La disciplina de una escritora


 

por Juan Eduardo Flores Mateos

por Juan Eduardo Mateos Flores, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

Volver a Veracruz es como aquel capítulo cuando Superman regresa a Krypton. Llega y pierde todos sus súper poderes. Por eso mismo, ¿qué les puedo yo decir de mí que ya no sepan?

Quien habla es María Fernanda Melchor Pinto, escritora veracruzana. Aquel día que soltó aquella frase en la Librería Mar Adentro, era viernes 25 de agosto del año 2017 y todavía no ganaba los premios internacionales que hoy en día su novela Temporada de Huracanes ha merecido en Alemania.

Por aquel tiempo no sólo las presentaciones de su libro comenzaban, su nombre empezaba a destacar más allá de lo que ya lo había hecho con la publicación de su libro de crónicas, Aquí no es Miami y su primera novela, Falsa Liebre.

Ese día de agosto, a diferencia de las presentaciones en las que gente de gafas y gabardina opina de la obra y hace largas digresiones que a poca gente interesa, la sucedida en la Librería Mar Adentro se volvió más bien una tertulia familiar.

Familiares, amigos y maestros de Fernanda Melchor superaban en número al público general. No era para menos, estaban emocionados por el regreso exitoso de aquella chica de cara bonachona e inundada de lunares que se había ido del puerto a probar suerte en eso que llaman la escena literaria del centro.

El momento más conmovedor fue cuando Rodrigo Montané, el director de la secundaria Ollimani a la que Fernanda asistió de adolescente, lloró de orgullo al recordar lo buena alumna que fue Fernanda, quien solía aislarse de todo el mundo para sentarse a leer novelas de Stephen King.

—Recuerdo que mi mamá pensaba que por leer tanto yo necesitaba un psicólogo—acotó Fernanda sobre eso. Enseguida el público comenzó a reír, entre ellos sus padres, que también se encontraban ahí.

***

Hay una alumna, Fernanda, que ganó algo de la UNAM. Un concurso nacional, no recuerdo cómo se llamaba el concurso, era como un reality. El caso es que fue alumna mía. Yo la admiraba mucho porque hablaba con palabras que luego no entendía. Un día fue con Loret de Mola, a su noticiario matutino. Comentó al aire que ella, todas las mañanas, leía una palabra del diccionario. Buena alumna, Fernanda. Yo jamás podría hacer algo como eso.

***

Conocí a Fernanda Melchor en una conferencia de medios que hizo la facultad de Ciencias de la Comunicación. Corrían, si no mal recuerdo, los meses finales del año de 2009. Yo estaba en primer semestre y quería ser, por aquel entonces, de estos periodistas tipo Spotlight cuyo sueño es derrotar al poder con sus investigaciones. Ella trabajaba para el periódico de la universidad.

Escribo otras cosas del sueldo que gano por hacer panegíricos sobre el rector—decía Melchor respecto a su trabajo.

En aquel panel los ponentes se echaron loas y elogios mutuos, pero Fernanda se comportó diferente, se limitó a parpadear y lanzar comentarios inteligentes. Uno de ellos fue muy elegante con el que vapuleó al periódico universitario para el que trabajaba.

—Al periódico El Universo le hace falta ser más universal.

Me dio pena acercarme ese día. De los que estábamos ahí por la clase de entrevista y nota periodística, sólo una compañera pensó que ella podría dar una buena nota. Todos los demás se fueron a entrevistar a otros panelistas. Pienso con esto en el cliché periodístico: nadie se hubiera imaginado que años después esa mujer de playeras negras y andar lento, se iba a convertir en una de las mejores novelistas mexicanas. Por eso mismo, en la noche, con la intención de concretar una entrevista, la busqué en Facebook y la agregué. Estaba como Lynnus Tanner, cuyo nombre era un homenaje al personaje femenino del programa ALF. Tardé unos días en escribirle para no verme tan desesperado. Sin embargo, por alguna extraña razón, entablamos muy buena amistad y olvidé hacerle la entrevista.

Creo que fue la literatura. Las ganas de escribir. Las lecturas. Semanas después me invitó a su casa de la que, al principio, le dio pena dar dirección, pues se ubicaba en una de las zonas más acaudaladas de la conurbación. Allí vivía en el cuarto de servicio que bien le había prestado su abuela.

La farragosa memoria me hace ahora una mala pasada. No recuerdo bien si llegué con unas cervezas o ella ya las tenía listas para beber. No recuerdo si ese mismo día conocí a Jorge, el que en ese entonces era su marido y quien le contaba historias jarochas como la de La Casa del Estero, que bien se puede leer en Aquí no es Miami.

Lo que sí recuerdo es que nos fumamos un porro. También que la palabra que más me dijo en aquellas idas constantes a su casa fue disciplina. “Si quieres escribir, sé disciplinado. A mí me gusta levantarme temprano y darle un rato a la tecla, aunque no sepa a dónde me lleve lo que estoy escribiendo”.

Recuerdo también que fui triste a su casa muchas veces, vapuleado por las formas cuadradas del mundo periodístico. Y siempre tuvo, además de una cerveza, una palabra de consuelo para mí. “Mándalos al carajo, esos periodistas no saben escribir”, decía. Siempre fue generosa y revisó con seriedad los bodrios que en aquel momento había escrito, en la que me creía el nuevo Bukowski veracruzano. Gracias a ella obtuve mi primera convocatoria. Era de la Fundación para Las Letras Mexicanas, para jóvenes. Se alegró mucho, semanas después, cuando supo que quedé seleccionado. Sin embargo, no todo fueron loas: debo decir que conmigo siempre fue sincera y directa.

“Fallas aquí. Fallas acá. Creo que podrías intentar hacer esto o tal cosa” decía. “Juan, recuerda, tienes que leer y escribir mucho. Ser disciplinado, sobre todo, ser disciplinado, sin eso, la gente como nosotros que no tiene conectes en el mundo literario no llega a ningún lado”.

Y vaya que ella lo era. Tenía enormes cuadernos llenados con tinta, historias, anotaciones, recortes de periódicos sobre crímenes. Recuerdo haberla visto teclear mientras me escuchaba. Escribía parada, apoyándose en un pequeño desayunador. Recibía con gusto a sus amigos, que tenían más que ver con sus aventuras adolescentes, videojuegos, música de bandas estilo Slash, borracheras en el malecón que con el mundo literario. No le caía tan bien ese mundo literario local, pero decía que nunca había que pelearse con nadie. Recuerdo que me presentó a un amigo suyo que una vez me pidió dinero para que pudiera conectar piedra. El individuo pagó su deuda regalándome una versión vieja de los Diálogos de Platón editados por Porrúa.

En algún momento todas esas visitas terminarían. Fernanda migraría a Puebla, para estudiar una maestría en Estética y Arte, de la que se graduaría haciendo una tesis sobre Enrique Metínides, una leyenda de la fotografía de nota roja como documental. Como no podía llevarse todos sus libros, me citó en su casa junto a otro amigo, Ulises. Me prestó unos y regaló otros. Aún le debo un par que se me fueron en el incendio de mi casa.

***

Ella y yo íbamos en la secundaria del Colón y luego en el Ollimani. Y pues ella era fan de Manson, jalaba mucho con otra flota amigos de mi primo. En una temporada también organizamos partidas de Dungeons and Dragons, los domingos en su cantón. Y en casa de otro cuate que también vivía en el Reforma, Bruno. Eso como por el 97-98 empezamos a rolar. Éramos Nu Merol, Slipknot, Rammstein, God snack. Creo que ella fue quien me regaló un cd de God snack. Hubo un maestro que fue quien le metió el gusano por la lectura a toda la generación. Sergio “Chipo”. Él era raza. Daba filosofía y letras. Y creo que él nos metió a toda esa generación el gusto por leer escribir. Eso fue como en los 99 también. Chipo no siempre era bien visto por las escuelas porque sus clases no eran ortodoxas. No eran ejercicios sino disertaciones. Era como una especie de Merlí, lo más cercano a una cátedra así. Incluso se salía de las reglas y podía fumarse un porro con los alumnos en algún momento. Pero más que nada éramos vagos. Recuerdo que las fiestas era lo normal, caguamas, el toquesín, etcétera, pero sí jalábamos más o menos regularmente porque coincidimos en muchas fiestas con la flota. Me daba risa que alguna vez nos platicó que se robaba los libros de la librería de Cristal. Y luego cuando los acababa los devolvía. Porque no tenía sentido quedárselos. Pero pues, tenía una mente una forma de pensar diferente. Era como un “dude” más en la pandilla.

***

En las postrimerías de la universidad, Fernanda siempre resaltó su gusto por la nota roja. Abrió un blog titulado Olas de Sangre. En él vertía crónicas relacionadas con ese apasionante, bello y oscuro arte que es el asesinato. Tuvo un par de colaboradores, entre ellos, a los mejores reporteros de nota roja de aquellos tiempos, quienes decidieron firmar con pseudónimos. Durante ese tiempo, quizá sin saberlo del todo, se fue gestando Aquí no es Miami. Recuerdo que cuando la conocí, dos cosas ya habían pasado.

La primera: era reconocida más en otros lados que en Veracruz por sus crónicas. Su emblemática La Rubia que todos querían fue publicada en la Revista Replicante que dirigía Rogelio Villarreal y tuvo muy buena aceptación. La historia cuenta la vida de Evangelina Tejera, quien fuera reina de carnaval de Veracruz y cuyo reinado terminaría sepultado en la memoria de los veracruzanos por haber asesinado, despicado y enterrado en una maceta a sus hijos.

La otra: en aquellos años los Zetas dominaban Veracruz. Debido a varias estampas que le habían contado pero también vivido, publicó en Replicante Veracruz se escribe con Zeta.

***

Esta anécdota no es mía. Pero te la voy a contar. Sé que siempre dice que para cualquier evento importante hay que hacerle una cruz a un limón y luego meterlo en el bolsillo, antes de ir a cualquier evento importante.

***

Fernanda se llevaba muy bien con muchos reporteros. En realidad, se llevaba muy bien con mucha gente, aunque muchos en la facultad la odiaban: decían que era petulante. Ella siempre decía que había que llevarse bien con todos. “No se puede ir por la vida pendejeando a la flota. Yo lo hacía y no está bien, lo único que haces es ganarte enemigos”. Su amistad con varios reporteros y su calidad literaria hizo que le pagaran por sus crónicas, a pesar de que en Veracruz el periodismo narrativo por ese entonces no sólo no existía, era un chiste: todavía se hablaba a mansalva de la objetividad del reportero. Un día de tantos que pasé en su casa, un amigo suyo tocó el timbre. Me lo presentó como uno de los mejores reporteros de nota roja que había tenido Veracruz.  Ya no se dedicaba a eso: era asesor de siniestros personajes de la política local. Salimos de casa y nos subimos al auto. Dimos vueltas por la parte sur de la ciudad, pero nos detuvimos un buen rato en La Petrolera. Era de noche: la tibieza y el calor convivían allá fuera pero también, por momentos, se volvían nuestros compañeros adentro del auto. Por esa larga espera supe que, gracias a él, Fernanda pudo reportear Tatahuicapa y escribir con ello El corrido del quemado, una crónica que también viene en Aquí no es Miami y cuyo tema es un linchamiento. Ellos hablaron sobre muchas cosas, yo me limité a escuchar. Sólo cuando salió el tema del asesinato de la reportera Yolanda Ordaz, sucedido días antes, hice preguntas. “No sé qué pecado haya cometido La Gorda, no he preguntado y por el momento no quiero preguntar” nos dijo él. En algún momento me perdí entre sus voces un rato. Cuando reparé en mí, escuché de Fernanda cierta idea que le martillaba la cabeza: hacer una novela con una nota periodística que ella había visto hace tiempo sobre un asesinato en La Matosa. Su amigo, al escuchar la historia quedó asombrado y dijo que estaría muy bien que lo hiciera. Corría el año 2011. Yo podría decir cualquier cosa, como que desde entonces comenzaba a cocinarse el éxito de su novela. Pero lo cierto es que nadie sabe, quizás ni ella, en qué momento realmente se gesta una novela y menos una tan trepidante como esa.

Resultado de imagen para temporada de huracanes fernanda melchor pdfResultado de imagen para temporada de huracanes fernanda melchor pdf

Texto publicado en la revista llave de Julio-Agosto del 2019.

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.