MeToo y los protocolos


Colectivos del MeToo están escribiendo protocolos para que una mujer sepa qué hacer cuando es abusada

por Peniley Ramírez, egresada de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

Le llamaremos Ernesto. Es profesor universitario y lleva meses defendiéndose de una sanción administrativa que considera injusta, derivada de dos acusaciones de ex alumnas suyas en una universidad. La primera, dice el expediente del caso, consistió en que él dijo algo obsceno sobre una chica en un evento, antes de que fuera su alumna. La segunda asegura que le dijo a una alumna en clase que se veía guapa, otra vez que se refirió a su sonrisa.

Ambas, según el expediente, se sintieron atacadas. La escuela inició un procedimiento. Ellas argumentaron que la universidad es un espacio donde no deberían sentirse incómodas. Él dijo que no las había acosado. Después de meses, lo sancionaron. Ahora, él busca nuevas instancias donde defender su postura.

Fuera de la formalidad de los documentos, dos funcionarios le dijeron a él que debían creer a las estudiantes porque sí ellas percibían acoso, el problema existía.

Le anunciaron también que después del caso, estaban elaborando protocolos de relaciones maestros-alumnos.

Este caso de un protocolo elaborado a posteriori no es único. En los últimos días, gracias a MeToo,hemos conocido nuevas denuncias de mujeres con acusaciones de abuso sexual, pederastia, relaciones tóxicas, violencia emocional y acoso laboral.

Hemos discutido sobre la pertinencia del anonimato, sobre los motivos personales que pueden estar detrás de una denuncia, la generalización de la violencia, la liberación que significa para muchísimas mujeres poder hablar de sus experiencias a partir de un acompañamiento colectivo.

Pero muy poco hemos discutido sobre el Estado, las instituciones y las empresas.

¿Qué hacen después de recibir una acusación, cómo canalizan la respuesta de un acusado cuando niega los hechos, cómo protegen la identidad de las denunciantes que solicitaron permanecer anónimas?

La respuesta, en muchos casos, es que la impunidad es seguida por la cosmética, porque quienes deben resolver se enfrentan a investigaciones internas para las que carecen de procedimientos para indagar, crear empatías, sancionar o establecer reglas.

En este momento, colectivos del MeToo están escribiendo protocolos para que una mujer sepa qué hacer cuando es abusada, para que quede claro qué no es permitido. Estos ya existen en otros países y en instituciones mexicanas, pero en muchos casos no se aplican.

En México, diariamente nueve mujeres son asesinadas; 6 de cada 10 mujeres han sufrido alguna forma de violencia sexual. La visibilización de estos fenómenos no solo es necesaria, sino urgente.

En este momento de quiebre, no pasemos por alto la indispensable discusión pública sobre cómo se litiga una acusación, cuáles son sus matices y cómo debemos encaminarnos a resolver un problema de violencia de género grave, considerando en verdad a todas las partes.

 

 

Por PENILEY RAMÍREZ

@PENILEYRAMIREZ

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