriminación.
Los cursos que debe ofrecer una universidad abierta, y a distancia, se deben apoyar, por fuerza, en los medios masivos de comunicación, especialmente la televisión y la radio, pero sin excluir a otros, como sería la industria editorial y discográfica, y desde luego la Internet en sus múltiples modalidades y aplicaciones prácticas.
En esta universidad, se deben ofrecer cursos de diferente nivel, empezando por las carreras de nivel técnico universitario, diplomados, licenciaturas y cursos de postgrado, pero no solamente para aquellas personas que desean una certificación académica o un grado ( y tienen limitaciones de tiempo y dinero), sino también a quienes tienen discapacidades físicas o empleos no bien pagados, y también para las personas que simplemente desean un mejor equipaje cultural para transitar por la vida moderna.
El gobierno federal, por ejemplo, debe aprovechar la experiencia y conocimientos de la recién creada universidad abierta de la SEP, hace unos meses, dotarla de un mejor presupuesto, y aprovechar de la mejor manera posible los canales educativos y culturales del propio gobierno, como el Canal 22, el Canal 11 del IPN, y los canales de radio y televisión de los gobiernos estatales incluyendo, desde luego, a Veracruz, RTV que es una institución pionera desde la época de Hernández Ochoa.
El nombramiento de los destacados maestros Raul Creomux López y Enriqueta Cabrera, al frente de los dos principales canales culturales del gobierno (El canal 22 y el Canal 11 del IPN), es una buena señal del gobierno de Enrique Peña Nieto, pero no debe quedar solamente en un apoyo moral a los dos destacados comunicadores, se deben fortalecer ahora dichos medios mejorando las condiciones de la infraestructura y un presupuesto mayor al que ejercieron el año pasado, muy reducido si se le compara con el gasto en la televisión privada.
El gobierno federal, ahora que ha regresado el PRI a gobernar, debería retomar la rectoría del Estado en materia de comunicación social, especialmente en lo que se refiere a la televisión, la radiodifusión y el cine, en especial, ahora que se está hablando de una amplia reforma de las telecomunicaciones, pues la experiencia ha demostrado que dejar “al libre juego de las fuerzas del mercado”, como sucedió en los años recientes, un sector estratégico tan importante, no es lo adecuado para un país como México.
Hoy que se inicia la discusión pública sobre la reforma de telecomunicaciones no está por demás enfatizar la importancia que tiene fortalecer la comunicación social del gobierno, por medio de las telecomunicaciones federales, en un contexto de globalización, “un solo mundo, muchas voces”.

Publicado originalmente en: http://www.imagendeveracruz.com.mx/vercolumna.php?id=37

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